sábado, 24 de agosto de 2019

La madrugada en Roses

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Playa de Santa Margarida, en Roses (Girona). Foto: AJR, 2015.
La madrugada suele ser hermosa en cualquier parte. Incluso en sueños. Pero a veces se adelanta a sí misma y, si estás atento y tus ojos responden, puedes sorprenderla cuando aún se está descorriendo el telón del cielo para que empiece la función. Así me pasó una vez en Roses. Un pesquero, un caminante madrugador, las últimas luces de la noche fueron testigos. Y el ratón gigantesco de piedra y sombra que a estas horas siempre se acerca a beber del mar.
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viernes, 23 de agosto de 2019

Caballos en Ibiza

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Amanecer, playa, caballos. Foto de Paquito.
En uno de los dos o tres veranos más o menos jipis de mi juventud me fui con mi novia de entonces en autoestop a Ibiza. Hacer dedo era una forma habitual de viajar, y lo que hicimos fue salir una tarde (ya bien tarde) de la calle Zurita de Madrid, mochilas y sacos de dormir a la espalda, y tras coger el metro, enfilamos la carretera de Valencia rumbo a la costa. Recuerdo que la primera noche dormimos en los pórticos de las escuelas de Motilla del Palancar, por recomendación de alguien. Y al día siguiente, a eso de las tres de la tarde, estábamos en el puerto de El Saler para tomar, hacia la medianoche, el barco de la compañía Transmediterránea que en unas ocho horas nos llevaría a nuestro destino. Hicimos la travesía en las muy económicas sillas-toldillas y, con los cuerpos molidos pero animados por el amor a la aventura, al amor mismo y en pos de las promesas ibicencas, llegamos a la entonces mítica isla muy de mañana. Teníamos el contacto de unos conocidos, pero por motivos que no recuerdo bien no logramos dar con ellos y, tras pasar el día vagabundeando por la ciudad alta y las callejuelas cercanas al castillo, decidimos quedarnos a dormir en la playa, cerca de la instalaciones de un lujoso hotel cuya piscina y duchas utilizaríamos, sin grandes contratiempos y con gran frescura, a la mañana siguiente para nuestras abluciones. Aquel fue un verano de cierto atrevimiento, incluso de locuras, aunque casi siempre bajo control, y durante él ocurrieron sucesos que ahora ni yo mismo me creería, de modo que será mejor pasarlos por alto y dejarlo todo fijado en una imagen: la del amanecer dentro de un saco de dormir doble junto al mar, con la cara cubierta de arena, los ojos borrosos, y el asombro compartido de ver galopando por la playa, hacia la salida del sol, dos magníficos caballos con sus respectivos jinetes, tal vez también una pareja, que al alejarse levantaban al paso de las olas un vuelo de espuma, mientras sus siluetas, altas, ágiles, fantásticas, se recortaban con gran nitidez sobre la bruma del fondo. Pocas veces he tenido un despertar más impactante..., seguido de un no menos poderoso sobresalto: por la bien visible trayectoria de las huellas de los animales, no tardamos en advertir que sus patas habían pasado a menos de un metro de nuestras cabezas y que el amanecer podría haber sido un tanto, digamos, traumático. ¡Cabecitas locas! Debía de correr el año de gracia de 1976 o 1977. Nunca he podido precisar de qué playa se trataba. Probable es que fuera la de Figueretas o D’en Bossa. Aunque la lógica del relato apunte claramente hacia Es Cavallets.
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jueves, 22 de agosto de 2019

Navidad en agosto

Puerta de Sol y Príncipe, epicentro de la Navidad en Vigo.
El centro de Vigo en Navidad. Foto tomada de La Región.
(Al hilo de los días). Quizás alguien se acuerde aún de las famosas “serpientes de verano”, esas semifalsas grandes noticias, sinuosas y arteras como pieles de ofidio, que servían a los medios para llenar papel y tiempo cuando la baja intensidad política y el decaimiento general de la actualidad hacían necesario inflar hasta los límites de lo insoportable cualquier asunto banal o incluso memo que a ello se prestara. O sea. Al saltarme hoy en el móvil este titular, aún en el sopor meridiano de la hora Siesta, como un reflejo he mirado el calendario, por si las vacaciones fueran las de diciembre y el día el de los Inocentes. Pero una vez recobrada la conciencia temporal, ha sido el recuerdo de ese viejo truco periodístico el que me ha venido a las mientes. Aunque bien pensado la extraordinaria “noticia” de la fecha precisa en que se encenderán las luces navideñas en la ciudadela de don Abel Caballero es realmente apasionante. Y, sin duda, luminosa. Me parece que, como ocurre con la lotería que ahora se anuncia en tanto chiringuito playero, todo viene a suceder en un tiempo sin distancias, y en un espacio circular que no deja de dar vueltas sobre sí mismo, un poco al estilo de los trenes de la bruja que aún se ven en algunas ferias y corros verbeneros, y donde a poco que te descuides aún te sueltan un escobazo que de repente te vuelve un poco mayor. Este papirotazo de La Región tiene la virtud de ponernos al borde de la nieve invernal en plena canícula. Una prueba más de que debemos de estar encaminándonos hacia el gran Aguacero, el punto Cero de todos los diluvios, maniluvios y plenilunios. Qué sé yo.

