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lunes, 11 de marzo de 2024

LAS VÍCTIMAS DEL 11M: IN MEMORIAM (20º aniversario)

 Las siguientes personas fueron asesinadas en los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid o fallecieron en los días posteriores como consecuencia de las heridas sufridas:

Eva Belén Abad Quijada, española, 30 años
Óscar Abril Alegre, español, 19 años
Liliana Guillermina Acero Ushiña, ecuatoriana, 26 años
Florencio Aguado Rojano, español, 60 años
Juan Alberto Alonso Rodríguez, español, 38 años
María Josefa Álvarez González, española, 48 años
Juan Carlos Del Amo Aguado, español, 28 años
Andriyan Asenov Andrianov, búlgaro, 22 años
María Nuria Aparicio Somolinos, española, 40 años Alberto Arenas Barroso, español, 24 años
Neil Hebe Astocondor Masgo, peruano, 34 años
Ana Isabel Ávila Jiménez, española, 43 años
Miguel Ángel Badajoz Cano, español, 34 años
Susana Ballesteros Ibarra, española, 42 años
Francisco Javier Barahona Imedio, español, 34 años
Gonzalo Barajas Díaz, español, 32 años
Gloria Inés Bedoya, colombiana, 40 años
Sanaa Ben Salah Imadaquan, española hija de marroquíes, 13 años
Esteban Martín de Benito Caboblanco, español, 39 años
Rodolfo Benito Samaniego, español, 27 años
Anka Valeria Bodea, rumana, 26 años
Livia Bogdan, rumana, 27 años
Florencio Brasero Murga, español, 50 años
Trinidad Bravo Segovia, española, 40 años
Alina Maria Bryk, polaca, 39 años
Stefan Budai, rumano, 37 años
Tibor Budi, rumano, 37 años
María Pilar Cabrejas Burillo, española, 37 años
Rodrigo Cabrero Pérez, español, 20 años
Milagros Calvo García, española, 39 años
Sonia Cano Campos, española, 24 años
Alicia Cano Martínez, española, 63 años
José María Carrilero Baeza, español, 39 años
Álvaro Carrión Franco, español, 17 años
Francisco Javier Casas Torresano, español, 28 años
Cipriano Castillo Muñoz, español, 55 años
María Inmaculada Castillo Sevillano, española, 39 años
Sara Centenera Montalvo, española, 19 años
Oswaldo Manuel Cisneros Villacís, ecuatoriano, 34 años
Eugenia María Ciudad-Real Díaz, española, 26 años
Jacqueline Contreras Ortiz, peruana, 22 años
María Soledad Contreras Sánchez, española, 51 años
María Paz Criado Pleiter, española, 52 años
Nicoleta Deac, rumana, 27 años
Beatriz Díaz Hernández, española, 30 años
Georgeta Gabriela Dima, rumana, 35 años
Tinka Dimitrova Paunova, búlgara, 31 años
Kalina Dimitrova Vasileva, búlgara, 31 años
Sam Djoco, senegalés, 42 años
María Dolores Durán Santiago, española, 34 años
Osama El Amrati, marroquí, 23 años
Sara Encinas Soriano, española, 26 años
Carlos Marino Fernández Dávila, peruano, 39 años
María Fernández del Amo, española, 25 años
Rex Reynaldo Ferrer, filipino, 20 años
Héctor Manuel Figueroa Bravo, chileno, 33 años
Julia Frutos Rosique, española, 44 años
María Dolores Fuentes Fernández, española, 29 años
José Gallardo Olmo, español, 33 años
José Raúl Gallego Triguero, español, 39 años
María Pilar Gámiz Torres, española, 40 años
Abel García Alfageme, español, 27 años
Juan Luis García Arnáiz, español, 17 años
Beatriz García Fernández, española, 27 años
