La Palestra
jueves, 27 de marzo de 2025
Latidos teatrales
miércoles, 1 de febrero de 2023
Miguel Delibes según Carmelo Gómez
(Al filo de los días). Como un eficaz remedio contra el frío, la otra tarde-noche pudimos asistir, en el Teatro Bellas Artes, al estreno en Madrid de La guerra de nuestros antepasados, una adaptación de la novela- diálogo de igual título de Miguel Delibes. Como es sabido, se trata de una (otra) de sus más valiosas contribuciones a ese registro minucioso de la lengua de la Castilla rural tan presente en la obra del escritor vallisoletano. Bajo la dirección del actor y director argentino Claudio Tolcachir, la representación destaca sobre todo por el sutil trabajo interpretativo de Carmelo Gómez, llevado a cabo con la naturalidad, hondura y verosimilitud que sólo está al alcance de un maestro de la escena, y potenciado por la réplica eficaz de Miguel Hermoso. El poder verbal de este relato de guerras perdidas (todas las guerras acaban en derrota), urdido sobre la trágica historia de un ser hipersensible, es toda una estremecedora reflexión sobre la condición humana y las dificultades de comprensión de un mundo donde la violencia, llamativamente, parece la única salida a cierta inocencia o ingenuidad vital. Una obra que, en tiempos de guerras presentes como el actual, remueve limos muy hondos, agudiza contradicciones y extrae reflejos y resonancias de fuerza casi hipnótica de algunas de nuestras percepciones más oscuras y difíciles de razonar. Y todo ello gracias a una “lectura” magistral y una puesta en escena tan sobria como intensa. No se lo pierdan. No va a ser fácil ver cosas mejores en la escena superpoblada de Madrid.
lunes, 4 de julio de 2022
El fuego del teatro (homenaje a Peter Brook)
Foto: © Brad Spurgeon. |
(En la muerte de Peter Brook)
martes, 22 de febrero de 2022
Carmelo Gómez a vueltas con Lorca
martes, 24 de marzo de 2020
Adiós a Paco Torres
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| El actor, músico y comediante Paco Torres. |
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domingo, 25 de agosto de 2019
Conexiones
| Máscara griega |
(Al hilo de los días). Con interés y sorpresa he leído este artículo de Javier Cercas en EPS porque, además de su propio interés, tiene la azarosa virtud de conectar los temas principales de dos obras de teatro (sendos monólogos) que hemos podido ver, viernes y sábado, dentro del Festival Internacional de Teatro, Música y Danza de San Javier, que en este 2019 ha llegado a su 50ª edición, nada menos. Me refiero al Esquilo de Rafael Álvarez «El Brujo», un nuevo recital de frescura e inteligencia del gran actor cordobés, un artista único en su género, e Intensamente azules, la original pieza del siempre inspirado Juan Mayorga que César Sarachu interpreta con un gran dominio de ciertas técnicas de mimo (o caricato tragicómico) muy personales y una forma convincente de decir un texto que se caracteriza por su fino hilar entre el absurdo, el surrealismo, el vuelo poético y una impecable lógica narrativa. Cada espectáculo merece comentario aparte, pero lo curioso es que el artículo de Cercas, con su contraposición entre las filosofías de Nietszche y Schopenhauer, reúne y sintetiza lo más relevante que en ambas obras se dilucida como «temas de fondo»: el discurrir de la vida humana entre dos grandes vértices y vórtices: el del deseo siempre insatisfecho y el de la racionalidad que apuesta por la mesura. La vieja contradicción entre lo apolíneo y lo dionisíaco, y la duda y reto permanente de saber si es posible, de algún modo o ‘maniera’, una síntesis vital entre ambos.
martes, 30 de abril de 2019
Festival de Teatro de Valdemoro
viernes, 8 de febrero de 2019
Távora
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| Salvador Távora, fotografiado por Valerio Merino («La Voz de Cádiz») |
miércoles, 25 de octubre de 2017
Sanzol premiado
| Alfredo Sanzol, retratado por Luis Castillo. Tomada de aquí. |
La cultura, o con mayor precisión, lo que hasta hace unos años entendíamos como cultura, se ha dinamitado y desfigurado de modo tal, que es ya muy difícil saber a dónde hay que dirigir los ojos para estar al tanto de lo que de verdad se mueve y además importa. No es una novedad. Es una desgracia. Y el signo de los tiempos, que ya no van a volver atrás.
Dicho lo cual, quiero celebrar que la lotería de los premios se haya fijado en un escritor dramático que lleva años batallando en el teatro de la palabra, en la renovación y ahondamiento de un género, igualmente cercano a la poesía y a la narrativa, y que sigue teniendo la capacidad de decir, en instantes de duración inexcusable, cosas que nos atañen de verdad y nos hacen volar en varias direcciones.
