sábado, 30 de abril de 2022

GRANDOLA VI LA MORENA

Maria José Aguiar: «S.T.», 1974 (óleo sobre lienzo).
Fundación Gulbenkian, Lisboa.
De los días pasados en Lisboa, justamente un año después de la Revoluçao —me dijo—, podría referir anécdotas deliciosas o brutales. Pero me quedaré solo con la vez aquella en que, en plena fiebre amorosa, mi novia de entonces y yo nos fuimos por vez primera a un verdadero cine porno, no a una de esas pelis S que empezaron a ponerse de moda un poco después en España, ni las emmanuelles o los tangos que se veían por Perpiñan, sino porno porno, duro, hardcore.
Recuerdo que al entrar en la sala, el primer plano de un enorme pene negro, tal vez mulato, sin duda moreno, siendo devorado por una boca de apariencia no menos gigantesca y absorbente, me produjo tal impresión que a punto estuve de caerme de espaldas sobre uno de los espectadores desperdigados por una sala que juraría que olía a una mezcla de zotal y engrudo, si bien es posible que aquí me deje llevar por la imaginaçao…
Aquel pene, en cuya descripción me podría demorar —continúa diciéndome— si tuviera interlocutores menos quisquillosos que tú, me tuvo intrigado varios días, más que nada porque me pareció que, justo en medio del gran glande, exhibía una a modo de pequeñísima perla de blanquísimo nácar que, como supe después, seguramente sería un piercing vibrador, un adelanto de una moda que aún tardaría mucho tiempo en generalizarse y cuyos efectos en rendimientos placenteros sobre el clítoris y ciertas terminaciones nerviosas de las paredes vaginales están muy documentados e incluso parecen haber sido el más claro modelo para el diseño de los últimos succionadores íntimos, una variante por cierto de la industria del disfrute sexual que, como es sabido, cuenta entre sus principales asesores áulicos nada menos que al melillense Fernando Arrabal, grandísimo cronopio y fama todo en uno.
No recuerdo apenas —continuó tras una larga pausa, punteada con algún suspiro no sé si de morriña o de saudade, pero de indudable raíz melancólica— nada más de la proyección, aunque tampoco sería difícil suponer las secuencias. Si sé que enseguida comencé a sentirme incómodo y de no ser porque ella, mi novia de entonces, parecía más curiosa o menos temerosa que yo ante aquel atracón de jadeantes placeres carnosos, hubiera abandonado la sala al poco. Tampoco debimos demorarnos mucho más, porque según me dijo después ella, su curiosidad y el morbo se veían suficientemente contrarrestados por el más bien penoso espectáculo del patio de butacas, más perceptible a medida que los ojos se iban acostumbrando a la penumbra y los hasta entonces sólo bultos se convertían en pulpos, y en algún caso de atrevidos y viscosos tentáculos.
La consecuencia más chusca del asunto, aunque no logro recordarlo con precisión, fue que estuvimos varios días como con indigestión y sin ser capaces de encontrar el camino que llevaba del cuerpo del uno al del otro, como solía ser habitual en aquellos días juveniles y como, por fortuna, volvió a serlo de nuevo cuando, tras cruzar el Alentejo en un par de tiradas de autoestop, llegamos a las playas de Faro y otras lugares del Algarve, bajo cuyo sol espléndido y de luz tan blanca las aguas del deseo volvieron a sus cauces y nuestros cuerpos de amantes enfervorecidos por las dilatadas tardes del verano siguieron encontrando motivos de gozo y extenso solaz.
Al fin y al cabo —concluye mientras me mira con ojos entre pícaros y exculpatorios— una indigestión la sufre cualquiera. Y si algo nos acaba enseñando el tiempo desde muy pronto es la importancia de las proporciones, los equilibrios, las justas equivalencias… y equidistancias, importan mucho las equidistancias.
(LUN, 760 ~ Las musas de Macías)

viernes, 29 de abril de 2022

Negro sobre blanco (lecturas)



































LAS COSAS DE NOSTRA

REENCUENTRO CON NOSTRA EN UN VIEJO TERRITORIO DE LEONES Y EN POS DE UNA PALABRA

Jacopo Tintoretto: Retrato del rey Segismundo II Augusto, hacia 1570.
Kunsthistorisches Museum, Viena.

