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viernes, 25 de noviembre de 2022

INTRUSOS DE SUEÑO

Edward Hopper: New York Movie, 1939.
(No he podido localizar el museo o colección donde se encuentra).

Como le pasó a Alicia con su conejo (escribo sin segundas intenciones), a veces en mis sueños se cruzan personajes presurosos que no sé de dónde vienen ni a dónde van. Sin ir más lejos, hoy he estado charlando un rato con Román de Ginebra, que había llegado a la habitación en que a veces nos reunimos muertos y vivos de la mano de un pariente que vive en Bruselas. Tras serme presentado en un aparte —o tal vez lo abordé yo con impulsiva franqueza, como suelo—, enseguida me mostró su vivo interés por conocer Eburia, «esa mítica ciudad —me dijo— a orillas del Tajo, famosa por sus cúpulas, sus cacharros y la rareza de sus gentes». Debió de notar mi gesto de asombro porque el de Ginebra enseguida me miró con sonrisa pícara —incluso de “lazarillesca” podría calificarse— y, llevándose el dedo quevediano primero a la boca y luego a la frente, me soltó: «No le digas a nadie que yo te lo he dicho». Pero lejos de mí semejante intención. Caí en la cuenta entonces —lo veo claro ahora— de que estaba en un sueño y lo único que fui capaz de pensar es de dónde habría salido este personaje del que lo desconocía todo. Y me dije que, al despertar, debería escribir una nota sobre los intrusos que se cuelan en nuestros sueños, de dónde vienen, cuál es su naturaleza, por qué nos eligen… Tal vez también ellos sean sólo criaturas extraviadas.

(LUN, 554)

miércoles, 24 de agosto de 2022

PURA FICCIÓN, AFICIÓN PURA

Edward Hopper: Sunday, 1926. The Philipps Collection, Washington.
El caminante sabe que la ciudad que recorre en soledad por la noche ya no existe más que en su imaginación. Puede ir del Sur al Norte, desde la Plaza hasta el Río, sin encontrarse con nadie. Atraviesa el paseo de los fantasmas, y también los fantasmas han desertado. En un portalón aún le gusta comprobar que las aldabas son de bronce. Quedan calles empavesadas de cantos puntiagudos. Y hay letreros que sobreviven, con su tipografía moderna, debajo de la mugre de las ya añosas pintadas y al margen del caos de los grafitis. Una colonia de gatos aposentados en lo que fuera el terrero de un viejo convento, en el antiguo corazón de la urbe, es el mayor signo de los nuevos tiempos. Junto a algunas recuperadas piedras del pasado. Quizás sean ambas señales muestra inequívoca del rumbo futuro, abocada como está la vida aquí a servir al definitivo despliegue de un mundo de ficción del que los días por venir exhalan, corriente abajo, un paisaje irreal de carne de píxel y humo algodonoso, sobre el cauce cegado de un sueño del que fuera imposible despertar. Pero no nos pongamos apocalípticos. Y sigamos fabricando el Arca.

(LUN, 646 ~ «De la vida misma»)

viernes, 22 de abril de 2022

VARIACIONES/ANIVERSARIO

 VARIACIONES DE ANIVERSACIO

(… o Aniversario de Variariones)
Edward Hopper: Cape Cod Morning, 1950.
Smithsonian American Art Museum, Gift of the Sara Roby Foundation.

Estaba a punto de quedarse colgado en el barrunto borroso de una frase, prisionero del pálpito de un curioso anagrama cuasi perfecto, cuando alzó los ojos y cayó en la cuenta de que, tras la ventana, había amanecido una nueva mañana generosa.
(LUN, 768 ~ 22 Abril 22)

domingo, 9 de enero de 2022

«El CAMINO DE SER TESORO Y RUINA»

Edward Hopper: Dos cómicos, 1966. Colección particular
(durante algún tiempo perteneció a Frank Sinatra).

Qué fácil es a veces dejarse llevar por la sintonía evidente —¿evidente?— de lo que nos conmueve sin porqué. Y qué extraño consuelo —como en el oratorio aquel de Amancio Prada— nos proporcionan gestos y querencias, sintagmas y susurros, voces que, dichas en voz alta o solo proyectadas en las hondas cavernas íntimas del cerebro, nos llevan de la mano hasta el borde mismo del escenario, ya sin telón de fondo, para reconocer que el fin de la función no va a pillarnos fuera del sentido, torpe o sensato pero nuestro, de lo que llamamos vida viva, ni del hecho de sabernos que también pudiéramos ser «como dos actores sin papel… que sin ruido atravesaran en su adiós la escena». Ah, el tesoro compartido de las palabras, cómo consuela aunque sepamos que no va a librarnos del designio de las ruinas circulares que están por todas partes.

(LUN, 871 ~ «De la vida misma»; a partir de un poema de Francisco Caro, en “Fuentévar”, y “para celebrar Enero y Nueve de 2022”).