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domingo, 18 de junio de 2023

FARÁNDULA SONÁMBULA


Ahora que los ayuntamientos se han ayuntado y por doquier se escuchan variantes más o menos elaboradas con toscas ristras de eufemismos y circunloquios, es tiempo acaso de recurrir al maestro Berceo y asegurar que, en lo común y hasta en lo diverso, la lengua de los políticos bien merece el nombre de «román pa’ladinos».

(LUN, 349 ~ «De la vida misma»)

viernes, 24 de marzo de 2023

LA BUENA COMPAÑíA

Jardines del Príncipe de Anglona, en el barrio madrileño de Palacio.
Foto de Madrid Film Office.


Madrid es una ciudad para ser leída con lo pies. Y, si es posible, en buena compañía. Pasé ayer unas horas estupendas paseando por el cogollo urbano, desde Fomento a Las Vistillas pasando por Palacio, y del jardín del Príncipe de Anglona a Puerta Cerrada, con desvío por la calle de la Bolsa y el Café Central, descenso luego por Prado, con vista inesperada de caballerías, hasta concluir en el Círculo de Bellas Artes. Un paseo demorado en conversación amena y apasionada, también con sus puntos discrepantes, con César Nicolás, un gran conversador y un hombre ilustrado e ilustrador. Y ello tras una buena comida —caldo, pulpo, rape y filloas conxuradas— en O Curruncho. No está mal para un día laborable. Qué pena que aún no se haya inventado por estos adictivos pagos cibernáuticos la posibilidad de hacer de la virtualidad presencia y figura. Pero todo a su tiempo. De momento, no es poca cosa que las redes nos sirvan para armar estos encuentros tan gratificantes. Gracias a ellos, uno llega a tener la impresión de ser aún humano.
(LUN, 434 ~ «De la vida misma»)

martes, 7 de febrero de 2023

SISMOMSIS

Mark Rothko: Untitled (Black on Gray), 1969/70. Acrylic on canvas,
203.3 × 175.5 cm. Solomon R. Guggenheim Museum, New York, Gift, 
The Mark Rothko Foundation, Inc., 86.3422. 
©1998 Kate Rothko Prizel & Christopher Rothko / Artists Rights Society (ARS), New York.
De nuevo nos quedamos sin palabras.
(LUN, 478 ~ «De la vida misma, de la muerte»)

martes, 31 de enero de 2023

ÚLTIMA LID

A VECES EN el bloc de notas de su teléfono veía textos que parecían salidos de la voz de otros. ¿Se estaría plagiando a sí mismo sin saberlo? ¿Estaría plagiando a otro sin ser consciente? Uno apunta y apunta y apunta… Aquí lo dejo. Con la prueba al canto (por si las moscas).


Última luz
Caen las horas de un día luminoso
y su brillo aún perdura en mis pupilas.
Mis ojos tristes que ahora ya se cierran
y solo miran hacia dentro.
No hay estrellas y el libro se oscurece.
La vieja caridad de los amigos
es una risa cruel de indiferencia.
La risa que ya nada significa.
No hay estrellas y el libro se oscurece.
Hielo azul en el cielo salvaje,
un rebaño de nubes sin destino.
Y la simple sospecha de que todo
se fundirá en el gris de una esperanza
sin estrellas, como un libro clausurado.
(LUN, 485 ~ «De la vida misma»)

jueves, 22 de diciembre de 2022

AL PASO DE LAS CONSTELACIONES

Cartel en la calle Víctor de la Serna, de Madrid.* 

Señuelos sembrados por la ciudad que marcan rumbos posibles. Aquel ya no tenía otra virtualidad que las de recordarle un nombre admirado, y llevarle por caminos de la memoria tan precisos (o reconstruidos) como los de aquellos días, circa 1976, en los que cada pocos días peregrinaba al cine de la calle Sainz de Baranda (quizás Baranda de nombre) donde se puso la mayor parte de la obra cinematográfica del cineasta italiano, un creador apasionado, comprometido, diferente. Sin duda, un poeta. Aunque ahora alguna de aquellas impresiones le parezcan borrosas, alambicadas o incluso ingenuas. Pero siente aún que hay tantas secuencias inolvidables… «PPP, uno de los nuestros —se dice mientras saca el móvil y hace una foto—; aunque no podremos saber nunca si él nos consideraría de los suyos». Mundo complejo, fascinante, inestable, fugaz (y esto lo digo yo).

