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jueves, 27 de marzo de 2025

Latidos teatrales

 La Palestra

LATIDOS TEATRALES POR PROSPERIDAD
En el Día del Teatro, además de celebrar con maestros del género como los actores Carmelo Gómez y Helio Pedegral o la actriz y directora Rosario Barrena, en La Prospe no nos olvidamos de que por acá, o muy cerca, vivieron grandísimos personajes de la escena como Rafaela Aparicio o Marisa Paredes. Y aún podemos cruzarnos por la calle con Emilio Gutiérrez Caba o Ana Belén. O con la gran Petra Martínez, ahora ya, tristemente, sin la compañía del genial Juan Margallo.
Tenemos también la opción de pulsar el clima de la escena popular visitando la sede del Teatro Prosperidad y su compañía. Y podemos volver a quitarnos el sombrero —o la gorrilla, según se tercie— al pasar ante el venerable Teatro Pradillo, en la calle homónima, verdadera institución de lo que en tiempos se llamó Nuevas Tendencias Escénicas y donde se han celebrado memorables festivales, y en el que otrora era frecuente ver la erguida figura de testa blanqueada de Eduardo Haro Tecglen, el reputado crítico.
Y, si nos desplazamos a las cercanías de la Plaza principal de barrio, es posible rememorar aquellos episodios tan célebres de Animalario, en el Lady Ana, por donde andaba el irreductible y también prospereño Willy Toledo, verdadera bête noire de tantos rifirrafes.
O, en fin, por remontarnos aún más lejos, pondremos rumbo a la Avenida de América en busca de una verdadera joya de la memoria, pues en este rápida evocación no nos privaremos de recordar la sala Top Less, plató cuasi iniciático que fue de los grandes maestros Tip y Coll, en Padre Xifré, justo al lado de donde se alzan las Torres Blancas, y antecedente (el local), más o menos, de los legendarios Marquee y, sobre todo, del Rock-Ola, tan ligados a la llamada “movida madrileña”, montaje teatral donde los haya. Y etc., etc.
A esta tradición, tan potente, es un placer y una licencia añadir, aunque sea como nota a pie de página, las obras infantiles de mi dramaturga favorita, Sagrario Pinto. Una de ellas, Momias en tránsito, que ha tenido una nueva edición impresa, sigue siendo representada en diversos colegios y centros culturales. Y hace poco, en Torrent, y en su versión en valenciano (Momies en trànsit), fue montada en un teatro municipal para recaudar fondos destinados a paliar los efectos de la trágica Dana. Pueden verse detalles en el muro de Ana Mena, la promotora y responsable máxima del evento.
Las aventuras de la reina Nevercity, el faraón Yamesé y el escriba Amén-Amén no tardarán en tener prolongación en el museo en el que transcurre su divertida y fantasiosa eternidad, siempre asediados por malhechores metepatas y ladrones de tumbas y en compañía de algunos de los gatos más maulladores del felino Egipto. Estaremos al tanto y con los sentidos despiertos. Ah, y sin perder de vista las muy enredadas peripecias de Escuela de gladiadores, otro juguete teatral de Sagrario Pinto también publicado en Edelvives.
¡Viva el teatro y que su pasión prenda en edades tempranas!

(En este vídeo se recogen algunas pistas)

