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lunes, 5 de octubre de 2026

Adiós al ciclista Ángel Arroyo

Ángel Arroyo (izquierda) con J. M. Echevarri y Perico Delgado.
Foto EFE/Juanjo Martín
(En voz alta). Descanse en paz el ciclista Ángel Arroyo, que dejó rastro de su pundonor deportivo y su espíritu de competición en numerosas carreras, allá por los primeros años 80. Un referente para la “escuela de El Barraco”, que él fundó, y de la que salieron ciclistas como el malogrado pero inolvidable Chaba Jiménez o el campeón Carlos Sastre. Descanse en paz

domingo, 9 de octubre de 2022

Se retira BalaVerde

 


Con un muy meritorio sexto puesto en la Clásica de Lombardía y rodeado de sus hijos luciendo algunos de los maillots más importantes logrados en su carrera, se ha despedio el ciclista Alejandro Valverde, a sus 42 años y entre la admiración unánime de sus compañeros y de la afición. Gracias, Bala Verde, por tantos buenos ratos.

martes, 15 de septiembre de 2020

Arte ciclista

GPS Doodle

(
Al filo de los días). Por cosas así también es el ciclismo el deporte más hermoso. (Ante la imposibilidad de enlazarlo, copio el artículo de Enrique Vila-Matas).

El dibujo de la vida
por Enrique Vila-Matas
(El País, 15.09.2020)
Estaba siguiendo en televisión el Tour, el ascenso al Pas de Peyrol, cuando me pregunté qué había sido de Stephen Lund, que también era ciclista, pero de otro estilo. Cinco años antes había escrito sobre Lund al enterarme de que en su ciudad natal, Victoria, Canadá, salía a pasear en bicicleta y, valiéndose de la aplicación Strava, se divertía registrando sus itinerarios y creando curiosas “figuras”, que publicaba en su web GPS Doodles.
¿Qué habría sido de aquel “atleta creativo” que animaba sus entrenamientos con aplicaciones de seguimiento que muchas veces trazaban figuras extravagantes en mapas para GPS? Al principio, Lund sólo pretendía rastrear y analizar su desempeño como corredor, pero se topó con la magia cuando vio que su pedaleo podía crear en Strava tanto perfiles humanos como mensajes escritos. Entonces, un glorioso primer día de 2015, salió temprano de casa y conmovió a sus paisanos cuando con su recorrido en bicicleta trazó en su GPS una felicitación de Año Nuevo en las calles de Victoria.
Investigue en la Red qué había sido de Land y de su extraña forma de vida y descubrí que en el siniestro 2020 se volatilizaban a mediados de abril las huellas de sus aventuras ciclistas. Y me aterró la posibilidad de que se hubiera cruzado en su vida cualquier contratiempo tan propio de nuestros días, aunque al final decidí no obsesionarme y pensar en otra cosa y fui a caer en algo que no estaba lejos del mundo de Lund, fui a pensar en un deliberado retrato del escritor Raymond Queneau trazado con GPS sobre un mapa de París. Era un retrato que me había regalado un dibujante francés, un miembro de OuLiPo que había participado en una reunión de hacía ya tres años de este grupo, reunión a la que había asistido invitado por Eduardo Berti y por Pablo Martín Sánchez, el único español miembro de OuLiPo.
Al regresar a Barcelona, había enmarcado aquel dibujo y lo había colgado en una pared de casa, y de hecho tenía la vaga pero a veces consistente sospecha de que el retrato había estado ejerciendo un influjo especial sobre mí, hasta el punto de intervenir en la elaboración de la novela que publiqué el año pasado y que, tras superar variadas brumas y ascender a diversas cumbres, incluida la que llamo en secreto Pas de Queneau, había acabado titulando con unas palabras precisamente del tal Queneau.
No recordaba cómo se llamaba el dibujante y lo pregunté por correo a Martín Sánchez, que tuvo la amabilidad de decirme: “Sin duda se trata de Étienne Lécroart (miembro del OuLiPo y del Oubapo), que en aquella reunión presentó dos retratos, uno en creux de Emmanuel Carrère y el de Queneau que, por lo que me cuentas, te regaló a ti y cuyas líneas suman un total de 110 kilómetros por las calles de París”.
Y fue curioso. Al leer esos datos, creí entrever de pronto un mundo en el que no resultaría del todo imposible que, en su pedaleo interrumpido de abril, Lund hubiera sido relevado por Lécroart, que así de algún modo habría ido reforzando la continuidad del dibujo de la vida, cada día, por cierto, más amenazado. ¿O no