Isla Mujeres

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Acantilados de Isla Mujeres, Quintana Roo. Foto tomada de Voz del Pueblo. Zona maya.
En el Caribe mexicano, como tal vez en todo el Caribe, hubo piratas mucho antes de Johnny Depp, y no cabe descartar que entre ellos destacara alguna mujer, aunque la historia suele ser igualmente cicatera a la hora de reconocer el protagonismo femenino entre los “malos”. No pensábamos en esto cuando nos sumamos a la expedición de atrevidos pulsereros, recolectados por diversos hoteles de Cancún, la Riviera Maya y otros núcleos yucatecos, en los dominios provinciales de Quintana Roo, para practicar esa forma ligera de buceo llamada esnórquel en las costas de Isla Mujeres. Una actividad que sería fantástica si uno no estuviera todo el rato con la mosca detrás de la oreja —o, con mayor precisión, en la espita del tubo respiratorio— por mor de asegurar el pellejo en un medio tan inestable, movedizo y traicionero como son las aguas de más de dos metros y medio de hondura. Así que el gozo, sin desdeñar la memoria del ojo sumergido, comenzó de verdad una vez de nuevo en tierra firme al recorrer, a bordo de una especie de carrito de golf, la isla toda, sus poco más de cuatro kilómetros cuadrados, y admirar, además de sus casas flexibles, los esbeltos palafitos con graciosa pasarelas, las playas largas, estrechas, tropicales, especialmente en el lado norte —y a menudo infestadas de turistas asoleándose como auténticos caimanes—, los valiosos arrecifes coralinos en el paraje que le dicen del Garrafón, los leves promontorios meridionales —donde al parecer estuvo el templo de la diosa maya lunar Ixchel— y, finalmente, además de la muy curiosa y destartalada Hacienda Mundaca, el colorista, estrámbótico y naíf cementerio del lugar cuyas lápidas y figuraciones están repletas de huellas de historias de amor, ambición y —claro está— de muerte. Isla Mujeres es el primer punto del territorio mexicano que cada día visita el sol. Por algo será.
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miércoles, 21 de agosto de 2019

¿Qué fue de "la Nouvelle Vague"?



(Al hilo de los días). ¿Qué queda en nuestra memoria del cine de François Truffaut, de Jean-Luc Godard, de Éric Rohmer, de Claude Chabrol o de Louis Malle...? Una pregunta retórica que a estas alturas sólo admite, me temo, respuestas imaginativas. Aunque sea muy fácil refrescar la memoria y recuperar, como por arte de magia y de la Red ubicua, aquellos días del remoto pasado en que el cine era, antes que nada y casi por encima de cualquier otro sueño, aquel fenómeno, quizás un espejismo, que fue la nouvelle vague, tal vez la primera marea seria y en serie de nuestra juventud. Quienes en este país nos educamos con el francés como idioma de referencia, además de llevar a menudo encima la nada despreciable carga de andar un poco descolocados y demasiado lentos con el inglés —aprendido de mala manera, si acaso, en edades en que las neuronas no tienen ya la misma capacidad de fijación ni los mismos resortes proteínicos— le debemos a esa escuela de cine, al igual que a la chanson (Brel, Brassens, Ferré, Gainsbourg, Moustaki...), una muy importante parte de nuestra educación sentimental, y el primer y acaso único horizonte verdaderamente revolucionario (o eso creíamos): el que nos llevó a leer a Baudelaire, Rimbaud, Ducasse, Bataille... En fin: reminiscencias. Vienen a cuento de que hoy ponen en La 2 la peli Besos robados (otra del 68), la tercera o cuarta entrega de la saga que Truffaut dedicó a su alter ego, Antoine Doinel (Jean-Pierre Leaud), y en la que, no sin un extraño malestar aún indescifrado, tantas veces estuvimos a punto de reconocernos. Qué se fizo...

Los peligros del éxito



Un mirador en la Ribeira Sacra.
(Al hilo de los días). Como hace sólo unas jornadas y por primera vez en mi vida viví un atasco de automóviles en la Ribeira Sacra gallega, una circunstancia que hasta ahora parecía inimaginable o incluso digna de la más atrevida novela de ciencia-ficción, comprendo muy bien la preocupación que crece en la zona entre residentes fijos y temporales, empresarios, autoridades y público en general. La vieja maldición del «morir de éxito» se cierne sobre este rincón privilegiado de nuestra geografía y amenaza con llevarse por delante algunas de las mejores cualidades que lo distinguen: su condición de lugar fuera del mundo, libre de los usos, dependencias y exageraciones urbanos o asimilados que suelen rodear nuestra vida. Es un asunto de no fácil solución pero sobre el que todas las cautelas son pocas antes de que la situación se vaya de las manos. La habitual tendencia a dejar que la inercia sea el único motor de la realidad y esa tremenda miopía que consiste en ordeñar la vaca hasta dejarla exhausta son dos graves riesgos frente a los que no caben medias tintas.