«Hay palabras —me dijo Nostra, el profeta de La Prospe, en Territorio de Leones, al terminar el coloquio subsiguiente al convivio en el que casualmente coincidimos la otra tarde— que nos eligen. No te quepa duda la menor, chavalote. No sabemos por qué. Pero un buen día, quizá un poco talmente a deshora, más bien ya “de anochecida”, que diría Claudio, se nos aparecen, se aposentan y fundan lugar y tienda en nuestros gustos; o sea, Oseas, que se nos imponen como título o rótulo o datáfono o consigna de un grito, cagüendiez, incluso como santo y seña para ponerle nombre propio a alguna empresa o batalla por librar, esas quimeras con las que tan a menudo nos entretenemos y torramos y perseveramos, qué sé yo…. El caso es que, verás fierabrás, esas palabras se quedan a nuestro lado con un punto de familiaridad tal, que a veces llegan a confundirse con nuestros nombres más queridos, vaya grima». Dio un manotazo al aire, como si quisiera espantar a algún moscón, y prosiguió ya por completo ensoliquiado, dueño de todo el espacio sonoro y hasta icónico en muchas millas alrededor: «Incluso, fascinantes, hurgonas, hechiceras, esas palabras pueden provocarnos la ilusión de que son de nuestra propiedad, como si su existencia tuviera algo o mucho que ver con nuestra propia vida, si serán pendejas…». Aquí creo recordar que comenzó a embarullarse (‘embulleirarse’ dice él) más de lo habitual y no consigo recordar lo que pude haber entendido. Luego hizo una larga pausa y puede que, de pie y todo como estaba y sin inmutarse, incluso echara una cabezadita. Minutos después, tras un respiro hondo, tal si regresara de quién sabe dónde, juraría que por fin me vio de cerca y me miró, no sé si a los ojos, pero casi, y remató la cháchara: «Desde hace bastante tiempo, pongamos cuatro décadas, una de esas palabras para mí es “territorio”, a menudo con versal inicial, pero también sin ella. Ni que decir tiene que, tanto o más que en el aspecto físico o meramente geográfico, esa palabra se refiere al espacio en el que de verdad vivimos: el lenguaje, ¿capisci? Y, también, a renglón seguido, pero cómo si no, al lugar de la escritura: este ‘territorio de gestos fugitivos’ (aquí me guiñó ostensiblemente un ojo) con el que pretendemos descifrar el mundo. O, al menos, tratar de hacerlo menos salvaje e inhóspito. No sé si lo pillasssssss…». Silbó largamente al final de la última palabra y se quedó como en suspenso. Por esta vez ya no dijo más. Aunque sé bien que no tardará en volver a las andadas.
(LUN, 761 ~ Las cosas de Nostra, autofagias)

jueves, 28 de abril de 2022

Adíós al actor Juan Diego


Muere el actor Juan Diego. Se nos va otro de los grandes. Buen viaje, maestro. 

Su actuaciòn en Los santos inocentes, inolvidable, es uno de los grandes hitos interpretativos de nuestro cine. Hay en su trayectoria al menos media docena de papeles memorables. Y siempre una gran dignidad y compromiso, también artístico, en su trabajo.

Poco antes de la pandemia, en una actuación de Miguel Poveda en el
Price, me crucé con él en un pasillo y, en una breve y muy amable conversación, pude manifestarle mi admiración. Me dio un abrazo que recuerdo con gran cariño.
Muchos años antes, era un habitual de los saraos del Johnny, donde lo vi algunas veces.
Que tenga el tránsito que merece y su arte no se olvide.

LA PALABRA DEL DÍA: «TROGLODITA»

Pedro Figari: Fantasía, s.a. Óleo sobre cartón. Colección Museo Figari.

