Ahora que los ayuntamientos se han ayuntado y por doquier se escuchan variantes más o menos elaboradas con toscas ristras de eufemismos y circunloquios, es tiempo acaso de recurrir al maestro Berceo y asegurar que, en lo común y hasta en lo diverso, la lengua de los políticos bien merece el nombre de «román pa’ladinos».
domingo, 18 de junio de 2023
viernes, 24 de marzo de 2023
LA BUENA COMPAÑíA
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| Jardines del Príncipe de Anglona, en el barrio madrileño de Palacio. Foto de Madrid Film Office. |
martes, 7 de febrero de 2023
SISMOMSIS
martes, 31 de enero de 2023
ÚLTIMA LID
A VECES EN el bloc de notas de su teléfono veía textos que parecían salidos de la voz de otros. ¿Se estaría plagiando a sí mismo sin saberlo? ¿Estaría plagiando a otro sin ser consciente? Uno apunta y apunta y apunta… Aquí lo dejo. Con la prueba al canto (por si las moscas).
jueves, 22 de diciembre de 2022
AL PASO DE LAS CONSTELACIONES
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| Cartel en la calle Víctor de la Serna, de Madrid.* |
Señuelos sembrados por la ciudad que marcan rumbos posibles. Aquel ya no tenía otra virtualidad que las de recordarle un nombre admirado, y llevarle por caminos de la memoria tan precisos (o reconstruidos) como los de aquellos días, circa 1976, en los que cada pocos días peregrinaba al cine de la calle Sainz de Baranda (quizás Baranda de nombre) donde se puso la mayor parte de la obra cinematográfica del cineasta italiano, un creador apasionado, comprometido, diferente. Sin duda, un poeta. Aunque ahora alguna de aquellas impresiones le parezcan borrosas, alambicadas o incluso ingenuas. Pero siente aún que hay tantas secuencias inolvidables… «PPP, uno de los nuestros —se dice mientras saca el móvil y hace una foto—; aunque no podremos saber nunca si él nos consideraría de los suyos». Mundo complejo, fascinante, inestable, fugaz (y esto lo digo yo).
miércoles, 24 de agosto de 2022
PURA FICCIÓN, AFICIÓN PURA
El caminante sabe que la ciudad que recorre en soledad por la noche ya no existe más que en su imaginación. Puede ir del Sur al Norte, desde la Plaza hasta el Río, sin encontrarse con nadie. Atraviesa el paseo de los fantasmas, y también los fantasmas han desertado. En un portalón aún le gusta comprobar que las aldabas son de bronce. Quedan calles empavesadas de cantos puntiagudos. Y hay letreros que sobreviven, con su tipografía moderna, debajo de la mugre de las ya añosas pintadas y al margen del caos de los grafitis. Una colonia de gatos aposentados en lo que fuera el terrero de un viejo convento, en el antiguo corazón de la urbe, es el mayor signo de los nuevos tiempos. Junto a algunas recuperadas piedras del pasado. Quizás sean ambas señales muestra inequívoca del rumbo futuro, abocada como está la vida aquí a servir al definitivo despliegue de un mundo de ficción del que los días por venir exhalan, corriente abajo, un paisaje irreal de carne de píxel y humo algodonoso, sobre el cauce cegado de un sueño del que fuera imposible despertar. Pero no nos pongamos apocalípticos. Y sigamos fabricando el Arca.
Edward Hopper: Sunday, 1926. The Philipps Collection, Washington.
martes, 23 de agosto de 2022
EL ÚLTIMO RECURSO
¿No es la burocracia, con su infinito buche (sic) de tautologías y redundancias, una permanente incitación al crimen? Sé, se lo aseguro, de lo que hablo. Y espero que este reconocimiento compulsivo y compulsado no sea en modo alguno tomado como un agravante, señor Juez.
