Están todos los grafólogos del mundo reunidos en sesión permanente para analizar el prodigioso haz de mimbres amarillos, atravesado por ese cable rojo parcialmente mondado e interrupto, los escalones azulados hacia quién sabe qué extremos de la realidad, las piezas descabaladas y a la deriva de un juego de construcciones, el extraño artilugio de perfecto diseño industrial, sin duda inteligente, y como sobrevenido desde otra civilización u otro universo, a modo de gigantesco aspirador de energías... y, en suma, todos esos rasgos personales que hacen de la presunta firma de Dios un camino visible para poder llegar al fin de la noche, levantar con pulso firme el lienzo transparente con el que allí se enmascara la luz y ver qué hay debajo.
La imagen muestra un registro del detector CMS del CERN con lo que pudiera ser «la firma de la partícula de Higgs». Más detalles aquí.