Este mensaje no se ha descargado del servidor.
(LUN, 762 ~ «La Palabra del Día»)

miércoles, 27 de abril de 2022

CORTINILLAS DE CONTINUIDAD

El Don Pasquale de Donizetti en el Palais Garnier, Ópera de París,
en junio de 2018.
De mi más alta consideración, señor o señora, madames, monsieurs, dos puntos: no me dirigiría a usted si no fuera absolutamente prescindible poner en su conocimiento, antes de que la ignorancia general nos afilie a todos bajo sus órdenes, que es necesario que usted en su consciencia se haga cargo de algunas criaturas de la imaginación (o no tanto: entre lo imaginario y lo real no es seguro que haya término medio), a saber: ‘El viejo industrial japonés magnate del reloj submarino’, ‘El diplomático que clamaba venganza para su mujer y su hijo’ y, para completar el trío del día o triduo PERECedero, ‘La señora que no pudo marcharse hasta el día siguiente y reclamó sus judías tiernas’. Es gracia que espera alcanzar aunque no sea fácil —la dirección se hace cargo— verle la gracia. Las cortinillas de continuidad es lo que tienen. No serán las últimas. Bien sure, sire!
(LUN, 763 ~ Perec al paso, 78-80)

martes, 26 de abril de 2022

EL GRAN DILEMA

Goya: «Asta su Abuelo», 1799.
Grabado número 39 de la serie «Los Caprichos»,
Museo del Prado, Madrid.
«Escribir o leer, he ahí el dilema». Me sorprendió la otra tarde mi amigo el actor plantándose ante mí con un tintero de cerámica de Talavera-El Puente en una mano y en la otra uno de esos librillos que se compran muy baratos en los chinos y que, ya desde su falsa apariencia moleskine, parecen estar diciendo «Es tu bebé, es tu bebé», como una clara invitación a la escritura. No me pareció baladí la propuesta escénica, aunque sé que mi amigo el actor es muy burlesco y no suele creerse ninguno de los papeles que representa. Pero en este caso me pareció advertir en su propuesta un claro sesgo de argumento ad hóminem; vamos, que me estaba criticando directamente, no sé bien si de pecar de presumir de lo primero o de empeñarme en parecer que tengo de lo segundo las gracias de carencia cervantina. Dicho de otro modo: de alardear de lector cuando lo único que de verdad me interesa es figurar, o fungir (sic) de escritor, siendo así que en realidad las más de las veces me limito a transcribir —traducir— y no siempre lo mejor que puedo aquello que logro asimilar de mis largas tardes y noches de lectura ensimismada, que las mañanas se me suelen ir en soñar y en pergeñar estas boludeces y otras parecidas. Pero el peculiar momento dramático llegó a su clímax cuando, en una pausa de silencio mutuo, mi amigo sacó de su portafolios —¿dónde lo llevaba?— una imagen con un conocido grabado de Goya y me lo puso delante con un gesto que aún estoy intentado interpretar. Tampoco voy a sorprender a nadie —colijo— si digo que mi amigo el actor en ocasiones me tiene hasta el asta con sus… ¿improvisaciones? Quién lo sabe.
(LUN 764 ~ Al pie de Goya)

lunes, 25 de abril de 2022

7 haikus hilados


Extrañas formas
que, al verlas, se contagian:
haikus, bostezos.
Palabras, signos,
maullidos, ronroneos,
meadas de gato.
Y el andar alto
del gato de Ferlosio
entre los vidrios.
La Luna llena
es todo lo que tengo.
Y ella lo sabe.

Pone el ocaso
los rayos en la hoguera
del sol ya muerto.
¿Quien habla aquí?,
dice la voz que escuchas.
Pero no hay nadie.
Qué gran silencio:
dentro de él cabe todo:
el día, la noche.

LAS COSAS DE NOSTRA

A LAS PUERTAS DE KIEV Y FRENTE A LA EMBAJADA RUSA EN LOS ALTOS DE LA CALLE VELÁZQUEZ DE MADRID…

Manifestación frente a la embajada de la Federación de Rusia en Madrid,
 (24/02/22; 18:21 h). Foto: AJR.

