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miércoles, 1 de noviembre de 2023

«SANTOS Y DIFUNTOS, ¿UNA REDUNDANCiA?»

Anciano bajo la lluvia.

 «SANTOS Y DIFUNTOS, ¿UNA REDUNDANCiA?»,

SE PREGUNTA NOSTRA

BAJO LA INMINENTE AMENAZA DE UN CASI HURACÁN

QUE CASI SE LLAMA CIORÁN

«La tradicional expresión que nos acompaña desde que tenemos uso de razón, si bien se mira, ¿no es un buen resumen de la folie de la doliente humanidad, síntoma crucial de nuestra escasa imaginación tamborilera, símbolo incluso del inconveniente de haber nacido? No nos pongamos trágicos si nos queremos cómicos. Sabemos, desde muy temprano, que nuestro destino ineludible es formar parte del gremio de los que ya han transitado y, antes de rendirnos a lo ineludible, procuramos y batallamos y hasta derrapamos para que nuestras acciones nos granjeen algún tipo de satisfacción, placeres intensos, tal vez honduras, sin duda reconocimiento, sentido. ¿Y no es precisamente por eso, porque necesitamos espejos en los que mirarnos y hacia los que mirar, por lo que nos inventamos luego luego los Santos, curiosamente nombre también de las efigies que aparecían en las cajas de cerillas o cerillos, en algunas zonas también mixtos, de nuestra infancia? Al final, qué queréis que os diga, queridos entes en fuga, mis exequiables futuros: sabéis tan bien como yo y como el otro y el otro y el del más allá que todo lo que aparece perecerá bajo el fuego… y tal y tal, de modo que no sé yo si paga la pena». Así acabo de oírle pontificar a Nostra, acá mismo, debajo de mi balcón. Como están de obras en la calle —bueno en realidad en todo el barrio y casi en medio Madrid—, han cambiado de sitio las marquesinas de los buses, que es donde últimamente suele soltar Nostra sus filípicas, y se ha venido al rellano de la entrada del garaje, así que oigo su voz desde aqui con tanta claridad como si me estuviera murmurando confidencias al oído. Tal como se ha quedado la tarde, he de reconocer que es una gran ventaja.
(LUN, 214 ~ «Las cosas de Nostra»)

miércoles, 9 de agosto de 2023

NOCHES Y OTRAS SOMBRAS DE NOSTRA

Foto de autor no identificado

«En los días de sol es cuando más valoro la llegada de la noche», me espeta Nostra a modo de saludo, y como a traición, cuando me lo encuentro saliendo yo de la tienda Los Gemelos, justo debajo de casa, de comprar un rotulador negro para el Diario.

—No me extraña —le contesto tras reponerme—. Siempre ha sido usted ave más bien nocturna.

—De pájaros y ángeles, mejor con los más frágiles.

—No es mal sofisma, con rima y todo.

—Creo que lo dijo Sótades de Maronea, pero ya viene siendo cita apócrifa.

—Apócrifa y oscura.

—Va de suyo. Indefectiblemente nos encaminamos hacia el advenimiento de la gran oscuridad, ese reino.

—No sabría decirle.

—Parece claro que, tal como se va poniendo todo, y siendo optimista, en la pinche realidad va a predominar el claroscuro, más bien con querencia a recabar y asentarse en el segundo plantillo de la balanza.

—Platillo querrá decir.

—No, no, plantillo: masculino de plantilla, que vale por pauta y norma, pero como a lo macho.
A veces me parece que Nostra argumenta improvisando, más que nada por no dar su brazo a torcer. Pero, en fin.
—Siendo esa la visión optimista —le digo después de una pausa —, miedo me da preguntarle por el complementario.

—Ese siempre va conmigo. Lo que pasa es que no puedo darle siempre voz porque se acabaría haciendo dueño del discurso. Tiene el puñetero complejo del Enano de Ébano, y ese es un síndrome no sólo incurable sino también imparable.

—Ah, si usted lo dice…

—Es lo que hago. Y ya me imagino que te cuesta, amico meu, un poco bastante lograr la compresión plena. Pero tampoco te agobies, que todo llega a su tiempo.

—No, si no me…

—Tampoco hace falta que disimules. Estoy al tanto de que, por lo general, estas cosas que hablamos inter nos luego vas y las cuentas, ¡Mortadelo!
No creo necesario advertir que en ocasiones me resulta muy complicado seguirle la corriente a Nostra. No es sólo que no acabe de entender bien lo que me dice; eso aparte, sospecho que a veces tampoco él sabe muy bien de qué va el rollo. Por eso, como ya he contado en otras ocasiones, de cuando en vez («y viceversa», apostillaría él), tengo la precaución de activar el micro de las notas del móvil y grabo su perorata para poder transcribirla tal cual. Otro día me pongo a ello. De nuevo.
(LUN, 329 ~ Las cosas de Nostra)

viernes, 28 de abril de 2023

NOSTRA A LAS PUERTAS DEL METRO

Metro de Alfonso XIII, Madrid.
Este mediodía, al salir con la perra Cleo a dar una paseo antes de comer, me ha dado un vuelco el corazón al descubrir a Nostra al pie de la escalera del metro de Alfonso XIII, muy malamente vestido y —de ahí el susto morrocotudo— en clara actitud de mendigar. A ver, no es que tenga yo nada en contra de una ocupación tan digna como cualquier otra y a la que, tal como a veces se enmarañan las cosas, no hay que descartar por completo como futurible en ningún horizonte vital, salvo en el de algunos mangantes y otros eméritos; pero ver su ejercicio puro y duro en alguien de tanta solera y tanto fundamento como el profeta de la Prospe me ha parecido demasiado p’al body, que se decía antes.
La situación era tan embarazosa, que tentado he estado de hacerme el longuis y escurrir el bulto. Pero como Cleo ha debido de olfatear a quien siempre la trata bien e incluso le da alguna golosina, ha empezado a tirar de la correa en dirección a él y, cuando me he querido dar cuenta, ya estábamos los dos frente a frente.
—¡Halá, colega, tú por acá!
—Hey, Nostra ¡qué sorpresa!
—Ya te veo, parece que te hubieras encontrado a un fantasma.
—Hombre, no esperaba…
—¿Verme así, pordioseando?
—Podías haberme avisado…
Nostra ha guardado sus artilugios de pedir, me ha cogido del brazo y, tirando de mí y yo de Cleo, hemos ido los tres hacia una esquina. Allí me ha hablado en plan confidencial.
—Esto no es lo que te estás pensando, zanguango.
—¡Ah, no?
—En realidad, estoy trabajando. Hago un reportaje para el periódico del barrio.
—Ah, ¿y eso?
—La pobreza por dentro, a ver cómo se vive, cómo reacciona la gente…
—Un experimento, cómo si dijéramos.
—Algo así, vivencias en primera persona.
—¡Nuevo periodismo, ya te digo!
—Bueno, algo de eso hay. Y de la blanca memoria de Tom Wolfe…
No sé si he contado aquí ya que Nostra, antes de trabajar en la Editora Nacional, o quizás en la misma época, hizo estudios o al menos frecuentó la escuela de Periodismo, y de entonces conserva algunas querencias de las que no es fácil oírle hablar, aunque no pierdo la esperanza de que algún día se suelte el pelo. Seguro que tiene en el zurrón experiencias memorables.
—Bueno, majete, os voy a tener que dejar. Que se me hace tarde. Y hoy, además, estoy de luto.
—¿Y eso?
—Es que se ha vuelto a morir Belerofontes y anda por ahí Pegaso hecho un mar de lágrimas.
Salidas de Nostra. No me extraña que en el barrio lo tomen por loco.
(LUN, 397 ~ «La cosas de Nostra»)