(LUN, 528 ~ «De la vida misma»)

*
En torno a él, y a su amparo, fue surgiendo el texto, primero como nota de paso que, mutatis mutandis, y al hilo de alguna precisión narrativa, se transformó en “novela” (LUN). Diversas estancias de una misma (o parecida) pulsión. Como nota particular, acaso curiosa (o eso me parece), anotaré que lo rematé en el parque de Berlín, sentado junto al estanque que acoge los lienzos del muro de Berlín y en el banco contiguo al que aparece en la secuencia de Abre los ojos, la película de Amenábar, en la que Sofía (Penélope Cruz) hace su número de mimo y se reencuentra con César (Eduardo Noruega). Co/incidencias.

miércoles, 24 de agosto de 2022

PURA FICCIÓN, AFICIÓN PURA

Edward Hopper: Sunday, 1926. The Philipps Collection, Washington.
El caminante sabe que la ciudad que recorre en soledad por la noche ya no existe más que en su imaginación. Puede ir del Sur al Norte, desde la Plaza hasta el Río, sin encontrarse con nadie. Atraviesa el paseo de los fantasmas, y también los fantasmas han desertado. En un portalón aún le gusta comprobar que las aldabas son de bronce. Quedan calles empavesadas de cantos puntiagudos. Y hay letreros que sobreviven, con su tipografía moderna, debajo de la mugre de las ya añosas pintadas y al margen del caos de los grafitis. Una colonia de gatos aposentados en lo que fuera el terrero de un viejo convento, en el antiguo corazón de la urbe, es el mayor signo de los nuevos tiempos. Junto a algunas recuperadas piedras del pasado. Quizás sean ambas señales muestra inequívoca del rumbo futuro, abocada como está la vida aquí a servir al definitivo despliegue de un mundo de ficción del que los días por venir exhalan, corriente abajo, un paisaje irreal de carne de píxel y humo algodonoso, sobre el cauce cegado de un sueño del que fuera imposible despertar. Pero no nos pongamos apocalípticos. Y sigamos fabricando el Arca.

(LUN, 646 ~ «De la vida misma»)

martes, 23 de agosto de 2022

EL ÚLTIMO RECURSO

¿No es la burocracia, con su infinito buche (sic) de tautologías y redundancias, una permanente incitación al crimen? Sé, se lo aseguro, de lo que hablo. Y espero que este reconocimiento compulsivo y compulsado no sea en modo alguno tomado como un agravante, señor Juez.

Georges Rouault: Los tres jueces, 1913. Museum of Moderm Art (MoMA), Nueva York.

(LUN, 647 ~ «De la vida misma»)

domingo, 14 de agosto de 2022

RELATOS CRUZADOS

George Morland: Two Pigs in Straw (Barn with Pigs), s. f.
Nottingham City Museums and Galleries (Nottingham Castle).