«”A las puertas de Kiev”, rezaba el rótulo en el televisor bajo una imagen de la muerte en movimiento. Y era como si lo estuviéramos viendo en la puta gruta platónica: sombras de otra vida, el reflejo apenas reconocible de la verdadera realidad. ¿La verdadera realidad? Qué escasa es la sustancia de nuestra consciencia, qué leve la llama que nos alumbra y por tan poco tiempo… Y aún así, ¿cómo es posible que una vez tras otra sea el error, el horror, la sombra de CaÍn… la única causa que parece de verdad inmortal e interminable? De nuevo viajamos, hermanos, al corazón de las tinieblas. No hay literatura ni tal vez canto que pueda hacerse cargo. Y sin embargo… qué otra cosa podemos hacer que denunciar el reino oscuro del odio, la usura de la sangre, el vaciado minucioso de todas las palabras, la funesta corrosión de lo humano, demasiado humano, y los ríos de lágrimas inútiles de este valle maldito donde reina la muerte…».
Las palabras de Nostra, justo enfrente de la fachada de la embajada de Rusia en Madrid, me llegaban mezcladas con la lluvia de la mañana de febrero, como en un sueño. Pero estábamos allí, soportando la orilla benéfica e inclemente, entre un pequeño grupo de personas, diciendo no a la guerra, al tiempo que crecía el clamor por todas partes… Una vez más. ¿Hasta cuándo?
(LUN, 824, Las cosas de Nostra
)

ACTUALIZACIONES

Mosaico romano de Sousse (siglo III) que representa a Virgilio con las musas
Clío y Melpómene en el preciso momento en que le inspiran
el verso de Aeneidos que se cita en el texto.
Museo Nacional del Bardo, Túnez.

Leo las instrucciones de la última actualización del sistema operativo de mi iPhone. «Me gusta mucho tu escritura», dice un mensaje que me asalta en la parte superior de la pantalla. Ya se ve que los programadores están atentos a cualesquiera fallos de estas herramientas —más bien ya apósitos mentales— y buscan en sus entrañas y algoritmos (qué bien tu nombre suena) la manera de encauzarlas, de encauzarnos. El mundo está lleno de prodigios. El más mayor (sic) de todos sigue siendo —aunque sea casi inconsciente: menos cuando hacemos yoga, o el dolor nos aprieta— el de la respiración. Sístole, diástole. En el sueño, acabo de acordarme de que tengo sin contestar una carta de un amigo del otro lado del Atlántico en la que me trasladaba de forma confidencial (eso decía) algunas consideraciones sobre el último premio Cervantes. La carta, sin embargo, no existe más que en el sueño, aunque me consta que las opiniones de mi amigo son esas. Como hoy es el día que es, había pensado conmemorarlo (“concomerlo” propone el espía) con un micro, de la serie de las musas de Macías, en el que relataba la primera vez que entré en un cine porno (en Lisboa, claro), pero al final me ha parecido improcedente. Otro día será. Las urgencias vitales siguen siendo vitales, pero la urgencia es un tiempo que se estira, no hay más remedio. Los diferentes estratos de la mente: he ahí la principal característica del espíritu humano. Saberlo y no estar loco, o no en demasía. Está bien, incluso muy bien, la película de JJ Annaud sobre el incendio de Notre Dame (¿Norte Dame?): la veíamos ayer por la tarde en el Palacio de Hielo mientras Francia se balanceaba en la cuerda floja de sus últimas elecciones. El plomo derretido cayendo por las bocas de las gárgolas como si fuera el vómito de un mal sueño… y el trompe-l’œil de la corona de espinas. Hay metáforas que no lo parecen, ¿quién dice que lo son? Ha amanecido un día espléndido: dan ganas de ponerse a hacer la revolución. El amigo que me quiere bien sigue insistiendo en sus buenas palabras. Lástima que no tengamos siempre a mano la posibilidad de hacer una directa snif estación (sic: vuelve el espía) del afecto verdadero que sentimos. Ahora es Maximiliano Jabugo quien me tienta ahí arriba con las suculencias que su nombre indica. Esta forma de escribir en medio de la plaza pública sí que es por completo novedosa. ¿Se imaginan a Virgilio (disimulen) pergeñando el “conticuere omnes intentique ora tenebant” mientras sus congéneres del foro y los demás mercados no dejaban de tirarle de la túnica? Ah, con qué facilidad esta prodigiosa materia maleable que es la escritura nos permite remontarnos a las más altas consideraciones, sentirnos émulos de criaturas esplendorosas, de mentes tan verdaderamente tocadas por el aura de los prodigios y que han sido capaces de darnos una historia, mil historias, todas las historias, tan poderosas que aún logran arrancarnos de ese fondo de nada y omisión e inconsistencia que —seamos serios y conscientes— es de continuo el verdadero telón de fondo de nuestras vidas. Menos mal que algunos otros de esos nuestros congéneres y hasta presuntos colegas (ya te digo) supieron cantar por todos. En fin, para actualización del día en curso creo que ya es bastante. Claro que podría seguir. Pero para hacerlo con garantías tendría que llamarme César o ser Agustín. Y no es el caso, aunque no me arrepiento. Gracias, amigas, amigos: sepan que uno por uno los siento ahí y los quiero, los queremos todos los de este cónclave de fantasmas que se esfuerza (así, en singular) en no darse por vencido.