María de las Nieves García García-Moñino, española, 46 años
Enrique García González, dominicano, 28 años
Cristina Aurelia García Martínez, española, 34 años
Carlos Alberto García Presa, español, 24 años
José García Sánchez, español, 45 años
José María García Sánchez, español, 47 años
Javier Garrote Plaza, español, 26 años
Petrica Geneva, rumana, 34 años
Ana Isabel Gil Pérez, española, 29 años
Óscar Gómez Gudiña, español, 24 años
Félix González Gago, español, 52 años
Angélica González García, española, 19 años
Teresa González Grande, española, 38 años
Elías González Roque, español, 30 años
Juan Miguel Gracia García, español, 53 años
Javier Guerrero Cabrera, español, 25 años
Berta María Gutiérrez García, española, 39 años
Sergio de las Heras Correa, español, 29 años
Pedro Hermida Martín, español, 51 años
Alejandra Iglesias López, española, 28 años
Mohamed Itaiben, marroquí, 27 años
Pablo Izquierdo Asanza, español, 42 años
María Teresa Jaro Narrillos, española, 32 años
Oleksandr Kladkovoy, ucraniano, 56 años
Laura Isabel Laforga Bajón, española, 28 años
María Victoria León Moyano, española, 30 años
María Carmen Lominchar Alonso, española, 34 años
Myriam López Díaz, española, 31 años
María Carmen López Pardo, española, 50 años
María Cristina López Ramos, española, 38 años
José María López-Menchero Moraga, español, 44 años
Miguel de Luna Ocaña, español, 36 años
María Jesús Macías Rodríguez, española, 30 años
Francisco Javier Mancebo Záforas, español, 38 años
Ángel Manzano Pérez, ecuatoriano, 42 años
Vicente Marín Chiva, español, 37 años
Antonio Marín Mora, español, 43 años
Begoña Martín Baeza, española, 25 años
Ana Martín Fernández, española, 43 años
Luis Andrés Martín Pacheco, español, 54 años
María Pilar Martín Rejas, española, 50 años
Alois Martinas, rumano, 27 años
Carmen Mónica Martínez Rodríguez, española, 31 años
Míriam Melguizo Martínez, española, 28 años
Javier Mengíbar Jiménez, español, 42 años
Álvaro de Miguel Jiménez, español, 26 años
Michael Mitchell Rodríguez, cubano, 28 años
Stefan Modol, rumano, 45 años
Segundo Víctor Mopacita Mopacita, ecuatoriano, 37 años
Encarnación Mora Donoso, española, 64 años
María Teresa Mora Valero, española, 37 años
Julita Moral García, española, 53 años
Francisco Moreno Aragonés, español, 56 años
José Ramón Moreno Isarch, español, 37 años
Eugenio Moreno Santiago, español, 56 años
Juan Pablo Moris Crespo, español, 32 años
Juan Muñoz Lara, español, 33 años
Francisco José Narváez de la Rosa, español, 28 años
Mariana Negru, rumana, 40 años
Ismael Nogales Guerrero, español, 31 años
Aarón Novellón Gil Cano, español, 11 años
Inés Novellón Martínez, española, 30 años
Miguel Ángel Orgaz Orgaz, español, 34 años
Ángel Pardillos Checa, español, 62 años
Sonia Parrondo Antón, española, 28 años
Juan Francisco Pastor Pérez, español, 51 años
Daniel Paz Manjón, español, 20 años
María José Pedraza Pino, española, 41 años
Miryam Pedraza Rivero, española, 25 años
Roberto Pellicari Lopezosa, español, 31 años
María del Pilar Pérez Mateo, española, 28 años
Felipe Pinel Alonso, español, 51 años
Martha Scarlett Plasencia Hernández, dominicana, 27 años
