sábado, 9 de noviembre de 2019

Ferlosiana

Los hermanos Sánchez Ferlosio (Rafael a la derecha; Chicho a la izuierda), en Coria, en 1977,
con el escritor Julio Martín Casas, compañero de estudios de Chicho en Salamanca.
 
(Lecturas en voz alta). Un texto imprescindible. Y no sólo para ferlosianos convencidos. Tiene además Azúa la muy honrosa “maniera” de hacerse invisible. Había subrayado algunas frases para destacarlas aquí, pero son tantas que casi sería más sencillo lo contrario. Lo dejaré sólo en una cita, bueno en dos: «Yo creo que la caligrafía salva del alzhéimer». Ojalá. Y este resumen de la ”trayectoria” del escritor: «Primero incurrí en la ‘bella prosa’, después quise divertirme con el habla y, finalmente, tras todos los años de gramática y anfetamina, me encontré con la lengua». Admirable, exacto. Los lectores de Ferlosio, esa tribu en continua expansión y nunca marcada como tal, sabemos bien hasta qué punto es cierto. Y también conjeturamos que acaso lo mejor esté por venir.
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Muro de Berlín, 30 años

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Restos del Muro en el Parque de Berlín de Madrid. © AJR, 2018.
(Al filo de los días). Resulta no sé si sólo casi increíble sino también poco menos que inadmisible: hoy se cumplen ¡30 años! del derribo —que no caída— del Muro de Berlín. Lo cual quiere decir, como mínimo, que nos hemos pasado (mis coetáneos y yo) casi media vida viviendo en la ficción de lo que creíamos, si no inmutable, sí al menos duradero y consistente: el relato del mundo que nos habíamos forjado tan trabajosamente, a costa de intentar escapar o zafarnos de sucesivas cadenas —a saber: la religioso/culposa, la ideológico/miope, la afectivo/sandunguera, la retroprogresimplista, la ingenuo/cínica/exenta y, no la última pero sí la más actual, la narciso/ensimismada/online...—; después de todas esas “liberaciones”, resulta que seguimos presos en la misma cárcel: la del tiempo y su misterio. Estos tres lienzos del muro de Berlín están muy cerca de mi casa. Hoy los miraré recordando, ay, acaso sin venir a cuento, aquellos RIPios de don Ramón de Campoamor que tanta ternura como fastidio me/nos inspiran: «Las hijas de las madres que amé tanto / me besan ya como se besa a un santo». Besos de piedra. Y mutis por el muro.

Reminiscencias

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Caravana por el desierto. Foto de Yann Arthus Bertrand/National Geographic.
Conviene agrandarla para distinguir entre/cuerpos/sombras y huellas, todos (con)fundidos sobre el tapiz de arena de la ¿realidad?
«Y por fin llegamos», dijo el guía, «al final de la visita: ante ustedes, La Caverna de Platón». Y nos mostró lo que veis (si es que lo veis). De inmediato supe que la vieja intuición del desierto como principio de todo (la escritura, la vida) era cierta. Cierta y sin salida. Una huella que se funde con su sombra.
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viernes, 8 de noviembre de 2019

Extremidades

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Francisco Leiro: Rendido, 2016. Escultura en madera de castaño policromado.
Cortesía de la galería Marlborough, Barcelona.

Pies, de verdad, ¿para qué os quiero?
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jueves, 7 de noviembre de 2019

La princesa, si us plau


(Lecturas en voz alta). «¿Y tú qué opinas de la princesa Leonor, oh qué honor?», me preguntó alguien al lado, no sé si con retintín, además de con marcado eco (irónico, por más señas). Me quedé dubitativo, de entrada, pero en seguida me sentí a punto para burbujear y borbotear algunas opiniones improvisadas, si bien basadas en hechos, aunque el superyó que la visión de Joker me inoculó el otro día (y, si acaso, ya otro día explico estos vasos comunicantes) me hizo reflexionar y, sabio por un día (y van tres), fui capaz de guardar silencio. Hasta ahora. Acabo de leer esta columna de Luz Sánchez-Mellado y tengo decidido que lo que ahí se cuenta es lo mismo que yo me barrunto. Sólo que ella lo cuenta de maravilla. Gracias. Que lo disfruten.