(LUN, 765 ~ De la vida misma)

domingo, 24 de abril de 2022

QUÉ SE FIZO DE AQUELLA SENSACIÓN



—Dado olvidado, también conocido
como “La sopa cuántica”.

En el lento transcurrir del tiempo.
El del tiempo en lento transcurrir.
Transcurrir en el tiempo del lento.
Del lento transcurrir en el tiempo.
En el transcurrir del tiempo lento.
En el tiempo del lento transcurrir.
(A partir de Rafael Cabanilllas Saldaña: Quercus. En la raya del infinito, 41)
(LUN, 766 ~ Dados)

sábado, 23 de abril de 2022

ALEGRORÍA

Tintoretto: San Jorge luchando con el dragón / San Giorgio e il drago,
hacia 1550-1560. National Gallery, Londres.

Creí que había estado soñando con el dragón toda la noche. Pero ha llegado el día y no se da por vencido. De modo que no tengo más remedio que volver a abrir el libro, continuar en la brega y seguir el camino en busca de la rosa…

(LUN, 767 ~ Cuadros que dan pie, para César Nicolás, por la complicidad)

viernes, 22 de abril de 2022

VARIACIONES/ANIVERSARIO

 VARIACIONES DE ANIVERSACIO

(… o Aniversario de Variariones)
Edward Hopper: Cape Cod Morning, 1950.
Smithsonian American Art Museum, Gift of the Sara Roby Foundation.

Estaba a punto de quedarse colgado en el barrunto borroso de una frase, prisionero del pálpito de un curioso anagrama cuasi perfecto, cuando alzó los ojos y cayó en la cuenta de que, tras la ventana, había amanecido una nueva mañana generosa.
(LUN, 768 ~ 22 Abril 22)

jueves, 21 de abril de 2022

ENTRE CRISTALES

Juan Muñoz: Allo Specchio, 1997.
Espejo y figura en óleo y resina de poliéster pigmentada.
Exposición "Reflejo/Reflexión", Galeria Elvira González (2021)

Deambulaba por el viejo corredor y estaba a punto de salir a la luz cuando sobre una puerta de cristal vio pegado una cartulina con un texto manuscrito que fue deletreando… Decía así:

Tajos y atajos
No hay forma de salir indemne de
una frase cortante salvo si
afilas la palabra hasta que ni
ella de sí se escape, ni lo que
balbucea, tampoco el eco que en
lo roto cruje, aunque su luz sí:
la llama interna que vacila en mi
taller de alquimia del nacer sin qué.
El hielo de la voz a la deriva
naufraga mansamente y abre al
ponerse del sol lento un cauce con
la sangre, que nos deja en carne viva.
Fulge el astro del fin con brillo tal
que todo se resuelve ya en canción.
(Hojas sueltas del lunes, 64; Pulsos de luz - ‘No serviam’).

Concluida la lectura, anotó al pie "Ligeti: música ricercata” y siguió su camino.
(LUN, 769 ~ Autofagias)

miércoles, 20 de abril de 2022

LO OCULTO

Imagen tomada de Pintura e-blog.
Para sorprendernos aún más y, sobre todo, para que no pudiéramos sospechar las verdaderas razones de su gesto —por eso sería—, un día a plena luz pintó una gran puerta en el muro exterior de su casa y la cerró por dentro. No hemos vuelto a saber nada de él desde entonces. Algunos incluso empiezan a dudar de que de verdad haya existido. Otros ya ni siquiera recuerdan su nombre. Yo sí lo sé. Pero no tengo más remedio que tratar de olvidarlo.
(LUN, 770)

martes, 19 de abril de 2022

GENTES MUY DIVERSAS...