sábado, 29 de agosto de 2020

Tour con mascarillas



Kasper Asgreen, ciclista del Deceuninck Quick-Step,
en Niza, donde se inicia el Tour 2020, en un entrenamiento,
S. Nogier
 / EFE

(Al filo de los días). El amigo Montano, tal vez a estas alturas el mayor y más inspirado amante del deporte ciclista que conozco (sus poemas-pastiches del Tour deberían ser impresos), ha saludado la imagen que ilustra la información del inicio de la Grande Boucle con un «Qué belleza», escueto y contundente, realmente estremecedor. No he tenido más remedio que contestarle tirando de fondo de armario: «Ni Samotracia ni Niké otra alguna. ¿Quién habla de Victorias? Que vuelva el Tour es todo».

Sin disculpar la hipérbole ni el entusiasmo (¡eso nunca!), sí fuera tal vez conveniente recordar que las penas con pan son menos. Por otro Iado, el regreso del gran deporte sobre ruedas ofrece una buena oportunidad para seguir pedaleando en casa... en tiempo real y con frescas sensaciones visuales.
¡Viva el deporte más hermoso! (Incluso enmascarado).

lunes, 13 de julio de 2020

Trikiklos (7)

La subida y el descenso del puerto pirenaico será siempre recordada en España por la desafortunada caída que privó al corredor manchego de ganar el Tour de Francia de 1971.
Añadir leyenda
En la memoria
aún me duele la sangre
de Luis Ocaña.


(El lunes 12 de julio de 1971 —hace sólo 49 añitos y un día— el ciclista conquense sufrió una terrible caída en el descenso del Col de Menté, cuando era un firme candidato a ganar la prueba frente al insaciable «Caníbal» Mercks. Lo conseguiría dos años después).

sábado, 9 de marzo de 2019

Bahamontes, leyenda viva

La imagen puede contener: una o varias personas, bicicleta y exterior
Monumento a Bahamontes en Toledo. Foto: AJR, 2019.

(Visiones en voz alta). El primer héroe deportivo del que te tengo memoria se llamaba (y, por fortuna, se llama) Federico Martín Bahamontes. Corrió su primer Tour de France el mismo año en que yo nací, y cinco años después, en 1959, fue el primer español que ganó la mítica carrera, de modo que en mi más temprana infancia era ya una leyenda viva y fue determinante en mi afición al ciclismo. De Bahamontes se contaban en los corrillos del barrio anécdotas increíbles: que sí se paraba en los puertos a comerse un helado, que a veces se metía por atajos de caminos de cabras o, la más insólita, que llevaba una ristra de chorizos escondida en la cámara de repuesto de la bici y por eso ganaba siempre. Lo cierto es que, si bien apenas recuerdo verlo competir (vagamente entreveo alguna portada de prensa, puede que del vespertino “El Alcázar”, celebrando algunos de sus últimos reinados de la montaña en el Tour), fue sin duda el adelantado de aquella generación de “carreristas” (San Miguel, Perurena, Julio Jiménez, Pérez Francés, Tamames, Galdós... y, sobre todo, Jose Manuel Fuente “el Tarangu”...) que culminaría en Luis Ocaña, el héroe absoluto de mi infancia deportiva. Esta entrevista que Broncano le hizo a Bahamontes en “La Resistencia” es pura delicia. Habría que organizarle cualquier día de estos un homenaje nacional al Águila de Toledo y, quién sabe, también nombrarlo, como él dice, “medianero” para lo de Cataluña, que así seguro que se enderezaba tanta torpeza.

domingo, 24 de julio de 2016

El Tour en tuits

El Tour en la tele a golpe de tuit. Foto AJR.