domingo, 14 de agosto de 2022
RELATOS CRUZADOS
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| George Morland: Two Pigs in Straw (Barn with Pigs), s. f. Nottingham City Museums and Galleries (Nottingham Castle). |
El veraneante acalorado, sosias de sí mismo, había pensado escribir un relato que llevaba por título: «España, un país de guarros», aserto que no sabía bien con qué imágenes elocuentes ilustrar de tantas como se le ocurrían. Pero hete aquí que (o heteaquíque), como entre las virtualidades del algoritmo y el ritmo de las partículas subatómicas de no localización es evidente que todo está conectado y hasta en relación muy íntima, fue pronunciar, tal vez pensar sólo, la palabra “guarro” cuando en la pantalla de su celular se iluminó la alarma de su email diciéndole que tenía un nuevo mensaje de Maximiliano Jabugo, su ocasional proveedor de algunas delicias que ya el nombre sugiere. Esta casa de alta gastronomía ibérica, paradójicamente basada sobre todo en las partes bajas de buenos ejemplares de la especie Sus escrofa domestica, se caracteriza por sus originales campañas de publicidad, muy cuidadas tanto en el fondo como en la forma. Al veraneante no le duelen prendas en reconocer que más de una vez he empleado algunas de sus sugerencias para resolver algún compromiso. Pero jura que esta es la primera vez —no sabe si será la última— en que no ha podido resistirse a dar completa la última misiva llegada a su correo electrónico y que, advierte, ofrece sin omitir siquiera ni los títulos de crédito. Disculpen, hipotéticos lectores, queridas lectrices, la pausa publicitaria. O mejor disfruten de ella: al fin y al cabo hubo un tiempo en la televisión —cuando aún existía la televisión— en que la parte más vistosa y creativa era la de los anuncios. Y dice el veraneante que la misiva reza literalmente así:
martes, 3 de mayo de 2022
SUEÑOS ALADOS… ¿PESADILLAS?

lunes, 25 de abril de 2022
ACTUALIZACIONES
Leo las instrucciones de la última actualización del sistema operativo de mi iPhone. «Me gusta mucho tu escritura», dice un mensaje que me asalta en la parte superior de la pantalla. Ya se ve que los programadores están atentos a cualesquiera fallos de estas herramientas —más bien ya apósitos mentales— y buscan en sus entrañas y algoritmos (qué bien tu nombre suena) la manera de encauzarlas, de encauzarnos. El mundo está lleno de prodigios. El más mayor (sic) de todos sigue siendo —aunque sea casi inconsciente: menos cuando hacemos yoga, o el dolor nos aprieta— el de la respiración. Sístole, diástole. En el sueño, acabo de acordarme de que tengo sin contestar una carta de un amigo del otro lado del Atlántico en la que me trasladaba de forma confidencial (eso decía) algunas consideraciones sobre el último premio Cervantes. La carta, sin embargo, no existe más que en el sueño, aunque me consta que las opiniones de mi amigo son esas. Como hoy es el día que es, había pensado conmemorarlo (“concomerlo” propone el espía) con un micro, de la serie de las musas de Macías, en el que relataba la primera vez que entré en un cine porno (en Lisboa, claro), pero al final me ha parecido improcedente. Otro día será. Las urgencias vitales siguen siendo vitales, pero la urgencia es un tiempo que se estira, no hay más remedio. Los diferentes estratos de la mente: he ahí la principal característica del espíritu humano. Saberlo y no estar loco, o no en demasía. Está bien, incluso muy bien, la película de JJ Annaud sobre el incendio de Notre Dame (¿Norte Dame?): la veíamos ayer por la tarde en el Palacio de Hielo mientras Francia se balanceaba en la cuerda floja de sus últimas elecciones. El plomo derretido cayendo por las bocas de las gárgolas como si fuera el vómito de un mal sueño… y el trompe-l’œil de la corona de espinas. Hay metáforas que no lo parecen, ¿quién dice que lo son? Ha amanecido un día espléndido: dan ganas de ponerse a hacer la revolución. El amigo que me quiere bien sigue insistiendo en sus buenas palabras. Lástima que no tengamos siempre a mano la posibilidad de hacer una directa snif estación (sic: vuelve el espía) del afecto verdadero que sentimos. Ahora es Maximiliano Jabugo quien me tienta ahí arriba con las suculencias que su nombre indica. Esta forma de escribir en medio de la plaza pública sí que es por completo novedosa. ¿Se imaginan a Virgilio (disimulen) pergeñando el “conticuere omnes intentique ora tenebant” mientras sus congéneres del foro y los demás mercados no dejaban de tirarle de la túnica? Ah, con qué facilidad esta prodigiosa materia maleable que es la escritura nos permite remontarnos a las más altas consideraciones, sentirnos émulos de criaturas esplendorosas, de mentes tan verdaderamente tocadas por el aura de los prodigios y que han sido capaces de darnos una historia, mil historias, todas las historias, tan poderosas que aún logran arrancarnos de ese fondo de nada y omisión e inconsistencia que —seamos serios y conscientes— es de continuo el verdadero telón de fondo de nuestras vidas. Menos mal que algunos otros de esos nuestros congéneres y hasta presuntos colegas (ya te digo) supieron cantar por todos. En fin, para actualización del día en curso creo que ya es bastante. Claro que podría seguir. Pero para hacerlo con garantías tendría que llamarme César o ser Agustín. Y no es el caso, aunque no me arrepiento. Gracias, amigas, amigos: sepan que uno por uno los siento ahí y los quiero, los queremos todos los de este cónclave de fantasmas que se esfuerza (así, en singular) en no darse por vencido.
