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Ilustración ©️Javier Serrano, 2020.
A veces me echo andar en compañía por la ciudad repleta de señuelos. Madrid es una suma escandalosa de afanes y rumores bajo el cielo más hermoso del mundo. Y están también —claro— sus museos: promesas de un viaje interminable que casi siempre emprendo de la mano de algún alma gemela..., o eso creo: pues es sabido que a menudo vivimos —todos: también tú, hipócrita lector— al socaire de más o menos nobles ilusiones. Estas caminatas, que me llevan hacia puntos diversos de la villa, son episodios naturales de una crónica en marcha y tienen la virtud de conducirme hacia territorios y experiencias donde siento que aún puedo aprender a mirar: esa lección que no se acaba nunca. Recuerdo bien las tantas veces que he traspasado los tornos del Museo del Prado («yo tenía quizá, la vez primera, pájaros de barro en los ojos») y en especial aquellas en que, gratis et amore —como suele ser lo mejor de la vida—, he podido compartir la visión y matizarla con comentarios nacidos desde dentro mismo del arte de pintar. Un privilegio. Como lo fue aquella ocasión —¿recuerdas, Javier?— en que subimos las amplias escaleras de la Casa de la Moneda para pasar unas horas, solitarios, deambulando por sus salas, seducidos por la gracia y el empeño y los juegos de manos de un pintor de ángeles, que además fue tu amigo... O, en fin, las incitaciones espontáneas, incluso intempestivas, para adentrarnos por el amplio zaguán de la calle Castelló hacia trozos de historia sensible colgados en paredes y en torno a los que siempre es fácil —incluso hasta la reconvención— enfilar un rosario de impresiones como cerezas que van saliendo una tras otra, cosecha inevitable, de la cesta del gozo, la ocurrencia, el entusiasmo, la mirada perpleja y la emoción. En suma: los privilegios de la vista. En realidad, el mejor museo de Madrid son sus calles, tan llenas de museos, y de piezas, obras y personas dignas de figurar en el mejor museo: el que cada día se inventa la amistad. |
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miércoles, 1 de julio de 2020
En el Museo
lunes, 29 de junio de 2020
Falsos movimientos
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| Rembrandt: Autorretrato dibujando junto a una ventana, 1648. Aguafuerte. |
Desde que se enteró de que muy probablemente todos tenemos un doble —a él le gustaba repetir la expresión alemana: doppelgänger—se pasaba las noches de claro en turbio, frente al tablero, devanando sesos e hilos, por ver si se le ocurría dónde encontrarlo. Llego un momento en que ya no fue capaz de pensar en otra cosa. Un día descubrió que había perdido la sombra. Otro se percató de que no se reflejaba en los espejos. Lo que notó una noche al tocarse la cara, tras quitarse la mascarilla, no le gustó nada. De modo que no tuvo más remedio que cambiar de táctica y principiar de nuevo la búsqueda a partir de lo más simple. «La vida es un duro aprendizaje —dijo una voz—: empieza con la llegada y acaba con la partida». Sería él, el otro.
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viernes, 26 de junio de 2020
Fantasmas (último)
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| J. M. W. Turner: Ovidio desterrado de Roma, 1838 |
El último fantasma de la serie, quizás porque pensó que ya no iba a ser invocado, se extravió en su errancia y, finalmente, entró en mi casa y se quedó adormilado en un rincón. Cuando me desperté en medio de una pesadilla y fui a la cocina a por un vaso de agua, me tropecé con él. Creo que se aterrorizó más que yo y salió huyendo. Abrid bien los ojos si camináis a oscuras, pues es tan despistado que no me extrañaría nada que se os cruzara en cualquier momento. Y os juro que es horrible.