Toujours le Tour!
Días del mes de julio:
vuelvo a ser niño.

Ruedan colores:
azules, grises, verdes...
¡y el amarillo!

Bicis y Steiner:
bajo la luz de julio
rueda el silencio.


Trabajo y ocio:
rueda la tarde lenta
en la Posada.

Ruedas y músculos
entre las sombras verdes:
«Comienza puerto».

Seguir la rueda
de la Francia profunda:
ríos, castillos.

Primer gran puerto,
entre aguas turbulentas:
le col d'Aspin.


Valle tendido
bajo la luz redonda:
le Tourmalet.
(Ay, aquel tiempo
de palabras gemelas:
¿dó fue l'Aubisque?)

Cruza las cumbres
la proverbial serpiente
multicolor.
Y a cada paso
la rueda del recuerdo
vuelve a girar.

Con luz de otoño,
rueda entre viento y lluvia
el arcoíris.

Por la llanura,
el pelotón compacto
en tensa espera.


Ruedan los cuerpos
y vuelan las palabras:
le Mont Ventoux.

[Silencio triste:
contra la muerte bárbara
rueda la vida.]

Estas llanuras
de franco asentimiento
(cabezaditas).
Y las inanes,
entre l'ennuie y la murria,
conversaciones.

Pancho, gran aficionado, tampoco las tenía todas consigo...

Cuestas en sombra:
bajo el sol de los Alpes,
el Tour cabalga.

Esa agonía
—rueda a rueda de rueda—
del perseguido.
Y el sudor sordo
—a rueda de la rueda—
del que persigue.

¿Las emociones?
Bosques, cultivos, lagos,
desfiladeros...
Si uno se fija 
se ven los elefantes
(y, al lado, Aníbal).

Cronoescalada:
Froome lo devora todo.
Como Saturno.
R. Llansola: Saturno devorando a su hijo (2004).

Habla, memoria,
de aquellas escapadas
de un día entero.

Bravo, Purito.
Más bravo todavía:
Ion Izagirre.

Y junto al Arco,
París bajo las ruedas,
ya todo es Triunfo.

Toujours, ma vie,
je m'en souviens autour
le Tour de France.



*****
Como cada mes de julio desde hace ya más de medio siglo (¡se dice pronto!), he seguido con atención el Tour de Francia, que hoy concluye. No ha sido, precisamente, el más apasionante. Incluso algún aficionado montaraz no ha dudado en calificarlo como el Tour más aburrido de la historia. No diría tanto, pero tampoco mucho menos. La temprana caída de Contador y su posterior abandono lo dejaron reducido a un presumible duelo entre Chris Froome y Nairo Quintana, que finalmente no tuvo lugar por incomparecencia del colombiano, al parecer mermado en su salud. Además, la etapa del Mont Ventoux, sin duda la más esperada, no pudo culminar en los cinco pelados kilómetros de la cumbre, azotada por vientos de hasta 130 km por hora. Así que nos quedamos con las ganas de conjurar tragedias del pasado y, más aún, de ver manifestarse al fantasma de Petrarca para coronar con laureles frescos el esfuerzo del ganador. En contrapartida, el caos de la llegada de esa etapa hizo posible la insólita e inédita escena de un maillot amarillo corriendo a pie en dirección a la meta, una imagen del todo inverosímil que por momentos convirtió la Grande Boucle en una variante de la triatlónica Quebrantahuesos. 