martes, 21 de marzo de 2023

LAS COSAS DE NOSTRA (EN EL OJO MISMO DE LA ACTUALIDAD)



—De Tamames, precisamente —me interpela Nostra nada más verme en el parque, junto al piano de Beethoven— quería yo te hablar. ¡Vaya marrón, tú! Aún recuerdo la tortura que nos dio allá por los sesenta, casi setenta ya, figurate, che, con su estructura económica de España, libro sin duda muy meritorio y obsequioso e influyente, en contraste con aquel peñazo del llamado Sampedro, en el que, dicho sea al trantrán y respecto tanto del libro como en cuanto al autor, ya te digo, solía ciscarse a modo y a menudo el penene aquel de la Facul, no mucho antes de los días aquellos en que O’Rivas y tú, que me lo sé yo de buena tinta, os cachondeabais de los delirios napoleónicos de la Llorca y etc., etc…
Ocurre a veces, y esta es una, que Nostra se echa a hablar como si no hubiera mañana ni acepción de personas. Él, naturalmente, sabe que yo cuento estas cosas aquí, aunque no creo que las lea, y un poco al estilo del ventrílocuo por el que a sí mismo se tiene, y teatrero en grado sumo que se sabe, siempre trata de enredarme en sus cosas para así, dice, reforzar la credibilidad del asunto, «que si no estas señoras se van a creer que todo es fricción neuronal, cagüendies…»
Como vi que sesteaba un poco me propuse animarle.
—Ya que saca a relucir al profesor Tamanes, por qué no se aventura un poco más y me refresca la aventurilla aquella de «El Libro de la Aventura»…
—¡Andá! —da un respingo—, ¡pues es verdad! ¿Me acreditarás si te digo, bandarrilla, que se me había ido la cosa por completo del flux…? ¿Y tú cómo sabes de eso, tolai? Bah, seguramente ya te habré referido moimême la peripecia..
—Algo me ha dicho, sí, muy por encima; pero si no le importa reiterarse...
—¡Vaaale! Espera que saco el puntero y me arremango. Vean que cuento, señores, si ustedes tienen paciencia, un muy afamado asunto que ocurrió en la nuestra tierra… ¡Buah! ¡Vaya toalla! El libro aquel fue un invento del eximio profesor, que siempre ha sido muy hábil en los más variopintos asuntos, asuntejos, negocios y propiamente bisnes. A menudo pergeñados con originalidad y hábil despliegue, y siempre con un afinado olfato comercial, o sea, con pasta gansa de por medio. Un tipo listo, sin duda, provisto no sólo de méritos académicos sino de evidente talento social. También un tanto maniobrero en la cosa pública, como sabe bien el alcalde Barranco, ya ha llovido, el cual más de una vez ha contado cómo fue desalojado del sillón edilicio del Foro por obra y gracia de un voto acaso un tanto artero del entonces concejal Tamames, nuestro héroe.
Tras breve pausa, el profeta continúa:
—Con el susodicho libro de la aventura se trataba de darle cierto cariz literario y periodístico, amén de mediático, al otrora famoso Camel Trophy, una de esas competiciones motorizadas de riesgo, dedicándole una publicación vistosa y sugerente, con firmas de prestigio, e ilustrada a toda pastilla… y derrapando. Don Tamanes, en tratos directos con una importante agencia de publicidad, creo que McCann, organizó todo el sarao y luego recurrió a la editorial en la que yo curraba entonces para publicarlo. Detalles varios sin tasa te podría referir. Pero lo más llamativo del asunto, y probable causa causante por la que el afaire y su desgaire no se me escurren de la perola, es que durante varios momentos de la gestación del invento el susodicho Don, por algún ringorrango que no viene al caso, se pilló un rebote de tres pares de cogollos y un cabreo galopante como he visto pocas veces. Y lo que con total seguridad no he visto nunca es el punto desaforado de humillación a que sometió, ante todo el equipo de edición y en plena sesión de trabajo, a un colaborador suyo, al que recriminó quién sabe qué despiste con voces airadas, graves insultos y un ataque de ira tan descomunal que aún estoy guipando las caras de asombros de toda la concurrencia. Un asunto feo, muy feo, ya lo creo. Y el caso es que…
Nostra se quedó pensativo unos instantes y, levantando un poco la cabeza hacia las nubes, se puso de pie y me dijo que se tenía que ir, que andaba algo apretado y se le estaba yendo el oremus.
Lo estoy viendo caminar parque arriba, con paso no diría que firme pero tampoco inseguro, y mirando de cuando en cuando hacia el banco donde yo me he quedado como el que dibuja círculos en el aire. Cuando estaba llegando al fin de la cuestecilla se para y me grita:
—Luego te posteo, si la encuentro, una foto que se publicó en ese libro. A ver si te cumple y se te acomoda para tus enredos, Tribulete.
La foto no tardó en llegarme. Es la que acompaña este texto. Tiene su punto.
(LUN, 437 ~ «Las cosas de Nostra»)

sábado, 11 de marzo de 2023

LAS COSAS DE NOSTRA

 «LAS PAREDES HABLAN», SOSTIENE NOSTRA Y SE EXPLICA

Grafiti en la calle Pradillo de Madrid, uno de los escenarios
ambulatorioshabituales de Nostra, el Profeta de la Prospe.