miércoles, 1 de febrero de 2023

Miguel Delibes según Carmelo Gómez


(Al filo de los días). Como un eficaz remedio contra el frío, la otra tarde-noche pudimos asistir, en el Teatro Bellas Artes, al estreno en Madrid de La guerra de nuestros antepasados, una adaptación de la novela- diálogo de igual título de Miguel Delibes. Como es sabido, se trata de una (otra) de sus más valiosas contribuciones a ese registro minucioso de la lengua de la Castilla rural tan presente en la obra del escritor vallisoletano. Bajo la dirección del actor y director argentino Claudio Tolcachir, la representación destaca sobre todo por el sutil trabajo interpretativo de Carmelo Gómez, llevado a cabo con la naturalidad, hondura y verosimilitud que sólo está al alcance de un maestro de la escena, y potenciado por la réplica eficaz de Miguel Hermoso. El poder verbal de este relato de guerras perdidas (todas las guerras acaban en derrota), urdido sobre la trágica historia de un ser hipersensible, es toda una estremecedora reflexión sobre la condición humana y las dificultades de comprensión de un mundo donde la violencia, llamativamente, parece la única salida a cierta inocencia o ingenuidad vital. Una obra que, en tiempos de guerras presentes como el actual, remueve limos muy hondos, agudiza contradicciones y extrae reflejos y resonancias de fuerza casi hipnótica de algunas de nuestras percepciones más oscuras y difíciles de razonar. Y todo ello gracias a una “lectura” magistral y una puesta en escena tan sobria como intensa. No se lo pierdan. No va a ser fácil ver cosas mejores en la escena superpoblada de Madrid.

lunes, 4 de julio de 2022

El fuego del teatro (homenaje a Peter Brook)

El dramaturgo Peter Brook con los actores de su último trabajo 
en Les Bouffes du Nord: un montaje de La Tempestad, 
de William Shakespeare.
Foto: © Brad Spurgeon.

(En la muerte de Peter Brook)

Entre los recuerdos, evocaciones y susurros de despedida dedicados al gran dramaturgo destacaba sobremanera el escrito por uno de sus discípulos —o al menos, un fervoroso admirador de su modo de hacer—, y en el que venía a referir una historia que el fallecido le había contado en una ocasión: «En un monasterio hindú vivían unos monjes, y entre ellos uno al que nadie había oído nunca hablar, si bien todos le atribuían una gran sabiduría. Cuando el monje hermético estaba a las puertas de la muerte, los demás le pidieron que hablara para conocer la verdad que nunca había pronunciado. Entonces el anciano dijo una sola palabra: “Fuego”. Y en ese momento el monasterio ardió». Lo curioso, aunque esto no lo cuenta el informante, es que la conversación se producía en el restaurante de Les Bouffes du Nord, la vieja sala del norte de París que el dramaturgo convirtiera en su centro de trabajo y que décadas atrás había sido devastada por un incendio.
(LUN, 696 ~ Homenaje a Peter Brook, con un testimonio de Lluís Pasqual)

martes, 22 de febrero de 2022

Carmelo Gómez a vueltas con Lorca

 


(En voz alta). Estuvimos el pasado sábado 12 en el teatro Bellas Artes viendo A vueltas con Lorca, la singular puerta de acceso al universo lorquiano que el actor Carmelo Gómez viene abriendo desde hace tres años en diversos escenarios y que durante los sábados de febrero recalará en Madrid. En compañía del pianista Mikhail Studyonov y bajo la dirección de Emi Ekai, coautora con el propio Carmelo del guion de la obra, la función —le conviene más ese nombre que el de ‘espectáculo’— es mucho más que una lectura dramatizada de un puñado de poemas lorquianos, como a simple vista pudiera parecer.
De hecho, siendo el universo lorquiano —o, en concreto, algunas de sus claves más populares— la materia de la que se nutre la obra, lo que de verdad resulta novedoso es el singular enfoque discursivo con que el actor presenta su abordaje a la nave lorquiana y el peculiar modo de hacerlo. Se basa en una limpísima estética, delineada a partir de algunos de los dibujos y objetos naives —la luna, un caballo de cartón, una maleta, una camiseta de marinero…— claramente asociables a la poética lorquiana y puesta en escena mediante el hilo conductor de una amena y cómplice charla que salva por completo todo peligro de “cuarta pared” frente al público y acentúa la veracidad de los poemas, sin más retórica que la ya contenida en ellos.
En la atmósfera de inmediatez e incluso improvisación que ese discurso dramático propicia, muy notable y convincente resulta la inserción de la obra de Lorca en la tradición del teatro clásico español —un mundo que también se asocia a la carrera del actor— y la gradación de algunas anécdotas muy relevantes que, además de aligerar por contraste el vuelo simbólico de la obra, son también muy útiles para subrayar la inmensa humanidad del poeta y el carácter cercano y universal de su arte.
El equilibrado y suavemente humorístico diálogo con el pianista, además de poner la banda sonora, subraya la sensualidad musical de la poesía de Lorca y crea momentos de gran intensidad. Todo fluye y confluye en un suave pero evidente crescendo emocional que queda flotando en el ánimo de los espectadores y subraya la evidencia de haber asistido a un verdadero acto de amor hacia uno de nuestros más grandes poetas. Si tienen ocasión, no lo dejen pasar.