El veraneante acalorado, sosias de sí mismo, había pensado escribir un relato que llevaba por título: «España, un país de guarros», aserto que no sabía bien con qué imágenes elocuentes ilustrar de tantas como se le ocurrían. Pero hete aquí que (o heteaquíque), como entre las virtualidades del algoritmo y el ritmo de las partículas subatómicas de no localización es evidente que todo está conectado y hasta en relación muy íntima, fue pronunciar, tal vez pensar sólo, la palabra “guarro” cuando en la pantalla de su celular se iluminó la alarma de su email diciéndole que tenía un nuevo mensaje de Maximiliano Jabugo, su ocasional proveedor de algunas delicias que ya el nombre sugiere. Esta casa de alta gastronomía ibérica, paradójicamente basada sobre todo en las partes bajas de buenos ejemplares de la especie Sus escrofa domestica, se caracteriza por sus originales campañas de publicidad, muy cuidadas tanto en el fondo como en la forma. Al veraneante no le duelen prendas en reconocer que más de una vez he empleado algunas de sus sugerencias para resolver algún compromiso. Pero jura que esta es la primera vez —no sabe si será la última— en que no ha podido resistirse a dar completa la última misiva llegada a su correo electrónico y que, advierte, ofrece sin omitir siquiera ni los títulos de crédito. Disculpen, hipotéticos lectores, queridas lectrices, la pausa publicitaria. O mejor disfruten de ella: al fin y al cabo hubo un tiempo en la televisión —cuando aún existía la televisión— en que la parte más vistosa y creativa era la de los anuncios. Y dice el veraneante que la misiva reza literalmente así:

»»
«DEL TERRENO. Cuando era niño, mi abuelo me mandaba a la bodega con un duro, un par de veces a la semana, para que el bodeguero me rellenara una garrafa con "vino del terreno".
Ese "vino del terreno" era con el que acompañaban las comidas, que entonces llamaban almuerzos, mis tíos y mis abuelos en las reuniones familiares que se daban en verano en el pueblo.
En ocasiones comíamos, o almorzábamos, unos tomates que recuerdo riquísimos, que eran "Tomates del terreno".
Otras veces, había lechugas de hojas largas, que mi tío decía de "oreja de burro", que eran, como habrá adivinado, "Lechugas del terreno".
En esa época, en la que ni había globalización, ni se la esperaba, casi todo lo que comíamos era "del terreno".
Las naranjas eran de Valencia y Valencia era tierra de Naranjas.
Las alcachofas y los espárragos eran de Tudela y Tudela era conocida por ambas cosas.
Murcia no era Murcia, era la huerta murciana.
España entera era un conjunto de terrenos, cada uno produciendo lo suyo, y regalando a sus habitantes cientos de "manjares del terreno".
Cuando hablo con alguien y me dice que los tomates no le saben a los tomates de su niñez, o que las naranjas tienen otro sabor, o que ya no hay lechugas como las de antes, veo claro que lo que se ha perdido es ese añadido "del terreno" que antes tenían las cosas.
No todo, pero sí en gran medida.
La globalización nos trae Tomates de Holanda, Naranjas de Marruecos, Lechugas "Iceberg", que no se parecen a la oreja de un burro por ningún lado, y que son originarias de California.
Vaya, que comerse "algo del terreno" hoy, es harto complicado en este país, que sinceramente, y tiro de orgullo patrio: estoy convencido que es "el país más rico del mundo", en cuanto a gastronomía se refiere, y estoy dispuesto a discutirlo con cualquier amante del sushi que me lo niegue.
Ocurre que, como en la obra de Asterix y Obelix, todavía quedamos algunos pequeños reductos que nos negamos a ser conquistados por esa globalización.
Productores de cosas nuestras, del terreno, que se hacían y se siguen haciendo hoy, tal y como se hacían entonces.
En nuestro caso, nos enfrentamos a esa globalización, con la producción artesanal de nuestros jamones.
Que sí, que ya se qué ahora es más moderno comer sushi, o comprar Jamón de Parma. Que serán productos extraordinarios, no lo dudo. Pero yo, qué quiere que le diga, soy un enamorado de las "cosas del terreno".
Y eso es lo que hacemos en Maximiliano Jabugo, producir jamones para los enamorados de "las cosas del terreno", de lo nuestro, de los sabores de antes que no queremos que se pierdan.
Una de las cosas que más me satisface de nuestro trabajo es cuando algún cliente nos dice: estos jamones me saben a los jamones de toda la vida.
Claro, respondo yo, no pueden saber distinto, porque son jamones hechos como se hicieron toda la vida.
Si quiere disfrutar de nuestros "jamones del terreno" con el sabor de toda la vida, puede hacerlo entrando en nuestra tienda online:
Disfrute del verano en el país más rico del mundo.
Maximiliano Portes / Maestro Jamonero.
P.D.: Un abrazo a todos los productores locales que contra viento y marea, siguen produciendo productos nuestros, del terreno, con el amor y pasión de antaño, para que sigamos siendo el país más rico del mundo.
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Herederos de Maximiliano S.L.
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Y hasta aquí llegó la marea.
(LUN, 656 ~ «De la vida misma»)

