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lunes, 27 de septiembre de 2021

Al sur de la ciudad


Y cuando la juventud nos sonreía
salíamos del ritmo tan marcado de la noche
forzando algunas puertas falsas
y a veces en los bares
quedaba abandonada
una sombra o el relevo
que no podíamos ver
de costumbres tan de pronto abolidas
que no sabíamos cómo
reemplazarlas
ni qué hacer con los juegos
de amores compartidos
ni tampoco con aquellas sensaciones
que llegaban cabalgando en el humo
y eran la prueba misma
de que había un error de fondo
en los principios primeros de la ley
y tal vez una larga cadencia corrompida
en los alrededores de la gracia
allí donde el misterio se revelaba
más que falso incapaz
de contener
los círculos concéntricos
que la inocencia como una desvalida
prueba de la noche a solas
trazaba sobre el cerco de la luz
en los antros de aire irrespirable
y belleza convulsa
mientras las puertas
del deseo
con su hojas batientes
dirigían con ritmo bien marcado
el rumbo y la frontera
de nuestros pasos
a los oasis
del sur de la ciudad
y ahora de todo aquello
que tal vez no fue así
o quién lo sabe
solo queda la música.
(«Hojas sueltas del lunes», 83 ~ “La noche sin excusa”)

lunes, 16 de agosto de 2021

Prosa

 
Cuando contemplo el cielo de luces estrellado, es difícil no caer en la cuenta de nuestra poquedad.

Pero también emerge, como agua brotada, que tal vez sea esa casi minucia sintiente y pensante la única entidad conocida capaz de darse cuenta.
He ahí la gran paradoja de nuestra corta vida, durante la cual sin embargo algo en nosotros aspira a ser consciente de “todo lo que ocurre”. Y a vivirlo.
A fin de cuentas, a ver si va pasando la calor. Y que el clima, con los coletazos de sus muy variopintas estadísticas, no nos pille —ay, hermanos, semejantes hipócritas— en alguna de sus múltiples trampas.



lunes, 10 de mayo de 2021

Ýcaro

De pronto es esta luz,
su urgencia extrema
en el filo falaz de la costumbre,
el precio que pagamos por el peso
de vivir de prestado
y dar en cada
movimiento de vida
una respuesta
a las preguntas ciegas
y al abismo
donde más tarde —o mismo ahora—
comenzaremos
a precipitarnos.

lunes, 12 de abril de 2021

El lugar del crimen

(Ilustracón sonora: Carlos Núñez)

Le pregunto al poema si sabe que yo existo.
Y él, como acostumbra, tuerce el gesto
e ignora —o finge hacerlo— que he venido a buscarlo
donde siempre:
al lugar del crimen.
Al poema, monarca caprichoso,
no le gusta nada
—pero nada de nada—
que yo diga de él
que es el lugar del crimen.
Pero lo es. Lo es.
Y bien lo sabe.
Lo que el poema ignora
—o finge hacerlo—, sin embargo,
mientras se alza la solapa adversativa,
es quién será aquí la víctima,
quién el testigo
(el verdugo se da por descontado).
Yo sí lo sé. Lo sé. Aunque lo calle.
(Hojas sueltas del Lunes, 63; “La noche sin excusa”)

lunes, 9 de noviembre de 2020

Seda

 


Comparecen en mis sueños gentes a las que nunca he visto.
Me hablan afablemente, me regañan.
Mencionan realidades de las que apenas tengo referencias.
Suben a altillos en los que nunca he estado.
Saben de mí —eso parece— más que yo mismo.
Y saben mejor que yo que viven en un sueño.
Cuando despierto sigo andando por las mismas calles.
El mundo es una broma que ya no nos hace gracia (a nosotros, los del plural enfático).
Abro el cuaderno 33 o «Del pez espada».
Busco entre sus hojas el hilo de seda.
La araña del techo no deja de vigilarme.
El aire entra en la habitación, en mis pulmones.
Segrego estas palabras.

viernes, 12 de octubre de 2018

El color de las cosas

No hay texto alternativo automático disponible.
Ponerle un nombre al color de las cosas no siempre es fácil.
Porque aunque las cosas tengan un color 
y coincidamos en nombrar eso que vemos,
la mayoría de las que nos importan
y están en medio de nuestras vidas
como reyes maduros y triunfantes
o como seres muy menesterosos siempre a punto de pedir limosna
no tiene(n) un color al que podamos darle un nombre.
¿De qué color es, por ejemplo, el sentimiento de impaciencia?
¿De qué color el cansancio espantoso, la obcecación, el rescoldo de alegría,
la ira en conserva, el puro mamoneo,
la implacable y leprosa burocracia,
la nostalgia infinita, el desdén, la risa floja
o los inmisericordes latrocinios que asedian cada día el reducto invencible de nuestros corazones?
¿Y cuál es el color de la hipocresía,de la histeria, la hipérbole, lo híspido... 
y tantas haches mudas
—esas “hachas rupestres” (gracias, Gabo)—
o el de los episodios memorables de la vida que no hemos vivido,
el color de lo que aún no existe pero no puede dejar de existir,
el color con el que nos pensamos el cerebro,
el de la mirada que nos fija en un punto del mundo
o el de la noche que se nos escapa?
No sabemos el nombre del color
y, sin embargo, nos ciega a cada instante
la luz intermitente de las cosas
y el miedo cierto a que no sea posible
despertar.
(No sé si este ¿poema? acaba aquí:
está escrito en mi bloc con tinta verde
y el verde es, por defecto,
el más rancio color de la esperanza).
(De La noche sin excusa, inédito)