Relato soñado

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Nicole Kidman en un fotograma de «Eyes Wide Shut» (1999), testamento fílmico de
Stanley Kubrick, a partir del relato «Die Traumnovelle» (1926), de Arthur Schnitzler.
Las imágenes se pegaban de tal manera a las palabras y las palabras encajaban de tal modo en las imágenes que la realidad no tenía más remedio que comparecer con todos los sueños a cuestas. Lo he vuelto a ver esta misma noche con los ojos cerrados de par en par. Como dicen que viven los que sueñan que sueñan mucho.
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miércoles, 6 de noviembre de 2019

Aquel partido

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Antonio Berni: Club Atlético Nueva Chicago, 1937. MoMA, NY.
Pues allí que nos fuimos a disputar el match del siglo con la alienación de gala. Toma nota: Sombra, Lardero, Muchamiel, Narciso; Guaje, Zagal; Belarmino, Patrito, Lolo, Romero y Cormorán. Y enfrente, el rival consabido con el once del chiste: Tere, Ponte, Braga, Verde; Menudo, Collar; Murillo, Pinto, Losco, Jones, Del Sol. Como te lo cuento. Estamos vivos de milagro.
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martes, 5 de noviembre de 2019

Teatrillos

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Karen du Jardin (o Dujardin): Función de la commedia dell’arte,
también conocido como Los charlatanes italianos, 1657. Museo del Louvre, París.
Llegó a la plaza el mago verboso y, mientras hacía sus trucos de escapismo, dejó flotando en el aire una historia increíble, aunque no exactamente sin pies ni cabeza, sino todo lo contrario. Decía así: «Al banderazo corrimos desde el frontal grotesco hasta inventariar jocundos kilómetros lustrales menos novedosos, ñatos o peliagudos, que remedaban ser tres unicornios voraces, xilófagos, wíficos y zalameros». Ni que decir tiene que desde la casilla de salida hasta la carantoña final anduvimos escuchando como pudimos y conteniendo el aliento. Y sin pretender entender ni nada.
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lunes, 4 de noviembre de 2019

Novela negra o de otoño

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Blanco y negro. En la calle Pradillo, Madrid. Foto AJR
La veo pasar por la avenida mientras
la luz envuelve en celofán el día.
Bajo la lluvia, su mirada es fría,
como bala de plata, y cenicienta.
Sigo sus pasos con sigilo, observo
sus ademanes de asesina nata,
el rictus clandestino de quien mata
sin perder la dulzura de su gesto.
Se ha parado frente al gran escaparate
y rebusca en su bolso. Al fin me ha visto.
Su arma está apuntando contra mí.
Fui más veloz. Nadie podrá culparme.
Junto al suyo está el cuerpo del delito:
su peligrosa... barra de carmín.

El león

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Jan van Eyck: San Jerónimo en su estudio, 1435-1442.
Instituto de Artes de Detroit (DIA).
Siempre que encontraba a su disposición una buena jaula —ese lujo— no cesaba de rugir hasta acabar el libro.
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domingo, 3 de noviembre de 2019

Jerogífico (pro domo nostra)


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Alejandra Caballero: Mudanza, 2015.
¿Cuál es el libro más leído de este otoño?
(Para todos los “cómplices”, con todo el cariño.)

sábado, 2 de noviembre de 2019

Vivos y muertos, hoyos y bollos

Dulcería mexicana para el dìa de los muertos. Foto: rulasmx
(Al filo de los días). Resulta obvio y evidente, pero por ello también en peligro de ser olvidado, en estos tiempos en los que la catarata informativa parece haberse desprendido, a beneficio de inventario (signifique los que signifique esta cláusula), del uso del sentido común. La riquísima dulcería asociada a la fiesta de los muertos, tal vez la más variada y exquisita de todas e igualmente importante en numerosas culturas, no es otra cosa que la concreción por vía de los hechos del principio universal del impulso vital (el ser que se empeña en perseverar en su ser, como lo enunció más o menos Spinoza). Y, de paso, pero a renglón seguido, una manera precisa, efectiva, irrefutable de hacer verdad la vieja máxima, no sé si epicúrea pero sin duda vitalista, que sostiene algo tan radicalmente prosaico pero insoslayable como la clara consigna que nos conmina a todos los de este lado, ay, provisional pero aún duradero: «¡El muerto al hoyo y el vivo al bollo!». Al bollo, a los buñuelos, los huesos de santo, la empanadillas rellenas de cabello de ángel, el marron glacé... Estamos vivos de milagro.