sábado, 2 de abril de 2022
VERLO & DECIRLO
viernes, 18 de marzo de 2022
NADA NUEVO
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| Michael Cheval: Melody of Rain, 2015. |
A falta de otra cosa mejor que hacer y por seguir el dictamen de Borges para los días de lluvia, se puso a rebuscar en su baúl de objetos imprecisos, de artefactos varados y frases sueltas un poco de candela, o al menos una imagen que llevarse en procesión. Y, como ya le había ocurrido otras veces, se le fue el santo al suelo y aquí le vemos recogiendo los cachos —“sí, sí, los cachos, chacho”—, con una pizca de avilantez por aquí, un aforismo sin cabeza por allá, algo de eso que no es lo que te quería decir y, ya tú sabes, dejemos los equívocos sin importancia para otro momento…, cosas así que, como todo el mundo acaso no ignora, sin duda no dan para levantar un retablo, pero al viejo de las coplas le pemiten formar un corro de curiosos, ir desgranando los aleluyas con su voz más teatral al ritmo del puntero sabiamente meneado… y, finalmente y sobre todo, pasar la gorra de los óbolos ante la concurrencia. Y, claro, no vas a ser tú el boludo que se quede fuera del ceremonial, así que, ¡dale!, ráscate las musarañas y mira a ver cómo sales de esta lo más airoso posible. Tú verás. No, no estás soñando. Ah, que falta el título. Nada nuevo.
martes, 22 de febrero de 2022
EL MENSAJE
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| José de Ribera: Ticio, 1632. © Museo Nacional del Prado. |
En el sueño, la culebrilla había saltado de las aguas densas del pantano y, tras meterse por debajo de mi camisa, iba clavando sus afilados y níveos alfileres dentales debajo de mi tetilla derecha y, siguiendo un camino sinuoso, avanzaba por el costado y pasaba a la espalda para detenerse a la altura del omóplato y desaparecer. Pensé que aquel recorrido formaba una especie de escritura en una lengua extraña y me pasé el resto del sueño intentado descifrar los signos. No conseguí gran cosa. Al despertar, la culebrilla, o mejor su piel seca y rojiza, todavía estaba allí.
domingo, 9 de enero de 2022
«El CAMINO DE SER TESORO Y RUINA»
| Edward Hopper: Dos cómicos, 1966. Colección particular (durante algún tiempo perteneció a Frank Sinatra). |
Qué fácil es a veces dejarse llevar por la sintonía evidente —¿evidente?— de lo que nos conmueve sin porqué. Y qué extraño consuelo —como en el oratorio aquel de Amancio Prada— nos proporcionan gestos y querencias, sintagmas y susurros, voces que, dichas en voz alta o solo proyectadas en las hondas cavernas íntimas del cerebro, nos llevan de la mano hasta el borde mismo del escenario, ya sin telón de fondo, para reconocer que el fin de la función no va a pillarnos fuera del sentido, torpe o sensato pero nuestro, de lo que llamamos vida viva, ni del hecho de sabernos que también pudiéramos ser «como dos actores sin papel… que sin ruido atravesaran en su adiós la escena». Ah, el tesoro compartido de las palabras, cómo consuela aunque sepamos que no va a librarnos del designio de las ruinas circulares que están por todas partes.