La Concha

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Autor desconocido: Panorámica de la playa de la Concha de San Sebastián.
Por fin llegamos a la playa y el mar nos abrazaba como si fuéramos su perla.
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martes, 20 de agosto de 2019

Matala, en la costa cretense

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La playa de Mátala (Μάταλα), en la parte central del sur de Creta,
vista desde una de las cuevas naturales que abundan en los alrededores.
Foto tomada de una web turística.
A la playa de Matala (o Mátala, según otras transcripciones), en el centro sur de la isla de Creta, llegamos tras una mañana intensa y solitaria entre las ruinas del palacio de Festos, y después de la búsqueda fallida, en días precedentes, del laberinto en Gortys, y con las vivas impresiones de la gran y empinada caminata hacia la cueva donde nació Zeus (Dikteon Antron) aún en nuestros sentidos, y muy particularmente en nuestras piernas. Tras un rápido baño, subimos a las cavernas habitables del farallón y leímos las historias del naufragio del rey Menelao, mientras comprobábamos que, en efecto, allí estaban las huellas de las comunas hippies de los años sesenta —Dylan y Joan Báez, entre ellos— e incluso vimos algún grafiti adornado con flores de sal. De allí, o de las tiendas de Heraklion, trajimos, entre otros recuerdos, la estatuilla de las diosa de las serpientes y la medalla del disco de Festos que desde entonces cuelga de mi cuello. Ahora dicen que el disco, aún indescifrado, probablemente sea una falsificación. Pero, a estas alturas, ¿hay algo que esté libre de una sospecha así? Las cosas nunca son lo que parecen. Nosotros puede que tampoco.
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lunes, 19 de agosto de 2019

Noticias del cerebro

Ilustración de Práctica/El País.
(Lecturas en voz alta). No hay tema científico más apasionante que el de la investigación del funcionamiento del cerebro humano, sin duda el "objeto" más complejo de cuantos conocemos en el universo. Y del que siempre estamos esperando últimas noticias. No hace mucho pasó por Madrid (Fundación Ramón Areces) el neurobiólogo español Rafael Yuste, director del programa Brain. Con gran rigor y claridad expuso el titánico esfuerzo que se está llevando a cabo para intentar avanzar en algo parecido al desciframiento del “mapa cerebral”, inmensamente más complejo que el del genoma. Algunas otras cuestiones reveladoras al respecto se enuncian en este artículo, en especial los recientes cambios producidos en la asignación de las áreas cerebrales a la actividad de ese fenómeno inmediato e imprescindible que es la consciencia: el causante, entre otras cosas, de que yo escriba esto y tú, hipócrita lector, lo estés leyendo, acaso sin saber del todo muy bien qué nos une a los dos (aunque lo barruntemos). Dice Javier Sampedro en un momento de su artículo: «Hay dos campos científicos que aspiran a, o no pueden evitar, competir con los poetas en la interpretación del mundo: la cosmología y la neurología. Tiene toda la lógica. Una buena ecuación sintetiza una inmensa cantidad de datos en un centímetro cuadrado de papel, igual que un buen verso». Fin de la cita. Lo suscribo. En esa tarea estamos empeñados físicos, cosmólogos, neurólogos, biólogos y una caterva de aspirantes a que las palabras puedan ser un día, también, herramientas precisas reveladoras de nuestra verdadera naturaleza y, en suma, proveedoras de respuestas capaces de descifrarnos.

Dueto

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Brillos afantasmados en el Paseo de los Arqueros de Eburia. Foto: AJR, 2017.
                                                                
                                                                  (Para “AdelC”, compañero de juegos,
                                                                  por la obra en marcha).

Posada en la penumbra, la palabra
que busca compartirse es una lumbre
de dos en compañía, una techumbre
contra el frío de ahí fuera. La voz labra
surcos de luz y sombra con la traba-
zón del son si, en el foso o en la cumbre,
el sol de cada día trae una azumbre
para calmar la sed. Y la más brava
memoria de los usos de la Aldea
que llevamos adentro es la caricia
del bucle melancólico y la bruma.
En esta oscuridad o en la pelea
por decir lo imposible, la pericia
no cuenta nada. Y lo demás, espuma.
(Posada en la penumbra, la verdad
es eso que nos dicta la amistad.
Y, verbo al sol, la luz que nos alumbra
es la amistad posada en la penumbra).