Este Tour no ha carecido de instantes salvados de la murria canicular. Junto al esfuerzo notable de ciclistas ya veteranos (Cavendish, con sus cuatro triunfos, el melenudo Sagan, hábil como un zorro, Nibali, Aru, o nuestros Valverde y Purito, este último ya de despedida), ha sido notable la confirmación de ciclistas emergentes (Pantano, Bardet...) y el despuntar de algo más que jóvenes promesas (Yates, Alaphilippe, un nombre que lleva el ánimo incorporado). Todo ello, naturalmente, bajo el dominio impecable de un Froome que, a día de hoy, parece imbatible, aunque en algún momento dio muestras de estar a punto de flaquear. De los momentos felices, sin duda el más alegre fue el triunfo de Ion Izagirre, en la penúltima jornada, tras su vertiginoso descenso del col de la Joux Plane, en la etapa más vistosa de la ronda (ayer mismo). También la tristeza y la repulsa por el atentado de Niza estuvieron presente en la carretera: con buen criterio, las ruedas, como la vida, siguieron girando.

Como esta ha sido el primer Tour que he podido seguir, a salto de mata y sin suspender mis actividades laborales, con un iPhone cerca y una cuenta de Twitter, @lfredojramos, se me ocurrió la idea de tratar de resumir el clima de cada jornada en un tuit, con ritmo de coplilla de tres o seis radios. También he colgado en mi TL, y en cuasidirecto, los finales de todas las etapas, con un breve comentario. En los TuitTour, todos ellos ilustrados con imágenes tomadas en su mayoría de la retransmisión de RTVE, me propuse, a modo de obligación formal, que cada estrofa llevara incorporada la palabra «rueda», en cualquiera de sus acepciones. Pero también me he tomado la licencia de saltarme la norma cuando me ha parecido bien. Dudo que la recopilación, en su zigzagueo, consiga evocar lo que ha sido esta 103ª edición del Tour. Pero me daba pena que el esfuerzo se perdiera en las inmensas cloacas de las redes sociales. Así que he preferido trasladar la serie a la cámara frigorífica del blog, por si a alguno de los visitantes de la Posada le suscita interés. 

La próxima gran cita ciclista, además de los juegos olímpicos, será la Vuelta a España, que este año dará sus primeras pedaladas junto al Sil, en una etapa que confío en poder seguir en directo. 

miércoles, 6 de julio de 2011

Carreristas


Hace ya unos días que ha comenzado el Tour de Francia. Mis horas de  canícula ya tienen dueño, aunque deba compartirlas con obligaciones que no vienen al caso. En mi cabeza solo una palabra es capaz de contener el juego de emociones, naturalmente ligadas a la infancia, que el deporte más hermoso del mundo aún me produce: ha llegado la hora de  los carreristas.

Imagen tomada de elespectador.com

Postdata del 18 de julio
Añado algunos argumentos visuales de peso a través de este enlace pescado en el admirable blog de Montano.
(Por cierto, una foto similar a la de los girasoles fue la primera opción que manejé para encabezar este post.)

viernes, 18 de febrero de 2011

Pinchazo


La solución, parcial y provisional, que se le ha dado al caso Contador, con el espectacular viraje del veredicto de las autoridades deportivas tras la insólita mediación del presidente Zapatero, me parece que no tardará mucho en volverse contra el propio corredor, e incluso contra el deporte español en general, hoy puesto bajo sospecha en medio mundo, como indirectamente han venido a reconocer incluso algunos enfáticos anuncios publicitarios. Que las normas antidóping por las que se rige el ciclismo rallen en lo absurdo, e incluso lo inhumano, no es excusa para esta función teatral tan mal ensayada, a la que se le ven por todas partes los trucos de la tramoya y hasta se escucha, por encima de todas la demás, la voz del apuntador.

Puede que Contador no haya hecho trampa alguna (yo quiero creerle, aunque la historia del solomillo parezca como de Gila...), pero las autoridades deportivas del ciclismo, y el propio Zapatero, creo que han cometido un grave error por la forma en que han dilucidado este asunto. Un pinchazo en toda regla.

