Mostrando entradas con la etiqueta Rafael Sánchez Ferlosio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rafael Sánchez Ferlosio. Mostrar todas las entradas

sábado, 27 de diciembre de 2025

Don Rafael SF

Rafael Sánchez Ferlosio, 23/09/2016. Foto (c) AJR.
(Caja de Citas. 103). Esta foto fue una de las varias que, osado de mí, le robé al más ilustre vecino de La Prospe, el escritor Rafael Sánchez Ferlosio, mientras ambos compartíamos espera en una consulta médica de López de Hoyos, casi esquina con Alfonso XIII. Alguna otra de aquella misma ocasión he compartido aquí ya antes. La de hoy trae causa (curiosa expresión acaso leguleya) de la columna sabatina de Carlos Boyero en El país de hoy, donde cuenta una magnífica anécdota. A Boyero, aunque nunca he hablado con él —salvo una vez y muy fugazmente en el Matadero—, hubo una época, cuando él trabajaba en El mundo de la calle Pradillo, en que me lo cruzaba a menudo por el barrio. Y puede que uno de esos días coincidiera con el encuentro que cuenta en su artículo (lo copio en el primer comentario). La música del azar puede parecernos a veces atronadora. Y especialmente en algunas fechas del dilatado y complejo tiempo de Navidad. Por cierto, por el ejemplar del periódico que Ferlosio tiene abierto en la mano puede adivinarse fácilmente la fecha de la instantánea. No se priven.

martes, 8 de abril de 2025

Huellas lectoras

(En voz alta). La lectura de libros sacados de las bibliotecas públicas, un hábito que practico y puntualmente (seis cada mes) desde hace solo unos pocos años, trae aparejada a veces la sorpresa, sin duda voyeurista, de poder fisgar en huellas ajenas que no dejan de ser, aparte de ocasionalmente un estorbo o un fastidio, una a modo de conversación crítica con otros lectores, un añadido sugerente al hecho solitario pero no intransitivo del leer. Este libro de glosas de Ferlosio, un breve pero denso recopilatorio de apuntes sobre lo que podríamos denominar el tuétano de la lengua, está lleno de subrayados y “aureolados” que van destacando, en general, a modo de hitos guiadores, los diferentes ejemplos aducidos y los casos analizados. No sé si por mano de la misma persona (es un libro con más de 20 salidas), en un momento dado el lector se siente en la obligación de corregir o llamarle la atención al autor y recurre a una de esas hojas amarillas tan características de nuestra antigua y acaso ya exangüe vida manuscrita para dejar constancia de su enmienda. Lástima que el sabio de La Prospe no ande ya por el barrio. Sin duda hubiera sido digna de ver y escuchar su posible respuesta al casus belli...

viernes, 30 de diciembre de 2022

DADOS (SÓLO MOSTRADOS) EN EL TABLERO DE FERLOSIO

Sello de correos emitido el 17 de julio 2020.


I
Sólo había el destierro como salida.
II
Soliloquio de una conciencia vocacionalmente enrarecida.
III
En un arcaico campo del honor.
IV
Sigue bramando ante un mausoleo abandonado.
V
Escapar del grotesco papel del literato.
VI
Dados en el tablero de RSF.

(Inspirados en la reseña de Jordi Amat del libro de Carlos Femenías Ferrà: «A propósito de Ferlosio. Ensayo de interpretación cultural», Alianza, 2022).
(LUN, 516 ~ «Amo idioma/dados»)

martes, 1 de diciembre de 2020

Autocrítico Ferlosio

(En voz alta). Se me había traspapelado en la vorágine del correo electrónico esta entrega de FronteraD con un singular texto inédito de Rafael Sánchez Ferlosio. Un ejercicio tan "crudo" y despiadado de autocrítica respecto a su Alfanhuí y lo que él mismo llama el vicio de la "bella página", que dan ganas de no volver a intentar juntar nunca más una pocas letras sobre el papel. Por fortuna, en esa misma actitud y en la integridad u honestidad que demuestra es posible encontrar también el estímulo para seguir escribiendo sin otra preocupación que lograr la página, el poema, la siguiente lazada... sin la coartada de la belleza ni acaso ninguna otra.

sábado, 9 de noviembre de 2019

Ferlosiana

Los hermanos Sánchez Ferlosio (Rafael a la derecha; Chicho a la izuierda), en Coria, en 1977,
con el escritor Julio Martín Casas, compañero de estudios de Chicho en Salamanca.
 