Santa María del Mar: la primera playa

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Vista panorámica de la playa asturiana de Santa María del Mar, en Naveces, concejo de Castrillón.
Foto tomada de El Comercio.
«Por Santa María, l’aiuga bravía, qué fredo facía». Al fondo del Alsa que nos llevaba a casi toda la familia a la playa, desde Bermúdez de Castro, en Oviedo, juraría que el ciego del Fontán iba cantando coplas, picardías y maldades. Yo estaba con los ojos borrosos por el madrugón, pero muy alertado por la novedad: viajaba por primera vez a la playa, conocería el mar. Y así fue. No recuerdo apenas la impresión del estreno, aunque podría fácilmente imaginarla. Pero no se me ha olvidado la sentencia de mi tío Manolo, con su gran cantimplora de madera colgada al costado. Al entrar en el mar se nos quedó mirando, a mi hermano el Estroleque y a mí, y poco después dio el vistobueno a nuestras dotes natatorias diciéndole a mi madre: «Os rapaciños vanche lixeiros como peixes». De la posterior comida campestre, en la verde zona elevada desde la que se divisaba completo el semicírculo de arena dorada y aguas partidas, queda un testimonio gráfico. Aparezco en cuclillas, en el centro, sujetando o tal vez apoyándome en una botella pequeña de gaseosa. Debe de ser la foto más antigua que tengo. Creo que aún no había cumplido los cuatro años. Pero conservo intacto el sabor de la sal de mi primera playa. «Por Santa María, l’aigua bravía, qué fredo facía».
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domingo, 18 de agosto de 2019

Un reino de este mundo

(Al hilo de los días). Hoy se emite en el Canal Ñ El Reino, lo más parecido a un biopic de la Gürtel, con Manoliños, Josemaris, Bárcenas y toa' la pesca genovesa, en una singular obra en clave que tiene las llaves a la vista. Era digno de verse cómo, en la premier de la peli, en la Academia de Cine, al lado mismo de Génova 13, el patio de butacas venía a ser una continuación del celuloide, en una ruptura de muros entre la realidad y la ficción como muy pocas veces antes se ha conseguido en la tierra de Cervantes y la Picaresca. El arte sigue manteniendo su viejo poder taumatúrgico, curativo, incluso exorcizante. Basta con que las muy concretas y reales tropelías cometidas por una pandilla de facinerosos se conviertan en “pulpa de ficción” (si se me permite el barbarismo tarantiniano) para que las culpas queden casi lavadas y la memoria de pez del pueblo satisfecha. Disfruten, si aún no lo han hecho, de El Reino. Pocas veces verán uno que sea tan clara y jodidamente de este mundo
Cine de nuevo realismo.
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De Formentera

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Puesta de Sol en Formentera.
—Me dijiste, no sé si lo recuerdas, que la isla cabía en la palma de la mano.
—Sí y sí. Era tan sólo una comparación.
—Llovió casi todo el tiempo.
—Era abril. Y era otro el clima.
—Aún había jipis.
—Pudimos conocer bien las playas, las salinas, los objetos púnicos, la Mola...
—El faro del fin del mundo.
—Y los acantilados. ¿Cómo se llamaba aquel rincón de rocas y árboles rastreros donde el viento levantaba la espuma hasta los ojos?
—Es Cap de Barbària.
—Sí, ese. Colinas lo citaba en un poema, aunque Emilio Sola pasó por allí mucho antes y de forma más minuciosa.
—Fuimos en una mobylette, ¿recuerdas?
—Sí, creo que es la única vez que hemos ido en moto juntos.
—¿Moto? ¡Era más bien una bici con pedales eléctricos!
—Los guijarros saltaban a nuestro paso.
—Y las gotas de lluvia nos golpeaban la cara.
—Casi pudimos comprobar que, en efecto, la isla cabía en la palma de la mano.
—Y que las gaviotas podían cruzarla de punta a punta...
Y así siguen, devanando madejas de recuerdos como el que hila niebla. Ya han pasado 37 años. Pero fue ayer.

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sábado, 17 de agosto de 2019

En torno a Fra Angélico

Las hadas en la cocina
Ilustración de Eulogia Merle. 

(Lecturas en voz alta). «Un ojo en el suelo y otro en el cielo» era, al parecer, un lema que Fra Angélico, el más dulce e íntimo de los artistas del temprano Renacimiento, empleaba para explicar su trabajo. Tuve recientemente ocasión de visitar la muestra organizada por el Museo del Prado para presentar la restauración de la Anunciación. Lo hice en compañía y de la mano de Javier Serrano, buen conocedor del arte y sus interioridades, como destacado pintor e ilustrador que es él mismo, y en la conversación que fuimos manteniendo salieron a relucir, en su mayoría enunciados por mi amigo, algunos de los aspectos que Martín Garzo aborda con tanta claridad y belleza en este artículo, y en especial los relacionados con el mundo de lo sagrado, su alcance y significación en la obra de los “artistas de fe”, la validez y transcendencia de ese impulso en nuestro tiempo, el valor de la visión poética como medio de conocimiento y las relaciones del arte con la verdad, entre otros asuntos. Excepto por el título (que me parece de un efectismo simplón) y la excesiva y acaso confusa insistencia en el mundo de las hadas, el texto del escritor vallisoletano es de una gran finura e inspiración. Una muestra más de su honda delicadeza expresiva. No se lo pierdan.