martes, 24 de marzo de 2020

Adiós a Paco Torres

El actor, músico y comediante Paco Torres.
(Al hilo de los días). Ha fallecido el actor, músico y “pícaro ambulante” Paco Torres, también conocido como «Añasco (el) de Talavera», un artista de muchos registros, gran conocedor y divulgador del teatro popular al estilo de los corrales de comedias y los usos dramáticos propios del Siglo de Oro. Tras conocerlo en su pueblo natal, Los Navalmorales, hacia 1973, con ocasión de unos premios literarios, recuerdo haberlo visto actuar alguna vez en Talavera. Y hace unos años, en una librería teatral del Barrio de las Letras, tuve la suerte de encontrarme con un libro con textos teatrales, “jácaras” y pregones suyos llenos de humor e intención. Ha sido otra víctima de esta maldita enfermedad. Que la tierra le sea leve.

La imagen puede contener: una persona

domingo, 25 de agosto de 2019

Conexiones

Máscara griega

(Al hilo de los días). Con interés y sorpresa he leído este artículo de Javier Cercas en EPS porque, además de su propio interés, tiene la azarosa virtud de conectar los temas principales de dos obras de teatro (sendos monólogos) que hemos podido ver, viernes y sábado, dentro del Festival Internacional de Teatro, Música y Danza de San Javier, que en este 2019 ha llegado a su 50ª edición, nada menos. Me refiero al Esquilo de Rafael Álvarez «El Brujo», un nuevo recital de frescura e inteligencia del gran actor cordobés, un artista único en su género, e Intensamente azules, la original pieza del siempre inspirado Juan Mayorga que César Sarachu interpreta con un gran dominio de ciertas técnicas de mimo (o caricato tragicómico) muy personales y una forma convincente de decir un texto que se caracteriza por su fino hilar entre el absurdo, el surrealismo, el vuelo poético y una impecable lógica narrativa. Cada espectáculo merece comentario aparte, pero lo curioso es que el artículo de Cercas, con su contraposición entre las filosofías de Nietszche y Schopenhauer, reúne y sintetiza lo más relevante que en ambas obras se dilucida como «temas de fondo»: el discurrir de la vida humana entre dos grandes vértices y vórtices: el del deseo siempre insatisfecho y el de la racionalidad que apuesta por la mesura. La vieja contradicción entre lo apolíneo y lo dionisíaco, y la duda y reto permanente de saber si es posible, de algún modo o ‘maniera’, una síntesis vital entre ambos.
...

martes, 30 de abril de 2019

Festival de Teatro de Valdemoro


(Lecturas en voz alta). Me llega el cartel del XXV Festival de Teatro de Valdemoro. En un repertorio en el que figuran obras de Mihura, Jardiel o Casona, además de los nombres de Molière o la Alicia de Carroll, aparece también Momias en tránsito, el «entremés egipcio» de mi compi Sagrario Pinto. Una nueva andadura para las divertidas peripecias de Yamesé, Nevercity y los gatos cantores. ¡Mucha suerte!