Elena Ples, rumana, 33 años
María Luisa Polo Remartínez, española, 50 años
Ionut Popa, rumano, 23 años
Emilian Popescu, rumano, 44 años
Miguel Ángel Prieto Humanes, español, 37 años
Francisco Antonio Quesada Bueno, español, 44 años
John Jairo Ramírez Bedoya, colombiano, 37 años
Laura Ramos Lozano, hondureña, 37 años
Miguel Reyes Mateos, español, 37 años
Marta del Río Menéndez, española, 40 años
Nuria del Río Menéndez, española, 38 años
Jorge Rodríguez Casanova, español, 22 años
Luis Rodríguez Castell, español, 40 años
María de la Soledad Rodríguez de la Torre, española, 42 años
Ángel Luis Rodríguez Rodríguez, español, 34 años
Francisco Javier Rodríguez Sánchez, español, 52 años
Ambrosio Rogado Escribano, español, 56 años
Cristina Romero Sánchez, española, 34 años
Patricia Rzaca, polaca, 7 meses
Wieslaw Rzaca, polaco, 34 años
Antonio Sabalete Sánchez, español, 36 años
Sergio Sánchez López, español, 17 años
María Isabel Sánchez Mamajón, española, 37 años
Juan Antonio Sánchez Quispe, peruano, 45 años
Balbina Sánchez-Dehesa Francés, española, 47 años
David Santamaría García, español, 23 años
Sergio dos Santos Silva, brasileño, 28 años
Juan Carlos Sanz Morales, español, 33 años
Eduardo Sanz Pérez, español, 31 años
Guillermo Senent Pallarola, español, 23 años
Miguel Antonio Serrano Lastra, español, 28 años
Rafael Serrano López, español, 66 años
Paula Mihaela Sfeatcu, rumana, 27 años
Federico Miguel Sierra Serón, español, 37 años
Domnino Simón González, español, 45 años
María Susana Soler Iniesta, española, 46 años
Carlos Soto Arranz, español, 34 años
Mariya Ivanova Staykova, búlgara, 38 años
Marion Cintia Subervielle, francesa, 30 años
Alexandru Horatiu Suciu, rumano, 18 años
Danuta Teresa Szpila, polaca, 28 años
José Luis Tenesaca Betancourt, ecuatoriano, 17 años
Iris Toribio Pascual, español, varón, 20 años
Neil Torres Mendoza, ecuatoriano, 38 años
Carlos Tortosa García, español, 31 años
María Teresa Tudanca Hernández, española, 49 años
Jesús Utrilla Escribano, español, 44 años
José Miguel Valderrama López, español, 25 años
Saúl Valdés Ruiz, hondureño, 44 años
Mercedes Vega Mingo, española, 45 años
David Vilela Fernández, español, 23 años
Juan Ramón Zamora Gutiérrez, español, 29 años
Yaroslav Zojniuk, ucraniano, 48 años
Csaba Olimpiu Zsigovski, rumano, 26 años
Hay que incluir también a Nicolás Jiménez Morán, un bebé nacido dos meses después del atentado que falleció a los dos días como consecuencia de las heridas sufridas por la madre en los atentados.
Francisco Javier Torronteras Gadea (español de 42 años), miembro del Grupo Especial de Operaciones, (GEO) fue asesinado en la explosión en la que se suicidaron el 3 de abril de 2004, en un piso de Leganés, algunos de los autores de los atentados.
En 2014 murió Laura Vega, otra víctima de los atentados, tras pasar diez años en coma.
En este archivo adjunto, creado por El país en el 10º aniversario del atentado, se incluyen enlaces que permiten acceder a breves biografías de muchas de las víctimas. Ojalá pudieran completarse las que faltan.
Que no se pierda su memoria.
Fuentes: Wikipedia y elaboración propia.
(LUN, 88)



