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lunes, 21 de junio de 2021

Antonio Lizana, nuevo disco

(En voz alta). Desde que me lo descubriera mi cuate Juan Herrera, trato de estar atento a las actuaciones de Antonio Lizana, un gran artista de la fusión del flamenco y el jazz, e intérprete valiente y entregado. Acaba de sacar un nuevo disco que contiene verdaderas joyitas. Si no lo hacen ya, síganle la pista.

lunes, 30 de abril de 2018

La radio de piedra

Con Juan Herrera (segundo por la izquierda), Pedro Tenorio y Nazario García.
Fue un placer asistir ayer (29.04.18) en Talavera, en la carpa de la Feria del Libro, a la presentación de La radio de piedra, la primera y singular novela de Juan Herrera, uno de los más lúcidos y prolíficos escritores de humor de la radio-televisión nacional en muy diversos formatos, hombre de vastos y diversos saberes y hacedor de mundos que tienen como denominador común la buena sorna. Su novela es, créanme, de lectura tan imprescindible como reconfortante. Y estoy seguro de que va a marcar un hito en la narrativa postcontemporánea, esa que ya está entre nosotros aunque todavía casi no nos hayamos dado cuenta. De momento, al que suscribe le ha servido para recuperar a un viejo compañero de palabras felizmente interminables y de armas justamente denostadas. Y en tiempos tan oscuros esa es una muy gratificante claridad. Seguiremos informado.

domingo, 7 de junio de 2009

Motos, como su nombre indica


De todo el papel prensa leído u hojeado a lo largo del fin de semana (sigo siendo fiel al kiosko) destaco por encima de todo lo demás el relato autobiográfico de Pablo Motos que en el suplemento de El País firma JJ Millás, en su intermitente sección «Vidas al límite». Me parece una muy notable pieza de novela picaresca, con ritmo vibrante, humor entero, credibilidad dramática y altas dosis de sinceridad (que no considero en sí misma un valor literario, pero que cuando está presente y no es impostada ni autocompasiva, se agradece mucho).
Hay algunos momentos del relato-entrevista (la escena del trastero y la bicicleta, los descubrimientos de los diccionarios, la decisión laboral del padre, el intento de venganza del ático, la experiencia gimnástica…) que lo dejan a uno literalmente clavado al sillón, avanzando por entrelíneas casi sin respirar, ganado por la viveza de las palabras y el encadenamiento de las peripecias, a cuál más intensa. En fin, un verdadero disfrute que se inicia con un arranque memorable:
«Pedí a Pablo Motos que me contara su vida y el resultado fue estremecedor. Yo –dijo– era un niño hiperactivo sin diagnosticar. Me pasaba la vida intentando hacer algo malo…»
No soy seguidor de El hormiguero, el programa televisivo de Pablo Motos en Cuatro, aunque sé quiénes son Trancas y Barrancas (esos héroes del refranero refractarios a cualquier insecticida) y a veces he buscado en YouTube algunos fragmentos de entrevistas o escenas de Flipy, el científico loco cuya gestualidad es un prodigio natural. Escuché con mayor frecuencia las emisiones matinales de No somos nadie en M80, el programa radiofónico dirigido por Motos en cuya sintonía siempre esperaba oír la voz de mi conmilitón Juan Herrera Salazar, con quien compartí el escaso ardor guerrero y muchos ratos de conversación en la furrielería de la Escuadrilla de Instrucción de la Base Aérea de los Llanos (decirlo así, todo seguido, todavía es un trauma).
Precisamente, Juan Herrera, cuya inventiva humorística potenciada por un peculiar genio verbal ha contribuido al éxito de Motos en la última década, se quejaba hace unos días, en carta-aclaración al director de El País, del injusto retrato de que «su jefe» había sido objeto en una sección del periódico donde se le presentaba como una especie de advenedizo banal, amén de «vigoréxico… y hortera de relojería». No sé si el texto que ahora Millás nos ofrece, supongo que transcribiendo y organizando las notas (o grabaciones) de una entrevista, hace justicia o no a la persona. Pero el personaje que de esas líneas emerge estoy seguro de que habrá hecho feliz a muchos lectores. Además de darle algo más que la razón a Juan Herrera.