(CajaDeCitas, 70). Casi un siglo después (sobre poco más o menos), Antonio Machado lee, en diferido y por persona interpuesta (el gran José Sacristán), su hermoso discurso de ingreso en la Academia. Y el dramaturgo Juan Mayorga, reencarnado parcialmente en Azorín, le responde. Qué bien se escuchan sus voces. El ascto se cierra con una emotiva presencia en la Academia de Joan Manuel Serrat, sin duda el artista que más ha contribuido en el último medio siglo a difundir la obra del poeta. Un acto para guardarlo en la memoria.
Mostrando entradas con la etiqueta Antonio Machado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Antonio Machado. Mostrar todas las entradas
jueves, 1 de mayo de 2025
jueves, 12 de abril de 2018
Homenaje

(Homenaje, al borde del plagio)
«Mis ojos en el espejo
son ojos ciegos que miran
los ojos con que los veo»,
dijo Machado por boca
de Abel Martín. Y miraba
las letras de las palabras
reflejadas en los ojos
de un soñador. De repente,
se apagó la luz y todo
vino a ser la melodía
del Gran Cero. Allí la muerte
quiso hacer que sonreía...
Y no sabía.
jueves, 22 de septiembre de 2016
El Ave vuela cerca de Segovia
Parece inevitable imaginar qué habría sentido don Antonio Machado, sobre la madera de su vagón de tercera, si por la ventanilla, tras el hollín del cristal, hubiera descubierto que en el metálico letrero colgado de cadenas sobre el andén, entre la niebla y la indiferencia de los viajeros, podía leerse que el convoy estaba entrando en la estación de Segovia Guiomar. Sin duda pensaría que era un sueño. Tal vez una alucinación de sus ojos ya no jóvenes, y algo borrosos por lecturas sin fin y amores a deshora. Difícilmente lo tomaría como el augurio de una posteridad que a él, realmente, le importaba muy poco. Aunque lo estuviera esperando. Y, en la misteriosa espiral del tiempo, se encontrara a punto de darle alcance.
Foto: Estación Segovia Guiomar, en la línea del AVE. © AJR, 2015.
sábado, 7 de agosto de 2010
Resonancias (3): machadiana

Mucho antes que el inevitable Guernica (yo también) o que la frustrada posibilidad del no menos frecuente Ché (yo, tampoco), en las paredes de mi cuarto, frente a mi mesa de estudio, colgaba un póster de Antonio Machado con los hermosos y bien conocidos alejandrinos finales de su poema «Retrato» grabados sobre la ancha frente: «Y cuando llegue el día del último viaje, / y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, / me encontraréis a bordo ligero de equipaje, / casi desnudo, como los hijos de la mar». Palabras que, como a tantos, me acompañan a menudo y que quizás resuman la mejor (y más consoladora) filosofía vital que haya tenido nunca. Qué sabio, en su aparente sencillez, don Antonio. Y cómo crece su obra a medida que pasa el tiempo (y nosotros con él).
(Aunque es mucho más conocida la versión del poema cantada por Serrat, dejo aquí la limpia y libre interpretación flamenca de Calixto Sánchez, quizás más cercana al modo de decir, e incluso de sentir, del poeta.)
Imagen: «Sol de medianoche con barca», tomada del blog Laberinto de lluvia.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