martes, 3 de mayo de 2022

SUEÑOS ALADOS… ¿PESADILLAS?


Toda la noche soñando con caballitos con alas, Pegasus por allí, pegasos por allá. El que le puso nombre al programa espía de moda no tenia mucha imaginación y sí, en lo que a mí personalmente respecta, bastante mala follá. De momento, ha contaminado —puede que de por vida— un símbolo que tenía en mi mente a muy buen recaudo y, salvo algún pormenor olvidable, ocupando un lugar de gran afectividad. Claro que fue hace tanto… entre 1980 y 1989: Salvat Editores, Príncipe de Vergara, 32, Madrid. Las vueltas que da la vida.
(LUN, 757 ~ De la vida misma)

lunes, 25 de abril de 2022

ACTUALIZACIONES

Mosaico romano de Sousse (siglo III) que representa a Virgilio con las musas
Clío y Melpómene en el preciso momento en que le inspiran
el verso de Aeneidos que se cita en el texto.
Museo Nacional del Bardo, Túnez.

Leo las instrucciones de la última actualización del sistema operativo de mi iPhone. «Me gusta mucho tu escritura», dice un mensaje que me asalta en la parte superior de la pantalla. Ya se ve que los programadores están atentos a cualesquiera fallos de estas herramientas —más bien ya apósitos mentales— y buscan en sus entrañas y algoritmos (qué bien tu nombre suena) la manera de encauzarlas, de encauzarnos. El mundo está lleno de prodigios. El más mayor (sic) de todos sigue siendo —aunque sea casi inconsciente: menos cuando hacemos yoga, o el dolor nos aprieta— el de la respiración. Sístole, diástole. En el sueño, acabo de acordarme de que tengo sin contestar una carta de un amigo del otro lado del Atlántico en la que me trasladaba de forma confidencial (eso decía) algunas consideraciones sobre el último premio Cervantes. La carta, sin embargo, no existe más que en el sueño, aunque me consta que las opiniones de mi amigo son esas. Como hoy es el día que es, había pensado conmemorarlo (“concomerlo” propone el espía) con un micro, de la serie de las musas de Macías, en el que relataba la primera vez que entré en un cine porno (en Lisboa, claro), pero al final me ha parecido improcedente. Otro día será. Las urgencias vitales siguen siendo vitales, pero la urgencia es un tiempo que se estira, no hay más remedio. Los diferentes estratos de la mente: he ahí la principal característica del espíritu humano. Saberlo y no estar loco, o no en demasía. Está bien, incluso muy bien, la película de JJ Annaud sobre el incendio de Notre Dame (¿Norte Dame?): la veíamos ayer por la tarde en el Palacio de Hielo mientras Francia se balanceaba en la cuerda floja de sus últimas elecciones. El plomo derretido cayendo por las bocas de las gárgolas como si fuera el vómito de un mal sueño… y el trompe-l’œil de la corona de espinas. Hay metáforas que no lo parecen, ¿quién dice que lo son? Ha amanecido un día espléndido: dan ganas de ponerse a hacer la revolución. El amigo que me quiere bien sigue insistiendo en sus buenas palabras. Lástima que no tengamos siempre a mano la posibilidad de hacer una directa snif estación (sic: vuelve el espía) del afecto verdadero que sentimos. Ahora es Maximiliano Jabugo quien me tienta ahí arriba con las suculencias que su nombre indica. Esta forma de escribir en medio de la plaza pública sí que es por completo novedosa. ¿Se imaginan a Virgilio (disimulen) pergeñando el “conticuere omnes intentique ora tenebant” mientras sus congéneres del foro y los demás mercados no dejaban de tirarle de la túnica? Ah, con qué facilidad esta prodigiosa materia maleable que es la escritura nos permite remontarnos a las más altas consideraciones, sentirnos émulos de criaturas esplendorosas, de mentes tan verdaderamente tocadas por el aura de los prodigios y que han sido capaces de darnos una historia, mil historias, todas las historias, tan poderosas que aún logran arrancarnos de ese fondo de nada y omisión e inconsistencia que —seamos serios y conscientes— es de continuo el verdadero telón de fondo de nuestras vidas. Menos mal que algunos otros de esos nuestros congéneres y hasta presuntos colegas (ya te digo) supieron cantar por todos. En fin, para actualización del día en curso creo que ya es bastante. Claro que podría seguir. Pero para hacerlo con garantías tendría que llamarme César o ser Agustín. Y no es el caso, aunque no me arrepiento. Gracias, amigas, amigos: sepan que uno por uno los siento ahí y los quiero, los queremos todos los de este cónclave de fantasmas que se esfuerza (así, en singular) en no darse por vencido.