Los Muertos

Playa de Los Muertos, en el Parque Natural del Cabo de Gata (Almería).
A mitad de camino entre Agua Amarga y Carboneras.
Foto tomada de 
cabogataalmeria.com
Era la soledad. La lejanía. Y el eco novelesco del nombre. Y su temblor. Creo que allí fuimos de verdad piratas.
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viernes, 16 de agosto de 2019

De saída

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La noche en Santo Estevo. Foto: AJR, 2019.
Han sido sólo seis días, pero la intensidad siempre se mide de una forma ajena al reloj y los calendarios. En torno al acontecimiento central que nos traía a la tierra de los antepasados (el enlace de Elena y Carlos) se han anudado otras muchas circunstancias, casi todas ellas encaminadas en la dirección de los afectos que dejan huella y sirven para darle al mundo y a las cosas un significado, si no definitivo y del todo gratificante, sí esclarecedor y lleno de ternura. Toda una luz de íntima claridad en medio de la barahúnda mohosa de los noticiarios y frente al borroso desdén con que a menudo parecen mirarme últimamente, además de algún pariente torpe, las luces del ocaso. Salgo de una tierra que, pese a ser madre de interminables diásporas, no logra salir de su ensimismamiento, tal vez porque no confía en que ahí afuera haya nada digno de verse. Y según me despido de los nuevos guardianes de piedra de Santo Estevo, ya viejos amigos míos, me voy rumiando («remexendo na cachola») si no será esa una lección aún por aprender. Imos indo.
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jueves, 15 de agosto de 2019

Días de aldea

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Las hazañas del tiempo y de la dejación: a la floresta le brotó una chimenea. Foto: AJR, 2019
                                        
                                                                      (A mis hermanos y primos,
                                                                      que compartieron cosas parecidas.)
El verano extendido, una novela,
La insolación, de letras y de juegos,
en el Norte salvaje, entre los fuegos
de la noche en mis ojos: duermevela.
La promesa olorosa del castaño
que dejaba en mis manos y en mi pecho
la fragancia de un dios: niño al acecho
de su rostro de ramas tan extraño.
Y las horas sin fondo de la siesta,
con la aldea dormida y en la casa
las estancias secretas, los arcones.
Vida fuera del tiempo, eterna fiesta
del nada que temer, y el alma escasa
disuelta entre las grandes ilusiones.

(Versión gallego-cerredana de Maldoror Morsa)
Días no Casarello
Érache o brau na infancia unha novela,
“La insolación”, de letras e de alcumes
n’aquel Norte salvaxe, tantos lumes
da noite nos meus ollos sempre en vela.
A candea caída dos castaños
deixábame nas maus e máis no peito
o perfume de un dios, neno con xeito
guichando pr’os seus rostros tan estraños.
E nas horas valeiras, cando a sesta
calaba ó Casarello, a casa enteira
era un reino de cuartos e de alladas.
Vida fora do tempo, eterna festa
sin nada que recear, ca ialma estreita
disolta entre as pequenas trapalladas.

domingo, 11 de agosto de 2019

Extremos cercanos

Balcón de Quitapesares, monasterio de Santo Estevo. Foto AJR, 2019.
«En las barandas del cielo...», susurra alguien a tu lado, a la vista de lo que se ve y con los puntos suspensivos incluidos. Sin saber cómo, de golpe entiendes qué fue lo que a Lorca le sedujo tan poderosamente en las tierras del Oeste. «... la lluvia me está esperando», completas como respuesta a la voz antes de entregarte de nuevo y plenamente consciente a la mirada. Todo lo demás, que acaso sea todo, es sin palabras.
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sábado, 10 de agosto de 2019

Xente nova

Claustro renacentista del antiguo monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil,
en Nogueira de Ramuín (Ourense). Acoge un muy bien acondicionado parador de turismo.
Foto AJR, 2019.
Al llegar a Santo Estevo, todo está casi como siempre: el inverosímil emplazamiento, la fraga envolvente, la serpiente de plata del Sil (que, según dice Cunqueiro que sostiene el padre Sarmiento, significa «tierra roja»), el escudo de las nueve mitras, los tres claustros... La gran novedad son los dos monjes barbados, tal vez abades, a la entrada del claustro principal. Aún no conozco sus nombres, pero me resulta muy familiar su gesto de bienvenida. Se diría que se les han ido desvaneciendo las manos de tanto saludo. Seguro que hay tras ellos una historia apasionante.
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viernes, 9 de agosto de 2019

Calblanque

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Calblanque y sus calas, a vista de pájaro. Entre el Mar Menor y Cartagena, Murcia.
Esta es la playa del gran abrazo. Las tortugas lo saben y han regresado. Antes que ellas, desde la otra orilla, llegaron gentes desesperadas buscando algo. Vivir mejor, lo llaman. A veces, vivir a secas. Tierra de náufragos. Y del mar la belleza sin rodeos ni ringorrangos. Calblanque es una esquina del paraíso. Si pasáis por allí —entre La Manga del Mar Menor y Cartagena—, id y comprobadlo.
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jueves, 8 de agosto de 2019

Hablarle a Borges (23)

La imagen puede contener: Carlos d'Ors, primer plano
Las siempre en punto.
(Hablarle a Borges, 77). Dicen que Borges dijo o escribió: «Cada instante es autónomo». Y, casi de relámpago, se me ocurre: «Y todos trabajan para el patrón Tiempo, ese tirano».


