martes, 18 de agosto de 2026

Noche de San Juan en pleno agosto

La Palestra
Noche de San Juan en pleno agosto

O cómo las palabras de San Juan de la Cruz nos condujeron de la mano y acaso nos permitieron entender el sentido profundo de la noche y tal vez el eclipse



La noche tan deseada y largamente preparada, pero finalmente azarosa, que es capaz de juntar a amado con amada, no ha de ser muy distinta de la que propicia, en mitad del agosto más caldeado e incendiado de nuestras vidas y al borde mismo del eclipse famoso, un encuentro sutil entre ideas y sospechas, sensaciones y sentimientos muy arraigados, pero a menudo también como desvanecidos por la letra gruesa de lo cotidiano y las atroces novedades que cada día nos arroja a la cara la incansable vigilia de la estupidez aliada con la maldad.

Es el caso que en la tarde-noche del pasado martes 11, cuando medio país se disponía a moverse hacia el otro medio para seguir lo mejor posible la danza del velo lunar frente al sol, en El Provencio, en la Manxa conquense, y en el patio de una casa solariega de estancias quijotescas —En Cal’Boni pudiéramos decir—, merced al generoso buen hacer de nuestro amigo José Julio Sevilla pudimos vivir una hora larga de “profundo gozo”. Tal es el título de lo que podríamos considerar un verdadero “espectáculo inmersivo” creado al hilo de las palabras justas de San Juan de la Cruz, que son incorporadas con gran precisión por el actor José Luis Luque, con hondos subrayados musicales de Sofía Alegre y su viola de gamba, en una puesta en escena sutil y precisa producida por Elfo Teatro, contando con las propuestas de la doctora en filosofía y activista Sofía Ugena-Sancho. Todo un intenso trabajo de fondo y una conjunción de esfuerzos que llegan al espectador con la humildad y la grandeza de lo que se impone por sí solo: en este caso la singular aventura verbal y espiritual del mayor poeta de nuestra lengua, aquel a quien Santa Teresa llamara “mi medio fraile”.
La noche sosegada, pero aún calurosa, la penumbra del patio sobre el aljibe, con la parra naciente y la escalera de peldaños azules hacia la altura, fueron el sencillo, íntimo e insuperable escenario donde el corro de amigos, con mayoría de amigas, convocados por el huésped —cinco docenas, quizás alguno más— asistimos como hipnotizados a un viaje sensorial de alto vuelo. Allí fuimos guiados por las palabras intraducibles de Juan de Yepes, dichas con gran sabiduría corporal y vocal por el actor Luque, muy bien emplazadas por los precisos gestos y gracias a algunos objetos sencillos pero elocuentes en su contexto originario. Y palabras también traídas a nuestro presente en fuga por algunas notas o reflexiones complementarias. Todo ello se mostró muy útil para que la potencia verbal del poeta carmelitano, incorporada, recitada y casi rezada con orgánica precisión, pudiera afilar aún más su decir creando la magia que enseguida nos envolvió a todos.
La desnudez del montaje, puesta siempre al servicio de “los huecos de una lengua” que roza lo inefable, fue en verdad estremecedora: un sutil subrayado de la belleza verbal mediante algunos pocos objetos —un duro banco como lecho y signo de cautiverio, el círculo de velas encendidas, algunos alimentos, un balde o tina de madera con agua para el baño lustral…— que lograban componer la más adecuada escenografía para que sobre ella se alzara la fuerza levitante del actor: su imagen transfigurada y advertida en su fragilidad por las ráfagas musicales de la viola de gamba.

En el centro de la representación, que supone un recorrido casi integral por la obra en verso del poeta, está el recitado completo de la pieza mayor de San Juan: el Cántico espiritual, cuyas 40 liras aún siguen concitando asombro y misterio, y generando impulsos emocionales y tramas cognoscitivas, siempre al borde de la mudez, pero también incitando a ir un paso más allá de la interpretación, atravesando lecturas y divagaciones en todos los terrenos de la experiencia.

En esta lectura se privilegió la cercanía del cuerpo, su papel esencial en todo los estados sensoriales que el poema va desgranando en su exaltación de la experiencia amorosa. Un camino en el que, como es sabido, la sensibilidad de Juan de Yepes fue siguiendo la huella del Cantar de los Cantares y probablemente aclimatando a una sensibilidad cristiana ciertas sabidurías orientales, como la mística sufí; o acaso también echando mano de algunos otros conceptos de la tradición bíblica o del cifrado nominal de la cábala judía.

En ese contexto, la exaltación corporal es la línea de fuerza seguida por los autores de esta lectura para subrayar con gran valentía y acierto el cariz del poema como un canto del deseo sin restricciones, una apertura completa del ser hacia el sentido (o su falta), en y con todos los sentidos: una aventura sin restricciones en la que queda comprometida la totalidad de lo que somos, incluida la posible gravitación dentro de un remolino que acaso desemboque en la nada.
Y es muy confortador y estéticamente impecable que, al igual que el gran poema concluye “a vista de las aguas”, en esta ceremonia el cuerpo desnudado del actor también encuentre su máxima expresión en un baño lustral del que, tras tan intensa y hermosa travesía, todos salimos como recién lavados.

No es menor ni mucho menos la marea de impresiones que esa forma de representación no proporciona. De hecho, concreta y evidencia algunas figuraciones que se han concitado en las interpretaciones de una obra que ocupa un lugar señero en los terrenos no solo de la experiencia mística o la belleza literaria, sino también en otras muchos campos de la cultura humanística. E incluso de la ciencia, por cuanto en los últimos años se va abriendo paso, y al parecer con cierto fundamento, una lectura en clave físico-cuántica que, si bien no ofrecería grandes novedades respecto al sentido último e inefable del poema, sí podría tenerle a este como potencial suministrador de imágenes y metáforas precisas para nombrar algunos fenómenos puestos de manifiesto por las investigaciones en física de partículas y ciertos hallazgos no fácilmente explicables en relación con la naturaleza íntima de la materia.