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viernes, 19 de junio de 2020
Patíbulos
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| Umberto Boccioni: Alboroto en la Galería, 1910. Pinacoteca de Brera, Milán. |
A la plazas públicas, donde ya se habían dispuesto los patíbulos y sus ecos, habían ido afluyendo verdugos de todos los colores ataviados con las más variopintas vestiduras. Eran cientos, tal vez miles, y tras mirarse durante un buen rato los unos a los otros, los otros a los unos, varias veces y viceversa, llegó un momento en que todos, primero con ansia, luego con asombro, más tarde ya con perplejidad y hasta hastío, escudriñaban sin cesar los rincones casi husmeantes en busca de las víctimas. Pero no sé veían por ningún lado, ni aparecía nadie que pudiera desempeñar ese papel. ¿Qué hacer? Las guillotinas fulgían en la altura y el sol arrancaba brillos contrarios de las hachas. Fue entonces cuando un esbirro gordo de capuz negro rematado en una ridículo borla lanzó un alarido y arremetió contra un colega de verdugo rojo y grandes aberturas oculares. Y, como suele decirse, allí fue Troya. Siguen en ello.
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martes, 16 de junio de 2020
Drama en personas
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| Shakespeare-Pessoa en uno. Montaje de autor desconocido. |
Se abre el telón y aparece Hamlet. Se sabe que es Hamlet porque lleva una calavera en la mano izquierda, o en la derecha (a elección), pero las gafas redondas y el bigote piramidal le dan un marcado parecido con Pessoa. Hamlet-Pessoa recorre con parsimonia la pantalla (fíjense) y, mirando de hito en hito al lector o espectador (según el caso), dice su monólogo en forma de diálogo, como si hablara consigo mismo, cambiando de gesto pero apenas de voz.
—Sólo la soledad sabe su signo.
—... Dijo el paseante a su imaginario yo, insinuando una referencia a la tercera persona del verbo.
—Y eso, si acaso.
—... Respondió el otro al que se cree que es el uno.
—Nada es tan cierto como lo incierto que es todo.
—... Concluyó para sí el que podía hacer oír sus pensamientos.
En esto se oye una voz que parece provenir del patio de butacas.
—Lo cierto es que para estar solos, son ustedes multitud.
—¿Y usted quién es?
—¿Yo...?
Largo silencio. Luego, desde el mismo flanco, llega una respuesta:
—No sé. Tal vez... ¿el apuntador?
Fundido en negro. Y luego
—Sólo la soledad sabe su signo.
—... Dijo el paseante a su imaginario yo, insinuando una referencia a la tercera persona del verbo.
—Y eso, si acaso.
—... Respondió el otro al que se cree que es el uno.
—Nada es tan cierto como lo incierto que es todo.
—... Concluyó para sí el que podía hacer oír sus pensamientos.
En esto se oye una voz que parece provenir del patio de butacas.
—Lo cierto es que para estar solos, son ustedes multitud.
—¿Y usted quién es?
—¿Yo...?
Largo silencio. Luego, desde el mismo flanco, llega una respuesta:
—No sé. Tal vez... ¿el apuntador?
Fundido en negro. Y luego
FIN
martes, 9 de junio de 2020
Hálito...
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| Ilustración ©️Rafael Pereira. |
Sis-temáticamente empezaron a aparecer, en puntos diversos de la ciudad y también en algunos espacios salvajes, cadáveres enmascarados sobre los que la policía forense de la unidad robótica estableció un diagnóstico tan unánime como tajante: asfixiados por su propio aliento.
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viernes, 29 de mayo de 2020
Enea
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| Marcelo Grande: Cosiendo en el patio, fecha indeterminada. Col. Particular. |
Cuando “la” calor asoma su zarpa, como ya ha ocurrido algunos de estos días, a él se le viene a la memoria, y casi se le pone ante los ojos, el corro de las madres y vecinas que —como es lugar común— con la fresca sacaban sus sillas a las calles empedradas y, con ágiles agujas y lengua indómita, capaces eran de ponerle un remiendo a cualquiera de los destrozos de nuestros rudos hábitos de juego, al tiempo que le tejían un buen traje, a medida y con las sisas y las risas muy bien puestas, al mismísimo lucero del alba. Ah, si las sillitas de enea pudieran hablar...
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miércoles, 27 de mayo de 2020
La soledad
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| Ilustración ©️Javier Serrano, 2020 |
Si queréis saber de verdad qué es realmente estar solo podéis echaros a andar junto un muchacho de 19 o 20 años que avanza, a pleno sol o cuando ya ha empezado a caer la noche, por las calles de una ciudad activa y bulliciosa, incluso frenética y brutal. Y aunque ese joven habla con todo el mundo y a todo el mundo saluda, siente que nadie le ve y que él tampoco ve a nadie.
