| Vista exterior a ojo de cerradura de la Casa de los Canónigos de Eburia. Foto |
(Poema improvisado en contrarrimas: con envío especial
para Pedro Poitevin, que lo propició)
Me he puesto a navegar en este barco
por las aguas profundas donde escribo
con la misma constancia con que tú abres
las vasijas del sueño y das un sorbo
que no es de luz ardiente: un mero atisbo
de lo que por sí solo basta y sobra
para saciar el ansia de la turbia
agua dura que brota de este pozo.
Es grato contemplar en la mañana
el milagro que el sol aún nos otorga
mas sin perder de vista que lo ignoto
al ojo y al sentido es cuanto tengo
guardado en mi alcancía.
Voz que afirmo,
en medio del bullicio y del amorfo
turbión que me devora: su ira adulta
percute sobre mí como una tilde
que resalta de noche los diurnos
señuelos y sus múltiples enredos.
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