En la voz de José Luis Rico

La ciudad de los muertos

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Camposanto de Eburia, uno de estos días. Foto AJR, 2019
Paseando entre tumbas repletas de flores y apiñadas como si no hubiera mañana, entre deudos llenos de deudas y entre vivos ya casi anquilosados, era difícil aceptar que el futuro común ineludible fuera a estar amueblado por tan pertinaz cultivo del mal gusto. Pero, como oía decir a su lado, «es lo que hay». De modo que se libró de aquellas rémoras y, enfilando el sendero de los altos cipreses —una matrona armada con un cubo se quejaba de que sus agujas ensuciasen las lápidas—, vino a variar el curso ya más bien agobiado de su mente. «La ciudad de los muertos», se dijo respirando profundo, «qué buen título».
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viernes, 1 de noviembre de 2019

jueves, 31 de octubre de 2019

Salvar el Mar Menor: el Manifiesto

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 Un grupo de manifestantes de Los Alcázares, uno de los enclaves más afectadas
por la situación. Foto de La Opinión (cortesía de Ángeles PInto)
(Lecturas en voz alta). Ayer en Cartagena, en la mayor manifestación que se recuerda en la ciudad (más de 50.000 personas), se leyó este manifiesto, que es en realidad un grito desesperado en defensa del Mar Menor. 
Es posible que muchas personas opinen que esta manifestación es el resultado de un fracaso, sobre todo político, de las mismas proporciones que el que hizo desaparecer la bahía de Portmán y destruyó buena parte de la Sierra Minera, y el mismo Mar Menor, demostrando que el desarrollo económico sin respetar el Medio Ambiente produce a la postre más pobreza y desigualdades sociales, e hipoteca nuestro futuro y el de nuestros hijos.
Durante los últimos 25 años, los diferentes gobiernos regionales nos han tratado como estúpidos. Han eliminado las leyes de protección del Mar Menor, han impulsado grandes recalificaciones de suelos, que solo la ruina inmobiliaria y la acción judicial han impedido que salieran adelante, y han favorecido un crecimiento irracional de la agroindustria más allá de cualquier límite, con el beneplácito de la Confederación Hidrográfica del Segura.
Y hasta hace apenas unas pocas semanas, seguían manteniendo que la mayor laguna litoral española estaba mejor que nunca, y todo gracias a ellos.
Hace unos días el Mar Menor nos arrojó nuestra estupidez a la cara, nos enseñó que todavía podía ser peor, que además de aguas verdes y fondos sin oxígeno, la muerte podría llegar de forma masiva a nuestros pies, en forma de miles de anguilas, quisquillas, doradas o cangrejos, y nos estremeció.
Y los responsables del Gobierno Regional entraron en pánico. Ya no se acordaban que habían quitado importancia a quienes veníamos advirtiendo que la laguna estaba muy enferma, que éramos unos exagerados, que perjudicábamos la imagen de la Región, del turismo y de la economía.
Volvieron a tratarnos como estúpidos, diciendo que era consecuencia de la Dana, mientras la agroindustria seguía incumpliendo las normas europeas, y las redes de alcantarillado de muchos pueblos se desbordaban arrojando sus aguas a la laguna una vez más.
Han malgastado muchos millones de euros en depósitos de hormigón o rampas para motos de agua que no solucionaban los problemas del Mar Menor, y ahora quieren que el Estado nos salve ante tanta irresponsabilidad.
Y dicen que nos endeudaremos aún más si fuera necesario para salvar el Mar Menor; ahora sí dicen que hay que salvarlo, que es un asunto de Estado, que es un asunto europeo, que es un asunto mundial, pero los pescadores aún no tienen garantizadas las ayudas por dejar de pescar y recuperar la pesca.
Y, también ahora, piden medidas urgentes, y declaración de emergencia, y ayudas europeas, y unidad.
Y nosotros les decimos que estamos hartos de mentirosos, incompetentes, y defensores de intereses privados en cargos públicos y les exigimos cambios reales, porque si no llegan pronto deberían de irse cuanto antes para que los hagan otras personas.
Recuperación, sí, de paisajes cada vez más perdidos y olvidados, de molinos de viento, de embarcaciones a vela.
Y como no nos fiamos de que sigáis engañándonos, queremos que las decisiones se tomen en órganos de participación ciudadana real, y no aprovechéis Comités de Expertos que ninguneáis hasta aburrir y desanimar a quienes más saben, cuando son tan necesarios.
Y exigimos coordinación y colaboración real entre TODAS las administraciones, con reparto de competencias adecuado. No vale pedir socorro al Estado y criticarlo al minuto siguiente, y ejecutar solo las medidas que benefician a los de siempre.
Y confiamos en un buen resultado de las acciones judiciales actuales y futuras, pero sobre todo confiamos en la movilización ciudadana.
Y todo esto lo decimos a esta hora, a la que en las zonas más profundas del Mar Menor reina el silencio porque la mayoría de sus habitantes han tenido que huir hacia las orillas buscando oxígeno, pidiéndonos ayuda.
A esta hora en que un susurro es suficiente para que llegue hasta el lodo más profundo, para ser devuelto de inmediato y convertirse en un grito desesperado. Devolvedme de nuevo la vida que os he regalado, por vuestro propio bien y por quienes vendrán después de vosotros.
Gracias por convertir toda la tristeza e impotencia en rabia y protesta. Gracias por pasar de la resignación a la indignación y gritar más fuerte que nunca que no vamos a seguir consintiendo semejante incompetencia de los poderes públicos.
POR EL FUTURO DE NUESTRA TIERRA, DE NUESTROS HIJOS
NO PARAREMOS HASTA SALVAR EL MAR MENOR.