No descartes que la gran novela de nuestro tiempo —me dice Nostra circunspecto ya de buena mañana en su banco favorito del parque de Berlín— no se esté escribiendo en los muros de las ciudades.

A ver —continúa—, yo no creo que esa vorágine ruidosa y fea que nos asalta por doquier sea otra cosa, en su mayor número, que la manifestación beocia y multitudinaria del viejo dicho que afirma, por fas o más bien por befas o nefas o cómo coños se diga, la ubicuidad del nombre de los tontos, y quien dice nombre, dice cualquier otro sintagma o mismamente gruñido, cagüendiés, que todo hay que explicitarlo.
Pero no me negarás —prosigue— que a menudo de ese clamor más bien urbano, aunque no sólo urbano ni urbano solo, que de rural, arriscado y hasta chotuno también tiene lo suyo, nos asalta a veces un como destello de captación profunda de la realidad, un resorte o muelle, fíjate, un impulso expresivo cuyo poder reconocemos bien porque percute directo y sin permiso, recto trámite, en esa parte de nuestro cerebro reptiliano que aún es capaz de conmoverse por palabras de tacto duro, aivalahostia, mismamente la escritura de la piedra y en piedra que tanto poder hipnótico ha ejercido siempre, desde al menos la estela del Hammurabi ese de los cojones y aún mucho más allá, incluso antes de que hubiera vascos, sin olvidar los petroglifos y peñascos rotulados con incisiones aún indescifradas donde ondea, a ver cómo lo ves, un atisbo de inteligencia en verdad conmovedor.
Pero, claro —aclara— , tanto en las cuevas como en los áticos, en los sótanos igual que en los palafitos, siempre ha habido quienes y quienas, con flauta o sin ella, se han empeñado en la guarrería y el amontonamiento de mugre, de modo que a estas alturas es difícil deslizar la mirada por la piel de las ciudades sin que los akais no se no queden enredados en tal cantidad de necedades y gurruños que necesario sería un nuevo diluvio limpiador, y a toda hostia, para volver al lustre que alguna vez si acaso hubo…, en fin, en fin.
En todo caso —concluye convirtiendo sus últimas palabras en unos casi suspirillos de anciano bonachón—, las paredes, de las que durante mucho tiempo se decía que oían, ahora hablan y hablan y hablan, ya te digo, ocioso y sin embargo curioso interlocutor: ábrete de orejas y verás lo que es bueno, perillán…
(LUN, 447 ~ «Las cosas de Nostra»)

jueves, 9 de febrero de 2023

ReENCUENTRO CON NOSTRA

Tras meses sin verle la cara, esta mañana me he encontrado con Nostra, el Profeta de la Prospe, justo delante de los jardines de Medardo Fraile, un rincón muy ameno y soleado del barrio, antes conocido como “el parque del Huevo”. Lo he visto en espléndida forma, erguido, con la barba impoluta, tirando a elegante aunque sin perder su habitual aire de desaliño. Iba, además, muy bien acompañado, femeninamente, y se ha sonreído con un brillo de complicidad cuando me he acercado a saludarlo. Nuestra breve conversación me ha sido muy útil. Además de mostrarse muy afable, me ha insinuado la posibilidad de que nos viéramos en los próximos días e incluso con cierta periodicidad, y «te voy contando con detalle esos años de mi vida que al parecer te interesan». Se refiere, supongo, a las confidencias, no sé si fabuladas, que alguna vez me comenzó a hacer sobre los inicios de su vida laboral, cuando —dice— iba para crítico literario, después de haber cursado algunos años de filología clásica en la Complutense y «tras un empleo bastante bien remunerado, no te vayas a creer, en la Editora Nacional, donde me ocupé, entre otras obras, de la revisión ortotipográfica y de la corrección de estilo de varios títulos de la Biblioteca de la Literatura y el Pensamiento Universales, siempre a las órdenes del Gran Tolondretas, que por cierto he oído que acaba de transitar, y justo antes de que me embarcara en la que sin duda fue la tarea más divertida de mi vida y que tú tambien conoces: la creación del Aula del Sol, donde, como quizás ya intuyas, me ocurrieron algunas ‘fazañas’ que acaso soporten un buen cuento». Así que he quedado con él para vernos en breve. A ver qué da de sí la cosa. Porque con Nostra nunca se sabe.
(LUN, 476 ~ «Las cosas de Nostra»)

lunes, 2 de enero de 2023

EXEQUIAS

El Guirria de San Juan de Beleño en plena faena.
Foto de Juanjo Arrojo, para Turismo Asturias.

Desde su agujero invernal —lleva en él desde hace semanas, puede que meses—, Nostra me manda un ‘gusarapo’ (el nombre es suyo), con el título que ahí arriba figura y el siguiente texto: «Para ser principios de año no está mal que la prensa toda coincida en subrayar una palabra que parece el nombre de un profeta. Incluso El Guirria asturiano parece estar de acuerdo». He podido saber, tras alguna pesquisa, que el susodicho Guirria es una especie de trasgo carnavalesco, con ciertas tendencias marcadamente rijosas, que se pasea por las calles del San Juan de Beleño, en el concejo de Ponga. Junto a él, otros personajes a caballo van pidiendo el aguinaldo, en lo que puede considerarse una mascarada con reminiscencias de rito de paso y una forma divertida de comenzar el año. Lo que no he podido explicarme es por qué Nostra lo trae a colación. Sin descartar segundas intenciones, me inclino por pensar que es pura serendipia.

(LUN, 512 ~ «La cosas de Nostra»)

domingo, 2 de octubre de 2022

LAS COSAS DE NOSTRA

Jean Vignaud: Abelardo y Eloísa sorprendidos por Fulberto (1819).
Joslyn Art Museum, Nebraska. USA.