GENTES MUY DIVERSAS CON UN PASEO EN MOTO Y UN PROFESOR DE HISTORIA MUY CONTRARIADO

Recreación de una calle de París, con algunos de los personajes mencionados…
y un Petit chat aventurero.

Que el mundo está lleno de todo tipo de gentes es una verdad irrefutable: basta con asomarse al balcón cualquier tarde de Primavera o, en su defecto, darse una vuelta rápida por los programas de televisión. Ahora bien, no siempre es fácil hacer coincidir en un mismo espacio, y casi en el mismo cuadrante, a —fíjate bien— nada menos que ‘El frustrado auxiliar de laboratorio que perdió tres dedos de la mano izquierda’, ‘La joven que vivía con un albañil belga en Chaumont-Porcien’, ‘El antepasado del doctor que creyó descubrir el enigma del diamante’, ‘La joven que hacía concluir pactos con Mefistófeles’, ‘El hijo del anticuario que alborotaba con su moto luciendo su equipo rojo’, ‘El apoderado que divulgó el secreto de los químicos alemanes’ o, por decirlo de una vez, ‘El antiguo profesor de historia que quemó su manuscrito rechazado’. Es imposible para cualquier amanuense no sentirse solidario con este último y no sería extraño que el propio Perec, al anotar su circunstancia, sintiera una punzada de pena e incluso estuviera a punto de verse reflejado en una biografía tan concisa y significativamente resumida en diez palabras.
(LUN, 771~ Perec al paso, 71-77)

lunes, 18 de abril de 2022

META A LA VISTA

Goya: No hubo remedio, grabado número 24 de “Los Caprichos”, 1797-1799.
Museo del Prado.
Desde niño le habían enseñado a no hacer caso de los sueños aciagos ni a tomar en vano el nombre del dios, ea, pero le resultaba muy difícil, muy difícil, no ver en la unión de aquel símbolo tumbado del infinito con la mención del versículo final una segura garantía —“de libro”, se dijo— de que lo indeseable podía hacerse realidad en cualquier momento; y, más aún, de que la confusión de lenguas y el trastocamiento de símbolos ya habían hecho su trabajo tan a conciencia, que no había más remedio que confiar en el albur de la Chiripa como una nueva encarnación del redondo seguro azar. Y eso hizo. Qué remedio. Otro no lo hubo. Al fin y al cabo, aquello era la Monda, el cortejo se hallaba preparado y el presagio estaba a punto de llegar a la Meta. O sea que.
(LUN, 772 ~ Al pie de Goya)

domingo, 17 de abril de 2022

LAS CUATRO ESQUINAS







Llegados a este punto, decidimos explorar el contorno de los cuatro sinfines: el Corte, el Mur, el Veste y el Farwest. Lo cierto es que “teníamos muchas ganas de volver a la normalidad”, pero nos embargaba el ánimo la ligera sospecha de que el centro inmantado del planeta, una vez removida la piedra, se había desviado de su eje y las brújulas tenían despeluchadas todas las escóbulas. Así que con esos mimbres nos dispusimos a encarar lo porvenir.

(LUN, 773)

sábado, 16 de abril de 2022

SIETE PALABRAS

Michelangelo Buonarroti: Pietà (‘Pietà per Vittoria Colonna’), hacia 1546.
Carboncillo sobre papel. Isabella Stewart Gardner Museum, Boston.