viernes, 8 de febrero de 2019

Távora

Salvador Távora
Salvador Távora, fotografiado por Valerio Merino («La Voz de Cádiz»)
(Lecturas en voz alta). A Salvador Távora, que acaba de fallecer en Sevilla, y a su grupo teatral La Cuadra le debemos muchos el descubrimiento de lo que el teatro tiene de experiencia física directa, no sólo como un lenguaje que habla a la mente, sino que implica a todo el cuerpo, convirtiéndolo en algo así como un instrumento musical de acordes vitales. Esa fue la lección que aprendimos con el montaje de Los palos, verdadero epítome del esfuerzo físico sobre un escenario. Del mismo modo que con Quejío nos habíamos aproximado a las posibilidades dramáticas del flamenco, cante y baile, en un formato hasta entonces casi inédito, diferente de los espectáculos coreográficos de, por ejemplo, Antonio Gades, y coincidente con parecidas incursiones hechas desde una perspectiva estrictamente gitana, como fue el inolvidable Camelamos naquerar, de Mario Maya y su grupo.
Hace ya ahora más de los proverbiales (y fatídicos) 40 años, esas y otras novedades formaban parte de la actividad cultural del Johnny, el Colegio Mayor San Juan Evangelista de Madrid, de cuya comisión de teatro tuve el honor de formar parte durante un par de años. En ese contexto, la posibilidad de tratar de cerca y poder asomarse un poco al mundo de artistas como Távora fue todo un privilegio. La fuerza de aquellas “revelaciones” sigue viva y afloran a la conciencia cuando la vida nos va demostrando, sin pausa y sin histerias, que estamos abocados a ver cómo “arden las pérdidas”, que dijo un poeta, y a seguir viviendo “entre tantos adioses”, que escribió otro. Buen viaje, maestro.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Sanzol premiado

Alfredo Sanzol, retratado por Luis Castillo. Tomada de aquí.
(Lecturas en voz alta, 23). A nadie que esté mínimamente atento a la actualidad teatral le habrá pillado por sorpresa la concesión del Premio Nacional de Literatura Dramática a Alfredo Sanzol (Pamplona, 1972). También es verdad que, incluso para algunos de los integrantes de eso que hasta anteayer se denominaba «gente bien informada», puede que sea ahora mismo cuando sus vidas se estén cruzando con alguien por completo desconocido. De hecho, no hay ni una triste biografía de Sanzol en la Wikipedia, ese centón universal. 

La cultura, o con mayor precisión, lo que hasta hace unos años entendíamos como cultura, se ha dinamitado y desfigurado de modo tal, que es ya muy difícil saber a dónde hay que dirigir los ojos para estar al tanto de lo que de verdad se mueve y además importa. No es una novedad. Es una desgracia. Y el signo de los tiempos, que ya no van a volver atrás.

Dicho lo cual, quiero celebrar que la lotería de los premios se haya fijado en un escritor dramático que lleva años batallando en el teatro de la palabra, en la renovación y ahondamiento de un género, igualmente cercano a la poesía y a la narrativa, y que sigue teniendo la capacidad de decir, en instantes de duración inexcusable, cosas que nos atañen de verdad y nos hacen volar en varias direcciones. 

A Alfredo Sanzol le han dado el premio por su penúltima obra, La respiración, pero de modo no sorprendente se lo podrían haber concedido en el último lustro por textos tan espléndidos, actuales y significativos como Días estupendos (2010), la primera obra suya que vi, En la Luna (2011), Aventura! (2012) o La calma mágica (2014), comedias inteligentes y poéticas que entroncan con la mejor tradición hispánica. Pero también con la catarsis del teatro clásico o el humor de los Monty Python. Y que en conjunto suponen ya una trayectoria imprescindible en la historia de nuestro teatro, si es que tal cosa sigue teniendo en el futuro algún sentido.

Esta conferencia del autor premiado en la Juan March, aunque pronunciada en la casi paleolítica fecha de enero de 2015, es una pista valiosa para acercarse a una obra y un proyecto creativo que merecen de verdad la pena. Hay en ella, entre otras, una cita aprovechable y digna de meditación: «El placer de crear para otros no tiene límites».

martes, 30 de octubre de 2012

Momias en tránsito


Acaba de llegar a las librerías, justo cuando el mes de noviembre está al caer, la última publicación de Sagrario Pinto. Es una obra de teatro infantil que, además, inaugura este género en la colección «Ala Delta», una de las más prestigiosas de la editorial Edelvives.

