Para poner la mano sobre el fuego
preciso es que tus ojos estén cerca.
El vicio de mirarte es mi más tercacostumbre y mi más preciado juego.
Nunca puedo dejarte para luego
ni perderme o extrañarte. Mi voz cerca
con sentidos no usados lo que acerca
de los tuyos la luz dice en sosiego.
Ya solo seré real mientras me quieras,
tu libertad hará verdad la mía,
mi nombre es Nadie y ese que tú sabes.
Atrás quedaron fuertes y fronteras.
Vente al recreo, que aún no acaba el día:
tú eras la casa, yo escondía las llaves.
(Lectura cómplice del disco de Festos
mientras canta con monótona alegría
el grillo de la perseverancia.)
Imágenes
Superior: Fragmento del Disco de Festos, una sugerente y controvertida pieza arqueológica aún indescifrada. Fue hallada (¿o inventada?) entre las ruinas del palacio de Festos, en Creta, en 1908.
Inferior: Diosa de las serpientes, probable representación de una diosa minoica cuyas imágenes más conocidas, datadas hacia 1600 a.C, fueron halladas en el palacio cretense de Cnosos.