miércoles, 8 de abril de 2026

Agustín de Hipona y la ciudad en llamas

 AGUSTÍN DE HIPONA ES INFORMADO

DE QUE ROMA HA CAÍDO ANTE LAS TROPAS DE ALARICO

(Y dos viejos amigos reencontrados lo comentan a las puertas del Café Comercial, de Madrid, bajo una mansa lluvia y con el peso del obsceno
ultimátum de Trump sobre Irán en cercanía)

Para Octavio Uña, que lo propició.
Y a la secreta amiga que me lo revela.
NO lo supiste al alba,
ni en la penumbra breve del primer rezo.
Tú abrías los pergaminos como siempre,
como si el Imperio todavía fuera
esa larga frase que se declina sin temblor.
Pero hoy, Agustín, escucha:
alguien empuja la puerta con polvo en las sandalias,
con sal del Mare Nostrum pegada a su piel.
No hace falta que hable todavía:
trae en la túnica el derrumbe de las murallas
y un silencio que no es de clausura,
ni acaso de este mundo,
sino el un de incendio visto desde lejos.
Tú levantas la vista, lúcido y cansado,
con la tinta aún fresca de otras herejías
y otros temblores en tu corazón,
y en su rostro lees nombres que el mensajero no pronuncia:
Alarico, Tíber, Palatino,
las basílicas donde resonaban himnos
mezclados con rumores del senado y del mercado.
Y un estruendo que lo confunde todo.
Ahora sí, deja que lo diga:
«Roma ha caído», dice,
y es como si un dios extranjero hubiese soplado
sobre las estatuas y las monedas.
«Roma ha caído, Agustín»,
y la frase inaugura un tiempo
que ya no se mide por cónsules ni en cruces,
sino por ruinas que tendrás que aprender a interpretar.
No llores por la ciudad como por una amante infiel;
tú sabes que ninguna piedra merece eternidad.
Pero siente cómo se quiebra dentro de ti
la gramática invisible de la historia:
ese latín de mármol que creías seguro
se te vuelve ceniza y balbuceo.
Te quedarás sentado largo rato,
sin responder,
mientras las noticias detallan los saqueos,
vírgenes violadas,
orantes refugiados en los templos
que algunos bárbaros han respetado por miedo
a un signo que no comprenden.
Tú oirás y verás en todo eso una oscura parábola
sobre dos ciudades mezcladas en una sola noche.
Más tarde escribirás —lo sabes ya
aunque aún no encuentras el nombre de la Rosa—,
un libro para salvar del incendio,
no a Roma,
sino la esperanza de los pobres
que aprendieron a decir Padre nuestro dentro de sus muros.
No habrá legiones en esas páginas,
sino una ciudad hecha de mendigos y mártires,
de gentes con desnudo corazón;
una ciudad más antigua que las siete colinas,
fundada en la memoria de aquel sobre el que no han de prevalecer las fuerzas del abismo,
en el centro mismo de la noche que gira al compás de los astros
y en el ojo desnudo que ve y comprende las secretas correspondencias.

Por ahora basta con que escuches, Agustín:
deja que caiga Roma dentro de tu pecho,
como cae un ídolo al que por fin se le descubre la madera y la tramoya interna
(quizás como ahora mismo a este mismo teatro).

Tú no estás llamado a sostener imperios,
sino a nombrar el naufragio
sin perder la fe en la otra orilla.
Y cuando llegue la noche,
al encender la lámpara,
volverás a los pergaminos con otra mirada:
cada palabra “civitas”
será una herida que tiene que aprender a ser promesa.
Entonces recordarás este día
no como la ruina de tu tiempo
—en cualquier tiempo—
sino como la hora en que entendiste
que ninguna Roma —ni ésta ni la futura—
puede ser llamada para siempre bienaventurada.
(🌀AjR + PER, in progress)

Thomas Cole: La vida del Imperio. Destrucción, 1836.
New-York Historical Society, New York.


sábado, 21 de marzo de 2026

Enmascarado



ENMASCARADO. Con frecuencia el texto manuscrito, ya sea atisbo de poema, apunte narrativo, ocurrencia fijada o mera pulsión vocalizadora, discurre por caminos que bien podríamos considerar carnavalescos, a juzgar por su marcada tendencia al disfraz y la máscara. Son, en todo caso estos, a la hora de las posibles interpretaciones o los brumosos desciframientos (tos), aspectos complementarios de lo que, a poco que se preste atención al conjunto y se deje guiar uno por el golpe de vista, se impone como lo fundamental: el vuelo que va desde la primera impresión hasta la última, esas dos impostoras entre las que suele mediar el bagaje no solo de nuestras capacidades sino también, y acaso más decisivamente, de nuestros prejuicios. Entregarse o no entregarse, de eso se trata.

(LGdlTT, XXIV) 

viernes, 20 de marzo de 2026

Adiós a Chuck Norris

Fuente: Variety
(En voz alta). Adiós a Chuck Norris, gran artista de las artes marciales, maestro de la finta y el pie ágil y diestro, además de potente. No nos olvidaremos nunca de aquel combate en el coliseo de Roma contra el gran Bruce Lee, una escena digna de competir, en lo tocante a emociones y espectacularidad, con la mítica carrera de Ben-Hur. ¡Buen viaje a los cielos del último combate, poderoso maestro de dragones! Y saludos a Bruce, que seguro que te estará esperando.

Retablo en rosa tirando a fucsia





RETABLO EN ROSA TIRANDO A FUCSIA. Del rotulador de grueso tacto que un día me regaló el poeta Curiel, acaso porque antes fue herramienta didáctica en algún taller creativo, surgen de cuando en cuando caracteres y figurinillas de los que vengo observando que a veces deben de albergar la ilusión de que están en un desfile de modelos, y sin duda por ello componen sus poses más conscientes para que cualquiera, al paso, pueda contemplarlos e incluso los admire. Prodigioso es el mundo que está al alcance de nuestros de(se)os.

