sábado, 31 de octubre de 2026

Dado de la Víspera




 

La sombra creciente de la tarde.

Sombra la de la creciente tarde.

De la tarde la sombra creciente.

 La tarde de la creciente sombra.

 Creciente sombra la de la tarde.

Tarde sombra la de la creciente.

jueves, 29 de octubre de 2026

ImpArable Inteligencia artificial


(CajaDeCitas, 149). El mundo en directo se nos va volviendo incomprensible, tanto como insólitamente seductor. En aquellos aspectos en los que solo podemos avanzar a ciegas, tal vez un poco como los sonámbulos de la revolución científica de la modernidad, intuimos que se encuentran asuntos de vital importancia y —si no siempre entendidos siempre abiertos— en estas CajasDeCitas seguimos guardando tesoros que algún día nos mostrarán todos sus secretos. O ya. O no.

La IA y los derechos de autor

(CajaDeCitas, 150). Comparto este interesante artículo del blog CEDRO sobre la inteligencia artificial generativa y sus implicaciones para los derechos de autor y la protección de datos. Su lectura invita a reflexionar sobre cómo equilibrar innovación tecnológica y respeto a la creación intelectual. Además, al comentarlo con Copilot, surgieron algunas preguntas que me parecen especialmente relevantes: ¿Estamos abordando adecuadamente el impacto de la inteligencia artificial generativa sobre los derechos de autor? ¿Cómo debería protegerse el trabajo de escritores, periodistas, artistas y otros creadores en este nuevo entorno? ¿Es posible encontrar un equilibrio justo entre desarrollo tecnológico y reconocimiento de la autoría? Me interesa conocer vuestra opinión.

Me parece una fórmula elegante porque compartes el artículo, reconoces que has utilizado una herramienta de IA para enriquecer la reflexión y, al mismo tiempo, invitas al diálogo en lugar de presentar una postura cerrada. (Palabra de IA)

martes, 27 de octubre de 2026

Vila-Matas, Premio Nacional de las Letras

(En voz alta). Mucho me reconforta y alegra —y viceversa— la concesión del Premio Nacional de las Letras, tan justa como acaso innecesaria —aunque a nadie le “embarga” (sic) un dulce— a Enrique Vila-Matas, un verdadero «Satam Alive!» y el gran valedor entre nosotros del espíritu y el afán lúdico y atento de Perec y tantos otros.

Un reconocimiento que ojalá sea el prólogo de vuelos más altos. O no. La lucidez y el empeño y la visión del Águila están por encima de estas y otras ban(al)idades.

Larga vida, muchas letras. 


La letrilla del Martes

(C


on la IA al revés)

Andamos como podemos,
cruzando campos de minas,
distraídos con los juegos
de las sombras fugitivas
que, ahí, al fondo de la gruta,
atropelladas, se inclinan
hacia nuestros rostros húmedos
y piden que la caída
de la luz no nos sorprenda
con las bocas tan heridas
que no sepamos ni ya
podamos tal vez abrirlas
para pedir libertad
y belleza y larga vida
a este temblor que aún nos llena
de ¿esperanza?…
(¡Rompan filas!).

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domingo, 25 de octubre de 2026

García Lorca y Ramírez Lucas, breve historia de un amor


(CajaDeCitas, 148). Comparto este pódcast del programa «A vivir que son dos días» que escuché anteanoche, mientras caminaba por un Madrid levemente otoñal, y no muy lejos de algunos de los lugares que en él se mencionan. Es, a mi juicio, un documento muy valioso. Como dice la presentación, Federico García Lorca y Juan Ramírez de Lucas, sus protagonistas. se conocieron en Madrid a principios del año 1936 y tuvieron una historia de amor que duró hasta el asesinato del poeta. Juan, natural de Albacete y que entonces era un estudiante de 19 años, se convertiría en periodista, experto en arquitectura y en arte popular. Guardó toda su vida, incluso en su entorno íntimo, excepto en algún caso, el secreto de esa relación. Pero en 2005 empezó a redactar unos diarios en los que recordaba sus meses con Lorca y en lo que incluye dos textos inéditos que ahora también se publican y que en el programa son leídos de forma magistral por el actor Javier Cámara: un poema que le dedicó al "Rubio de Albacete", y una carta en la que le pedía que fuera "político" y aprendiera a manejar a su padre. Esa carta es el último texto manuscrito de Lorca. Juan la recibió el 16 de julio de 1936. Según sigue comentando la nota de la presentación, toda esta historia se publica en Recuerdos. Breve historia de un amor, un libro editado por Seix Barral, dieciséis años después de la muerte de Juan Ramírez de Lucas. Elvira Lindo, que ha regresado como colaboradora a un programa en cuyos orígenes compareció en el papel de Manolito Gafotas —aún recordamos sus divertidas conversaciones con ¡Fernando Delgado, Fernando Delgado!—, explica su papel en la publicación de esta obra, y con un relato muy cercano y emotivo nos presenta a dos personas importantes en la vida de Juan: su sobrino y heredero, Jorge Martínez Ramírez, y quien fue su pareja durante los últimos treinta años de su vida, el batería Miguel Bullido. Un documento muy recomendable.