¿Qué pasa con el dopaje en el deporte español? ¿Quién pretende que sigamos comulgando con ruedas de molino? ¿Algún día sabremos la verdad de todo esto? Sí, algún día la sabremos. Pero ya será tarde y a nadie le importará.

A los interesados en profundizar en algunos aspectos de este y otros asuntos del, pese a todo, espectacular deporte del ciclismo (y no solo de ciclismo), les recomiendo darse una vuelta, y hasta un giro y un tour, por este blog, donde podrán sacar, eso sí con paciencia y tras unas cuantas horas de lectura, sus propias conclusiones. Yo mismo, a ratos perdidos, estoy en ello.

Viñeta de Ventura & Coromina en LaVanguardia.es

sábado, 2 de octubre de 2010

El cuento de Contador


De todas las historias del deporte, las del ciclismo son las más tristes: casi siempre acaban mal.

Se resuelva como se resuelva el caso del presunto dopaje de Contador durante el pasado Tour, el mal ya está hecho. Agravado, además, por la coincidencia de que el mismo día en que saltó a la opinión pública el escándalo en que está enredado el corredor de Pinto, y que le ha valido una suspensión cautelar por parte de la UCI, se dieran a conocer otros dos posibles dopajes en la pasada Vuelta, que afectan al segundo clasificado, Ezequiel Mosquera, y a uno de sus gregarios, David García. Hoy mismo la campeona de mountain bike Marga Fullana ha admitido que tomó sustancias prohibidas durante el pasado mundial de la especialidad celebrado en Canadá. Es como si un pérfido guionista hubiera dispuesto la secuencia de estas muy malas noticias con la secreta intención de que el golpe a la credibilidad de un deporte que siempre ha tenido problemas para establecer con claridad sus casi inhumanas reglas de juego (y, sobre todo, para controlar su cumplimento) pueda acabar siendo de enorme contundencia, tal vez irreversible.

Las explicaciones dadas por Contador sobre cómo pudo llegar una insignificante cantidad de clembuterol a su sangre (el consumo de un carne contaminada) son tan creíbles como lo son su palmarés y su condición de deportista excepcional, con el que tanto hemos disfrutado. Por otra parte, todo el mundo admite que, aún suponiendo que el ciclista hubiera tomado voluntariamente ese producto (de uso casi exclusivamente veterinario aunque, según me informa mi bioquímico de cabecera, en humanos es "un broncodilatador muy eficaz"), las ventajas deportivas que de ello habría obtenido serían despreciables o incluso nulas. Se está reconociendo así de forma tácita que, en el ciclismo, lo que importa no es el espíritu de la ley sino sólo la letra, el estricto cumplimiento con las interminables listas de sustancias prohibidas, a las que siempre habrá que añadir alguna nueva recién puesta a punto por la industria farmacéutica.

Nadie pone en duda que la vigilancia y castigo de las prácticas tramposas debe formar parte de la competición deportiva. Pero en el caso del ciclismo, el interminable juego de «ratones y gatos» entre los encargados de aplicar las normas y los deportistas parece haber superado hace mucho tiempo todos los límites. Y nos sume a los aficionados en un estado que está a mitad de camino entre el desconcierto y la perplejidad.

La etapa del Tourmalet del Tour 2010, un "duelo de caballeros" entre Contador y Andy Schleck. Foto Reuters.

Dicho lo anterior, en mi opinión es completamente injusto que un deporte de tanta exigencia como el ciclismo se vea sometido a un grado tal de fiscalización que, en la práctica, no sólo condena a los ciclistas a soportar una condición permanente de presuntos culpables, sino que a la postre (como se viene demostrando) hace poco menos que imposible cumplir con su reglamento. Una normativa tan enrevesada que puede provocar situaciones como la que está viviendo Contador, un deportista que revivió en la propia carretera, tras un gravísimo problema de salud, y que con esfuerzo y entrega admirables fue capaz de traer nuevas esperanzas a un deporte al que un aciago demiurgo parece haber condenado a transformarse en una interminable relato de terror.

