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jueves, 1 de diciembre de 2022

FELCI BRUCIATE

«Fentos queimados», última anotación del Cuaderno XXXVII. ajr/22

Estaban junto a él desde hacía mucho. Y aunque procuraba no prestarles más atención que la propia, por así decir, de cualquier Antón Perulero, sabía que su insistencia no era caprichosa ni su constancia mera costumbre. ¿En qué idioma aún por descubrir le hablaban aquellas improvisaciones? La pregunta, aunque acallada, no podía obviarse por más tiempo. De modo que echó mano de una de las fantásticas armas bruñidas en los fuegos de Babel y fue buscando sintonías, semblanzas, pronunciaciones, giros… hasta dar con un aire de familia que, lejos de ofrecerle una idea tranquilizadora, no hizo sino aumentar sus sospechas de que todo podía obedecer a una maldición deslizada en la línea final de uno de sus más viejos textos y frente a la que, en puridad y a tiro limpio, no cabía otra defensa que la minuciosa declinación de su sentido en las doce posturas capaces de neutralizar —o encauzar— las vibraciones de cada una de las cuerdas que en su conjunto creaban el nudo de la realidad y su imposible desenlace. Eran estas (se ruega la mayor discreción y un rotundo y redondo silencio porque… “peligra la vida del artista”):

燃えたシダ
የተቃጠሉ ፈርንሶች
জ্বলি যোৱা ফাৰ্ণ
այրված պտերներ
မီးရှို့ထားသော ပဲပင်များ၊
燒焦的蕨類植物
‎פארברענטע פערן
сожженные папоротники
καμένες φτέρες
ዝነደዱ ፈርን ዝበሃሉ ፍረታት
спаљене папрати
янган ферналар
(LUN, 548)

lunes, 3 de junio de 2019

El ermitaño

                                   
La imagen puede contener: exterior

                                                                                   (Pavesas de Pavese)

Sucedió que una noche en que quería
escribir la oración de un ermitaño
para ilustrar ese proceso extraño
que es toda conversión, iba y venía
de la idea al papel, mas no podía
atrapar con palabras ni el huraño
sonido de su voz ni el desengaño
que tenía por toda compañía.
Desesperaba ya —Deus non sum dignus—
de poder encontrar una salida
que a su empeño viniera a dar remate,
cuando vio, con horror, que aquellos signos
dibujaban el rostro del suicida
con el color... delle felci bruciate.