TIEMPOS TAN INCIERTOS COMO PELIGROSOS O «LA SENSACIÓN», DICE NOSTRA, «DE QUE NUESTRA VIDA ES UNA HISTORIA ENTRE PARÉNTESIS»

Otro de los mensajes que Nostra me envía por guasap contiene un largo parlamento sobre lo que él llama «Los graves peligros de la hora». En él va enumerando, con minuciosidad no exenta de cierto tono apocalíptico, las principales inquietudes que en su opinión hacen de estos días un «rincón extremo en el confín de nuestra experiencia». Y tras entretenerse en describir las «cuestiones peliagudas que ninguna mente avisada, o mínimamente en sí misma contenida, debe dejar de tener en consideración y hasta en urgencia», concluye con una referencia a una de las imágenes que también incluye en su envío perteneciente, dice, «a un supuesto relato en el que el narrador, tal vez no ajeno a nuestras preocupaciones, sostiene que, si al final llegaba de improviso la ola irremediable o la hoguera nuclear, bien quisiera que lo sorprendiese como en la escena aquella en que Fulberto descubre con asombro lo que Abelardo y Eloísa no podían ni sabían ni, en el fondo, querían ocultar». Citas de citas de citas, espejos reflejados en espejos que a su vez nos reflejan. Cualquiera diría que algo toca a su fin. O va a empezar de otro modo. Cualquiera sabe.
(LUN, 608 ~ «Las cosas de Nostra… por guasap»)

lunes, 8 de agosto de 2022

LAS COSAS DE NOSTRA

Inversión de la supuesta imagen de Nostra, un tanto camuflado
de rostroy con su atuendo veraniego. La imagen es un retrato
al carboncilloobra de la artista rusa Olga Melamory. 

MENSAJE DE NOSTRA MÁS BIEN ENTRECORTADO QUE ESPERO PODER COMPLETAR EN BREVE… Y AQUÍ SE COMPLETA

Al final el mensaje de Nostra el profeta “entró, entró”, como diría Juan José Castillo de las pelotas ajustadas a la línea de Santana, Arilla, Gimeno y otros grandes tenistas de los sesenta. He aquí, completa, la nota del profeta, con su addenda, sin comentarios, y sin correcciones ni censuras (aunque no sé, no sé).
«Derribada la casa de Borbón, la ya exreina Letizia Ortiz Rocasolano emerge al frente de un partido chachi-liberal y presenta su candidatura a la Presidencia de la República, y con un Pablo Iglesias, ya cincuentón y evolucionado hacia querencias centrípetas, como primer ministro in péctore. La operación no triunfa por muy poco, en parte por los celos crepusculares de la autodenominada de origen Ayuso de Suso que, acantonada en los bajos de Palacio de Oriente, reclama para la rebautizada como ‘Comunidaz de Madriz es Libertaz’ un estatuto de independencia “al menos tan extenso como el de los polacos”, dice literalmente, y el reconocimiento del “cheli de Chamberí” como lengua cooficial. La propuesta causa una risa frenética entre las hienas del zoo, pues nadie se la toma en serio, pero agita el panorama…. y pone en marcha otras peripecias que ya se verán. O no».
Hasta ahí la nota principal de Nostra. Pero la curiosa fantasía política (una verdadera ‘postopía’, diría yo) viene acompañada, “a modo de traca final fucsia” (sic), de este añadido:
«El vencedor político de los primeros comicios de la III Re-pública Española Silícica (RES), que ese era el nombre del avatar oficial del país antes llamado Spain en el nuevo Metaverso Terra1, fue el partido (o consorcio) UPI (Unión de Periferias Ibéricas), cuyos padres fundadores habían sido un tal Feijóo, Patxi no sé cuántos, un sobrino de Zaplana y la hija pequeña de Mohammed Ispahán, depositaria de las esencias califales, mientras que su primer candidato era nada menos que un tal Ciudadano Puigdemont. Su principal rival por la derecha era el PEO (Partido de las Esencias Oretanas), liderado por la renombrada Niña Ayuso Km0. Y por la izquierda la coalición VQNV (Vamos Que Nos Vamos), de triliderazgo colegiado Sánchez-Yolanda-Errejón, con su eslogan o lema muy aclamado “Tres para una nación”. Además del ya mencionado partido centrista de Letizia-Iglesias, el quinto grupo en discordia era un aún muy minoritario IA (Independientes Autómatas) que, pese a no estar muy clara su verdadera condición, habían conseguido inscribir su candidatura y ‘perforar’ un número pequeño pero significativo de votos. Así se disponía la otrora gloriosa RES a encarar los tiempos futuros hacia la segunda mitad de la primera centuria del Tercer Milenio…»
Y eso es todo en las notas de Nostra. O “velaílo el desbarre”, que dicen por Eburia.
(LUN, 662 ~ «Las cosas de Nostra»)

domingo, 7 de agosto de 2022

LAS COSAS DE NOSTRA

Supuesta imagen de Nostra, un tanto camuflado de rostro
y con su atuendo veraniego. Dice que sus amigos beréberes
le enseñaron que al calor se lo combate mejor con su misma moneda.
La imagen es un retrato al carboncillo obra de la artista rusa Olga Melamory.

MENSAJE DE NOSTRA MÁS BIEN ENTRECORTADO QUE ESPERO PODER COMPLETAR EN BREVE…

«Para tu guion de fantarealpolitik», me ha anunciado Nostra en un guasap que concluye con un dedo hacia abajo 👇, supongo que queriendo indicar que a continuación envía ese “algo” que al parecer me vendría bien para un “guion”. Nostra, quizás por su pasado como plumilla y sus tratos remotos con el Gran Tolondretas de la Editora Nacional (véase LUN 934), es muy respetuoso con las normas de la Academia, hasta con aquellas que le suscitan algún desacuerdo, como el conspicuo “solo” que solo cuando no hay posibilidad alguna de no superar el “vicio” de la anfibología y por tanto de no saber a ciencia cierta si alguien o algo está solo o solo está, aunque ello no sea óbice para que también esté solo y en trance por tanto de poder ser confundido con el “solo solo”…, salvo en casos así en los que es imprescindible ponerle la tilde para salir de dudas y asegurar el sentido, ya digo, Nostra me ha dicho que él se atiene a la norma, «aunque sea a costa —precisa— de cometer la descortesía de dejar compuesto y sin tilde al solo más solo de todos los solos y que quizás sólo tenga ese solo énfasis como caído del cielo por toda compañía». Nostra es un verdadero sentimental de la lengua y son estos asuntos sobre lo que le he oído pronunciarse muchas veces al profeta y no sólo cuando habla solo. Sobre lo de la “fantarealpoilitik”, en cambio, no le he escuchado ni una palabra. Así que hasta que no llegue el mensaje anunciado no sabré a qué atenerme… Y pasan los minutos, las horas, hace ya incluso algunos días… y nada. Aunque, a ver, a ver… Me entra un mensaje. Es de él, de Nostra, como siempre precedido del burrillo que tiene como icono del perfil. Transcribo: «Derribada la casa de Borbón, la ya exreina Letizia Ort….». Vaya , qué apagón más inoportuno. Ah no, que estoy sin cobertura. Las islas tienen estas cosas. Mañana regreso al continente y confío en que me entre el resto de la soflama, mensaje… o lo que él sea.
(LUN, 663 ~ «Las cosas de Nostra»)

