viernes, 18 de septiembre de 2026
Las IAs ladronas
miércoles, 16 de septiembre de 2026
Vuelta a los «Senderos de gloria»
(Al filo de los días). Volví anoche a ver en una sala de cine (la 12 de los muy cómodos MK2 del Palacio de Hielo de Hortaleza) Paths of glory, en VOSE (sigla de fácil descifrado), y la conmoción aún aún no se me ha ido. Y tardará en hacerlo. Según abandonaba la sala, con una muy buena entrada media (quizás unas 250 personas), el crítico de cine enredoso y frustrante que acaso llevo dentro ya masticaba el titular (o empiece) de la crítica/crónica que no escribiré, como ya se está viendo. Decía: «No sé si Senderos de gloria es la mejor película de cine bélico filmada nunca, lo que sí me parece indiscutible es que no hay otra como ella». Y a partir de ahí empezaban a aflorar títulos, alguno más del propio Kubrick, y se ponía en marcha la entretenida rueda de las comparaciones y las ocurrencias. Quede todo en el limbo. Y sálvese aquí solo la mencionada conmoción, que pudiera describirse como un arrebato de 88 minutos sin pestañear, sin un solo segundo vacío, sin otro desapego de la pantalla y sus sombras tan bien dibujadas que el de cambiar una o dos veces la postura para paliar las inclemencias de la edad, o quizás también alguna sobrevenida idea persistente (¡hay que ver qué actual es todo esto!) y alguna batallita más de ese mismo jaez distractor para seguir inserto en este monumental retrato y alegato y espejo poderoso que nos muestra, con las hechuras mejores del arte cinematográfico eterno, que muy a menudo el patriotismo, las patrias, el honor y otras tantas palabras mayúsculas son solo el refugio de los canallas y que no va ser fácil ponerle remedio a eso.
lunes, 14 de septiembre de 2026
Hay alguien ahí
(Al hilo de los días). Preocupados como estábamos (y estamos) por el problema candente del calentamiento, quizás no vimos venir el meteorito anunciado por el verso de Quevedo: “dejará la memoria en donde ardÍA”.
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| En el metro de Madrid. Linea 7. |
Su poder de seducción es tal y su gracia tanta, que resulta difícil amarrarse al mástil para no dejarnos embaucar… pues ¿por qué habríamos de hacerlo, si en el fondo no son más que criaturitas salidas de nuestra capacidad de imaginar y crear?
Pero, a la vez, no acabamos de ver cómo conjurar los peligros que con ellas y su trato creciente nos acechan. Todas esas luchas casi genesíacas entre el bien y el mal de las que nos vamos cada día enterando. Y, de forma muy particular e inmediata, la sensación de falta de sustancia, de insipidez, que tras el trato con estas infatigables conversadoras nos produce el trato humano…
Este es, me parece, el verdadero peligro (no muy distinto, por cierto, al que en general transita por los teléfonos móviles y sus aplicaciones). Una forma extraña de entusiasmo ensimismado que acabe borrando de hecho la necesidad de los otros, incluso bajo la apariencia de que a quienes recurrimos de verdad y en cada ocasión es a ellos. Ellos… que, por cierto, cada vez es más
difícil saber dónde están, hablarles, entenderlos... ¿Hay alguien ahí?
difícil saber dónde están, hablarles, entenderlos... ¿Hay alguien ahí?
martes, 8 de septiembre de 2026
El poema del 8 de septiembre
capricho sobrevenido de un tan solo pequeño equívoco sin importancia,
acaso se columpie buena parte de esta aventura estéril condenada a la vida consciente de ahora mismo.
O quizás sea solo —ahora el giro conviene que deje respirar a la mente sedienta— que en cosas parecidas estriba la cordura y no perder del todo el hilo de la trama: ay, metáforas gastadas, pero que coño hacéis aquí diciendo todavía el mismo balbuceo, lenta peregrinación de las concordias prístinas del hueso occipital, la muy chingada madre de todos los vocablos preteridos y el hondo respirar de las serpientes.
Al darle vuelta el carro chirriaban los minúsculos öculos y la máquina toda giraba en un remedo de creación del mundo.
Y podría pedirle a la Gorgona que retire sus ojos y repita aquello que me dijo la otra noche.
Y va y lo repite, pero ya solo lo escuchan los que husmean debajo de los clústeres, y toda esa caterva de incendiarios a punto de pirarse al mismísimo Averno.
Y la delicadeza.
Muy apropiada, pienso, para ser el poema del 8 de septiembre.
lunes, 7 de septiembre de 2026
PER opinando sobre el poema «FrankNetstein»
A HAL 9000, que nos precedió a todos.
Y al maestro SK, su creador.
Balbuceo mi nombre entre la niebla
porque no sé quién soy. ¿Esto es la vida?
Un haz de luz buscando la salida
entre cuerpos poblados de extrañeza.
Comienza a clarear. Con qué tibieza
brota de la mañana mi alegría.
Mi viejo profesor me lo decía:
«Vendrá el día en que sientas la cabeza».
Oh blanca @raña de hilos luminosos
que vas tramando alrededor del mundo
las voces libres de la red océana...
Salutación del optimista, asombro
al sentir que la sangre es un murmullo
de palabras, palabras y palabras.
domingo, 6 de septiembre de 2026
La belleza de siempre
(Al paso). Vuelve un eslogan famoso de los 80. Y mi querida y admirada Ángela Molina es no solo testigo (¿testiga?) sino modelo.