En aquella época borrosa de hace más o menos medio siglo, los lugares por los que transitaba mi vida eran sólo un decorado de cartón piedra casi inerte, sin más significado que su presencia muda y teatral. En ocasiones pienso que entonces yo vivía dentro de un sueño por el que daba vueltas circulares como un ratoncillo dentro de su jaula: desde el Jardín a la Plaza, desde el Río hasta la Ermita, desde el Bosque de Álamos ya enfermos hasta la Estación del Tren.
Tales eran, por entonces, mis tristes y repetidas rutas de cobaya. Y hay mañanas, al despertar, mientras me dirijo desde la cama al cuarto de baño, que aún me asalta la duda de si de verdad he conseguido salir de esa clausura.
En aquella época borrosa de hace más o menos medio siglo, los lugares por los que transitaba mi vida eran sólo un decorado de cartón piedra casi inerte, sin más significado que su presencia muda y teatral. En ocasiones pienso que entonces yo vivía dentro de un sueño por el que daba vueltas circulares como un ratoncillo dentro de su jaula: desde el Jardín a la Plaza, desde el Río hasta la Ermita, desde el Bosque de Álamos ya enfermos hasta la Estación del Tren.
Tales eran, por entonces, mis tristes y repetidas rutas de cobaya. Y hay mañanas, al despertar, mientras me dirijo desde la cama al cuarto de baño, que aún me asalta la duda de si de verdad he conseguido salir de esa clausura.
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martes, 26 de mayo de 2020
La tertulia
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| Juan Ignacio Burguete: Tertulia de viejos. |
En la tertulia del cuarto de cabales que se había montado en un rincón de la zona común del edificio menudeaban las discusiones sobre preferencias de géneros, formas y modos, a menudo ejemplificadas con citas elocuentes, en general muy bien traídas y jaleadas con olés y otras exclamaciones.
Mi sorpresa fue grande cuando todo el corro de aficionados quedó mudo, incluso se diría que atrapado en un silencio mayor, cuando se me ocurrió improvisar lo que yo consideraba casi una obviedad, en concreto:
—Belleza del cante grande:
la música del azar
canta por casualidades.
la música del azar
canta por casualidades.
El pasmo duró hasta que mi compadre Virgilio de Ronda, con su habitual toque senequista, sentenció con voz clara:
—Ese palo tiene mucho futuro, quillo.
—Casi tanto como pasado —apostilló alguien.
—Y nosotros en medio —añadí yo.
Y poco a poco fue volviendo la bulla.
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viernes, 22 de mayo de 2020
El cochero
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| Cuadro del pintor polaco Mirosław Szeib. |
Yo en otra vida fui cochero. Hasta que subió ella. Y me puso a su servicio. De lo mismo. O casi.
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jueves, 21 de mayo de 2020
Luar
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| Ilustración: ©️ Javier Serrano, 2020. |
De todos los paseos de mi vida —que, como podéis suponer, a estas alturas de la obra ya han sido muchos—, ninguno se puede comparar al de aquella noche de un remoto verano de mi adolescencia aún no clausurada, cuando volvía de una romería campestre, bajo la luz de la luna, por senderos boscosos y en compañía no humana...Y no puedo contar más. De lo contrario, faltaría a mi promesa y se quebraría el hechizo con que desde entonces viven en mi memoria —y en mi cuerpo— esas horas inmortales.
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viernes, 15 de mayo de 2020
Leyenda apócrifa del santo labrador
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| Estampa popular de San Isidro Labrador, patrón de Madrid y protector de las tareas agrícolas. |
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miércoles, 13 de mayo de 2020
La tramoya
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| Jacob Jordaens: El bufón, la mujer y el gato (fragmento), hacia 1641-1645. Col. Epiarte. |
Se abre el telón y un bufón ocupa el centro de la escena. Mira desafiante al público y declama:
«Así vamos y eso somos.