viernes, 22 de julio de 2022

NOSTRA EN EL METROPOLITANO A MEDIANOCHE

 o

Público[Me envía Nostra un archivo de voz (se está motorizando) acompañado de esta crónica, dice que recién hecha, a pie de obra. La doy tal cual, sin editar salvo las erratas evidentes. Puede que haya otras inadvertidas en su muy peculiar jerga. Sea.]
«Hay en los éntrales de la ciudad un ruido variopinto que entre Callao y Chueca suma ondas de gradaciones derriaderas y luego, si llevas bien puestos los okicolares, verás cómo se discontinúa hasta fuliginarse por Alonso Martínez, donde puedes ochusmar a modo de auténticas campanas tubulares sólo que enhebradas sobre una bien balancillada corriente continua/corriente alterna (AC/DC, sensu stricto), y ya en Rubén Darío todo el ringobongo se remansa con claro borboteo al final de su nombre, que no en vano venimos al trompitalego desde Ópera y ya vamos a dejar el underground, pasado Núñez de Balboa y su maremoto, justamente en Diego de León, rugido aparte. Madrid la nuit es, en los furados de los subterráneos, una bAbel de todas las calañas, por lo bien visto muy despechugadas y carnimorenas, sin que ahí se agote ni mucho menos todo, y aquí y allá no es raro ver desnebularse algo así como el cielo invertido y sin final que acaso contemplara el mismísimo Max Star en su improbable sueño, eso sí, hace ya más de cien años, pero ya en los entonces seguro que prevalecían en algunos cloqueos neuronales una forma dizque sideral de sentir y de echar por delante las ganas de arrebatarle al jumo que seremos la misma voluta que un día nos negará el sol mezquino. Es en los infinitos túneles del enlace que une los pasadizos bajo casi el Hospital de la Princesa con la vieja sede cervantina, tirando por lo lejos, donde se refugia toda la soledad que la urbe nunca se permite, y por allí hay que buscar el salto desde las honduras hasta los meridianos de la noche caldeada y las pandillas mulatares copando rincones y terrazas y viendo a ver si viene lo que nunca llega ni se sabe dónde pueda encontrarse, en las ubicaciones y otros limes terrados, ay Inés, Inesita, Inés, de la ciudad que nunca duerme».
(LUN, 679 ~ «Las cosas de Nostra»)

sábado, 9 de julio de 2022

LAS COSAS DE NOSTRA

NOSTRA PEDALEANDO EN DÍAS DE JULIO, EN NO MALA COMPAÑÍA Y CON ALGUNA QUERELLA QUIZÁS ANTITAURINA, QUE NO ANTITÁURICA, DE FONDO

Una forma de mirar el mundo. Imagen ©️CanStockPhoto .com

A Nostra, aunque apenas hable de él, lo he visto a menudo en los últimos días. Lo que pasa es que está como ensimismado, más que de costumbre, y silente, acaso como nunca hasta ahora. Aunque sí se pasea, actúa y gesticula, y hasta ha montado en la Plaza algún zipizape que sería digno de relato…, si no hiciera tanta calor. Pero, en fin. Es el caso que esta mañana lo he visto andando muy decidido por Ramos Carrión y luego ha ido a sentarse a los pedales para viejos de los jardines de Mario Benedetti —antes Plaza del Banco— y, con disimulo, me he ido tras él y me he sentado en el pedalier contiguo. Ha hecho como si no se diera cuenta, pero al poco, sin dejar de pedalear, ni yo tampoco, y con un claro ademán de actor que se sabe ante el público, se ha arrancado a declamar coplas de este jaez: «Aún no he visto ninguno, ni pienso hacerlo, mas desde aquí os lo digo: estoy de los encierros… hasta los webos». La grafía final, doy fe, es del original: no es la primera vez que me doy cuenta de que el Profeta de la Prospe suele meter muchos aggiornamentos en sus filípicas. Ha seguido después con otras rimas, aunque me parecieron incomprensibles o sin mensaje seguro. De modo que me las ahorro. O, si eso, para otro día, cuando el bochorno pase.

(LUN, 692 ~ «Las cosas de Nostra»)

viernes, 6 de mayo de 2022

LAS COSAS DE NOSTRA

 LAS ADIVINDANZAS (sin fin) DE NOSTRA


Cielo con nubes sobre la Plaza de Prossperidad.

Esta mañana, no muy lejos de la puerta del mercado de Prosperidad, a la sombra (se diría) del monumento contra la guerra, y a escasa distancia de la boca del metro, he visto a Nostra, con sus cuatro animales, conversando con algunos vecinos. Bueno, eso me pareció al principio, pero al fijarme bien descubrí que en realidad se había formado un corro en derredor suyo y alrededor del cartel o pancarta que tenía delante, apoyado sobre un banco, y en el que, con buena caligrafía, podía leerse: «Adivindanzas: El recluta en el cuartel porque nunca sale de él. ¿Por qué será? ¡Está d’ raro…!» Para acertijo me ha parecido un poco extravagante, y más tratándose de un profeta o augur como es nuestro amigo. Pero dándole vueltas y olisqueando, como si fuera el sabueso galo de un famoso filósofo a la española (¡vaya ocurrencia!: pero es una valiosa pista), no tardé en encontrarle una posible solución. Aunque nunca se sabe. ¿Jugamos? Eso sí, por favor, discretamente. Ah, y ya de paso, ¿cuáles serán los cuatro animales de Nostra? ¿Y qué me dicen del “sabueso galo de un famoso filósofo a la española”? Son todos juegos de palabras. ¿Pero acaso hay por acá otra cosa? Hay días en que los poderes de Nostra son incontrolables y se extienden hasta cubrirlo todo. Hoy es uno de ellos. Pero es preciso mantener el decoro (en sentido clásico) y respetar, siquiera mínimamente, las reglas de la ficción. Y el que esté libre de heterónimos y, más aún, de anónimos con ánimo, que tire la primera línea. No sé bien qué pensará de verdad el verdadero Nostra de todo esto. Ni cómo se sale de una buena vez de algunos acertijos bifurcantes como los senderos del borgiano jardín. Ay, qué leche, si parecía tan fácil... «¡Pero, Blas, dónde vas?», oigo que me dice. Nostra. Y hasta me parece que me mira con gesto amenazante. Ciao!
(LUN, 754 ~ «Las cosas de Nostra»)