jueves, 22 de septiembre de 2016

El Ave vuela cerca de Segovia


Parece inevitable imaginar qué habría sentido don Antonio Machado, sobre la madera de su vagón de tercera, si por la ventanilla, tras el hollín del cristal, hubiera descubierto que en el metálico letrero colgado de cadenas sobre el andén, entre la niebla y la indiferencia de los viajeros, podía leerse que el convoy estaba entrando en la estación de Segovia Guiomar. Sin duda pensaría que era un sueño. Tal vez una alucinación de sus ojos ya no jóvenes, y algo borrosos por lecturas sin fin y amores a deshora. Difícilmente lo tomaría como el augurio de una posteridad que a él, realmente, le importaba muy poco. Aunque lo estuviera esperando. Y, en la misteriosa espiral del tiempo, se encontrara a punto de darle alcance.

Foto: Estación Segovia Guiomar, en la línea del AVE. © AJR, 2015.


martes, 18 de septiembre de 2012

Carrillo, una impresión


El otro nombre del demonio. Cuando yo era niño e incluso adolescente, Carrillo era el otro nombre del demonio. Tal vez solo el de La Pasionaria (siempre con un “La” bien marcado por delante) podía disputarle la primacía en la capacidad de encarnar la maldad absoluta. Incluso diría que ambos nombres solían pronunciarse siempre juntos, con el mismo desprecio e igual temor. Y si me pongo a remover (o a reinventar) los posos más antiguos de mi memoria, hasta es posible que encuentre el sonido de una secuencia Carrillo-la-Pasionaria como denominación completa de algún ser infernal. No tardó en unirse al nombre de Carrillo en mi conciencia el topónimo de Paracuellos, con todo el humo de vidriosos equívocos y medias verdades con que siempre se ha contado (y aún se cuenta) uno de los episodios más trágicos de la guerra civil, tan pródiga en ellos. Un episodio que en los últimos años de mi adolescencia me llegó envuelto en la hagiografía de los mártires agustinos del Escorial, en cuyas filas (las de los  agustinos) yo estudiaba entonces la filosofía que había de dar un viraje completo a mis ideas (aunque quizás fuera más exacto decir: una perspectiva diferente).

Ecos confusos. Ya a principios de los setenta, cuando el velo del templo se rasgó ante mis ojos (o eso creí), y empecé a tener la posibilidad de indagar en la historia por mi cuenta (o eso pensaba), el minucioso maniqueísmo de un solo lado con el que a tantos nos acolcharon la infancia y enlaberintado la adolescencia había cedido.  Pero entonces, por cierta orientación anarcoide de aires jipistas, tampoco el personaje de Carrillo (lo poco que sabía de él) me resultó simpático. Algún hilo suelto acerca de las polémicas que se habían vivido en el interior del Partido Comunista, y noticias más o menos confusas sobre el carácter dictatorial con que, al parecer, el entonces secretario general del partido las había solventado, y, sobre todo, una profunda desconfianza hacia toda organización amasada (y también amansada) en torno a un dogma, debieron de influir poderosamente en que Carrillo siguiera siendo para mí, aunque por motivos ya muy diferentes, una figura antipática.

Lucidez, valentía. Las cosas empezaron a cambiar a raíz del fascinante episodio de la peluca (su regreso clandestinamente pactado a España), la reacción ante la barbarie de Atocha (asesinato de los abogados laboralistas), la sorpresa del sábado santo de 1977 (legalización del PCE), entre otros momentos intensos de una época en la que viví la política con una pasión con que después ya nunca… Y se tornaron en decidida admiración hacia la persona cuando, frente a las despiadadas críticas de muchos que antes le jaleaban, Santiago Carrillo (entonces el apellido ya casi nunca iba solo) contribuyó a hacer posible que la complicada salida de la selva franquista se pudiera hacer de forma pacífica. Es este un tema (reforma vs ruptura) que aún me lleva a la discusión más o menos apasionada con amigos (si bien cada vez menos) y supongo que forma parte de un debate que todavía está lejos de haberse cerrado: las vueltas que da la historia implican también interpretaciones inéditas (e incluso inimaginables) del pasado. Lo cierto es que desde ese momento mi respeto y admiración hacia él no hicieron más que crecer. Su impresionante gesto de valentía en la tarde del 23 F aún me emociona. También el recuerdo de la única vez que lo vi de cerca, hace ya unos años, en la librería Crisol de Juan Bravo, dando una lección de enérgica tolerancia ante un grupo de descerebrados vociferantes, muy mala gente.

La sombra del padre. En los últimos años, creo que no me he perdido ni una de sus intervenciones en el programa «La ventana» de la cadena SER, con contertulios diferentes, aunque me parecieron especialmente lúcidos los diálogos mantenidos con Ernest Lluch y Herrero de Miñón, e incluso, hasta hace bien poco, con Martín Villa. Memorable fue, por diversos motivos, el saludo entre Santiago Carrillo y Manuel Fraga (éste ya en silla de ruedas), hace ahora unos tres años (hablo de memoria): por razones estrictamente personales, me pareció que aquel encuentro también permitía que pactaran en mi interior algunos fantasmas nominales de la infancia y, aunque fuera solo en la pequeña escala de la memoria personal, suponía el cierre pacífico de una larga historia. Ahora don Santiago Carrillo, que era coetáneo de mi padre (se llevaban exactamente un mes), ha muerto mientras dormía la siesta y manteniendo hasta el último momento la lucidez, según le escucho decir a su hijo. La suya es una pérdida histórica, en todos los sentidos. Y nos deja, en mi opinión, una lección de tolerancia, inteligencia y capacidad de adaptación en verdad admirable. Descanse en paz.


Fotografía tomada de esta web.