(Hablarle a Borges, 78). Dicen que Borges dijo o escribió: «En la música es imposible separar el sonido, la forma y el contenido, pues son lo mismo. Cabe sospechar que sucede lo mismo con la poesía». 
Y se me ocurre: «Ergo, alguna sospecha fundada hay de que la poesía es una parte de la música. O, tal vez, la música con otras notas».



La imagen puede contener: 2 personas
Borges durante la grabación de un disco
de milongas, tangos y textos suyos
con Edmundo Rivero y Astor Piazzolla, en 1965.
La imagen puede contener: una persona, sonriendo
 Imagen de Borges tomada de Lo que Borges nos contó,
concebido por Santiago Kovadloff.
(Hablarle a Borges, 79). Dicen que Borges escribió: «Abel contestó: —¿Tú me has matado o yo te he matado? Ya no recuerdo; aquí estamos juntos como antes. 
—Ahora sé que en verdad me has perdonado —dijo Caín—, porque olvidar es perdonar. Yo trataré también de olvidar».


Y se me ocurre: «Olvido como perdón. O viceversa. Este diálogo entre mitos o prototipos (digamos: entre entidades abstractas de la conciencia personificadas) ¿no nos ilustra sobre la dificultad para tomarnos en serio una vida desprovista de tales entidades? Y en suma, ¿no nos avisa de la catástrofe que puede implicar la pérdida de las humanidades, ya que no es solo la supresión de lo que esas figuras y otros argumentos significan y suponen, sino también el peligro real de que esos matices y complejidades desaparezcan de la conciencia humana y, en suma, de nuestra naturaleza?»

Arte y telómeros

El hilo invisible de la vida
Ilustración de  Eduardo Esttrada.
(Lecturas en voz alta). Nada hay más gratificante, desde el punto de vista intelectual, que el cruce de caminos entre la ciencia y el arte, esa visión del mundo que prescinde de los viejos departamentos estancos y, con mirada renacentista y tenacidad multidisciplinar (que se dice ahora), se esfuerza en volver a contemplar la realidad como un todo. Desde esa perspectiva está escrito este muy interesante artículo de María Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas sobre el tema estrella del control del envejecimiento y el papel que en él desempeñan los telómeros, esa estructura de la célula que es la parte final de la molécula de ADN, y que, sin necesidad de recurrir a ningún uso metáforico (a no ser el directo o referencial), bien puede denominarse y con toda propiedad «el hilo de la vida». Un artículo muy estimulantemente, ilustrado además con un extraordinario dibujo de Eduardo Estrada que, en su composición, recuerda la grácil forma de una tarazana, el ingenioso artefacto de las ruedas de afilar que tantas veces han dado la vuelta al mundo.

Las fuentes

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Aguadores abasteciéndose en la fuente del Avellano, en Granada. Acuarela del siglo XIX,
probablemente a partir de una foto. 
Imagen tomada del blog de Bruno Alcaraz.
En noches como esta, hace alrededor de medio siglo o un poco más, recuerdo que por las calles empedradas de Eburia se desperdigaba una cola interminable de gentes que acudían con sus cántaros, cántaras, cantarillas, garrafones enmimbrados, botijos, botijas, alguna olla tripuda y otras alfarerías, a menudo portadas en carrillos de ruedas bajas, a las fuentes públicas de parco caudal y mucha paciencia para proveerse de agua potable y ver de remediar así una carencia secular de la muy noble y leal urbe. La circunstancia, ni que decir tiene, era ocasión propicia para charlas, chismorreos, juegos y todo tipo de bromas y chanzas sin malicia, o no tan Inocentes. Y mientras duró, junto con los puestos extendidos de melones de la Vega y sandías de Velada que se diseminaban por plazoletas y rincones esquineros, y con los baños en el entonces bronco Tajo, puede que fueran el verdadero santo y seña del verano y de sus ritos llenos de promesas e ilusiones que parecían interminables. Pero, como cantaban Los Módulos por aquellos mismos años, todo tiene su fin. Algunas cosas, felizmente. De otras..., mejor no decir más.
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miércoles, 7 de agosto de 2019

Las Catedrales

Pancho con la playa de Augas Santas, más conocida como «Las Catedrales», al fondo.
A Devesa, Ribadeo, verano de 2009. Foto: AJR.
Al igual que para otro amigo también ido, para Pancho el mar fue siempre “desde la orilla”. Ni el agua salada le hacía mucha gracia ni el ir y venir de las olas lograban entusiasmarle, incluso diría que le daban miedo o al menos le infundían un respeto disuasorio. Pero a veces, como aquel día cerca de Ribadeo, se le veía ensimismado a orillas de la playa. Era como si el sonido de algún concierto barroco, con graves y persistentes sonidos de rocas batidas por las olas, estuviera llegando hasta su prodigioso oído. Y esa música secreta que sólo él percibía parecía transportarlo a un estado de beatitud similar al que acoge sus cenizas desde hará pronto tres años.
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martes, 6 de agosto de 2019

Adiviendanza

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Erik Werenskiold: Septiembre, 1883. Galería Nacional de Noruega, Oslo.
Lamillo volvió a tomar la palabra, mientas Rosalinda la miraba atentamente:
—No ruega que yo les diga si ya sé su capital. Pero os lo digo y he dicho hasta el país ¿que será?
Lamillo reía.
Tú..., ¿también?