viernes, 29 de abril de 2022

LAS COSAS DE NOSTRA

REENCUENTRO CON NOSTRA EN UN VIEJO TERRITORIO DE LEONES Y EN POS DE UNA PALABRA

Jacopo Tintoretto: Retrato del rey Segismundo II Augusto, hacia 1570.
Kunsthistorisches Museum, Viena.

«Hay palabras —me dijo Nostra, el profeta de La Prospe, en Territorio de Leones, al terminar el coloquio subsiguiente al convivio en el que casualmente coincidimos la otra tarde— que nos eligen. No te quepa duda la menor, chavalote. No sabemos por qué. Pero un buen día, quizá un poco talmente a deshora, más bien ya “de anochecida”, que diría Claudio, se nos aparecen, se aposentan y fundan lugar y tienda en nuestros gustos; o sea, Oseas, que se nos imponen como título o rótulo o datáfono o consigna de un grito, cagüendiez, incluso como santo y seña para ponerle nombre propio a alguna empresa o batalla por librar, esas quimeras con las que tan a menudo nos entretenemos y torramos y perseveramos, qué sé yo…. El caso es que, verás fierabrás, esas palabras se quedan a nuestro lado con un punto de familiaridad tal, que a veces llegan a confundirse con nuestros nombres más queridos, vaya grima». Dio un manotazo al aire, como si quisiera espantar a algún moscón, y prosiguió ya por completo ensoliquiado, dueño de todo el espacio sonoro y hasta icónico en muchas millas alrededor: «Incluso, fascinantes, hurgonas, hechiceras, esas palabras pueden provocarnos la ilusión de que son de nuestra propiedad, como si su existencia tuviera algo o mucho que ver con nuestra propia vida, si serán pendejas…». Aquí creo recordar que comenzó a embarullarse (‘embulleirarse’ dice él) más de lo habitual y no consigo recordar lo que pude haber entendido. Luego hizo una larga pausa y puede que, de pie y todo como estaba y sin inmutarse, incluso echara una cabezadita. Minutos después, tras un respiro hondo, tal si regresara de quién sabe dónde, juraría que por fin me vio de cerca y me miró, no sé si a los ojos, pero casi, y remató la cháchara: «Desde hace bastante tiempo, pongamos cuatro décadas, una de esas palabras para mí es “territorio”, a menudo con versal inicial, pero también sin ella. Ni que decir tiene que, tanto o más que en el aspecto físico o meramente geográfico, esa palabra se refiere al espacio en el que de verdad vivimos: el lenguaje, ¿capisci? Y, también, a renglón seguido, pero cómo si no, al lugar de la escritura: este ‘territorio de gestos fugitivos’ (aquí me guiñó ostensiblemente un ojo) con el que pretendemos descifrar el mundo. O, al menos, tratar de hacerlo menos salvaje e inhóspito. No sé si lo pillasssssss…». Silbó largamente al final de la última palabra y se quedó como en suspenso. Por esta vez ya no dijo más. Aunque sé bien que no tardará en volver a las andadas.
(LUN, 761 ~ Las cosas de Nostra, autofagias)

martes, 22 de marzo de 2022

UN PASEO CON NOSTRA BAJO LA LLUVIA

Gustave Caillebotte: Calle de París en un día de lluvia (detalle), 1877.
Art Institute of Chicago.

Hoy, bajo la lluvia primaveral, he vuelto a cruzarme con Nostra, el profeta de la Prospe. Iba solo, sin paraguas, paseando lentamente con aire reconcentrado y en aparente silencio. Como yo llevaba mi parasol tridentino de tres plazas, le he invitado a cobijarse. Y, no sin un gesto de sorpresa, ha aceptado, aunque dudo que me haya reconocido. Bueno, tampoco es que tenga que saber quién soy, por más que hable de él a menudo y lo considere uno de los vecinos egregios del barrio; incluso griegos, en el sentido clásico del término. Nada de esto le dije, en parte porque enseguida empezó a hablar él. O quizás sería más apropiado decir que se puso a verbalizar sus pensamientos, no digo que ignorándome —de vez en cuando apretaba mí antebrazo para subrayar algún término—, pero sí yendo claramente, por así decir, a su bola y por completo arrimado al calor de sus propias cavilaciones.
«El mundo —iba diciendo mientras paseamos por la acera del Auditorio en dirección a la plaza de Cataluña— se nos está convirtiendo en una pura correa de transmisión de la desgracia. Un frenético giro de cangilones que no cesan de desaguar, en sus imparables círculos de derviches, turbiedad y congoja, barro y opresión, pestilencia y pesar. Es casi imposible sustraerse al dolor permanente, a las infinitas formas de tragedia que nos cercan por todas partes. No podemos dejar de ser conscientes. Pero tampoco, qué carajo, es posible vivir a la intemperie sin descanso».
Seguimos andando un buen rato en silencio. Al llegar junto al bosquete de olivos próximo a Pradillo, Nostra se paró en seco, sin importarle la lluvia que arreciaba, y plantándose frente mí recuperó de pronto todo su énfasis de orador, hasta el punto de que de no ser por lo destemplado de la orilla y la brevedad de su discurso sin duda se habría hecho corro. «”Dame una salida” —dijo—, solían gritar los héroes, o víctimas, de “Matrix”, cuando todavía había cabinas telefónicas. Ahora venimos aquí, a esta especie de alma portátil que creemos compartida, y lo contamos. Pensamos en voz alta. Peroramos. Seguimos sin saber bien (ni mal) por qué. Las palabras nos acunan. Son un mar que nos salva, al menos mientras duran, del vacío». Y tras una pausa y una mirada inquisitiva en derredor, dio una rápida vuelta sobre sí mismo y concluyó: «Y luego, ¿qué, eh? ¡Si te he visto, Merimée! ¡Nos ha jodío!».
Confieso que me quedé en estupor de facto. No tanto porque ignorara que Nostra fuera amante del cine como por cómo dijo las últimas frases, al tiempo que blandía en sus manos un teléfono móvil que sacó de su faltriquera y que, por su tamaño, bien pudiera considerarse un hermano gemelo de aquel mítico zapatófono que el agente Maxwell Smart (¿Smartphone?) exhibía en los muy divertidos capítulos de aquel, también profético, “Superagente 86” que tantos buenos ratos nos proporcionó a los niños, y supongo que también a las niñas, de finales de los sesenta. Que ya ha llovido.

