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miércoles, 13 de noviembre de 2024

«Mientras por competir con tu caballo»

También a La Prospe llegó, fresco, feliz y bien aparejado, el caballo gongorino urdido por César Rodríguez de Sepúlveda y llevado al hipódromo con el concurso gentil de Paco Caro y la escuadra de Mahalta. Una noticia errátil y ‘erratil’ a la que el genio plurinacional del maestro Poitevin vino a dar recorrido peninsular fue congregando muy diversas voces y galopadas, y al final el corro se armó y aquí fue Troya (cosa también de un caballo). Cuando llegó mi turno, temprano, quise que en la rueda de la improvisación, además del pie (o pezuña) del primer verso, se incluyera en el segundo el verso último del galope anterior, lo cual le hubiera dado a la rueda rueda un plus de juego colectivo. Pero es bien sabido que estas tecnologías tan urgentes también son harto confusas, y al final cada uno hizo de su capa un sayo, o de su pollino un bayo, y así nos vestimos todos. El resultado es magnífico. Y, sobre todo, divertido. Seguro que dará pie para alguna cuchipanda. Y para otros envites, a poco que algo se nos ponga a… tirios y (otra vez) troyanos.
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César Rodríguez de Sepúlveda, Antonio Del Camino Gil y 26 personas más

 

domingo, 20 de marzo de 2022

Erratas errátiles y otros roedores

(En voz alta). La imparable proliferación erratil, tan errátil ella, hace ya hace tiempo que firma parte de guerra permanente en el mundo que nos rodea, e incluso se convierte en una palanca creativa nada desdeñosa, yate digo, cuando es sólo modesta nave o incluso barquichicuela, o cosas así. En fin, bromas aparte: no dejen de leer este interesante artículo sobre “el mal de nuestro tiempo” en lo tocante a la comunicación escrita y, especialmente, en todo lo que tiene que ver con la edición, en cualquiera de sus formatos. La verdad es que hace ya mucho que uno de los asuntos recurrentes de conversación con mis queridos colegas del mundo editorial es el creciente desprecio hacia la corrección de errores, erratas incluidas, hasta el punto de que solemos coincidir en contarnos experiencias de cómo, una vez evidenciada y con pruebas palpables la mala calidad de esta o aquella publicación, la respuesta suele ser la indiferencia o incluso el desprecio. Y, como consecuencia, la inacción: y así las criaturas erróneas se multiplican como roedores. Y eso incluso entre personas consideradas cultas (profesores, periodistas, poetas…), que a menudo fruncen el ceño cuando se subrayan estas evidencias y no cesan de ofrecer una de las pruebas más claras de que el mal ha calado muy hondo.

lunes, 28 de diciembre de 2020

Erratas o falos


(En voz alta). Se diría la “inocentada” del día, pero sólo era una errata. Y no tardó en corregirse. Pude no obstante hacer un pantallazo de la página nada más leerla y aquí queda la muestra para la hipotética antología general de erratas, errores, deslices y otros trabucamientos. Dejo a la perspicacia y curiosidad del lector el hallazgo del fallo y quedo a la espera de sugerencias para hacerse cargo de las características de un instrumento capaz de tales afecciones. Cosas veredes.