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domingo, 26 de julio de 2015

¿Quién nos engaña?

Kohei Koyama. Viaje debajo del sol de medianoche. 2008.
Cortesía de la Galería Suchi, Tokyo. © Kohei Koyama.
Tomado de ars magazine.

Todo plural en medio de un pronombre es siempre mayestático. La frase, si se piensa bien, no significa nada. Nada al menos que pueda reducirse a un significado previamente dirigido. Digerido. Incluso nombra un espacio tan irreal, pero no inexistente, como pueda ser el "medio de un pronombre". Mire el lector hacia dentro e intente vislumbrar esa imagen. ¿Conseguido? Para seguir soñando ya no es preciso dormir. Al fin hemos accedido al tiempo del soñar despiertos. Si se piensa bien (de nuevo: pero es que se puede pensar mal y no acertar), no hacemos otra cosa cada día. ¿Quién es el responsable de lo que ocurre en nuestras noches? Y «a estas horas está previsto que comiencen en Valladolid los actos conmemorativos del Día de las Fuerzas Armadas», estaban diciendo en la radio hace un momento, noticias de las 12. Pararse a pensarlo (y anotarlo) es lo que tiene. Que el mundo no se para y cuando te quieres dar cuenta apareces en medio de ninguna parte. Quién sabe. Tal vez en medio de un pronombre que sostiene a uno y otro lado una pregunta y una presunción. Y en medio, justamente, el sujeto que, como su nombre indica, los pone en contacto, los sujeta, e intenta darles sentido. Toda escritura emite un vómito. Esa es su forma, tal vez ilusoria pero real, de vencer al tiempo.

(Rescatado de los Arcones de la Posada.
Primera publicación: 02/06/2012, a las 23:30.)

domingo, 6 de febrero de 2011

El sol entero


Lo sospechábamos, pero las imágenes, como nunca hasta ahora, lo confirman: el Sol es un huevo. En su centro, como manchas de vida, se perfilan los cauces de la sangre de los que, en un futuro inimaginable y en un tiempo de imposible predicción, emergerá el ser que ya no seremos y que sin embargo habremos sido o soñado.

Criaturas solares, con lo fácil que es dejar de respirar, qué inmensa grandeza gravita en nuestra nada.


Imagen de los dos hemisferios del Sol tomada por las sondas de la misión Stereo de la NASA, reproducida de el país.com

martes, 4 de enero de 2011

Eclipse



Una de las novedades de este 4 de enero, fecha que desde hace al menos más de medio siglo (más 48 meses, para ser exacto) es una jornada marcadamente feliz y memorable, ha sido el primer eclipse solar, si bien parcial, del nuevo año.

Raro fenómeno que, en tiempos en los que la naturaleza aún tenía estatuto de divinidad, despertaba los más variados asombros, temores y esperanzas en el corazón de los humanos.

Y que todavía hoy, si nos paramos un momento a verlo y a sentirlo (también a pensarlo), quizás pueda ofrecernos un punto de inflexión en el discurrir de las horas y el tránsito veloz del día, de los días, cuya suma es la vida.

Una especie de quicio o gozne, o cualquier otra libre variante de sizigia, sobre la que sea posible hacer girar el impulso pausado de la contemplación. También el gesto reflexivo que siempre implica la mirada hacia lo alto.

La actitud, mezcla de humildad y grandeza, que inevitablemente nos devuelve el sentido de nuestra verdadera estatura.

Sobre las imágenes, tan bien simuladas, de «la subida de la luz» (la verdadera, no ese atraco al que el ministro del ramo da tal nombre) y en la pieza absorbente y minimalista de Ludovico Einaudi, me he parado a escuchar el traqueteo soñador del tren de las 12.00 am.

sábado, 7 de agosto de 2010

Resonancias (3): machadiana


Mucho antes que el inevitable Guernica (yo también) o que la frustrada posibilidad del no menos frecuente Ché (yo, tampoco), en las paredes de mi cuarto, frente a mi mesa de estudio, colgaba un póster de Antonio Machado con los hermosos y bien conocidos alejandrinos finales de su poema «Retrato» grabados sobre la ancha frente: «Y cuando llegue el día del último viaje, / y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, / me encontraréis a bordo ligero de equipaje, / casi desnudo, como los hijos de la mar». Palabras que, como a tantos, me acompañan a menudo y que quizás resuman la mejor (y más consoladora) filosofía vital que haya tenido nunca. Qué sabio, en su aparente sencillez, don Antonio. Y cómo crece su obra a medida que pasa el tiempo (y nosotros con él).


(Aunque es mucho más conocida la versión del poema cantada por Serrat, dejo aquí la limpia y libre interpretación flamenca de Calixto Sánchez, quizás más cercana al modo de decir, e incluso de sentir, del poeta.)

Imagen: «Sol de medianoche con barca», tomada del blog Laberinto de lluvia.




martes, 20 de julio de 2010

Resonancias


La mejor brújula para moverse por Internet es la fe en el poder de las palabras, guiada por la esperanza de compartirlas y amparada por las caridad de nunca desear a los otros lo que uno no quiere para sí (lo cual más que caridad, como suele ocurrir a menudo con la virtud así llamada, es mero sentido de la justicia).

Las palabras son lo que son y además son el son. Tambores capaces de convocar multitudes, susurros que apenas se distinguen del gorgor de la marea, crótalos que invitan a la danza, rumor sordo del fondo, trompetillas desafinadas del fin de fiesta.

Pero, sobre todo, las palabras son imanes (brújulas de nuevo): se atraen unas a otras, se repelen, fornican y se amansan, tienen vida propia y crean vida.

Están, por ejemplo, las palabras que forman parte del ser del lugar, de este lugar: sol de medianoche. Uno las teclea, con algunas variantes idiomáticas, en un buscador cibernáutico y la marea arrastra hacia la playa algunos hallazgos que merecen ser compartidos. Como este viaje, tan apropiado para esta época estival. Como el sol mismo que nos ampara a todos.


Imagen superior tomada de Trinity's eyes.