Las peripecias de las momias del faraón Yamesé II y la reina Nevercity, que anhelan escapar del museo en que están expuestas para volver a sus tumbas en el Valle de los Reyes, dan pie a situaciones muy divertidas. Es toda una aventura, desarrollada con hábiles resortes argumentales y con varios niveles de acción bien ensamblados, aunque puede que algún hilo suelto quede por ahí..., nada extraño tratándose de momias. Los personajes se mueven entre el más allá de las almas que andan en busca de su descanso eterno («en tránsito»), y el más acá de las pasiones y ambiciones que hacen circular la rueda de la vida: otra forma, tal vez la misma, de transitar.

En la escena comparecen personajes de una pieza, como el escriba Amenamén, al que sólo se le descubre una fisura en su condición de fiel cronista: está completamente seducido por el brillo de las nuevas tablillas digitales. O el dios Anubis, que intenta imponer en el desbarajuste general la seriedad de los ritos del Libro de los Muertos. O un singular coro de Gatos que, por momentos, hace que la obra tenga visos de comedia musical.

Pero hay también personajes de carne y hueso —es decir, vivos (a veces muy vivos)— que, en un curioso y suponemos que intencionado paralelismo, muestran dos formas bien diferentes de acercarse al pasado y sus misterios: el respeto o la codicia. Sin excluir esa tercera vía tan transitada que suele ser la ignorancia, la estupidez incluso.

Es una historia ingenua e intencionada, chispeante, imaginativa, pero a la vez con datos bien documentados sobre el antiguo Egipto. Y con guiños más o menos visibles a personajes históricos, como los propios faraones o el explorador Howard Carter, o a mitos de nuestro tiempo, como el inevitable Indiana Jones. Tiene además un tal vez inesperado sesgo romántico, que se resume en una tan hermosa como oportuna declaración de amor: «No podría seguir muriéndome sin ti». No está nada mal..., sobre todo si se tiene en cuenta que es «palabra de momia». Pero que nadie se espante: es una obra adecuada para todos los públicos, con un lenguaje cuidado pero de fácil comprensión. Y con una escenografía muy ágil, idónea para ser representada libremente en el ámbito escolar.

Las ilustraciones de la mexicana Valeria Gallo acentúan los rasgos más afilados de los personajes. Es la suya una lectura que, con gran tino visual, subraya los aspectos burlescos. A la vez que reinterpreta con elegancia y originalidad algunos lugares comunes de la imaginería egipcia.  Sus dobles páginas están llenas de detalles que bien podrían servir para inspirar los decorados y el atrezo de una puesta en escena.

El texto de la cuarta de cubierta dice que el argumento de la obra se le ocurrió a la autora viajando en una falúa por el Nilo. De primera mano (y espero que Sagrario no se enfade conmigo por desvelar este dato) puedo decir que en realidad el título se lo regaló un acompañante de aquel recorrido que, al ver reflejarse las sombras de unas nubes (¿o eran dos viajeros?) en las agitadas aguas del río, cerca ya de la esclusa de Esna, dijo en voz alta: «Mira, parecen momias en tránsito... ¿A dónde irán?» Ahora, ya lo sabemos. Su destino era llegar a este libro para contarnos su historia.

Sobre el Nilo - Foto Arqueoweb

Posdata 1 (4 noviembre 2012). La agencia EFE, a través de Lidia Yanel, da cuenta de la aparición del libro en esta nota aparecida el día en que se cumplen exactamente 90 años del descubrimiento de la tumba de Tutankhamón por Howard Carter.