Ojalá que el «cuento» de Contador sea verdad y que esta triste historia concluya de un modo que le permita seguir demostrando sus admirables cualidades de deportista. Lo cierto es que el asunto, a medida que pasan las horas (incluso mientras escribo esta nota), va ofreciendo más de una arista y amenaza con convertirse en un argumento vidrioso. El periódico francés l'Equipe ha publicado que en la orina del corredor, además del mencionado clembuterol, habrían aparecido sustancias que podrían derivar de restos de las bolsas de plástico que se utilizan para las transfusiones de sangre, lo que daría pie, según conjetura el periódico francés, para sospechar que el ciclista podría haberse sometido a una transfusión de su propia sangre convenientemente oxigenada y tratada para mejorar su rendimiento. Una práctica que, al parecer, no es infrecuente en el mundo de la alta competición. De hecho, el positivo del estadounidense Floyd Landis, que le costó ser desposeído de su condición de vencedor del Tour de 2006, se debió a una de esas autotransfusiones que, en este caso, desembocaron en la presencia de testosterona sintética en el control antidóping.

En otros periódicos europeos, especialmente alemanes, las acusaciones contra Contador y, en general contra el ciclismo español, son aún más tajantes y algunos no se privan de incluir, como en el caso del Bild, montajes fotográficos claramente acusadores. Habrá que esperar acontecimientos.

Por mi parte, no es sólo que quiera creer en la inocencia de Contador. Pienso que, salvo pruebas palmarias en contrario, nada de lo que haya podido hacer puede poner en tela de juicio su entrega al deporte más hermoso y sin duda el más exigente, especialmente en sus tres grandes citas (Tour, Giro y Vuelta). Tan exigente que quizás haya llegado ya a los límites en que el esfuerzo humano es capaz de alcanzar la cima por sí solo.


Imagen superior: Alberto Contador durante la rueda de prensa en la que dio explicaciones sobre su presunto positivo. Fotografía tomada de DNA

viernes, 23 de julio de 2010

Atourrimiento

Cuando 1 amarillo (Contador ) y 11 blanco (Schleck) suman 100/100 gris = el Tour 2010.
(Imagen tomada de la Página oficial del Tour)

El Tour 2010, salvo sorpresas de última hora, va a suponer la quinta victoria consecutiva de ciclistas españoles, igualando así entre tres corredores lo que Miguelón Indurain consiguió él solo de 1991 a 1995. Pero no pasará a la historia.

Tras seguirlo con el mismo interés de siempre, con una fidelidad que forma parte de mis ritos caniculares, puedo dar fe de que ha sido uno de los más aburridos de los últimos años, sólo animado por incidentes menores, algunas ráfagas mínimas de emoción y, eso sí, toneladas de fair-play. Tantas y tan reiteradas que en algún caso daban hasta para pensar en un reparto de papeles, si no pactado de antemano (que no creo), sí consensuado a la vista de las circunstancias.

Tal vez la igualdad de fuerzas entre los dos grandes favoritos, Contador y Schleck, es tan milimétrica, que la competición no daba para más duelos que el que se produjo en los últimos diez kilómetros de la subida del Tourmalet, donde se vio una disponibilidad de recursos tan pareja que a punto estuvieron los dos ciclistas de entrar de la mano, o incluso uno en los brazos del otro. Eso y aquel demarraje, ascendiendo hacia Bagnères-de-Luchon, en el que a Andy Schleck se le salió la cadena y dio pie a una absurda polémica, es lo único que los aficionados podemos mantener en la retina.