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lunes, 5 de agosto de 2019

La hora violeta

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Atardecer en Los Narejos, Mar Menor. ©️AJR, 2017.
Vuelvo a ver en la tarde la caída
del sol: es un incendio sosegado,
pura armonía en grito, el rastro alado
de la entera belleza. El fin del día
pone en mi corazón la melodía
del seguro final y los colores
de una escena rotunda: la agonía
de la luz y la muerte entre las flores.
El horizonte ardido en la penumbra
cada vez más brillante es una prieta
línea casi al alcance de la mano.
Con su último fulgor, mientras se alumbra
tu mirada en la sombra violeta,
la hora se cumple. No has vivido en vano.

Güigüi: los días salvajes

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Playa de Güi-Güi (o Guguy), en el oeste de Gran Canaria. Un lugar sólo accesible por mar
o tras una larga caminata (unas 6 horas por terrenos difíciles) desde La Aldea.
—¿Te acuerdas de los días de Güi-Güi?
—Cómo me voy a olvidar, si aún llevo sus huellas en mi espalda.
—El de la barca dijo que volvería a los dos días, pero se demoró una semana.
—Ya sabes, la hora canaria...
—Menos mal que Hari era hábil con el arpón...
—Eso decía, que se iba a pescar. Luego supe que en realidad compraba las doradas y las viejas a los pescadores.
—Licencias de juventud.
—Y aquel observatorio en lo alto del Risco, con una línea telefónica exclusiva tendida desde kilómetros de distancia.
— Y una escalera de vértigo. Aún recuerdo el miedo al subirla para hacer una llamada.
—Decían que era un observatorio de la Otán, para vigilar el tráfico atlántico.
—Y las leyendas de la isla, llenas de piratas.
—No se me olvida la cabaña de Escarlata, el único residente fijo, con su cama cubierta por un delicado mosquitero.
—También había una familia hippie, con un niña muy pequeña...
—Tendrías que contar con detalle los días de Güi-Güi...
—No sé, tal vez no den para mucho...
Y así, entretenidos con la charla y sus espejismos, terminamos de hacer, entre los dos, la cama.

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domingo, 4 de agosto de 2019

Diálogos de estío

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Kazimir Malevich: «Bañistas», h. 1928-1929,
Museo Estatal Ruso de San Petersburgo.

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Kazimir Malevich: «Bañistas», 1930.
Museo Estatal Ruso de San Petersburgo.

—La vida son cuatro letras.
—Tres para los franceses.
—Yo dejé de fumar hace quince kilos.
—De nuevo nos toca remar cabezabajo.
—España es un país atrapado en un espejo roto.
—No nos pongamos estipendios, que al final nada sale gratis.
La vida sigue. Las calles se vacían. El mar crece.
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sábado, 3 de agosto de 2019

Agosto: Bolonia

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Playa de Bolonia, Cádiz. Foto: ISTOCK/National Geographic.
Sobre la gran duna de Bolonia escuchábamos con nitidez el sonido del viento en las ánforas.
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viernes, 2 de agosto de 2019

La fórmula

La imagen puede contener: una persona, texto
Einstein ante el encerado. La fórmula es un montaje. Imagen tomada de la web.
E= mc2. Estuvo delante de nosotros todo el tiempo y, más allá de lo evidente, no supimos descifrarla. Hasta que por fin apareció el documento que puso de relieve su verdadero significado: la escritura del cosmos, sin duda. Pero también la clave del acto mismo de escribir. Escritura es igual a memoria por conocimiento*. Y exige (¡por dos, por dios!) una doble vuelta. Y algo de vuelo.
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(*Naturalmente, caben otras interpretaciones: conciencia y creatividad son también candidatas firmes a entrar en la operación).

jueves, 1 de agosto de 2019

Horizonte

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Un Castro de 13 estancias, en la Colonia de la Prosperidad. Foto: AJR.
Sobre el mar de la mesa lo dispuso todo para la larga travesía. Sabía que no iba a ser fácil y no tenía la seguridad de llegar a buen puerto. Pero contaba con dos aliados poderosos: la luz de las ideas y el manantial de las formas. Y se lanzó a la aventura. ¿Encontraría por fin a la Maga?
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miércoles, 31 de julio de 2019

Centenario de Rafael Morales



Para sumarme al homenaje que hoy 31 de julio se le tributa al poeta Rafael Morales en su Talavera natal, con ocasión de cumplirse el centenario de su nacimiento, rescato esta vieja entrevista (2 de enero de 1975) que le hice en su casa de Tomas Bretón un día de noviembre o diciembre del año anterior, aún con Franco en el poder, y recién llegado yo a Madrid para iniciar los estudios de periodismo. Fue la primera de una serie de entrevistas a "personajes" talabricenses de todos los campos, aunque con clara predilección por los del mundo de la cultura, que realicé con la valiosa colaboración de mi colega y amigo  Ángel Luis Fernández, tempranamente fallecido y a cuya memoria y amistad rindo también un emocionado recuerdo. 