Posdata 2 (4 diciembre 2013). Las momias han comenzado ya a transitar del papel a los escenarios:y la obra ha sido representada en algunos colegios e incluso en algún teatro privado, como en el de la Once de Huelva, de la mano de los alumnos de 4º de Primaria del Colegio «Los Pinos». El resultado puede verse aquí.

Posdata 3 (15 de junio de 2014). Sin ser desdeñable su valor como material de lectura, el destino natural de una obra de teatro es la representación en un escenario. En el ámbito escolar, esta premisa tiene un especial valor: pocas actividades pueden resultar tan completas, desde el punto de vista pedagógico, lúdico y cultural, como la de poner en marcha, muchas veces con un enorme esfuerzo y siempre con altas dosis de entusiasmo, el complejo proceso de montar una obra dramática, toda una completa «unidad didáctica» en la que se dan cita múltiples aspectos capaces de estimular y cubrir con creces el desarrollo de las más variadas competencias. El simple hecho de poner en marcha un proceso así es encomiable. Pero cuando, además, se culmina con el reconocimiento de un premio, conviene destacarlo. Es lo que ha ocurrido con el montaje de Momias en tránsito, durante los mese de mayo y junio de 2014, a cargo de los alumnos de 6º de Primaria del Instituto español Juan Ramón Jiménez, de Casablanca (Marruecos), bajo la dirección de la profesora y experta en pedagogía musical y dramaturgia Rosario Barrena. Se cuenta aquí.

lunes, 3 de mayo de 2010

Urtain, crónica negra



No me sorprende que la obra teatral Urtain, un montaje del grupo Animalario con texto de Juan Cavestany y dirección de Andrés Lima, haya copado los principales premios Max de las Artes Escénicas (victoria por KO en nueve "asaltos", aunque cantada por error antes de tiempo).

Vi la obra, semanas después de su estreno, en una sala-ring del Teatro Valle Inclán de Madrid y creo que es algo más que una mera aproximación a la tragedia del boxeador José Manuel Ibar Urtain. En realidad, con ese pretexto nos ofrece una crónica veraz y relevante, dura pero objetiva y bien documentada, de los años finales del franquismo. Muestra un retrato, breve pero suficiente, de los valores dominantes en una sociedad todavía atemorizada que no sabía muy bien qué hacer para dejar atrás su largo aislamiento, la negrura de un pasado ominoso, el peso asfixiante de la falta de libertad y la esclerosis a la que se veía condenada por una moral hipócrita y castradora. Y en la que la espectacularización de la vida privada empezaba a formar parte del paisaje social.

También conocido como «el morrosko de Cestona», José Manuel Ibar (nacido en 1943) fue un portentoso levantador de piedras, además de campeón de otros duros deportes euskaldunes, entonces meramente vascos. Noble e ingenuo según quienes le conocieron, creció en un entorno familiar brutal y primario: las terribles circunstancias que rodearon la muerte de su padre, cuya escenificación es una de las escenas cruciales de la obra, parecen propias de una tragedia arcaica y sin duda marcaron su vida.

Un día, el fornido aizkolari (cortador de troncos) y harrijasotzaile (levantador de piedras) fue tentado por la búsqueda del dinero fácil a través de los sórdidos manejos del mundo del boxeo y, ya transformado en Urtain, comenzó a ganar combates con gran facilidad y conoció, por dos veces, la gloria de ser campeón de Europa de los pesos pesados. Pese a las expectativas creadas, y tal como denunciaban los entendidos, no tardó en ponerse en evidencia su falta de calidad pugilística. El declive se precipitó y Urtain terminó su vida deportiva formando parte de espectáculos más circenses que propiamente deportivos. Toda su carrera estuvo plagada de irregularidades y de combates más o menos amañados.