lunes, 4 de septiembre de 2017

Regreso sin ida

De nuevo en la corriente
de la vida que sigue
fluyendo y nunca vuelve
sobre sus propios pasos.
Palabras por sorpresa
para cerrar los ojos
de las fieras, los ojos
que no descansan nunca.
Y de nuevo el embrujo
de la mañana, el humo,
la lejanía, el polvo.
Y la cinta de seda
de la noche que vuelve
sobre mis propios pasos.

(Sobre la línea en sombra
del horizonte flota
el cadáver del cielo.)

.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Soliyoquios


El yo es un cadalso donde muere el verdugo.
La nada no nos salva ni nos condena a nada.
Nadamos en la noche como cuerpos en sombras.
Solo cuando te encuentro me deslumbra la vida.
Pero no estoy dormido ni esto es un sueño solo.
La luz nace y se apaga y vuelve el sol de nuevo.
Sé que son claros síntomas de un canto interminable.
Raudos gestos sonoros que rompen el silencio.
Pero que no lo rompen porque siempre regresan.
A la quietud del fondo, la vibración del agua.
El yo es una piedra lanzada por un niño
que luego mira absorto los círculos concéntricos.


(De La noche sin excusa)


lunes, 15 de mayo de 2017

Ciudad


La ciudad que te acoge sin pedir nada a cambio.

La que mezcla tus venas con sus calles repletas de colores, de gente.

La insensata, la brusca, la sucia, la agresiva, la agredida, la misericordiosa, la cruel, la siempre diferente, la brillante, la que te acerca el cielo.


La que no exige nunca pequeñas cosas: solo tu alma y el ritmo acelerado de tu respiración.


La patria que no tienes ni la quieres, la madre generosa que te libra de ese vivir sumido en el fervor mezquino que son todas las patrias.

La luna llena de tus noches sonámbulas y de tus noches tristes.

La madriguera, el pensamiento libre, la desazón, la alegría de pronto, la imposible esperanza.

La calle donde fuiste lo que aún no has llegado a ser del todo. Lo que ya no serás.

Las cintas de palabras volando por el aire desde Moncloa a Sol, 
de Alvarado a la Prospe, Plaza del 2 de mayo, Bilbao, Príncipe de Vergara (antes General Mola), López de Hoyos, Corazón de María, 
Martín Martínez, Nieremberg, el Parque de Berlín...

El metro atiborrado que jamás se detiene en la estación fantasma.
El tiempo fugitivo y su imposible crónica infinita.

El agua fresca de la amistad a sorbos, el árbol legendario de los sueños, la vida inacabable de los otros.
Los parques, los cines, los museos, los cafés, los garitos, las terrazas.

La carne rota. El desapego. La mugre. La insolencia.
Los perros. Los ancianos. Las palomas. Los mendigos.

El territorio breve donde vive el amor y es cada día.
Y donde cada tarde la luz le abre caminos a la muerte.

Ciudad frontera, ciudad arrebatada, ciudad interminable.

Y todas las leyendas y todas las heridas y todas las muchachas que ríen al pasar.

Madrid: fundada sobre el agua.

Madrid, la palabra que ocupa ya todo lo que ocupa la palabra ciudad.


Imagen superior

De Madrid al cielo 2.0 by Domingo556 / © Some rights reserved.

Tomada de la Galería del autor en flickr

Rescatada de los Arcones de La Posada.
Primera publicación: 14/5/2010 a las 22:30.





miércoles, 3 de mayo de 2017

Día

Amanecer en Los Cancajos, isla de La Palma. AJR.

Y al final es el día, mariposa
que sólo vive un día,
el que segrega un hilo de seda transparente
y nos deja en las manos,
entre los largos dedos de nuestra soledad,
un mínimo torrente de tinta caprichosa
y una pequeña estela de pan blanco.
Y así puede tener lugar de nuevo
el milagro de la continuidad.

Oh, memoria, memoria, melodía,
luz interior que cada día te alzas,
desde el fondo marino de nuestros corazones,
para crear el mundo.

jueves, 23 de febrero de 2017

Polvo y libros


Buscando en los estantes superiores
un ejemplar valioso de Otra casa,
me sale al paso un libro de Juaristi 
y una nube de polvo volandero.

Las pavesas de polvo son semillas
de algodón ya maduro y caen al piso
con un pulso de luz deshilachada.

Polvo y libros: curiosa conjunción,
ceniza encuadernada de la hoguera del tiempo,
imagen elocuente de tanta vana gloria.

Somos carne y palabras. Y habrá un día
en que hasta nuestros sueños serán polvo.

¿Qué queda que dé cuenta en cada cosa?

Imagen de autor desconocido, tomada de aquí.