(LGdlTT, XXIII)

jueves, 19 de marzo de 2026

Leña seca extinta


UN POCO DE LEÑA SECA EXTINTA. Siempre he pensado que la parte importante del famoso y acaso estéril procedimiento de la escritura automática, puesto en boga por el surrealismo, es el manejo instrumental de las palabras, no tanto el sentido de lo que pueda aflorar del inconsciente como los gestos que el cuerpo en sus terminales nerviosas y actuantes se ve compelido a llevar a cabo para dar salida y forma visible, en lo significativo, a una energía que hablaría por sí sola si eso formase parte de su vibración. Escritura, en consecuencia, no tanto automática como autónoma. Y cuya cortesía para con el médium es la coartada del sentido. A veces el que esto escribe, no ajeno al que escribió lo otro, está convencido de que la virtud de la escritura de por ejemplo un Góngora (o un Lezama) estriba en buena medida en fenómenos de este jaez (signifique esta palabra lo que signifique, como el frisar que otros manejan).



Doble felicitación

 

Torrija acunada con helado de dulce de leche. By SPM


(Al paso)
El postre doble de la felicitación: una parte, por el día del padre; la otra por la mitad del nombre (la J). Todo de la mano de la magia de la maga Pinto. Felicidades, amigos pepes, amigas josefinas, co(m)padres. Hay que buscar refugios frente al cataclismo.

miércoles, 18 de marzo de 2026

Un barco cargado de palabras (y la tumba de Borges)


UN BARCO CARGADO DE PALABRAS. No hizo falta ir al puerto para verlo, ni asomarse a ningún río. Apareció en medio de la calle, y los conjurados nos limitamos a seguir su travesía.

(LGdlTT, XXI)



***
Tras publicar esta entrada en mi muro de Facebook se produjo una concatenaciòn de circunstancias realmente curiosas. Una de mis amigas más frecuentadas en esa red, y lectora asidua y generosa, María Jesús Fernández Fernández, dejó este comentario:
Los Conjurados, como sabes, es un precioso poema de Borges que relaciona entre sí a personas muy diversas, separadas por el espacio y el tiempo, pero unidas por esa conjura que los hace cómplices y que conduce sus esfuerzos, siempre en la misma dirección, siempre a favor de la Humanidad. Me alegra mucho que tú estés subido a la nave de Los Conjurados.

Nada más leerlo, me ocurrió lo que después le conté:

Después de leer tu comentario, querida Maria Jesús, caigo por pura y misteriosa ‘casualidad’ en este hermoso texto de Miguel Barrero (viejo amigo astur, al que me une, entre otras cosas, la común devoción a Juan Cueto). Y gracias a él entiendo completamente y quizás de modo no menos misterioso lo que sin saberlo estaba tratando de reflejar en esos garabatos del barco de palabra, que sin duda debe de ser de filiación vikinga. Parece que, más allá de otras explicaciones, el conjuro —la fórmula de unión entre los que viajan “siempre a favor de la Humanidad”, como tan claramente escribes— funciona. Lástima que haya otros, obecados, a los que les da por ponerse (de nuevo) a bombardear Tiro.

En mi mensaje me refería a este fragmento del magnífico articulo mencionado, publicado en la revista Zenda y que puede leerse completo aquí. Miguel Barrero está describiendo la tumba de Borges en Ginebra y la extraña y reveladora cita con un desconocido que tuvo en torno a ella. Y en un momento dice:

Pero la lápida adquiere su sentido completo cuando se la rodea. En su parte trasera figuran otro relieve, esta vez el de un barco vikingo, y una nueva inscripción, ahora en un noruego arcaico, que recoge un pasaje de la Völsunga SagaHann tekr sverðit Gram ok leggr í meðal þeira bert, «Él toma la espada Gram y la coloca entre ellos desenvainada». La referencia no resulta ajena a los iniciados en el corpus borgeano porque remite sin margen de error al cuento «Ulrica», con el que el escritor celebró su relación con Kodama, la mujer que lo acompañó en su vejez. Ella quiso corresponder al regalo con una dedicatoria, De Ulrica a Javier Otarola, que vincula las identidades ficticias del relato con las de los amantes verdaderos. Aparece inscrita al pie de la embarcación en la que se supone que viaja el héroe fallecido, envuelto en llamas, en busca de la eternidad. En el anverso, la determinación para enfrentarse a la vida y sus designios; en el reverso, lo que sucede a la fatalidad irreversible; en el centro, la muerte, la fría piedra, ejerciendo de frontera.

Imagen tomada del artículo citado de Miguel Barrero.

En verdad me pareció asombrosa, en las primeras horas del amanecer, aquella sintonía de sucesos y de forma especial la explicación que el autor da a ciertas elecciones de Borges, que según él podrían de relieve que  

... lo que importa no es la identidad de quienes se encaminan sin remisión hacia un destino final, sino esas palabras viejas, And ne forthedon na, que les recomiendan abandonar todo temor y afrontar aquello que no puede suceder de otra manera.
Tras comentarle esto y enlazar el artículo, mi amiga María José, me dejó un nuevo y prreciso mensaje:

Querido Alfredo, es increíble. La magia existe.

Y le contesté:

Sin ninguna duda. Somos afortunados al poder verla y apreciarla. La Terra Meiga seguro que tiene algo que ver.

Y cada uno volvimos (digo yo) a nuestros asuntos y conjuras.