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miércoles, 14 de junio de 2023

SÍNTOMAS

A estas alturas, y con la calor bruta en puertas, mire usted, hacerse perdidizo no tiene ningún mérito. Ninguno. Y sin señalar, eh, sin señalar…
(LUN, 351 ~ «Al pie de Goya»)

martes, 2 de mayo de 2023

VERA REPRESENTACIÓN DEL 2 DE MAYO

 

Francisco de Goya : Duelo a garrotazos o La riña, 1819-1823.
Óleo sobre revoco pintado en la Quinta del Sordo y trasladado a lienzo.
Museo del Prado, Madrid.

(LUN, 394 ~ «Al pie de Goya»)

lunes, 27 de febrero de 2023

ENSAYOS

Goya: Ensayos, lámina núm. 50 de la serie «Los Caprichos», 1799.
Museo del Prado, Madrid.
«Tal vez se crea usted —me dice— que hago esto por capricho. Y no diré que no. Pero, si se fija bien, verá que no me privo. Ni me escondo». Le creo. Y me fijo. Esto es un continuo aprendizaje.
(LUN, 459 ~ «Al pie de Goya»)

jueves, 13 de octubre de 2022

EL CÍRCULO

Goya: Hombres leyendo, también conocida como
La lectura o Los políticos;entre 1819 y 1823, Museo del Prado, Madrid.
Pintura al óleo sobre muro trasladada a lienzo.
Es una de las “pinturas negras”.
La situación se había complicado de tal modo que tuvieron que volver a descifrar los signos.
(LUN, 596 ~ «Al pie de Goya»)

jueves, 9 de junio de 2022

El ROTO / RÁBAGO / OPS: TRES EN UNO

 


(Al filo de los días). «Tres artistas en uno y un solo creador verdadero». Así se podría resumir, prescindiendo de todo aroma dogmático, la experiencia a que desde ayer nos invita la singular galería Veta by Fer Francés, abierta hace unos meses en un cogollo semindustrial del barrio de Carabanchel, en el amplio espacio de lo que fue una imprenta. Buenos efluvios. Se trata de la exposición «Tres en uno», compuesta por obras de Andrés Rábago y sus avatares artísticos, EL ROTO y OPS. Fue un verdadero placer asistir a la previa a la inauguración, poder departir brevemente con el artista, su familia y algunos amigos, entre ellos el gran Manuel Vicent y, sobre todo, recorrer pausadamente una muestra que se articula en cuatro espacios expositivos, muy bien articulados y de creciente intensidad.
La gran sala de la entrada, diáfana y respirable, está dedicada a acoger una selección de «100 viñetas 100» de las que cada día El Roto nos regala en El País, a menudo dando en el clavo de la cuestión candente. Muchas veces también metiendo el dedo en la llaga. Y siempre levantando el vuelo de la reflexión sobre asuntos de interés, incluidos los que con demasiada frecuencia corren el riesgo de ser pasados por alto. Ese hilo de meditación y denuncia que el artista, en su faceta de comunicador e incluso de agitador social, nos brinda cada día, en el papel —a quienes aún traficamos con Gutenberg—, o entre cristales —ya más comúnmente, en la zombisfera—, se ha convertido en un verdadero punto de contacto de la vida comunitaria, algo así como «un supremo ejercicio de resistencia en la dignidad del pensar», como sobre poco más o menos me dijo un profesor de filosofía presente en el evento.
El siguiente recinto, una sala de más reducidas dimensiones, está dedicado a «No se puede mirar», el singular diálogo de altura que el artista ha mantenido con la obra gráfica de Goya y que ya estuvo expuesto en el Museo del Prado. Palabras mayores: que El Roto, en este avatar suyo de testigo intemporal de un tiempo concreto, es lo más parecido que hay en nuestro panorama artístico a lo que fuera el Goya cronista gráfico de otra época convulsa, es ya casi un lugar común. No insistiré en ello, aunque tampoco perderé la ocasión de resaltar que esta sección es, por sí sola, una página excepcional del arte gráfico de este siglo y como tal debería pasar a los libros de texto. Alguna estampa, como la del perro Goofy suplantando algún lugar de culto de nuestra sensibilidad, en el dibujo titulado La contaminación, es probable que hubiera hecho las delicias —sobrias pero firmes — de Sánchez Ferlosio. Un suponer.
Mayor novedad para mí supuso el contenido de la tercera sala, la dedicada a la obra del A. Rábago ortónimo: por entendernos, la manifestación del artista en cuanto pintor, con una paleta muy colorista y vivaz, y unas composiciones de marcados juegos geométricos y cierto aire onírico. Aún resultando coherente con el resto de la obra, es un apartado que ofrece un cariz más autónomo y más, por así decir, en clave de artista. También, un contrapunto vital de luz y color, otra dimensión de la vida de cada día. Cuelgan allí una veintena de obras que por sí solas darían pie para indagar en la propuesta estética de una creación tan personal como bien enraizada en una tradición muy reconocible: la de la pintura metafísica italiana de principios del XX, en la estela de Chirico, por ejemplo. O las propuestas de esa madre de todas las vanguardias que fue Dadá. Y es también la parte más “literaria”, donde se hace presente —o se intuye— una notable carga de diálogo con corrientes, autores, escuelas, argumentos o asuntos que podrían vincularse con los mundos de, por ejemplo, Musil, Kafka, Borges. O Pessoa, con su tribu a cuestas.
Y, finalmente, en la sala del fondo, verdadero sancta sanctorum de la muestra, se accede a la estancia (o morada) interior donde viven los sueños y corren las aguas del subconsciente. Allí se muestra una de las obras míticas de ese “maestro del decir callando” que fue OPS: La ría, una especie de relato gráfico de marcado cariz expresionista, quizás también deudor del gran cómic americano, y que versa sobre, por así decirlo, las inundaciones y avenidas de la realidad en el fondo de las conciencias (entre otras muchas posibles “lecturas”). Pude comprobar que es una obra que sigue teniendo un gran poder de conmoción. Y que quien está tras ella es, con toda probabilidad, el verdadero padre estético y sentimental de los artistas que han emergido después.
Fue, en suma, un periplo intenso y emocionante por la triple personalidad de un artista al que alguien a mi lado, con visible entusiasmo perplejo, definió como “lo único que nos va quedando de un mundo que ya no existe”. Una forma de verlo. Naturalmente hay otras. Poder disfrutarlo es mucho. No se lo pierdan.