Hablarle a Borges (27)



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Borges entrevistado por Ramón Chao e Ignacio Ramonet, en 1978, 

en el Hotel de la calle Beaux Arts, de París. 
El escritor reposa en el lecho de muerte de Oscar Wilde. 
La entrevista fue publicada en «Le Monde Diplomatique», en agosto de 2001.
[©Ramón Chao, 2012]
(Hablarle a Borges, 89). Dicen que Borges dijo o escribió: «Me dicen que el presente dura entre unos segundos y una minúscula fracción de segundo; eso dura la historia del universo».
Y, de súbito, me asalta: «Pues si eso..., casi mejor no me levanto».



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Borges en el Ateneo Popular Esteban
Echeverría, de San Fernando (Argentina),
en octubre de 1975.

Foto por cortesía de de Esteban Gilardoni.







(Hablarle a Borges, 90). Dicen que Borges, en uno de sus poemas, dio las gracias «Por el fulgor del fuego / que ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo». Y pienso ahora que eso tal vez explique ciertas recientes y mezcladas impresiones, contemplando las calles de la Ciutat Cremada, y en las que un punto de terror y altas dosis de frustración y tristeza acompañaban a la ancestral fascinación


(Hablarle a Borges, 91). Dicen que Borges dijo o escribió: «No recordarás este sueño porque tu olvido es necesario para que se cumplan los hechos».Y, tras un momento de titubeo, como para asegurarme de hacer pie, pensando directamente en mi, pero también de soslayo en ti, hipócrita e inimaginable (salvo excepciones) lector o lectriz, se me ocurre: «De modo que estás en los hechos. No le des más vueltas».


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Borges en el callejero...

Sibilinos

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José Chávez Morado: Los embozados, 1955. Col. Particular.
—Así que entonces...
—¡Como te lo cuento!
—¿Y ellos ya lo saben?
—E incluso lo consienten, según dicen.
—¡Me dejas de piedra!
—Creía que ya estabas al tanto,
—No, sí algo así ya me figuraba, sólo que...
—Es que no es fácil aceptarlo.
—Claro, claro. Pero quién iba a pensar que...
—¡Calla, calla! Que pueden oírnos.
—¿Quiénes? ¿Esos?
—Sí, parece que se fijan mucho.
—Bah, no te preocupes.
—¿No te importa?
—No mucho. Si te fijas bien...
—¿Qué?
—Son inofensivos. Siempre están mirando una pantalla..
—Ah, ya. Si es así...
—Así es. ¡Ya te digo!
Y fueron poco a poco bajando la voz hasta que ya no era posible oírlos. ¿Se habrían dado cuenta?

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miércoles, 30 de octubre de 2019

Un hecho simple

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Rembrandt: «Niña en la ventana», 1645. Dulwich Picture Gallery, Londres.
«Eres muy majo —me dijo la más pequeña asomada a la baranda detrás del muro de los grafitis—. Nadie más nos ha hablado, tan sólo tú —y había en su gesto, además de una tristeza impropia de su edad, una especie de solidaridad en diferido, que se me hizo evidente cuando concluyó—: Somos internas».
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martes, 29 de octubre de 2019

Aquellos poemas

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(Lecturas, relecturas y leyendas). A pocos libros de poemas que dormitan, más o menos olvidados o presentes (de todo hay), entre mis otros libros les debo tantos descubrimientos como a este pequeño volumen de la incombustible Biblioteca Básica Salvat de Libros RTV, que así era citada en las cuñas publicitarias y que contribuyó a amueblar nuestra ignorancia allá por los primeros setenta o quizás un poco antes. Este lleva como fecha, en una página de las guardas ilustradas con las ruinas de un templo clásico, la de noviembre de 1971, y lo que está grabado en mi memoria es que lo leí en El Escorial, y en concreto en una celda o habitación del ala más fría del monasterio (“la Siberia” la llamábamos), en un año de decisivos descubrimientos. El sencillo libro reúne algo más de un centenar de poetas españoles, desde Miguel de Unamuno (n. 1864) hasta Carlos Murciano (n. 1931), y supuso para mí el primer contacto con los nombres y la obra de un buen número de poetas cuyos poemas seleccionados (a menudo sólo uno) leía una y otra vez, en muchos casos hasta aprendérmelos de memoria. Aquí pude leer por primera vez algo de León Felipe (de él no se decía nada, claro, en los libros de texto), de José Moreno Villa, de Juan José Domenchina y la magnífica Ernestina de Champourcin, también de Luis Rosales, Gabriel Celaya, Gloria Fuertes («Cuando un árbol gigante se suicida...»), Rafael Morales (de cuya existencia tal vez aún no sabía nada), de José Hierro, Ory, Barral, Valente, Cabañero... Son muchas las evocaciones que se me vienen a la cabeza, anécdotas y batallitas sobre casi cada poema. Pero sólo destacaré que fue en este libro donde leí por primera vez «Mujer con alcuza», el todavía vivo poema de Dámaso Alonso que me conduciría a Hijos de la ira y al descubrimiento de una nueva forma de escribir poesía. Y aquí lo dejo. Porque, a medida que hojeo el libro para refrescar recuerdos, ocurre lo inevitable: las hojas, ya morenas y mal encuadernadas, se van desprendiendo como si de repente hubieran caído sobre ellas todos los otoños del mundo.