(LUN, 765 ~ De la vida misma)

sábado, 2 de abril de 2022

VERLO & DECIRLO

Egon Schiele: Autorretrato con chaleco amarillo, 1914.
Guggenheim, Bilbao.


«Tú y yo no somos
amigos. Sólo somos
buenas personas».
(LUN, 788 ~ De la vida misma)

viernes, 18 de marzo de 2022

NADA NUEVO

Michael Cheval: Melody of Rain, 2015.

A falta de otra cosa mejor que hacer y por seguir el dictamen de Borges para los días de lluvia, se puso a rebuscar en su baúl de objetos imprecisos, de artefactos varados y frases sueltas un poco de candela, o al menos una imagen que llevarse en procesión. Y, como ya le había ocurrido otras veces, se le fue el santo al suelo y aquí le vemos recogiendo los cachos —“sí, sí, los cachos, chacho”—, con una pizca de avilantez por aquí, un aforismo sin cabeza por allá, algo de eso que no es lo que te quería decir y, ya tú sabes, dejemos los equívocos sin importancia para otro momento…, cosas así que, como todo el mundo acaso no ignora, sin duda no dan para levantar un retablo, pero al viejo de las coplas le pemiten formar un corro de curiosos, ir desgranando los aleluyas con su voz más teatral al ritmo del puntero sabiamente meneado… y, finalmente y sobre todo, pasar la gorra de los óbolos ante la concurrencia. Y, claro, no vas a ser tú el boludo que se quede fuera del ceremonial, así que, ¡dale!, ráscate las musarañas y mira a ver cómo sales de esta lo más airoso posible. Tú verás. No, no estás soñando. Ah, que falta el título. Nada nuevo.

(LUN, 803 ~ De la vida misma)

martes, 22 de febrero de 2022

EL MENSAJE

José de Ribera: Ticio, 1632. © Museo Nacional del Prado.

En el sueño, la culebrilla había saltado de las aguas densas del pantano y, tras meterse por debajo de mi camisa, iba clavando sus afilados y níveos alfileres dentales debajo de mi tetilla derecha y, siguiendo un camino sinuoso, avanzaba por el costado y pasaba a la espalda para detenerse a la altura del omóplato y desaparecer. Pensé que aquel recorrido formaba una especie de escritura en una lengua extraña y me pasé el resto del sueño intentado descifrar los signos. No conseguí gran cosa. Al despertar, la culebrilla, o mejor su piel seca y rojiza, todavía estaba allí.