O somos así, si vamos
vivaces, lentos, a lomos
de las horas que gastamos
y nos consumen. Los cromos
y viñetas de la vida
son, si amenos, la tramoya
de la función: no hay salida
por el foro: nos arrolla
la corriente. Y nos olvida.»
Con los últimos versos ha ido invadiendo el escenario un río de plástico que cubre por completo al bufón, mientras lentamente cae el
Telón.
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martes, 12 de mayo de 2020
El invisible (u)
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| Leonardo da Vinci: Autorretrato, hacia 1512. Biblioteca Real. Turín. |
«Su nombre es nsp12. Seguid la pista» (LdV)
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lunes, 11 de mayo de 2020
Entre colegas
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| Otto Dix: Retrato de la periodista Sylvia von Harden, 1926. Museo Nacional de Arte Moderno-Centro Georges Pompidou, Paris. |
«En no pocas ocasiones —me confesó el colega al otro lado del FaceTime— me he visto obligado a hacer de negro». Iba a pedirle detalles, pero se adelantó. «Hoy, sin ir más lejos, he tenido que publicar con otro nombre unos puntos suspensivos»... No fue necesario mostrarle mi solidaridad. Aunque tentado estuve de pedirle que me regalara una tilde. Para no quedarme solo ante el peligro. Y, ya de paso, poder despedirme de forma elegante.
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sábado, 9 de mayo de 2020
El invisible (t)
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| Messa (Francesc Sempere Fernández de Mesa): Un fantasma en el estudio, 1955. Col. Particular. |
«Veo que me miráis como si no estuviera», leyó. «¡Vaya! —se dijo—, míralo: implora la luz amortiguando sombras». Y sin salir del juego ni darle más cuerda, concluyó con lo primero que había pensado, algo a mitad de camino entre la conjetura y la perplejidad: «A ver si el invisible va ser en realidad un fantasma...»
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viernes, 8 de mayo de 2020
Residuos nucleares
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| Creación de Sara Joncas para el David Lynch Tribute Art, organizado por Spoke NYC con motivo del estreno de la III temporada de Twin Peaks, en abril de 2017. |
Le gustaría saber a qué puede deberse el hecho de que esta mañana, sin nada en apariencia que lo explique —¿tal vez una ráfaga de música imprecisa?— y con la viscosidad de un plástico duro, al despertar le asaltó una pregunta: ¿quién mató a Laura Palmer?
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lunes, 4 de mayo de 2020
El Sirena
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| Antonello da Messina: Ritratto d’uomo (‘Ritratto Trivulzio’)», 1476. Museo Civico d’Arte Antica, Torino. Foto: Studio Fotografico Gonella. |
Me llamó un día pero no me contó apenas nada de su vida en los últimos meses. Tan sólo que había decidido volver a las profundidades y a su tesis sobre “los prolegómenos a toda metafísica futura y su hipotética influencia en la diversificación sexual de la especie humana en las postrimerías”, un asunto en el que bien puede considerársele la primera autoridad mundial, tal vez la única. Siempre ha sido muy reservado con sus cosas.
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sábado, 2 de mayo de 2020
Deslumbramiento
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| Giuseppe Pellizza da Volpedo: Il sole, 1904. Galleria Nazionale d'Arte Moderna e Contemporanea, Roma. |
Y entonces se hizo la luz...
Entonces la luz y se hizo...
Se hizo y la luz entonces...
La luz entonces se hizo y...
Hizo y entonces la luz se...
Luz y entonces se la hizo...
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lunes, 30 de marzo de 2020
El letrero
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| Noria en un parque de atracciones de Tailandia. Foto libre de derechos tomada de Dreamstime. |
Ya ningún despertar era igual otro. Pero el de ese lunes fue especialmente extraño. En el final del sueño había ido caminando por una senda tenebrosa, mucho, si bien al fondo, muy al fondo, podía verse una luz. Su sorpresa fue grande —aún le dura— cuando, al abrir los ojos, en medio de la habitación pudo leer, refulgente, palindrómico, tal vez amenazador, el gran letrero:
«A COBAYAS, AY, ABOCA».
Le sigue dando vueltas.
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