(Lecturas en voz alta). Un texto imprescindible. Y no sólo para ferlosianos convencidos. Tiene además Azúa la muy honrosa “maniera” de hacerse invisible. Había subrayado algunas frases para destacarlas aquí, pero son tantas que casi sería más sencillo lo contrario. Lo dejaré sólo en una cita, bueno en dos: «Yo creo que la caligrafía salva del alzhéimer». Ojalá. Y este resumen de la ”trayectoria” del escritor: «Primero incurrí en la ‘bella prosa’, después quise divertirme con el habla y, finalmente, tras todos los años de gramática y anfetamina, me encontré con la lengua». Admirable, exacto. Los lectores de Ferlosio, esa tribu en continua expansión y nunca marcada como tal, sabemos bien hasta qué punto es cierto. Y también conjeturamos que acaso lo mejor esté por venir.
...

sábado, 21 de septiembre de 2019

El baúl de Ferlosio

Rafael Sánchez Ferlosio, en Coria el 31 de diciembre de 2009.
Rafael Sánchez Ferlosio en Coria en 2009. Foto de Pedro Gutiérrez.
(Lecturas en voz alta). Poco a poco comienza a haber noticias de «el baúl de Ferlosio». Según su amigo más cercano y primer lector, el profesor Tomás Pollán, son nada menos que unas 200.000 páginas manuscritas. A ver quién se atreve.

viernes, 6 de septiembre de 2019

Sobre Alfanhui


No hay ninguna descripción de la foto disponible.

(Lecturas, relecturas y leyendas). Aproveché ciertas horas neutrales (por así decir) de este pasado agosto en el Mar Menor para volver al Alfanhuí de Ferlosio, esa joya inclasificable, una novela mágica, iniciática y picaresca, escrita en el estado de gracia que hace posible que cada palabra esté en su sitio sin estridencia alguna. Y una auténtica rara avis en la descomunal y desigual obra ferlosiana, aunque tal vez contenga, como ninguna otra, un a modo de compendio y exhibición de la principal clave de su escritura: el vuelo poético, la creencia en la capacidad de la lengua para crear realidad. Leí la preciosa edición de Random House (2016), de pequeño formato, con muy atinadas ilustraciones del artista Asen Stareishinski (1936-1991) procedentes de la edición de la obra en búlgaro de 1969. Esta edición incluye una nueva (creo) dedicatoria [«A mi nieta Laura, de todo corazón»] y está cuidada al detalle. Así que fue un placer sumergirse en sus páginas para volver a comprobar que es posible alcanzar la perfección en el arte de escribir. A veces de forma tan en apariencia sencilla y redonda como en este texto, que bien podría tomarse como un ejemplo del cuento perfecto, donde no sobra ni falta nada: sólo un lector-mediador que se deje ganar por su belleza. (Para su circulación como texto autónomo me atrevería a sugerir un título: «El surco»).
Dice así:
«También contó la patrona la historia de su padre. Eran de Cuenca. Allí había conocido ella a su marido. Su padre era labrador y tenía algunas tierras. Una tarde se durmió arando con los bueyes. Y como no volvía el arado, los bueyes siguieron y se salieron del campo. El hombre seguía andando con sus manos en la mancera. Iban hacia poniente. Tampoco a la noche se detuvieron. Pasaron vados y montañas sin que el hombre despertara. Hicieron todo el camino del Tajo y llegaron a Portugal. El hombre no despertaba. Algunos vieron pasar a este hombre que araba con sus bueyes un surco solo, largo, recto, a lo largo de las montañas, al través de los ríos. Nadie se atrevió a despertarle.
Una mañana llegó al mar. Atravesó la playa; los bueyes entraron en la mar. Rompían las olas en sus pechos. El hombre sintió el agua por el vientre y despertó. Detuvo a los bueyes y dejó de arar. En un pueblo cercano preguntó dónde estaba y vendió sus bueyes y el arado. Luego cogió los dineros y por el mismo surco que había hecho volvió a su tierra. Aquel mismo día hizo testamento y murió rodeado de todos los suyos».