Pero han sido muchos kilómetros sin casi una emoción verdadera que llevarse a la siesta como para pensar que todo sea debido a esa igualdad. ¿Un exceso de cálculo? ¿Mediocridad por norma? ¿Sentimientos de culpa generalizados, en un deporte siempre bajo sospecha, que intentan enjugarse con gestos retóricos de caballerosidad?

Decía el abulense Carlos Sastre, que es tan buen corredor como escasamente diplomático, que algunos están convirtiendo el ciclismo en «una patraña de niñatos». Sus palabras son injustas. E incluso su propia incapacidad para romper ese estado de cosas debería hacerle recapacitar (tampoco sería la primera vez que se desdijera). Pero es verdad que se echa en falta un punto de ambición y de capacidad de aventura. Cierta forma de abordar la carrera que el estilo característico de Contador (a la antigua usanza) nos prometía y que en esta ocasión parece haberse esfumado.

En fin, pocas veces he dicho agur (¿abur?) a un Tour con menos sentimiento. Me queda el consuelo de soñar con el próximo.

lunes, 31 de mayo de 2010

El sueño rosa

David Arroyo en el Giro de 2010. Bettini Photo

(El ciclista talabricense David Arroyo, vistiendo la maglia rosa, 
descendió el Mortirolo con tanta valentía y confianza, 
que durante unos minutos pudimos soñarlo en lo más alto 
del podio de la Arena de Verona. Fue en el 
Giro de Italia 2010, el 28 de mayo. 
Este soneto quiere guardar memoria de ese momento, 
que se suma a otros inolvidables del deporte 
más hermoso, como homenaje al deportista que lo hizo posible.)


Arriba, el Mortirolo, entre la nieve,

es la auténtica Porta dell'Inferno.

Y es cada pedalada un giro eterno

que agita un corazón y a otro conmueve.


David no es Goliat, pero se atreve

y, tras cruzar la cima del Averno,

de su máquina exhibe tal gobierno,

que la transforma en flecha rauda y leve.


La gesta estaba en marcha. Cada escollo

era un pulso ganado al propio abismo

con arrojo y entrega generosa.


¡Qué gran descenso el de David Arroyo!

Fue un sueño al fin trocado en espejismo.

Mas, como sueño, es ya inmortal. Y rosa.









jueves, 23 de julio de 2009

Contatour

Foto tomada de la edición digital de L’Équipe.

Aún no se puede cantar victoria (definitiva), pero la enorme superioridad que Alberto Contador está demostrando en el Tour ya ha servido para escribir otra brillante página del más esforzado de los deportes de competición y, a mi juicio, el de mayor belleza.

Contador ha confirmado que posee el genio escalador de Perico Delgado y la fortaleza, inteligencia y elegancia de Indurain, cualidades sumadas en un nuevo estilo de campeón que, si los dioses nos son propicios, parece llamado a depararnos grandes jornadas a los amantes del ciclismo.

Lo ya conseguido (confiamos en que se confirme en París el próximo domingo) tiene, además, mayor mérito por las condiciones adversas, incluso insólitas, en que el ciclista de Pinto ha tenido que afrontar esta competición. El retorno del heptacampeonísimo Lance Armstrong y su ingreso en el mismo equipo de Contador, bajo la dirección de Johan Bruyneel (siempre unido al corredor estadounidense), han dado lugar a situaciones de gran tensión dentro y fuera de la carrera.

Pero, sobre todo, se ha producido el espectáculo deplorable de ver cómo todo un ganador del Tour (entre otros grandes triunfos) quedaba expuesto a riesgos absurdos, el principal de los cuales ha sido el de correr sin un equipo que estuviera de verdad a su servicio. Frente a esa disparatada circunstancia, el deportista ha mantenido una actitud algo más que paciente. Incluso ha tenido que ganarse a golpe de pedal la condición de favorito número uno en su propia escuadra.