Tipos puros

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El Bosco: La nave de los locos, h. 1494-1510. Louvre, París.
—Babel en bable se dice belba.
—Y belba en barallete es guardia civil.
—Civil izado es nuestro pendón.
—Pendona, bonita, pero esto.. ¿qué es?
—¿Es que no tienes un poco de vergüenza?
—Vergüenza y su hermano gemelo Descaro.
—Descaro, y más quisiera.
—¿Quisiera, quisiera? Quisiera volverme hiedraaa.
—Etc., etc.
—Tce tce, la mosca cojonera...
—¡¡Plaf, plaf!! ¡¡Sanseacabó!!
Pero ellos siguen y siguen. Incansables.
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lunes, 28 de octubre de 2019

Canon



(Audiciones en voz alta). Poco después de que estuviera asociada a los artistas griegos Policleto, Mirón, Fidias, Lisipo o Praxíteles y mucho antes de que la copara con su gran volumen el recientemente fallecido Harold Bloom, la palabra "canon" era el territorio consagrado en exclusiva a Pachelbel, el autor del más famoso canon musical de la historia, una pieza que, como dice Jaime Altozano en esta divertida y brillante disección, parece compuesta ayer mismo. Es curioso comprobar cómo ciertos juegos compositivos y algunas acrobacias sonoras no son algo privativo de la música, sino que también la poesía más lúdica y despierta busca esos o parecidos efectos expresivos, aunque a menudo le resulte más difícil poner de relieve, y al alcance del "gran público", sus habilidades en un terreno de la expresión en el que la cortada del sentido (el significado) parece haberlo capturado todo. En todo caso, lo resaltable es que, tanto en la música como en su hermana gemela, la poesía, hay razones para afirmar lo que en esta grabación repite y demuestra Altozano: ¡el Barroco mola!

Amor del rapto

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Aprendiendo a descifrar el lenguaje secreto de las grúas. © AJR, 2019.

Surge el momento en el que sale
de la constelación de la penumbra
el rayo violeta que aún alumbra
la lucidez. Quiero decir que vale

lo que (vale) el instante de la lumbre,
la emoción subitánea, el poderoso
empuje del azar, sin el costoso
empeño de forjarlo en la costumbre.

Amor del rapto que no avisa,
fulgor del arrebato, evanescencia
que al nacer ilumina las tarimas.

Palabras puras, sin camisa:
en su vuelo transcienden toda sciencia
y se entregan al aire entre las rimas.

Esquinas

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Ludwig Meidner: La casa de la esquina (Villa Kochmann en Dresde), 1913.
Museo Nacional 
Thyssen-Bornemisza, Madrid.
Foto: © Ludwig Meidner-Archiv, Jüdisches Museum der Stadt Frankfurt am Main.
Soñó que hablaban en la radio de las “esquinas” y, al despertar, se acordó de la incierta mañana —¿o fue por la tarde?— en que se le apareció la palabra en toda su mayúscula nitidez y con la precisa amplitud de su significado. Una esquina es la concreción de la curiosidad, del cambio, de lo por venir, lo inesperado. Se sentía como Constantino ante la batalla del puente Milvio descifrando al vuelo —le había emocionado la recreación de la escena en una peli— la leyenda: «In hoc signo vinces». Después vendría lo del destierro. Otra historia.
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domingo, 27 de octubre de 2019