A Alfredo Sanzol le han dado el premio por su penúltima obra, La respiración, pero de modo no sorprendente se lo podrían haber concedido en el último lustro por textos tan espléndidos, actuales y significativos como Días estupendos (2010), la primera obra suya que vi, En la Luna (2011), Aventura! (2012) o La calma mágica (2014), comedias inteligentes y poéticas que entroncan con la mejor tradición hispánica. Pero también con la catarsis del teatro clásico o el humor de los Monty Python. Y que en conjunto suponen ya una trayectoria imprescindible en la historia de nuestro teatro, si es que tal cosa sigue teniendo en el futuro algún sentido.
Esta conferencia del autor premiado en la Juan March, aunque pronunciada en la casi paleolítica fecha de enero de 2015, es una pista valiosa para acercarse a una obra y un proyecto creativo que merecen de verdad la pena. Hay en ella, entre otras, una cita aprovechable y digna de meditación: «El placer de crear para otros no tiene límites».
martes, 30 de octubre de 2012
Momias en tránsito
Acaba de llegar a las librerías, justo cuando el mes de noviembre está al caer, la última publicación de Sagrario Pinto. Es una obra de teatro infantil que, además, inaugura este género en la colección «Ala Delta», una de las más prestigiosas de la editorial Edelvives.
Las peripecias de las momias del faraón Yamesé II y la reina Nevercity, que anhelan escapar del museo en que están expuestas para volver a sus tumbas en el Valle de los Reyes, dan pie a situaciones muy divertidas. Es toda una aventura, desarrollada con hábiles resortes argumentales y con varios niveles de acción bien ensamblados, aunque puede que algún hilo suelto quede por ahí..., nada extraño tratándose de momias. Los personajes se mueven entre el más allá de las almas que andan en busca de su descanso eterno («en tránsito»), y el más acá de las pasiones y ambiciones que hacen circular la rueda de la vida: otra forma, tal vez la misma, de transitar.
En la escena comparecen personajes de una pieza, como el escriba Amenamén, al que sólo se le descubre una fisura en su condición de fiel cronista: está completamente seducido por el brillo de las nuevas tablillas digitales. O el dios Anubis, que intenta imponer en el desbarajuste general la seriedad de los ritos del Libro de los Muertos. O un singular coro de Gatos que, por momentos, hace que la obra tenga visos de comedia musical.
Pero hay también personajes de carne y hueso —es decir, vivos (a veces muy vivos)— que, en un curioso y suponemos que intencionado paralelismo, muestran dos formas bien diferentes de acercarse al pasado y sus misterios: el respeto o la codicia. Sin excluir esa tercera vía tan transitada que suele ser la ignorancia, la estupidez incluso.
Es una historia ingenua e intencionada, chispeante, imaginativa, pero a la vez con datos bien documentados sobre el antiguo Egipto. Y con guiños más o menos visibles a personajes históricos, como los propios faraones o el explorador Howard Carter, o a mitos de nuestro tiempo, como el inevitable Indiana Jones. Tiene además un tal vez inesperado sesgo romántico, que se resume en una tan hermosa como oportuna declaración de amor: «No podría seguir muriéndome sin ti». No está nada mal..., sobre todo si se tiene en cuenta que es «palabra de momia». Pero que nadie se espante: es una obra adecuada para todos los públicos, con un lenguaje cuidado pero de fácil comprensión. Y con una escenografía muy ágil, idónea para ser representada libremente en el ámbito escolar.
Las ilustraciones de la mexicana Valeria Gallo acentúan los rasgos más afilados de los personajes. Es la suya una lectura que, con gran tino visual, subraya los aspectos burlescos. A la vez que reinterpreta con elegancia y originalidad algunos lugares comunes de la imaginería egipcia. Sus dobles páginas están llenas de detalles que bien podrían servir para inspirar los decorados y el atrezo de una puesta en escena.
El texto de la cuarta de cubierta dice que el argumento de la obra se le ocurrió a la autora viajando en una falúa por el Nilo. De primera mano (y espero que Sagrario no se enfade conmigo por desvelar este dato) puedo decir que en realidad el título se lo regaló un acompañante de aquel recorrido que, al ver reflejarse las sombras de unas nubes (¿o eran dos viajeros?) en las agitadas aguas del río, cerca ya de la esclusa de Esna, dijo en voz alta: «Mira, parecen momias en tránsito... ¿A dónde irán?» Ahora, ya lo sabemos. Su destino era llegar a este libro para contarnos su historia.
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| Sobre el Nilo - Foto Arqueoweb |
Posdata 1 (4 noviembre 2012). La agencia EFE, a través de Lidia Yanel, da cuenta de la aparición del libro en esta nota aparecida el día en que se cumplen exactamente 90 años del descubrimiento de la tumba de Tutankhamón por Howard Carter.