(RSF: Industrias y andanzas de Alfanhuí, Madrid, Random House, 2016).

martes, 9 de julio de 2019

Azúa y otras farras

Rafeael Sánchez Ferlosio en la Biblioteca Casanatense de Roma en 2005.
Ferlosio en la Biblioteca Casanatense de Roma, en 2005. Foto EFE.
(Lecturas en voz alta). En un artículo de homenaje a Ferlosio, Azúa aprovecha para llamar “cursi” a Tagore por mor de un poema que se parece tanto a otro muy célebre de Juan Ramón Jiménez («y yo me iré y se quedarán los pájaros cantando»), que no cabe descartar el error. Aunque es sabida la cercanía, vía Zenobia, del poeta de Moguer al asceta bengalí, uno de los autores cuya temprana lectura e influencia en mis primeros pasos en la escritura (ay, Gitanjali) recuerdo con tanta ternura (¡ea!) e incluso felicidad, que la ironía de Azúa, sin llegar a molestarme, me parece gratuita. Y puede que errónea. Menos mal que el articulejo (a menudo escribe Azúa tal si estuviera provisto de las extremidades articuladas de un insecto) remonta el vuelo y, enfocado ya hacia el recuerdo de Ferlosio, nos pone sobre la pista del homenaje al escritor recientemente ido por parte de la revista de Savater (Claves) y concluye con una preciosa cita que, a mi entender, explora cierta no explicitada sintonía ferlosiana con el mundo expresivo de Franz Kafka, un autor que sabía mucho de silencios, insectos y transformaciones.

viernes, 19 de abril de 2019

AGC al lado de RSF, o viceversa

<p>Rafael Sánchez Ferlosio y Agustín García Calvo.</p>
Cual para Tal.
(Lecturas en voz alta). Recuerdos de mucha enjundia de una pandilla de amigos, con Agustín (GC) y Rafael (SF) como figuras emergentes, en este reportaje de la muy valiosa Revista Contexto. 

Me han engatusado, especialmente, las evocaciones de la abadía cisterciense de Moreruela, una de las ruinas más nobles y asombrosas que recuerdo haber visto, allá por el 90 pelado o poco más, justo cuando hacía el trabajo de campo (a menudo, de campo a través) para la Guía Total de Castilla y León de Anaya Touring. Las visité en solitario, ya casi al atardecer y tras saltar algún cercado, y fue una de esas experiencias que dejan su poso en la memoria. 

El artículo está lleno de otras muchas notas de época, impagables, por cuanto suponen una manera, si no inédita, sí muy peculiar, de acercarnos a dos nombres fuertes de nuestra cultura. 

Lo pesqué en el muro de Alejandro González Terriza. Quede constancia.

martes, 2 de abril de 2019

Viaje al infinito

No hay ninguna descripción de la foto disponible.
Teresa Díez: San Cristóbal atravesando las aguas», h. 1320.
Mural al “fresco seco” trasplantado a lienzo. Iglesia de San Sebastián de los Caballeros,
Toro (Zamora).
Dice un su amigo muy cercano que, en las últimas horas de consciencia, Rafael Sánchez Ferlosio recordó, y tal vez en su lengua de niño, las palabras finales de un poema tan pertinentes y audaces, que Caronte no tuvo más remedio que aceptarlas como justo pago del viaje final: «... Così tra questa / immensità s'annega il pensier mio: / e il naufragar m'è dolce in questo mare».
...

lunes, 1 de abril de 2019

Adiós al último clásico

Rafael Sanchez Ferlosio
Rafael Sánchez Ferlosio, fotografiado en 2002 por RAÚL CANCIO. 
Una muy triste noticia: ha muerto Rafael Sánchez Ferlosio. La cultura española pierde a su (pen)último clásico. La lengua a uno de sus mejores conocedores y tal vez a su más conspicuo usuario. La Prospe, nuestro barrio madrileño, a su vecino más ilustre. Gracias por tantas cosas, don Rafael. Las que ya fueron, las que aún vendrán, leyéndole. Buen viaje.

****
Sobre Ferlosio y El Universo, en La Prospe: de una nota de la agencia Efe, a cuya reportera, Laura Ceberio, contesté unas preguntas, a las puertas del bar El Universo. 
(No recuerdo haber mencionado lo del oxígeno, pero supongo que era cierto).

martes, 8 de mayo de 2018

Tormenta

La imagen puede contener: cielo, nubes y exterior

(Al paso, 32). El instante anterior a la tormenta. Sobre una casi desconocida plaza de Cibeles y la camuflada «Nuestra Señora de las Comunicaciones». Ayer, lunes 7, hacia las 20:30, después del «homenaje a Ferlosio» en el Cervantes, en torno a la presentación de la biografía (no autorizada) escrta por el periodista J. Benito Fernández. Y sin que necesariamente quepa establecer nexo alguno entre la respuesta del cielo y la posible del homenajeado si la circunstancia misma, o alguna de las cosas que en ella se peroraron (todas objetivamente interesantes), hubiera o hubiesen llegado a sus oídos. En Madrid, lo mismo que nos mata nos da vida.