(LUN, 827 _ De la vida misma)

domingo, 9 de enero de 2022

«El CAMINO DE SER TESORO Y RUINA»

Edward Hopper: Dos cómicos, 1966. Colección particular
(durante algún tiempo perteneció a Frank Sinatra).

Qué fácil es a veces dejarse llevar por la sintonía evidente —¿evidente?— de lo que nos conmueve sin porqué. Y qué extraño consuelo —como en el oratorio aquel de Amancio Prada— nos proporcionan gestos y querencias, sintagmas y susurros, voces que, dichas en voz alta o solo proyectadas en las hondas cavernas íntimas del cerebro, nos llevan de la mano hasta el borde mismo del escenario, ya sin telón de fondo, para reconocer que el fin de la función no va a pillarnos fuera del sentido, torpe o sensato pero nuestro, de lo que llamamos vida viva, ni del hecho de sabernos que también pudiéramos ser «como dos actores sin papel… que sin ruido atravesaran en su adiós la escena». Ah, el tesoro compartido de las palabras, cómo consuela aunque sepamos que no va a librarnos del designio de las ruinas circulares que están por todas partes.

(LUN, 871 ~ «De la vida misma»; a partir de un poema de Francisco Caro, en “Fuentévar”, y “para celebrar Enero y Nueve de 2022”).



miércoles, 15 de diciembre de 2021

La mochila austríaca

La capacidad engendradora del lenguaje es realmente de condición bíblica o babélica. A ver si no cómo le explica usted al sujeto paciente que al oír/escuchar (gestos sucesivos) en la radio la expresión «mochila austriaca» se haya puesto en marcha, y por completo al margen de su significado objetivo (cierto tipo de indemnización laboral y modo de organizar las pensiones en ese país), una deriva de sugerencias que, tras situarlo en un fuego de campamento en Hoyos del Espino, allá por 1968 o 69, lo llevó derechito a bañarse en las muy frías aguas del joven Tormes, y luego a participar en una competición escolar natatoria en la que todos sus gestos deportivos se concentraron en el esfuerzo por no perecer ahogado. Y ya desde ahí —tal vez por cercanía de los afilados picos— el dibujo de las ondas verbales se fue abriendo paso hacia las altas montañas, que no en vano es en ellas, entre nieves de mucha duración siempre blanquísimas, donde crece la flor del edelweis, quizás la misma que se nos contó a tantos y se nos puso denoDaDamente como símbolo heroico y algo apolillado de aquella pureza tan sangrante, sumo ideal del joven recio y pleno contrapunto imaginario de las horrendas penas del hiperbólico inferno jesuítico, siempre un poco risible, no se vaya nadie a creer que nos tomamos alguna vez aquello en serio, y mucho más (menos) desde que a aquel condiscípulo luso (de Póvoa de Varzim, por ser exactos), rostro cetrino, dientes de ardilla, ojos voraces, le oímos decir sin asomo de estar hablando en broma: «Eu prefiro ir ó Inferno pra’ pasalo ben ca filla do Diablo». Y puede que el “pasalo ben” fuese algo más explícito y hasta minuciosamente gesticulado. Hay que ver la de cosas asaz peregrinas que caben en un objeto tan común, en el fondo un simple sac-à-dos, como el que portaba sobre sus hombros aquel muchachillo monegasco, Jean-Jacques, que cantándole a su Maman, aunque no ganó el Festival de Eurovisión de 1969, tuvo un enorme éxito, y que ahora, más de medio siglo après, también viene a sumarse al carrusel de ocurrencias y al botín que en su interior escondía la susodicha mochila. Y eso que era sólo austriaca. Si llega a tener la condición de austro-húngara, la cabalgata hubiera sido… imperial, como de plano-secuencia berlanguiano. Seguro.
(LUN, 897 ~ De la vida misma)
Puede ser una imagen de una persona, cielo y naturaleza
Raúl Carbonell Sala, José Julio Sevilla Bonilla y 8 personas más
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