A vueltas con la IA

(En voz alta). A vueltas con la IA y su uso por escritores, escribidores y muñidores de texto (quizás el caso de los poetas pueda merecer capítulo aparte). Suscribo todo lo relativo a la IA que comenta Josep Català (ver texto abajo), y habrá que seguir la conversación, fuera de hipocresías, terrores y aspavientos, porque esto no ha hecho más que empezar. En mis propias letras he experimentado el veredicto de que algo recién salido de mi cacumen, sometido al dictamen de un potente verificador, fallase que un 75 % del texto era IA. ¡Vaya tela! Están claras, más o menos, las razones por las que esto ocurre; y a no ser que se afinen mucho las herramientas de escrutinio, llegará un momento en que una cosa sea indistinguible de la otra, como al parecer ya ocurre en la fotografía y otras artes visuales. ¿Y entonces qué? Ahí empieza (sigue) la cuestión.

Esto aparte, alguna precisión haría sobre el Premio Planeta, que puede ser calificado o no de “tongo”, pero desde luego no es un premio. Aquí la cuestión tiene otras derivas, como bien ha puesto de relieve —entre otras muchas posibles referencias— Enrique Murillo, que sabe bien de lo que habla. Tiempos tan raros como extraordinarios, exigen una visión acorde.


Portadilla del muro de Josep Català en Facebook

Josep Català
𝐏𝐄𝐍𝐒𝐀𝐑 𝐒𝐈𝐍 𝐏𝐄𝐑𝐌𝐈𝐒𝐎
𝐋𝐚 𝐧𝐮𝐞𝐯𝐚 𝐈𝐧𝐪𝐮𝐢𝐬𝐢𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐥𝐢𝐭𝐞𝐫𝐚𝐫𝐢𝐚.
Me había prometido a mí mismo no hablar de inteligencia artificial. Pero cada día me cuesta más mantener la promesa.
Quienes me conocen saben que intento estar al día en cuestiones tecnológicas. Creo sinceramente que la IA es una herramienta extraordinaria, capaz de ayudarnos en multitud de campos, incluida la escritura. Como cualquier herramienta, todo depende del uso que hagamos de ella. Un martillo o una llave inglesa pueden servir para construir o reparar, pero también pueden convertirse en armas. No culpamos a la herramienta de las intenciones de quien la utiliza.
Sin embargo, lo que empieza a preocuparme no es la IA, sino la paranoia que está generando entre quienes compartimos este gremio. Me considero un humilde juntaletras, pero observo con inquietud cómo algunos parecen dispuestos a ejercer de jueces, fiscales y verdugos literarios.
El caso de "Donde el agua trabaja", de David Silva Rojas, y las sospechas sobre el supuesto uso masivo de IA han alimentado un debate que merece rigor, no linchamientos. Estos días he visto a escritores someter textos publicados hace décadas a detectores de IA y obtener porcentajes sorprendentemente altos.
Hay una explicación que convendría no olvidar: las IA se entrenan con textos humanos. Por tanto, que un texto humano comparta patrones con los que genera una máquina no demuestra que haya sido escrito por ella. Los falsos positivos existen. Hace meses hice la prueba con un capítulo de una novela que escribí hace doce años. El resultado fue un 84 % de IA.
¿Y ahora qué? ¿Debo sospechar de mí mismo?
Pero hay algo que me inquieta todavía más. ¿En qué momento hemos decidido convertirnos en el tribunal de la Inquisición?
Isabel Allende recibe el Premio Planeta y enseguida aparece la palabra «tongo». ¿Lo hubo? No lo sé. ¿Hay motivos para cuestionar un premio? Por supuesto, siempre que existan argumentos y pruebas. Lo que me pregunto es quién nos ha otorgado la autoridad para condenar antes de conocer los hechos.
No me extrañaría que, cuando se publique el texto de Allende, alguien corra a pasarlo por uno de esos detectores. Y si obtiene una puntuación elevada, ya tendremos el veredicto preparado, aunque la prueba no demuestre absolutamente nada.
Podemos debatir sobre la IA, exigir transparencia y defender la autoría humana. Debemos hacerlo. Pero una cosa es investigar y otra muy distinta levantar sospechas y presentarlas como certezas.
𝐃𝐞𝐣𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐠𝐫𝐢𝐭𝐚𝐫 «¡𝐏𝐞𝐧𝐢𝐭𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚𝐠𝐢𝐭𝐞!», 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐒𝐚𝐥𝐯𝐚𝐭𝐨𝐫𝐞 𝐝𝐞 "𝐄𝐥 𝐧𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞" 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐫𝐨𝐬𝐚. 𝐏𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞, 𝐬𝐢 𝐚𝐥𝐠𝐨 𝐧𝐨𝐬 𝐞𝐧𝐬𝐞𝐧̃𝐨́ 𝐔𝐦𝐛𝐞𝐫𝐭𝐨 𝐄𝐜𝐨, 𝐞𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐥 𝐟𝐚𝐧𝐚𝐭𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐝𝐢𝐬𝐟𝐫𝐚𝐳𝐚𝐫𝐬𝐞 𝐝𝐞 𝐝𝐞𝐟𝐞𝐧𝐬𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐯𝐞𝐫𝐝𝐚𝐝.
𝐘 𝐧𝐨 𝐯𝐚𝐲𝐚 𝐚 𝐬𝐞𝐫 𝐪𝐮𝐞, 𝐛𝐮𝐬𝐜𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐡𝐞𝐫𝐞𝐣𝐞𝐬 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐩𝐚́𝐠𝐢𝐧𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐦𝐚́𝐬, 𝐭𝐞𝐫𝐦𝐢𝐧𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞𝐦𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐥𝐚 𝐛𝐢𝐛𝐥𝐢𝐨𝐭𝐞𝐜𝐚 𝐞𝐧𝐭𝐞𝐫𝐚.