Y como propina, esta excelente entrevista que he pescado en Youtube. Larga y elocuente.



lunes, 11 de abril de 2022

LA TRAMA INEXTRICABLE

Francisco de Goya: Hilan delgado, grabado núm. 47
de «Los Caprichos», 1799.

Ya sean alcahuetas, remendadoras burgalesas de virgos, moiras o meras hilanderas, no me vaya a decir vuacé que en estas figuraciones no se le representa a vuacé mismo, sin ir más lejos, no ya alguien conocido, que también, sino sobre todo el ejemplo concreto de esas maneras de ser que tantas veces ha visto aquí y allá, y cuyo objeto más perentorio, a falta de otros que se nos escapen, consiste en seguir tejiendo la trama inextricable de los días garduños, el efecto imparable de la degradación, la sutileza más honda de las edades que nos van consumiendo y nos ven consumidos y, sobre todo, el fuel (sic) retrato de las almas que nos han hilado en su rueca y su copo y su tresbolillo, sin olvidar la escoba —no hay que olvidar las escóbulas— que, concluido el sueño, y antes de que se transforme en pesadilla, servirá para emprender el vuelo hacia otros ámbitos de contemplación, quién sabe, tal vez la duermevela de un bufón de la Corte que no atina a quitarse los zapatos. Con todo y con eso, no se vayan de acá sin antes ponerles un nombre a cada una que las individualice. Los míos son: Chichona, Leporina y Billisqueira. Ah, y al manojo de infantes que cuelgan por detrás, mejor no mirarlo mucho, no vaya a ser que se ponga en marcha una imparable rueda de reconocimientos.
(LUN, 779 ~ Al pie de Goya)

viernes, 13 de diciembre de 2019

El invierno ya está aquí

La imagen puede contener: una o varias personas
Francisco de Goya: La nevada o El invierno, 1786. Museo del Prado, Madrid.
Una vez cuando era joven, mucho más joven, escribió en un verso, que entonces le pareció aunque hiperbólico también consistente, «las inclemencias de la carne». Pasado el tiempo, aunque a regañadientes pero no sin cierta satisfacción utilitaria, considera que tal vez hubo una vez en sus neuronas un aliento precoz de lucidez. Y se duerme acunado por el oleaje de la palabra “inclemencias”. Si será capullo...
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viernes, 5 de julio de 2019

El Atorrante

La imagen puede contener: una persona, sonriendo
Goya: El tío Paquete, h. 1818-20. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.
Nunca sabes cuándo te saldrá al paso. No lo desprecies. De sus torpes palabras siempre se aprende algo. Luego, olvídalo, olvidalo.
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lunes, 26 de noviembre de 2018

Deja de decir tonterías

La imagen puede contener: una o varias personas
Goya: Las viejas (también conocido como El tiempo o Hasta la muerte), h. 1810-1812.
Palais des Beaux-Arts de Lille, Francia.
Me encontré con ellas poco antes de llegar al portal. Caminaban muy lentamente y sin querer fui oyendo, y luego ya, queriendo y escuchando:
—Deja de decir tonterías, vale ya de decir tonterías, que siempre están diciendo las mismas tonterías. Que no tienes ganas de... (inaudible). Todos lo años igual. Que no tienes ganas de (ilegible)... ¿Pero has tenido alguna vez ganas de algo?
Y se perdieron por las calles dudosas del otoño.
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viernes, 5 de octubre de 2018

El otro lado

La imagen puede contener: exterior
Francisco de Goya: Dos viejos comiendo sopa. De la serie "Pinturas negras”, 1819-1823.
Museo cel Prado, Madrid.
—¡Míralos, ahí los tienes, comiendo como si no hubiera mañana!
—¡Calla, calla! No vengan a pedirnos.
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