Me ha sorprendido volver a leer, después de tantos años, las palabras del admirado poeta, y también generoso amigo. que fue para muchos, en aquellos casi legendarios tiempos, un acicate y un ejemplo en nuestra pasión por la escritura. Además de ser, sin duda, el principal responsable de la buena relación que Talavera tuvo durante años con el premio Adonáis.

Junto a la entrevista, en otra sección del periódico, se publicó por primera vez «Gato negro en el Paseo de las Delicias», uno de los poemas de Rafael Morales que prefiero y el primero que le oí recitar con su inolvidable modo de decir los versos, tan nerudiano. Es un poema cuya lectura me sigue emocionando. Aquí está: 


GATO NEGRO EN EL PASEO DE LAS DELICIAS

Es hermoso este gato de color de paraguas
mojado por la lluvia.
Miro su desamparo en medio de la calle,
miro la indiferencia de la gente,
miro su islita negra de terror y de asombro.

Podría tocar la noche y sus silencio
si acercara mi mano a su congoja,
sentir entre mis dedos la esperanza de alguien
o quizás a Dios mismo
clamando en este gato,
en este miedo oscuro,
en este gran olvido de los hombres. 

Rafael MORALES
(De Prado de serpientes, 1982)


Y esta nota de mi muro de FB:
(Audiciones en voz alta). El próximo miércoles 31 de julio el poeta talabricense Rafael Morales (1919-2005) hubiera cumplido 100 años. Con este motivo se multiplican los homenajes a un poeta destacado por la perfección formal de sus poemas, su gran humanidad y su sensibilidad hacia lo abandonado, olvidado y preterido, tema central de Canción sobre el asfalto (1954), libro cercano, como él mismo subrayaba, al Neruda de las Odas elementales y que le valió el Premio Nacional de Literatura. El próximo miércoles en su ciudad natal se le rendirá un homenaje con una lectura selecta de sus versos, acto al que desde aquí me uno. Este programa de La estación azul nos acerca la inolvidable profundidad de su voz y la hondura de sus poemas.

Y... La Cornucopia

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Anónimo: fresco de la diosa Flora paseando con el cuerno de la abundancia, siglo I. Stabia,
Museo de Nápoles.
Es abundancia el deseo del que no olvida sus sueños. Y descubre en la vigilia que sus sueños no lo olvidan.
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martes, 30 de julio de 2019

Los Amanantes

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René Magritte: Les amants, 1928. MoMA, Nueva York.
Sobre estos, qué quieres que te diga: que estaban ya aquí antes. Y estarán en la huida. La huida.
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lunes, 29 de julio de 2019

(N) Aves se van

La imagen puede contener: nubes, cielo, árbol, exterior y naturaleza
En blanco y negro. ©️AJR, 2019.
Estos catorce pájaros refieren
cada uno una historia y todas juntas
son la historia del mundo. Las presuntas
consecuencias por sí solas se infieren
del gorjeo dispar. Mientras apuntas
en una dirección, los hechos quieren
llevarte la contraria. Y más te hieren
sus punzones si más y más barruntas
un trasiego de incógnitas o meras
vacilaciones donde el rito fijo
de la interpretación cae en el yermo.
Todo se puede sospechar. Fronteras
entre el mundo y tu mente. En su escondrijo
te hace muecas de burla este estafermo.

La Bestia Vestal

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Théodore Géricault: Carrera libre de caballos, h. 1817.
Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid.
Su negra cabalgadura por los campos del demonio —mira la cifra ahí al fondo*— es como un lecho de plumas.
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*Este texto era el número 666 de las Novelas de Una Línea (NUL).

domingo, 28 de julio de 2019

La Zensura

Antoni Tàpies: Mirada y mà, 2003. Fundación A. Tàpies, Barcelona.
Habló con palabras zuecas y puso patas arriba toda la prosopopeya.
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sábado, 27 de julio de 2019

Inteligencia artificial




(Lecturas en voz alta). El imparable desarrollo de la inteligencia artificial es una de las cuestiones más apasionantes, acuciantes y polémicas de la actual investigación científico-técnica, con implicaciones en todos los órdenes, desde el sociológico y laboral hasta el filosófico y ético, sin olvidar, tampoco, algunas derivas estéticas y artísticas. Es el tema de fondo del último número de la revista Retina, compañera de El país, que le dedica varios artículos y entrevistas con expertos en los que se dibuja un panorama tan lleno de expectativas como inquietante. Queridos humanos, amigos cyborgs, pasen y lean.