Contador no sólo está demostrando en este Tour ser un deportista fuera de serie. También ha puesto de relieve virtudes como la generosidad (otro rasgo a lo Indurain), la humildad y el coraje (su historia es la de un «resucitado») que sin duda engrandecen su figura.

Confiemos en que, a partir del domingo, la celebración pueda basarse en un veredicto definitivo. Pero, independientemente del resultado final, vaya por delante mi aplauso por el logro deportivo y el agradecimiento por las horas tan gratamente sustraídas a la sesteante canícula de julio.

He encontrado en Youtube este vídeo que ejemplifica, con imágenes antológicas de sus irresistibles arrancadas, el estilo competitivo del ciclista de origen extremeño. Está ilustrado con dos temas musicales: «Quiero ser como tú», del grupo Mama Kids, y «Canción de Alberto Contador», de Los Chicos de la Calle Pez, una banda de Pinto.



jueves, 9 de julio de 2009

Días del mes de julio

London Eye © Andrew Bossi


Vuelve con la ilusión cada verano
de una epopeya que me compra el alma
esa explosión del músculo, el hechizo
que corona la cumbre y baja al llano.

Yo era niño en los tiempos del Caníbal
y me llené de sangre bajando el Col de Mente.
Vi las sombras peladas de l’Aubisque
y la muerte en directo en Mont Ventoux.

Hay que oírlo, señor, para creerlo,
cómo cuenta el dios Ares la batalla,
con pulsiones que erizan el paisaje.

Y el sudor y los gestos y los gritos,
la elegancia que cruza por la cima:
Luis Ocaña, Perico e ¡Induráin!


(Pero ha pasado el tiempo
y –vamos a soñarlo– el reinado de Armstrong
no tendrá vuelta atrás.
Tras los sonados triunfos
del gallego Pereiro y el gran Carlitos Sastre,
aquí está ya, de nuevo,
¡Alberto Contador!)


Contextos
(Para no aficionados y, por tanto, muy improbables lectores, pero … qui dira les torts de la rime?)

Imagen superior: «El ojo de Londres», la gran noria panorámica cercana al Támesis. El deporte inglés (salvo algunas excepciones) no ha dado grandes ciclistas. Pero en el centro de Londres se alza el mayor homenaje visual al mundo de la bicicleta. Imagen tomada de Wikipedia.

El Caníbal era el nombre que la prensa deportiva de la época le dio al belga Eddy Mercks, probablemente el ciclista más completo que haya existido nunca.

Descendiendo bajo la lluvia el Col de Mente, una caída privó al campeón español Luis Ocaña (el héroe deportivo de mi infancia) de la posibilidad de ganar el Tour de 1971 y batir a Mercks con absoluta claridad, pues le aventajaba en la clasificaciòn general en más de siete minutos. Aunque Ocaña ganaría el Tour de 1973 (sin la participación de Mercks), algunos piensan que el gran ciclista conquense, afincado en Francia, nunca llegó a recuperarse moralmente de esa desgracia. Se suicidó en 1994.

El Tour, junto a imágenes de una belleza inusitada, también ha producido secuencias terribles. Las de la muerte del británico Tom Simpson, en el Tour de 1967, en las rampas del Mont Ventoux, quizás sean las más estremecedoras.

Espero que el gran periodista que es Javier Ares no se enfade por divinizarlo aprovechando la coincidencia de su apellido con el Marte griego. Pero la verdad es que sus relatos radiofónicos de las etapas del Tour (muchas veces escuchados mientras atravesaba en coche la insolada llanura manchega camino del Mar Menor) son lo más parecido que puedo imaginar al relato oral de una vieja epopeya.

La Red está plagada de imágenes y documentos del máximo interés sobre el Tour de Francia, un acontecimiento que (no sé si es preciso insistir en ello) considero la más alta y esforzada expresión del deporte competitivo... y el verdadero anuncio de que el verano es ya irremediable. Siempre lo he seguido con atención y le debo grandes emociones. Espero que este año se repitan. Allez, Contatour!!