Nuevos viejos tiempos

Sebastián Piñera y Cecilia Morel en La Moneda, en 2018.
El presidente chileno Sebastián Piñera y Cecilia Morel en La Moneda, en 2018.
(Lecturas en voz alta). Mientras nos enzarzamos en estériles polémicas exhumantes o en esa vieja trashumancia de acémilas y pollinos que son las reyertas tribales, el «mundo de verdad» no para de hurtarnos lo poco de alma que nos queda, después de haber saqueado todos los demás recursos. Esa es, creo, la música de fondo de este lúcido artículo del gran Enric González (al que algunos consideran el mejor periodista de su generación). Es altamente recomendable su lectura, desde el párrafo chileno inicial hasta el cierre categórico del ominoso ejemplo de cómo, además de dejar que nos jodan, ponemos (ponen en nuestro nombre) la cama. Hay que empezar de una vez por todas a reclamar, por derecho y con el derecho en la mano, que las nuevas corporaciones de los big data paguen por lo que tan impune como puntualmente nos vienen robando desde hace más o menos tres lustros. Esa debería ser una de las piedras maestras del nuevo orden económico mundial que están exigiendo ya tanto las nuevas tecnologías cuánticas del manejo de la información como las aún borrosas, pero evidentes, consecuencias psicológicas y sociales de su imparable desarrollo.

Humillación

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Diego Rivera: Composición con reloj, 1914.
Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires (Argentina).
Ahí están las 3 obligadas a ser las 2 y sin atreverse a rechistar.
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sábado, 26 de octubre de 2019

La Trastienda

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Émile Bernard: Interior de una tienda en Pont-Aven, 1887.
Col. Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid.
Eché buena parte de la mañana entre los viejos amigos y conocidos de mi antiguo barrio. Era digno de ver cómo casi todo el mundo parecía estar, no ya sólo en otra parte, más bien en otra vida. Un día tomamos un sendero inesperado y cualquiera sabe dónde amanecemos. Y eso suponiendo que... Estamos vivos de milagro.
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viernes, 25 de octubre de 2019

Pudridero

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Juan de Valdés Leal: Finis Gloriæ Mundi, 1671-1672. Hospital de la Caridad, Sevilla.
Es costumbre que, en el paso al otro lado 
de las testas coronadas 
y de quienes se creyeron 
que lo eran, 
se sometan los despojos 
a la herrumbre y al meneo 
acelerado de las faunas bacterianas 
a fin de que la mudanza 
de estado sea más leve 
y así más pronto se lleve 
su parte la corrupción. 
Y, acabada la función, 
se tala también el tronco 
que por debajo sostiene 
el teatro de la vida enajenada, 
y veloz vuelve la noria a su vaivén. 
Y aquí paz. Y después... nada.
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jueves, 24 de octubre de 2019

Resonancias



(Al hilo de los días). Uno no es libre de mandar en sus recuerdos. Y mucho menos en ciertas asociaciones. El caso es que alguna escena de lo entrevisto esta mañana en Cuelgamuros me parece que “rima” con esta inolvidable y terrorífica secuencia de El verdugo. Seguiré indagando en mis fantasmas.

Transilvania (... o Cuelgamuros)

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F. W. Murnau: fotograma de Nosferatu, 1922.
Se vende ataúd. Aún en buen estado.
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miércoles, 23 de octubre de 2019

La Prospe: cuna de la Movida

El Aviador Dro y sus obreros especializados.
(Lecturas en voz alta). Es bien sabido que La Prospe es un barrio con mucho fundamento y una ya larga y relevante historia cultural, literaria, artística, musical... Pero está bien recordar, recorrer y completar esas pistas. Es lo que hace este interesante reportaje que Sol Alonso publica en El País siguiendo el rastro de los creativos miembros de Aviador Dro, el ya casi legendario grupo del techno-pop madrileño integrado por muy competentes obreros especializados. Aún tengo fresco en la memoria un concierto suyo en la Sala Carolina, de Bravo Murillo, pyede que hacia mil novecientos ochenta y poco. Muy interesante.

Arabella

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Cartel de Arabella* (1967), filme de Mauro Bolognini protagonizado por Virna Lisi.
Anoche, mientras dormía, vino de nuevo a mis brazos Arabella y, como otras veces, me puse a hacerle confidencias. Creo recordar que le decía que «ese sueño que dices, querida amiga, sólo puedo decirte que no se acaba. Y si un día se acaba, muchacha triste, iremos a buscarlo con todo el alma que aún nos quede: si es poca, la inventaremos con un ensalmo que pueda arder de nuevo e iluminarnos. Al patio de butacas de nuestros sueños vuelven siempre tus ojos, claros, serenos, y mientras cae la lluvia, como un milagro, sálveme tu mirada de arco voltaico...». Y era entonces cuando se aproximaban los carbones.
...