Personaje de enorme popularidad a finales de los años sesenta y durante los setenta, el ex púgil soportó mal su paulatina pérdida de fama y no supo acomodarse a una vida sin el relumbrón y los placeres fáciles de los que había gozado. Tras fracasar en diversos negocios y hastiado de la fatalidad que parecía perseguirle («qué he hecho yo para que todo lo que hago sea tan sucio», llegó a decir), acabó sucumbiendo a una profunda depresión que lo llevó al suicidio: el 21 de julio de 1992 se arrojó por la ventana del décimo piso en el que vivía en una calle del madrileño Barrio del Pilar.

Nunca vi ninguno de sus combates (ni siquiera por televisión), aunque sí escuché con interés las retransmisiones radiofónicas de sus peleas decisivas y seguí por la prensa las polémicas surgidas en torno a su carrera. Llegué a verlo en persona varias veces, cuando ya había abandonado el ring, allá por 1977 o 1978, por algunos bares de la calle Cartagena, en Madrid.

De las diversas virtudes que tiene el montaje de Animalario, coproducido por el Centro Dramático Nacional, destacan en mi opinión sobre todo dos. En primer lugar, el excelente, impecable, trabajo interpretativo de Roberto Álamo, que ha indagado tanto en la fisonomía y los gestos tan reconocibles del púgil como en el hondo drama de su personalidad, hasta conseguir un retrato capaz de suplantar al original. En la composición de su papel, Álamo ha sabido incorporar con enorme destreza la extraña mezcla de ingenuidad, rudeza, desconfianza y ambición que, bajo los efectos del desarraigo, se acabó transformando en una carga explosiva en la vida del muchacho de Cestona. Su trabajo sobresale como el soberbio ejercicio de un solista sobre la eficaz, ágil y bien ensamblada actividad coral del resto del reparto, donde no faltan nombres tan conocidos como el de Alberto San Juan.

En segundo lugar, me pareció un gran acierto el formato de crónica radiofónico-periodística de un combate de boxeo con el que se presenta la obra, que de ese modo avanza a golpe de máquina de escribir y a pie de micrófono. Convirtiendo el escenario en un ring y la propia representación en una velada boxística, con algunas pinceladas bien dosificadas del mundo del music-hall y otros géneros afines, el montaje saca un extraordinario partido de los rituales del pugilismo que de por sí poseen gran eficacia dramática, como tantas veces han demostrado el cine y la novela negra. La crónica, además, es literal, se organiza como un viaje hacia atrás en el tiempo y está enriquecida por la presencia de otros fetiches de época (Raphael, Lola Flores, la voz de José María García…).

Urtain, en suma, es un reportaje vivo, ameno, trágico y veraz que contiene en su interior la crónica negra de una tragedia humana capaz de mostrarnos algunas claves candentes de un pasado sobre el que todavía (a la vista está) es necesario seguir reflexionando.

Imagen: Escena de la obra.


martes, 30 de marzo de 2010

Joglars: ¿el ocaso?

El grupo teatral catalán Els Joglars, autoexiliado de Cataluña por su enfrentamiento con la política y la sociedad independentistas, cumple el próximo año medio siglo de existencia. Para empezar a celebrarlo ha montado un “antihomenaje” en clave sarcástico-burlesca en el que sus actores se interpretan a sí mismos imaginando que se encuentran en 2036, es decir cuando la compañía hipotéticamente cumpla 75 años. El espectáculo, bajo el título 2036 Omena-G, se presenta como la obra que ensayan e improvisan los miembros del grupo, ya viejecitos decrépitos pero aún suficientemente marchosos, que viven internados en los "cobertizos" de un desvencijado centro geriátrico para actores («Ogar (sic) del Artista»). Su objetivo es organizar una función conmemorativa tomando pie de diferentes actividades habituales en una residencia de la tercera (o cuarta) edad y de algunas (pocas) referencias a la trayectoria teatral de Els Joglars. Una especie de canto de cisne ante la inevitable llegada del ocaso. Y, en sus más logrados momentos, un corte de mangas a la Parca. Pude verlo el pasado domingo en la sala noble (la roja) de los Teatros del Canal, en Madrid.