(LUN, 799 ~ Las cosas de Nostra) 

miércoles, 23 de febrero de 2022

LAS COSAS DE NOSTRA

 LA REALIDAD

Salomon Koninck: Un filósofo, 1635.
Museo del Prado, Madrid (no expuesto).

Me limito a ser un mensajero. No sabía que Nostra manejara el guasap. Pero esta mañana me ha llegado este mensaje. Con su firma. Y precedido del título que estas líneas encabeza. Cortipego.
Mico sueña marrullero
suya sorna sasumimos,
molienda rala capulla
al socaire se amañueca.
Se descalabra la polka
y en el refajo del cobre
lo que brilla es pordosiera
de lo balánido esputo.
No más menos recoleto
de testuz laval barrunta
la racánida su onagro.
Al volver sombrío el numen
sin desalojo el rabillo,
cándulas corsarias triscan.
No revelaré ningún secreto si digo que lo único que entiendo cabalmente —y si acaso— es el título.
(LUN, 826 ~ Las cosas de Nostra)

sábado, 6 de noviembre de 2021

LAS COSAS DE NOSTRA (8)

CONFESIONES DE NOSTRA EN UN INUSITADO, EN ÉL, TONO CONFIDENCIAL O PUEDE QUE SÓLO ALGO AUTOCOMPLACIENTE PERO SIN RINGORRANGOS

Hombre de rasgos hindúes mirndo a cámara. Foto de Rawpixel.

Me dijo Nostra, una de las veces que me hizo confidencias, no sé si imaginarias, sobre su vida, y mientras ambos pedaleábamos en uno de nuestros rincones favoritos de los ahora llamados Jardines de Mario Benedetti, que «en los inicios de mi vida laboral yo iba para crítico literario, después de haber cursado algunos años de filología clásica en la Complutense y tras un empleo bastante bien remunerado, no te vayas a creer, en la Editora Nacional, donde me ocupé, entre otras obras, de la revisión ortotipográfica y corrección de estilo de varios títulos de la Biblioteca de la Literatura y el Pensamiento Universales, siempre a las órdenes», seguía diciendo pero bajando la voz y con gesto chismoso, «del Gran Tolondretas», curioso personaje del que otras muchas veces me ha hablado y del que tal vez refiera más cosas otro día.
En una de estas confidencias sobre, digamos, temas relacionados con asuntos literarios o librescos, Nostra me dijo con extrema seriedad algo que, al igual que otras muchas de sus “cosas”, dejé anotada en una de mis libretas y que ahora, en esa tarea incesante de remover papeles en que se ha convertido mi vida, me ha salido al paso. Dice así: «Pese a lo que a menudo parece, las palabras no son de los poetas. Y menos de quienes utilizan la palabra “poeta” con una cierta conciencia de clase, como si sólo el usufructo que ellos hacen del lenguaje pudiera considerase digno y todo lo demás fuera torpeza. Por eso mismo, muchacho, desconfía siempre de quien te palmee la espalda para elogiar algo que te haya oído o leído. Seguramente está condescendiendo, y del escalón de la condescendencia al peldaño de la grosera autocomplaciencia y de ahí al abismo de la irrisión hay muchas posibilidades de llegar de un solo impulso. Porque, ¡ayvalahostia!, quién puede decir impunemente a alguien tú eres esto o tú eres aquello, mira a ver, si no es para tramar cierta influencia sobre él, aparte de la estulta autoridad que quien así habla y palmea se autoconcede como es fama que hacía, y con toda la jeta del mundo, el legendario Rey Pocholo, al que siempre le gustaba marcarse un baile solo, etc., etc., etc…».
Estas últimas abreviaturas, cuando las emplea, Nostra las suele pronunciar insinuando una especie de bailecillo taconeado con los pies, mientras gira las manos en plan rodillo como si estuviera dando cuerda a un gigantesco muñeco imaginario. O algo así. Que no es fácil acotar con palabras su muy peculiar lenguaje corporal, propio de alguien que carece no tanto del sentido del ridículo (que también) como de lo que en alguno viejos tratados ascéticos se denomina “acepción de personas”.
(LUN, 934 ~ Las cosas de Nostra)

domingo, 31 de octubre de 2021

LAS COSAS DE NOSTRA (7)

ALGUIEN ANDA DICIENDO POR AHÍ QUE LA QUE SE AVECINA VA A SER GORDA Y QUE NOS VAMOS A ENTERAR, COMO SUELE DECIRSE, DE LO QUE VALE UN PEINE…

Retrato de anciano en dos tonos.

Otro lugar que le gusta bastante a Nostra es la terraza de ‘La Barbacoa del Parque de Berlín’. Suele pasarse por allí algunos fines de semana, aunque con más frecuencia se entretiene dando pedales en los ciclos estáticos de la zona de gimnasia para viejos. Fue allí donde le oí recitar, casi a ritmo de rap, la siguiente perorata: «Alguien anda diciendo por ahí, queridos escuchantes y mirones de todos los sexos y apetencias, que nos acercamos a otra guerra. No sé. Tengo la impresión de que ya se están librando feroces batallas. Y, según dice mi afín El Teclas, en la DeepNet sobre todo. Aunque rescoldos de ese combate, según me dice también él, a veces emergen en forma de apagones, pandemias, carencias, inflaciones, desconciertos.. ¿Qué se disputa? Lo de siempre: la usura insaciable de lo que lo tienen todo pero quieren más. Tal vez alguna quimérica “poción” de vida eterna. Sin olvidar el infinito gusto endemoniado de apalear carne, neuronas, sueños. El “enemigo”, además, juega con el factor sorpresa: la inconsciencia o ignorancia del común. Y el narcisismo de los iniciados. No sólo está en juego la libertad de las conciencias, sino el hecho mismo de que algo digno de tal nombre siga siendo posible. Pero no tengo ninguna duda: vencerán los hijos de la luz…; eso si, después de pagarla a precio de vellocino. Al fin y al cabo, las causas más audaces y elevadas se dilucidan en los pequeños detalles. Y en definitiva, oídme bien amigos y amigas, sobre todo amigas y también vosotras, oh almas cantarinas y de cántaro, no perdamos el oremus ni demos pábulo al escalofrío porque el final está aún por escribir… ¿Quién se paga una birra?». Dicho lo cual, Nostra se vino derecho hacia mi mesa, dispuesto a echar el resto de la tarde en una sosegada y transparente contemplación. Ya somos dos en el alambre.