Arabella fue una de las películas de alto voltaje que se incluían en las sesiones dobles de los domingos en las que, aunque calificadas para mayores de 18 años, nos dejaban entrar a los adolescentes. Por lo común, la otra película era de las denoninadas "para todos los públicos" o "tolerada menores". Esta en concreto la vi en el cine Palenque, de Eburia, tal vez en 1969.

martes, 22 de octubre de 2019

Otero Pedrayo


La comitiva fúnebre de Otero Pedrayo camino de la catedral de Ourense.

(Lecturas en voz alta). Cae uno, por esa causalidad derivativa que otros llaman azar, en esta página que me pone en primer plano la figura, supongo que ya casi del todo olvidada fuera de lo que fue su mundo, de don Ramón Otero Pedrayo, al que durante muchos años le correspondió el título de patriarca de las letras gallegas y del que a todos cuantos he oído (leído) hablar sobre él sólo refieren bondades y excelencias. En esta semblanza rememorativa del periodista Fernando Ramos hay detalles preciosos que parecen (son) perlas de un tiempo ido.

Cine NIC

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Anuncio de época del proyector NIC.
Curiosamente el dibujo me trae a la memoria otro «hito visual»: el tebeo
de negritos que era la página más divertida de la revista Aguiluchos, una publicación
de los misioneros combonianos que todavía he podido ver en alguna caseta de las ferias del libro. El baúl de recuerdos de la Red es un tesoro
.

Recuerdo ahora, no sé bien por qué, la tarde aquella, al borde de la Navidad, en que me desperté en el patio de butacas del cine Coliseum adonde había ido a ver, por quinta o sexta vez, una película sentimental muy triste: Sin familia, una historia de orfandad y penurias. Apenas me acuerdo ya de su argumento. Las entradas las regalaban con la compra de los juguetes de Reyes en los Almacenes Tomás, cuyo dueño lo era también del cine contiguo. Y no sé si fue aquel año cuando en casa nos echaron la máquina de cine NIC, con películas de papel plastificado —un muy ligero celuloide— y un disco de pizarra con un rudimentario plato y un desmontable y tosco brazo lector, en forma de pequeño cuerno provisto en su punta de una gruesa aguja, y que giraba al ritmo de la misma manivela con la que se hacía avanzar la proyección, de modo que el contenido de sus microsurcos, la supuesta banda sonora, resultaba por completo ininteligible. Lo más claro que alcanzamos a identificar en la confusa cantinela decía algo así como «¡Dale, Pepito, no tengas miedo!». Llegué a organizar sesiones para los compis del barrio y hasta hice carteleras para anunciarlas. El día del estreno, la bombilla del aparato se calentó tanto que el papel empezó a echar humo. Julito, el más pequeño de la panda, se asustó mucho y estuvo varios días diciendo: «Tine quema, no guta nene». Estamos vivos de milagro.
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lunes, 21 de octubre de 2019

Poder parar...



(Al hilo de los días). Proliferan por la red hermosas actuaciones de improvisados coros catalanes y hasta orfeones bien acordados en las calles de la ciudad en llamas y en sus teatros. La memoria visual no tarda en encontrar un claro referente. Cinematográfico e inquietante. Juzguen ustedes mismos.

Ritmo interno

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Figuras vagamente palindrómicas.
De la exposición de Pink Floyd (The Pink Floyd Exhibition Their mortal remains).
Escucho, atento, por si suena el eco
de lo que apenas pienso, mientras crece,
con la memoria de la nieve, el rastro
de una palabra en el ocaso. Brilla,

alrededores de la isla, el último
reflejo que en el humo se deshace
y traza en este aparte una frontera
que a la vida en su pena no redime

pero pone a la esfinge su diadema
y rompe el cerco de la arena y nombra
en estas raras cosas un asombro

que ve, detrás del ojo enajenado,
un testigo que, al pairo de sí mismo,
es el puro reflejo del abismo.

Para llegar al sur

La imagen puede contener: mesa e interior
Recreación de la habitación de las secuencias finales de 2001 A Space Odyssey (1968),
de Stanley Kubrick.
En el sueño de anoche, para llegar al Sur, un área comercial de las afueras, había que cruzar un sórdido descampado y luego un cementerio de automóviles infestado de zombis, y luego otro cementerio, este de verdad, en cuyas tumbas profanadas figuraban todos los nombres que había utilizado a lo largo de mi vida y que tenía que ir borrando a medida que dejaba tras de mí puertas, corredores, altos barandales y tapias erizadas de vidrios puntiagudos, hasta llegar a la gran llanura del despegue, justo a tiempo de engancharme a la cola del último cometa del que, en su nuevo paso por la Tierra, dentro de un montón de años, tendría que saltar para caer en la rara habitación aquella, casi al final de 2001, en la que desde hace mucho se escucha mi respiración.
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domingo, 20 de octubre de 2019