Posdata 2 (4 diciembre 2013). Las momias han comenzado ya a transitar del papel a los escenarios:y la obra ha sido representada en algunos colegios e incluso en algún teatro privado, como en el de la Once de Huelva, de la mano de los alumnos de 4º de Primaria del Colegio «Los Pinos». El resultado puede verse aquí.
Posdata 3 (15 de junio de 2014). Sin ser desdeñable su valor como material de lectura, el destino natural de una obra de teatro es la representación en un escenario. En el ámbito escolar, esta premisa tiene un especial valor: pocas actividades pueden resultar tan completas, desde el punto de vista pedagógico, lúdico y cultural, como la de poner en marcha, muchas veces con un enorme esfuerzo y siempre con altas dosis de entusiasmo, el complejo proceso de montar una obra dramática, toda una completa «unidad didáctica» en la que se dan cita múltiples aspectos capaces de estimular y cubrir con creces el desarrollo de las más variadas competencias. El simple hecho de poner en marcha un proceso así es encomiable. Pero cuando, además, se culmina con el reconocimiento de un premio, conviene destacarlo. Es lo que ha ocurrido con el montaje de Momias en tránsito, durante los mese de mayo y junio de 2014, a cargo de los alumnos de 6º de Primaria del Instituto español Juan Ramón Jiménez, de Casablanca (Marruecos), bajo la dirección de la profesora y experta en pedagogía musical y dramaturgia Rosario Barrena. Se cuenta aquí.
lunes, 3 de mayo de 2010
Urtain, crónica negra

De las diversas virtudes que tiene el montaje de Animalario, coproducido por el Centro Dramático Nacional, destacan en mi opinión sobre todo dos. En primer lugar, el excelente, impecable, trabajo interpretativo de Roberto Álamo, que ha indagado tanto en la fisonomía y los gestos tan reconocibles del púgil como en el hondo drama de su personalidad, hasta conseguir un retrato capaz de suplantar al original. En la composición de su papel, Álamo ha sabido incorporar con enorme destreza la extraña mezcla de ingenuidad, rudeza, desconfianza y ambición que, bajo los efectos del desarraigo, se acabó transformando en una carga explosiva en la vida del muchacho de Cestona. Su trabajo sobresale como el soberbio ejercicio de un solista sobre la eficaz, ágil y bien ensamblada actividad coral del resto del reparto, donde no faltan nombres tan conocidos como el de Alberto San Juan.
En segundo lugar, me pareció un gran acierto el formato de crónica radiofónico-periodística de un combate de boxeo con el que se presenta la obra, que de ese modo avanza a golpe de máquina de escribir y a pie de micrófono. Convirtiendo el escenario en un ring y la propia representación en una velada boxística, con algunas pinceladas bien dosificadas del mundo del music-hall y otros géneros afines, el montaje saca un extraordinario partido de los rituales del pugilismo que de por sí poseen gran eficacia dramática, como tantas veces han demostrado el cine y la novela negra. La crónica, además, es literal, se organiza como un viaje hacia atrás en el tiempo y está enriquecida por la presencia de otros fetiches de época (Raphael, Lola Flores, la voz de José María García…).
Imagen: Escena de la obra.
martes, 30 de marzo de 2010
Joglars: ¿el ocaso?

El grupo teatral catalán Els Joglars, autoexiliado de Cataluña por su enfrentamiento con la política y la sociedad independentistas, cumple el próximo año medio siglo de existencia. Para empezar a celebrarlo ha montado un “antihomenaje” en clave sarcástico-burlesca en el que sus actores se interpretan a sí mismos imaginando que se encuentran en 2036, es decir cuando la compañía hipotéticamente cumpla 75 años. El espectáculo, bajo el título 2036 Omena-G, se presenta como la obra que ensayan e improvisan los miembros del grupo, ya viejecitos decrépitos pero aún suficientemente marchosos, que viven internados en los "cobertizos" de un desvencijado centro geriátrico para actores («Ogar (sic) del Artista»). Su objetivo es organizar una función conmemorativa tomando pie de diferentes actividades habituales en una residencia de la tercera (o cuarta) edad y de algunas (pocas) referencias a la trayectoria teatral de Els Joglars. Una especie de canto de cisne ante la inevitable llegada del ocaso. Y, en sus más logrados momentos, un corte de mangas a la Parca. Pude verlo el pasado domingo en la sala noble (la roja) de los Teatros del Canal, en Madrid.
Imagen superior:
Escena final de la obra: Molière acompañar en su tránsito al más allá del escenario a los actores
mientras las almas de sus personajes ascienden a la gloria.
Fotografía toma de Notodo.com