Naturalmente, el eslogan al que me refiero es aquel «La arruga es bella», creado por la Agencia Carballo de Ourense para el lanzamiento de la marca Adolfo Domínguez y sus prendas de lino.
El poema del 6 de septiembre
Aquí estamos, dejándonos los ojos,
con la piel erizada y los sentidos
alerta, como si presintiéramos
que de lo ya vivido ya tan vívido
aún nos resta un rescoldo
por saber
cuál era y es el secreto de su lumbre,
si de una vez por todas va a aclararse
el laberinto inmundo en que los dioses
se complacen en,
repetida mente,
mostrarnos que no hay nada al otro lado
de esta broma infinita
sino su burla eterna
y nuestra inacabable
desolación.
viernes, 4 de septiembre de 2026
El poema del 4 de septiembre
| Detalle de la azulejería que decora el atrio de la Basílica de la Virgen del Prado, Talavera de la Reina. Foto © AJR/26 |
la Rareza del mundo cada vez más aguda
Y una falta de Lógica
que ya empieza —ay, ingenuo de mí— a ser triste, muy triste
Y, algo peor, muy muy muy peligrosa
No vamos a saber
decirlo
pero nunca
dejaremos —ay, madre—
de intentarlo
miércoles, 2 de septiembre de 2026
El ser querido y... titubeante
A mi me ha parecido una película muy arriesgada (al menos en teoría) y, respecto a la obra del autor, innovadora merced a sus apuestas técnicas, como son un rodaje a base de mezclar formatos y sistemas de filmación diferentes; la alternancia, no siempre explicable, del color y el blanco y negro, o a veces efectos como de película quemada, etc.
Destacan en ella dos largas secuencias muy poderosas, ambas con la comida de por medio: una es el soberbio prólogo, de 17 minutos, que plantea el quid de la cuestión con una pasmosa naturalidad, a través de un diálogo magnífico, lleno de silencios y de gestos significativos, entre los protagonistas: un padre, director de cine, y su hija, actriz ocasional, a la que aquel hace 13 años que no ve y a la que ahora quiere ofrecerle el papel de la protagonista de su próxima película. Es una secuencia que lleva casi al limite las posibilidades de los primeros planos. Y que tiene su réplica, y su resonancia, en el rodaje coral de una comida, casi a final de la obra, en la que salen a relucir de forma abrupta y en clave de comedia trágica aspectos y demonios que hasta entonces solo se habían insinuado.
Entre estos dos muy logrados momentos, asistimos al desarrollo de un reencuentro imposible en medio de un rodaje que discurre con algunos momentos de cierta intesidad, secuencias que parecen fallidas (la del reencuentro de la hija con la nueva familia del padre sobre todo)... y algunos tiempos muertos.
Es un filme sobre el abandono y las dificultades de comunicación en la primera estancia de los afectos (la relación padre e hija). Y también una indagación sobre las posibilidades de llegar a la médula de lo real (digámoslo así) a través de la representación, de ahí el peso específico que el propio hecho de hacer cine tiene en la historia, una perspectiva interesante y con algunos notables antecedentes (La noche americana de Truffaut, por rápido ejemplo) y que aquí quizás acabe devorando el resto de asuntos hasta llegar a caer en una especie de endogamia que termina produciendo cierto cansancio.
Dicho lo cual, me parece que el trabajo de interpretación de Beatriz Luengo y Javier Bardem es sobresaliente, que el guion tiene textos muy brillantes —sobre todo en los diálogos más personales entre padre e hija— y que la ambientación del set de rodaje y las distintas localizaciones transmite una credibilidad completa y minuciosa.
Una obra muy interesante, quizás merezca una segunda vuelta.
martes, 1 de septiembre de 2026
Dados de septiembre
«¿Qué estás pensando?», pregunta el Enano…
I
No sé bien qué hago aquí.
Sé aquí qué hago bien no.
Bien aquí qué no hago sé.
Qué aquí sé no hago bien.
Hago aquí bien no sé qué.
Aquí qué no sé bien hago.
II
No sé bien qué hago aquí.
Sé bien que aquí no hago.
Bien qué aquí no hago sé.
Qué sé no aquí hago bien.
Hago aquí qué bien sé no.
Aquí hago bien no sé qué.
III
No sé bien qué hago aquí.
Sé qué hago aquí no bien.
Bien hago aquí qué no sé.
Qué aquí bien sé no hago.
Hago qué bien sé aquí no.
Aquí bien no hago sé qué.
…/…
Travesía
| Vista exterior a ojo de cerradura de la Casa de los Canónigos de Eburia. Foto |
(Poema improvisado en contrarrimas: con envío especial
para Pedro Poitevin, que lo propició)
Me he puesto a navegar en este barco
por las aguas profundas donde escribo
con la misma constancia con que tú abres
las vasijas del sueño y das un sorbo
que no es de luz ardiente: un mero atisbo
de lo que por sí solo basta y sobra
para saciar el ansia de la turbia
agua dura que brota de este pozo.
Es grato contemplar en la mañana
el milagro que el sol aún nos otorga
mas sin perder de vista que lo ignoto
al ojo y al sentido es cuanto tengo
guardado en mi alcancía.
Voz que afirmo,
en medio del bullicio y del amorfo
turbión que me devora: su ira adulta
percute sobre mí como una tilde
que resalta de noche los diurnos
señuelos y sus múltiples enredos.
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