Entre que cada vez andaba más duro de oído y que las en verdad difíciles vibraciones atmosféricas del Lugar de la Calavera no eran las más idóneas para experiencias cumbre, Páter se hallaba muy despistado en aquellos momentos. Sí alcanzó a oír su nombre, o lo que creía su nombre, y la construcción aquella que tanto le gustaba: ‘in Paradiso’. Pero todo lo demás, suponiendo que fuera algo con sentido, le llegaba como una mezcla ronroneante de sílabas guturales apenas discernibles, nada extraño, por otro lado, si se tiene en cuenta que estaban siendo emitidas por un condenado a muerte pendiente de una cruz. Así que tuvo que conformarse con ver el gesto del facineroso de la derecha, probablemente acorde con un movimiento de labios que estuvieran emitiendo un mensaje de conformidad, incluso de agradecimiento, y apenas se sobresaltó al oír lo que creyó un ‘Mulier’, que no supo bien cómo interpretar. Sin embargo, percibió con total claridad aquella especie de ruego desmayado pero cargado de intención, tal vez de urgencia:
—Sitio!
Desde los ya lejanos días de BAbel, cuando no tuvo más remedio que confundir las piezas sobre el tablero para evitar que el último envite del jugador de la escalera le pudiese ganar la partida y desalojarlo de la Torre, Páter no se había sentido tan directamente concernido, a la vez que —cómo decirlo— ¿bienhumorado? Sea como fuere, decidió creer que la expresión era —como era— sobre todo una súplica y, echándose a un lado en el trono celestial —un a modo de cómodo diván que no desentonaría en un episodio de las Mil y Una noches—, se avino a conceder:
—Bueno, venga, sube, que donde caben dos…
Antes de que se rasgara el velo del templo y cuando ya había brillado el primer relámpago anunciador del primer y atronador trueno, alguien de oído atento bien pudo oír, escuchar y hasta tomar nota de esas siete palabras. Y gracias a él, y al Maestro del Rito Inmarchitable, cuyo verdadero nombre tal vez nunca conozcamos ni lleguemos a ver nunca su rostro, ahora puedo yo, humilde amanuense, transido de fervor —¡y de frío!— en la soledad de este scriptorium, recogerlas y referirlas aquí para general conocimiento. Que nadie las eche en saco roto. Ni en el cesto equivocado.
(LUN, 774)

viernes, 15 de abril de 2022

DÍAS CABALES

Isabel Pérez: Diente de león. Acuarela.
El boj y el disco. Juntos.
(LUN, 775 ~ Claves secretas)

jueves, 14 de abril de 2022

RITOS SOLARES

Atardecer sobre un campo de olivos. Fotografía de autor no identificado. Editada.

Vio un destello de luz no usada por entre los olivos y una línea de sangre cubriendo el horizonte. No había escapatoria. Ningún lugar adonde ir. Nadie a quien pedir consejo o poner como excusa. Era, de nuevo, el eterno retorno de la idéntica voluntad.

(LUN , 776)

miércoles, 13 de abril de 2022

EL PASE

El vuelo de las grúas sobre el Estadio Santiago Bernabéu,
desde la calle del Padre Damián.
Foto: SPM, 11/04/22; 20:35.
Todo el mundo vio, frente al televisor o en el propio estadio, que el momento decisivo del combate fue el prodigioso pase que el gladiador Luka Modrić consiguió inventarse justo en el momento en que empezaba la cuesta arriba. Su aparente sencillez —el arte perfecto goza de esa prerrogativa— no podía esconder sin embargo el complejo cálculo de fuerzas, tendencias y posibilidades a las que venía a dar solución aquel toque sutil: una salida airosa para el problema que la teoría de grúas estaba planteando en aquel mismo instante sobre el Bernabéu. Qué sabe nadie de qué lugar surge la inspiración y desde dónde sopla el viento de la gracia.
(LUN, 777~ Fotos que dan pie)

martes, 12 de abril de 2022

Hitchcock: los autocameos


(En voz alta). Un gozo llamado Hitchcock: eso es lo que nos proporciona esta recopilación de los autocameos del gran director en sus películas. Están engarzados en un “corto” de poco más de five minutes, muy oportunamente compartido por nuestro cinéfilo de cabecera y si embargo amigo, el gran Chuba Duruba, en su retorno a la pequeña pantalla (del móvil). Ahí están casi todas las pelis del genial director, no todas obras maestras (sería imposible), pero sí todas con algunos (o muchos) detalles que las hacen inconfundibles. Se suele afirmar que el cine de Hitchcock fue durante muchos años tachado de excesivamente comercial y carente de ambición artística. El famoso libro de las conversaciones con Truffaut, en 1962, puso bien a las claras la miopía de ese juicio e inició el imparable ascenso de don Alfred a las cimas del reconocimiento artístico, un lugar del que ya no ha vuelto a descender y en cuyo vértice algunos (con Vértigo o De entre los muertos a la cabeza) lo sitúan como gran maestro del “cine que sabe que es cine”, por así decir, del mismo modo que la Alta Magia no se ignora a sí misma. Es un placer demorarse en los muchos detalles que contienen estas imágenes y más placentero aún sería pararse a conversar sobre ellos y ellas. Y no digamos ya revisar, una a una (o casi), las grandes obras de una filmografía que forma parte de la misma médula del arte séptimo, ese que ya desde hace casi un lustro o más viene presentado síntomas de haber entrado en otra etapa de su aún joven evolución como disciplina artística tal vez insuperable porque es capaz de reunirlas todas. Y dentro de la cual hay sobrados motivos para lanzar un verdadero grito de euforia: Hi, hi, hit, Hitchcock!