La mentira

La imagen puede contener: exterior
Antonio Tàpies: Senyera. Litografía.
A vista de pájaro, mirando hacia adelante y hacia atrás, pero sobre todo hacia la estantería donde se alinean sus viejos libros poéticos, descubrió esta clave en un poema de alguien que sabe muy bien de qué habla: «¿Te preguntas, viajero, por qué hemos muerto jóvenes, / por qué hemos matado tan estúpidamente? / Nuestros padres mintieron: eso es todo».
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sábado, 19 de octubre de 2019

Los chicos del COU


(Lecturas en voz alta). A menudo disfruto de los variopintos artículos de Jacinto Antón, escritos siempre desde una muy particular y seductora mirada personal, no siempre sobre temas que me resulten interesantes o cercanos, pero con enfoques que, además de por su originalidad, con frecuencia me sorprenden —y me resultan aún más gratificantes— por su franqueza. Este de hoy, con su pequeña anécdota personal, me ha conmovido por su ecuánime tono evocativo, su tino en la descripción de situaciones y, de forma especial, por un cálido sentido del humor que sólo está al alcance de unos pocos. Una página muy hermosa.
Mercedes Udaeta en la época en que hacía COU.
Una chica de COU.

La ciutat cremada (y 4)

El Hortelano (José Alfonso Morera): portada del álbum Al calor del amor en un bar,
de Gabinete Caligari, 1986.
Entre la cenizas de la ciudad quemada, la mujer del cuadro, antes de volver a dormir su sueño eterno, aún alcanzó a ver imágenes tan reconfortantes como ilusorias de su remotamente próxima juventud.
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viernes, 18 de octubre de 2019

La ciutat cremada (3)

La imagen puede contener: una persona, de pie
Ramón Casas: Interior, 1898. Museo Nacional de Arte de Cataluña, Barcelona.
Nadie quería pronunciarlo (vade retro), pero sobre la mayoría de las mentes sobrevolaba, entre un ruidoso aleteo de buitres en la noche, la amenaza terrible, demoledora, de efectos incalculables, del primer luto.
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jueves, 17 de octubre de 2019

La ciutat cremada (2)

La imagen puede contener: una o varias personas y personas de pie
Ramón Casas: Estudio de verano o Primero pasarás sobre mi cadáver, 1893.
Museo Nacional de Arte de Cataluña, Barcelona.
Miraba por la ventana y tenía la sensación de que se asomaba al túnel del tiempo. Pero no sabía con certeza si era el futuro o de nuevo el presente, enroscado como un ofidio en torno a su presa.
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miércoles, 16 de octubre de 2019

La ciutat cremada (1)

La imagen puede contener: una o varias personas
Ramón Casas: Ansiedad, 1891. Fundació Institut Amatller d’Art Hispànic, Barcelona.
Se sobresaltó al percibir al fondo de la habitación aquel resplandor rojizo que la había despertado de tan largo letargo. ¿Volvería a tener que vivir todo aquello? Ya ni siquiera residir en un cuadro era garantía de nada. «¿A dónde vamos a llegar?», se preguntó angustiada.
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martes, 15 de octubre de 2019

Mitos y micos

No hay ninguna descripción de la foto disponible.
Anónimo (Pintor de Edipo): «Edipo y la esfinge».
Kilix cerámico de la Grecia clásica, h. 470 a.C. Museos Vaticanos.
Volvía a las andadas el príncipe Edipo, de modo que no tardó en cruzarse de nuevo con la Esfinge. Nada más verlo, la felina le espetó:
—No te mentiría si no te dijera que no he lamentado no tener coraje para no privarme de no echarte de menos.
—Esfin, maca —repuso Edipo—, no te voy a decir que me tienes hasta los pies con tus enigmas, porque soy un héroe clásico sin complejos. Pero un poco hasta las corvas sí me tienes.
—¡Anda ya, desgraciao, desagradecío!—repuso la fiera obviamente enfadada— ¡Quítate de mi vista!
Unos pasos más allá, el Oráculo del Báculo estaba haciendo dibujos en la arena y, al ver venir a Edipo, sentenció:
—¿Te vas de Tebas?
—¡Cuenta hasta cinco!

—¡Ya, para que me claves la rima fácil!
—Hay, ay, que ver lo desconfiado que se ha vuelto aquí todo el mundo...
La situación, en general, parecía poco favorable para la cosa mítica y los micos de la hilaridad tampoco parecía que estuvieran por la labor, así que cada adefesio recogió sus bártulos, el mago Ervigio cerró el plumier y en la mesa corrida de la redacción los esforzados dibujantes siguieron rellenando las viñetas. Pero esa es otra histeria..., historieta, que me diga. Otro cuento absurdo.

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