El espectáculo está organizada como una sucesión casi aleatoria, pero bien trabada, de sketchs en los que los juglares, conducidos por dos presentadores futuristas y algo descerebrados, se burlan en primer lugar de sí mismos y de los achaques de la edad, y después, de una serie de comportamientos sociales que, en sus aspectos más polémicos, tienen como principal nexo el estar casi todos referidos a conductas, actitudes, posturas políticas y personas y personajes identificables con lo que, grosso modo, podríamos denominar una tipología progresista. Así, el matrimonio homosexual, la ley del aborto, la alianza de civilizaciones, el «no a la guerra» o incluso la polémica y agria discusión en torno a la fiesta de los toros son objeto de parodias y chistes más o menos afortunados o previsibles, todo ello sobre el paisaje de un país ya para entonces federalizado y todavía arruinado por «la política de Zapatero».

Las acciones están subrayadas por textos mostrados en una pantalla que sirve de decorado de fondo, a modo de ojo vigilante de un Gran Hermano omnipresente, y donde se repite hasta la saciedad que el espectáculo cuenta con la esponsorización de “La Cacha”, en clara alusión a una muy conocida entidad de ahorros catalana. Esos textos, ofrecidos a modo de ambientación e hilo conductor de las escenas, componen por sí solos una verdadera línea editorial. Una propuesta cómico-ideológica que bien podría haber sido ideada por los espesos humoristas que suelen acompañar a Jiménez Losantos en sus sermones matinales.

El extraordinario trabajo físico de los actores (la simulación de los estragos del envejecimiento alcanza límites de gran perfección) y el rítmico engranaje de situaciones, bien coreografiadas y musicadas, a veces bajo la sugerencia de escenas de cine mudo, son los aspectos más destacados del espectáculo. Junto con la hermosa, poética, incluso sublime, secuencia final (a la que corresponde la imagen superior), digna de figurar en una antología de momentos inolvidables del grupo. Hay escenas, especialmente algunas de las protagonizadas por Ramón Fontseré, con su habitual maestría, que son un prodigio de composición. Y momentos de hilaridad chaplinesca. Así como notables rasgos del ingenio zumbón al que Boadella nos tiene acostumbrados.

Sin embargo, este Omena-G resulta muy irregular e incluso pobre en cuanto a su guión (no faltan en él tópicos bochornosos) y marcadamente tendencioso en cuanto a sus objetivos preferidos de burla. Personalmente, esperaba encontrar en una obra de este cariz más y mejor ideadas alusiones a momentos cruciales de la historia del grupo y, sobre todo, una mayor amplitud de miras a la hora de hacer un recuento crítico del presente. Frente a ello, el espectáculo cae con excesiva frecuencia en un tono seudopanfletario que sorprende por su carácter romo, tópico muchas veces y casi sectario en su miopía.

Albert Boadella, cuya inteligencia escenográfica está fuera de toda duda, avalada por una trayectoria teatral sin apenas parangón en la historia reciente del teatro español (e incluso euopeo), suele reclamar para sí el papel “tocapelotas” del bufón y una permanente vocación anárquica de «ir contracorriente», en especial contra el poder dominante, sea cual fuere. Muchas veces lo ha cumplido. Y es posible que él piense que en este caso también lo sigue haciendo. Pero habría que hacer caso omiso de su privilegiada relación con Esperanza Aguirre (que también es poder) para no sospechar que en la ausencia casi total de críticas hacia posiciones propias del bando conservador (¡con la que está cayendo en el entorno del PP y sus aledaños ideológicos!) pueda existir un ejercicio zafio y triste de servidumbre. Vamos, que al bufón se le ve, me parece, el relleno, la panza agradecida.

Así las cosas, más que ante un autohomenaje, ¿no estaremos, verdaderamente, frente a los síntomas de un ocaso... el de la libertad de un creador?

Imagen superior:
Escena final de la obra: Molière acompañar en su tránsito al más allá del escenario a los actores
mientras las almas de sus personajes ascienden a la gloria.
Fotografía toma de Notodo.com