LA HORA AZUL

Raoul Dufy: El estudio del artista, 1935. The Phillips Collection, Washington.

Nunca vísperas es tarde si nada de mucho la dicha de días es buena.

(LUN, 778 ~ Nuevas intropías)

lunes, 11 de abril de 2022

Bruno Munari en la March

(En voz alta). Hasta el 22 de mayo permanecerá abierta en la Fundación March, en su sede de Madrid (Castelló, 73), la gran exposición dedicada a Bruno Munari, polifacético artista a cuya obras de diseño e invención de formas de comunicar tanto deben la edición, la prensa, la publicidad y otras disciplinas con las que nos hemos ido cruzando, de un modo u otro, a lo largo de estos años. Por eso, la exposición viene a ser como un lugar de reencuentro en el que nos salen al paso ideas y concreciones que hemos visto aquí y allá, a menudo sin ser conscientes de que formaban parte de un discurso en permanente remodelación y orientado por un interés indesmayable de entender el mundo y expresarlo cada vez mejor. Una visita muy recomendable.

LA TRAMA INEXTRICABLE

Francisco de Goya: Hilan delgado, grabado núm. 47
de «Los Caprichos», 1799.

Ya sean alcahuetas, remendadoras burgalesas de virgos, moiras o meras hilanderas, no me vaya a decir vuacé que en estas figuraciones no se le representa a vuacé mismo, sin ir más lejos, no ya alguien conocido, que también, sino sobre todo el ejemplo concreto de esas maneras de ser que tantas veces ha visto aquí y allá, y cuyo objeto más perentorio, a falta de otros que se nos escapen, consiste en seguir tejiendo la trama inextricable de los días garduños, el efecto imparable de la degradación, la sutileza más honda de las edades que nos van consumiendo y nos ven consumidos y, sobre todo, el fuel (sic) retrato de las almas que nos han hilado en su rueca y su copo y su tresbolillo, sin olvidar la escoba —no hay que olvidar las escóbulas— que, concluido el sueño, y antes de que se transforme en pesadilla, servirá para emprender el vuelo hacia otros ámbitos de contemplación, quién sabe, tal vez la duermevela de un bufón de la Corte que no atina a quitarse los zapatos. Con todo y con eso, no se vayan de acá sin antes ponerles un nombre a cada una que las individualice. Los míos son: Chichona, Leporina y Billisqueira. Ah, y al manojo de infantes que cuelgan por detrás, mejor no mirarlo mucho, no vaya a ser que se ponga en marcha una imparable rueda de reconocimientos.
(LUN, 779 ~ Al pie de Goya)

domingo, 10 de abril de 2022

LOS RAMOS DEL DOMINGO

Antonio Medina Serrano: Domingo de Ramos, 1940.
Galería Durán.

"ES RAMOS AL ASOMARSE"

«Que pasen los niños», le oyó decir desde el fondo del calendario cuando se disponía a volver sobre sus pasos y, de hecho, ya sacaba media cabeza fuera. Era la señal inequívoca de que había llegado el domingo que inaugura el tramo más luminoso del año. Y, como siempre, desde hacía ya un tiempo de talla LX, se aprestó a recibirlo con batir de palmas y cantos gozosos. «Ini, mira: es Ramos al asomarse a Rímini», añadió alguien. Lo que no sabemos es si Ini miró.
(LUN, 780 ~ Micródromos. Para Sylvia Tichauer, maestra ludoverbal, por tantos regalos).