Con todo, el comentario más pertinente sobre este hermosos acto ha de ser el destacar su logro teatral. Como alguien escribió con ocasión del estreno de la obra en el Festival de Almagro, tres años atrás (14/07/23), se muestra aquí una metodología escénica de largo aliento: «un ejercicio gravitatorio y estremecedor que nos lleva al sentimiento humano más profundo… (y con) una metodología propia que abarca desde el trabajo orgánico del actor y su entrenamiento físico y vocal, hasta la dramaturgia y la creación, mostrándonos una desnudez en el escenario que nos conmueve, real y metafóricamente hablando».

Pude saber después, hablando con Luque, que al fondo de ese saber hacer está el aprendizaje de la técnica vocal extendida del Roy Hart Theatre y su uso y adaptación por el maestro Alfonso Romera Fornovi, al que el actor recuerda con agradecimiento (me he enterado ahora de que falleció en mayo pasado), igual que al gran autor Miguel Romero Esteo (1930-2018), uno de los renovadores del teatro español en la segunda mitad del siglo pasado.

Tras la larga ovación de un público por completo entregado y agradecido, el acto concluyó con charlas distintas y el disfrute de una “cuerva” —una especie de zurra o sangría ligera propia de la zona— que sirvió para soltar definitivamente las lenguas y celebrar, hasta bien entrada la medianoche previa al día del eclipse, la belleza compartida y la fiesta grata y siempre tan necesaria de la amistad

jueves, 6 de agosto de 2026

Pepe Habichuela, in memoriam



(En voz alta). Un homenaje al recién transitado Pepe Habichuela, un guitarrista gitano que tiene en su historia algunos de los mimbres con los que se ha trenzado el camino contemporáneo del flamenco. Es una doble página del cómic Entresijos, obra de Víctor Coyote, creada entre 2017 y 2023, publicada en este año y que ayer mismo me traje prestada de la Biblioteca del barrio.

lunes, 3 de agosto de 2026

Fantasmas de agosto


(Al paso). Para que luego digan que no hay fantasmas. (Volviendo a casa anoche, 2 de agosto,desde Martínez Campos, 31 ºC, a la 1,21 de la madrugada).


(Al paso).
Los fantasmas no cesan de mudarse. El de este rincón, en la esquina de Fernández Oviedo, seguramente estará en buena forma. Aunque quizás sea del mismo equipo que el de la mesita. Están pasando cosas curiosas en el barrio. Estaré atento.

domingo, 2 de agosto de 2026

Campanadas de muerte

(CajaDeCitas, 129). «Suenan las campanas en las iglesias de Ceuta la tarde del sábado, como si todo estuviera en orden y Santa María de África fuera ajena a la crisis que por tres días ha abierto un enorme agujero en las murallas de la ciudad. Ya pasó lo más difícil, ahora queda lo más triste. La morgue en el antiguo Hospital Militar se va llenando de cadáveres envueltos en sudarios blancos, a la espera de las autopsias e identificaciones. Algunos serán musulmanes, otros cristianos, muchos adolescentes y otros jóvenes que enterraron su sueño en el mar. Las campañas de alerta que tañía sin descanso los días pasados el presidente ceutí serán pronto de duelo».

CARMEN MORÁN BREÑA (final de su crónica desde Ceuta para “El país”, domingo 2 de agosto de 2026, pp. 14-15).

Rememoraciones

Página de Terra sigillata, de Serrano & Ramos. 

Pues ya me dirán o diréis o insinuaréis o farfullarán... a qué viene tanta extrañeza y esas alteraciones, si ya todo estaba bien clarito en los sermones campanudos del Padre Isla. Aquí un ejemplo. El que sepa entender, comprensible

jueves, 30 de julio de 2026

Adiós a Glen Hansard


De forma extraña, aunque cada vez menos inusual en los tiempos que corren (vuelan), me enteré de la muerte del músico irlandés Glen Hansard en un accidente de moto a las afueras de Dublín. Fue por un enlace del Instagram de mi amigo Álvaro Núñez que me saltó como Reel en Facebook (no sé si la especificación del recorrido mediático es exacta: no soy usuario de Instagram, aunque alguien me ha creado ahí una cuenta) y que lo mostraba, como abajo puede verse, interpretando magníficamente Fairytale of de New York, con Lisa O'Neill y la banda The Pogues en el funeral de Shane McGowan. Demasiadas muertes en un solo enlace. Sólo que tardé en caer en la cuenta del porqué del homenaje. Y mientras me entristecía, también pensaba que las cosas de la comunicación están cambiando mucho. No he sido un gran seguidor de la carrera de este músico, pero sí podría dedicar días enteros a escuchar en bucle piezas de música irlandesa (alguna vez lo he hecho), y este tema, y en general buena parte de la obra de Hansard, sin duda formarían parte de esa banda sonora. Descanse en paz. Su música no morirá.



       

miércoles, 29 de julio de 2026

La danza de los esqueletos


(CajaDeCitas, 128). Los pequeños grandes placeres o la fascinación de lo que nos conquista a primera vista. Esta película de la prehistoria del cine de animación, y a la que más de uno (yo mismo) le podría poner como banda sonora alguna vieja canción de ebriedad compartida casi en tiempos infantiles, es una joya. Quizás ya la conozcan. Si no, disfrútenla. Pura gracia. Puro ingenio. Ritmo puro.