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miércoles, 16 de septiembre de 2026

Vuelta a los «Senderos de gloria»

(Al filo de los días). Volví anoche a ver en una sala de cine (la 12 de los muy cómodos MK2 del Palacio de Hielo de Hortaleza) Paths of glory, en VOSE (sigla de fácil descifrado), y la conmoción aún aún no se me ha ido. Y tardará en hacerlo. Según abandonaba la sala, con una muy buena entrada media (quizás unas 250 personas), el crítico de cine enredoso y frustrante que acaso llevo dentro ya masticaba el titular (o empiece) de la crítica/crónica que no escribiré, como ya se está viendo. Decía: «No sé si Senderos de gloria es la mejor película de cine bélico filmada nunca, lo que sí me parece indiscutible es que no hay otra como ella». Y a partir de ahí empezaban a aflorar títulos, alguno más del propio Kubrick, y se ponía en marcha la entretenida rueda de las comparaciones y las ocurrencias. Quede todo en el limbo. Y sálvese aquí solo la mencionada conmoción, que pudiera describirse como un arrebato de 88 minutos sin pestañear, sin un solo segundo vacío, sin otro desapego de la pantalla y sus sombras tan bien dibujadas que el de cambiar una o dos veces la postura para paliar las inclemencias de la edad, o quizás también alguna sobrevenida idea persistente (¡hay que ver qué actual es todo esto!) y alguna batallita más de ese mismo jaez distractor para seguir inserto en este monumental retrato y alegato y espejo poderoso que nos muestra, con las hechuras mejores del arte cinematográfico eterno, que muy a menudo el patriotismo, las patrias, el honor y otras tantas palabras mayúsculas son solo el refugio de los canallas y que no va ser fácil ponerle remedio a eso.

jueves, 7 de noviembre de 2019

Relato soñado

La imagen puede contener: una o varias personas e interior
Nicole Kidman en un fotograma de «Eyes Wide Shut» (1999), testamento fílmico de
Stanley Kubrick, a partir del relato «Die Traumnovelle» (1926), de Arthur Schnitzler.
Las imágenes se pegaban de tal manera a las palabras y las palabras encajaban de tal modo en las imágenes que la realidad no tenía más remedio que comparecer con todos los sueños a cuestas. Lo he vuelto a ver esta misma noche con los ojos cerrados de par en par. Como dicen que viven los que sueñan que sueñan mucho.
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lunes, 21 de octubre de 2019

Para llegar al sur

La imagen puede contener: mesa e interior
Recreación de la habitación de las secuencias finales de 2001 A Space Odyssey (1968),
de Stanley Kubrick.
En el sueño de anoche, para llegar al Sur, un área comercial de las afueras, había que cruzar un sórdido descampado y luego un cementerio de automóviles infestado de zombis, y luego otro cementerio, este de verdad, en cuyas tumbas profanadas figuraban todos los nombres que había utilizado a lo largo de mi vida y que tenía que ir borrando a medida que dejaba tras de mí puertas, corredores, altos barandales y tapias erizadas de vidrios puntiagudos, hasta llegar a la gran llanura del despegue, justo a tiempo de engancharme a la cola del último cometa del que, en su nuevo paso por la Tierra, dentro de un montón de años, tendría que saltar para caer en la rara habitación aquella, casi al final de 2001, en la que desde hace mucho se escucha mi respiración.
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domingo, 29 de septiembre de 2019

El resplandor

La imagen puede contener: una o varias personas y personas sentadas
Recreación figurada de una escena de El resplandor (The Shining) (1980), de Stanley Kubrick.
Al regresar del sueño, todavía estaba allí. «Menos mal», pensó. Miró de reojo hacia el espejo y respiró tranquilo. No, no era Torrance. Ni Torra. Y siguió tecleando.
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miércoles, 21 de noviembre de 2018

2001, 50 años después

Las dudas sobre Hal 9000...
(Visiones en voz alta). Es sin duda la película que más veces he visto y aún me parece inacabable. Tiene, a mi juicio, el arranque más potente de toda la historia del cine. Y, a juicio de casi toda la crítica, la elipsis más sugerente y creativa jamás urdida por el séptimo arte. En ella vive la inteligencia ¿artificial? más humana y emotiva, ese HAL 9000, “que nos precedió a todos”. Es un prodigio en la mezcla de música e imágenes en perfecta simbiosis. Envejece, sin duda, pero sólo para demostrar que puede haber una forma sublime de sucumbir al paso del tiempo. Y tiene secretos que sólo podremos descifrar, si acaso, una vez que traspasemos la puerta del infinito, y más allá. Hablo, claro está, de 2001: una odisea del espacio, la película genial de Stanley Kubrick que hoy (noticia del telediario) cumple su primer medio siglo. Démonos albricias. Y volvamos a verla.
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