domingo, 24 de octubre de 2021

LAS COSAS DE NOSTRA (6)

«GANAREMOS AMPLIAMENTE SI OBSERVAMOS LA PERIPECIA AL UNÍSONO», DICE EL PROFETA MIENTRAS TRATA DE AVERIGUAR ‘QUÉ SE FIZO’ DE LA ESQUINA DEL BERNABÉU

El profeta de barba blanca. Foto Pigsel.

Desde la plaza de Cataluña el camino más corto para acceder al Bernabéu es la calle Segre, que en su tramo superior, antes de cruzar Serrano, recibe el nombre de Cinca. Es un camino que el Profeta, según me ha dicho alguna vez, recorría antes muy de tarde en tarde, y nunca en fin de semana, pero que ahora, desde que vio alzarse sobre el estadio las —son sus palabras— «grúas más potentes y altivas que vieron los cielos», le atrae «como tulipa de luz a mosquito» y «no te vayas a creer», me confesó, «por el motivo más peregrino que pueda nadie imaginarse, incluso tú: fíjate que no logro quitarme de la cabeza una idea por eso mismo fija y que es nada menos, manda güevos, que saber qué se fizo de la Esquina del Bernabéu, aquel rincón tan apañado, recogidito y devoto, pues no en vano se encontraba afrontado a la sombra misma del torreón del Padre Damián, lugar y patronímico estos de los que tengo en mi memoria surcos hondos y bien provistos de matices y tropiezos en los que acaso debería demorarme, pero otro día que hoy se me hace tarde».

Nostra me explicaba estas cosas en la acera del Paseo de La Habana con Concha Espina, mientras admirábamos los dos, justo enfrente, el poderoso brillo de la nueva techumbre metálica del estadio —dicen que Florentino de pequeño era aficionado al Meccano— y, un poco más arriba, un incesante trasiego de tráfico aéreo de gran altura que estaba convirtiendo el prodigioso cielo de las últimas horas de la tarde en algo parecido a la cuadrícula de un crucigrama. Debíamos de estar pensando en lo mismo (y aquí vendría bien insertar la frase, también suya, que he entresacado para el título: a ti te toca, lector o lectriz, arrimar el hombro) porque, antes de decirle adiós y enfilar mi ruta de regreso a casa, Nostra me miró con una gran sonrisa y, haciendo con la mano el gesto del que escribe o el del que dispara (qué no estaba nada clara el garabato), me gritó: «¿Yunque de platero? ¡Tas!».
(LUN, 948 ~ «Las cosas de Nostra»)

miércoles, 20 de octubre de 2021

LAS COSAS DE NOSTRA (5)

LA DIATRIBA DEL PROFETA CONTRA LA POR ÉL LLAMADA «PLÉTORA DE IMÁGENES DE NUESTROS DÍAS» Y SUS DIFICULTADES PARA LLEVAR A BUEN PUERTO Y SENTIDO EL PARLAMENTO AL LADO MISMO DEL AUDITORIO NACIONAL



Asomado, como dije, a la Plaza de Rodolfo y Ernesto Halfter, justo enfrente al Auditorio Nacional de Música, pero girado un poco hacia el edificio de la NWG, cuyo frontispicio esta decorado con grandes placas escultóricas que representan a algunas musas, he aquí lo que predicó Nostra ante un público tan escaso que de hecho sólo estaba integrado por mí mismo y un hombre de indefinida edad (o sea, un viejales) cuyo perro, un mestizo Yorkshire, campaba a sus anchas y al albur de sus esfínteres sobre la hierba de los parterres.

Y dijo el profeta: «Puede que todo lo que se pueda ver aquí haya sido retratado en innumerables ocasiones, en estos tiempos en que una buena porción de lo visible se fotografía decenas de miles de veces, incluso millones, y cuando los dioses de la modernidad, en su mayoría grandes deportistas y todos ellos héroes del espectáculo, han conseguido colonizar nuestras mirada y el rincón de los reflejos miméticos hasta extremos que nunca logró divinidad alguna del pasado, ni en ningún panteón, y eso y esto y aquello, todo junto, hasta hacer de nuestras vidas una sucesión de gestos automáticos cuya única explicación es que el movimiento, una vez iniciado, tiene que proseguir y proseguir, que es en lo que mayormente se demuestra el carácter peculiar del movimiento, una vez que se inicia e iníciase una vez peculiar y su carácter, no sé si me explico, por la razón de que el movimiento sólo admite la explicación de unos mismos automáticos gestos de sucesión en una vida que como la nuestra llega a hacer que ocurra lo que sólo y ni siquiera algunas divinidades… o sus miméticos reflejos… los del rincón… nuestras miradas…»
Tras balbucear con creciente desconcierto estas últimas palabra, su voz se fue volviendo ininteligible y, ya visiblemente alterado, Nostra dio un respingo (me pareció escucharle el inicio de un “mecagüentó lo que se menea”, que ya le tengo oído alguna que otra vez), se acercó a su público —es decir, a mí, porque el viejales ya se había largado— y, con ese gesto de cándida nobleza que también le he visto otras veces, me dijo: «Creo que me he liado un poco, pero el mensaje está bien claro». No dije nada. Él me puso una mano sobre el hombro, como si me diera la alternativa, y musitó: «Es que este sitio impone mucho, chaval. No hace ni un año que vi salir por esa puerta al mismísimo Bob Dylan». Y mirándome como hubiera podido hacerlo Moisés con las piedras de la ley en la mano, se dio media vuelta y se fue.
(LUN, 952 ~ Las cosas de Nostra)