Mostrando entradas con la etiqueta Supertramp. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Supertramp. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de diciembre de 2024

Caja De Citas: Supertramp en kayak

(CajaDeCitas, 29). No creo que haya mejor embarcación para emprender estos días una travesía gratificante que el KAYAK. Esta especie de piragua (¿paragua?), ágil y esbelta, capaz de moverse entre las corrientes o los cursos calmados con la agilidad de un tiburón y la elegancia de un delfín, tiene a su favor, además, la condición reversible de su nombre: se diría que en ella es posible transformar la proa en popa y viceversa. Tal vez por eso esta especie de «ropa para andar en el agua» —ese sería, al parecer, el significado literal del nombre inuit KAyAK— se acomoda muy bien a nuestra propia condición humana (o sea “esquimal”) y a los designios inescrutables de nuestra vida que lo mismo nos exigen afrontar un día luminoso que encarar, y a ser posible sin torcer el gesto, algunas turbulencias inesperadas, o cruzar una zona de densa niebla en la travesía. Si en ese recorrido, por añadidura, recurrimos a la memoria sensorial que nos late muy dentro y desde muy atrás —si es que el tiempo es algo más o distinto que una figuración del antes y el después—, de forma inevitable caeremos de nuevo en esa misma trampa que nos lleva tentando casi toda la vida, oh experiencia interior, cuando en esos momentos de quietud e intensidad sobreviene la hermosa locura abierta, la vieja y renovada melodía que nos abre vías sensoriales tan excitantes como finalmente reveladoras y acaso sublimes. Que no deje de sonar la música. Dentro. Más adentro.



lunes, 8 de junio de 2020

Adagia andante (12)

Que tu acto de fe sea el poema. También el vuelo de tu corazón.
El pensamiento es algo vivo. Y es preciso compartirlo con los otros.

La poesía avanza en todas direcciones. Y busca comprender —o al menos enunciar— lo inexplicable.
El poema, además de su asunto, tiene como objeto saber qué es un poema.
El no saber es la fuente más caudal de la poesía.
Tiene el poema la condición del ave que se pierde en la espesura.
Allí donde no alcance a llegar la inteligencia tal vez abra caminos la voz de la emoción.
A la luz de la imaginación (o con la imaginación encendida), la realidad aumenta de tamaño y se hace más visible.
Dice Stevens (cláusula 211), no sin humor, que «el joven poeta es un dios. El viejo poeta es un vagabundo». Tal vez sea verdad. Sin duda, es cierto.
Pues todo lo que importa está en la mente: vive en ella el terror, junto con aquello que puede defendernos del terror. En eso consiste ser humano.
El poeta nunca olvida la vida de la mente. Y asiste a cada instante a la lucha que allí tiene lugar.
La mente es, junto al aire, el lugar del poema.
El poeta rara vez es un héroe. Su prestigio nace del prestigio intocado de la poesía.
El prestigio de la poesía es tan evidente como inexplicable. Tal vez sea la última manifestación de lo sagrado.
Es increíble el escaso valor de la poesía. Tan increíble como su universal supervivencia.
Tiempos confusos: el mundo, de hecho, no podría vivir sin poesía. Con poesía, también resulta incomprensible.
La poesía es el universo. El solo verso.

martes, 5 de mayo de 2015

Volviendo a Supertramp

Probablemente no sea la mejor composición de Supertramp y tampoco podría decir hoy que siga siendo mi favorita. Pero durante algún tiempo no podía dejar de escucharla una y otra vez, seducido por su atmósfera envolvente, desde los acordes iniciales del piano (¿el mismo que aparecía cubierto de nieve en la portada del álbum, Even in The Quietest Moments...?), intrigado por los insertos de fragmentos del famoso discurso de Churchill ante el Parlamento británico al inicio de la Segunda Guerra Mundial (algo que tardé tiempo en saber), sobre el que se van superponiendo una especie de trompetería de circo romano (¿fanfarria viene de fan?), gritos de multitudes, campanadas rotundas de pesadumbre medieval..., efectismos que le daban a la composición un aire de "documento histórico" y afilaban su originalidad. El encantamiento proseguía con el arranque anunciado de una nueva melodía, ágil y pletórica, que se remansaba en una canción, mitad romántica y mitad profética, rematada a su vez por agudos gritos reveladores entre progresivos efectos de viento y cantos corales..., hasta que se ponía de nuevo en marcha otra melodía y la marea sonora conquistaba cada vez mayor amplitud para irse apagando (casi rompiendo) y finalizar con ciertos aires, no sé, como de opereta bufa. En fin, demasiadas sugerencias que volvían la pieza inagotable, y mucho más si había cannabis de por medio. Estoy hablando de la Obertura de los locos (Fool's Overture), el último y más largo tema del disco antes citado, aparecido en 1977. Esta versión, encontrada en Youtube y acompañada de unas imágenes de navegación filmadas desde un kayak, permite disfrutar la belleza de una música llena, pese a las apariencias, de pura melancolía. O será solo que han pasado ... ¡más de 30 años! El próximo 15 de septiembre, fecha redonda en mi calendario particular, Supertramp (o la formación que sigue llevando ese nombre, bajo la batuta de Rick Davies) actúa en Madrid, dentro de la polémica gira (19)70-(20)10. Aunque Roger Hodgson, el autor de esta y otras muchas canciones del grupo, no estará presente (acaba de actuar en los Veranos de la Villa de la capital con notable éxito), me gustaría ir a verlos.


Rescatada de los baúles de la Posada. 
Primera publicación, con el título "Resonancias (4): Supertramp"  09/08/2010 20:00

Posdata (5 de mayo de 2015). Reviso por puro azar la entrada y vuelvo a sucumbir al encanto de la canción de Supertramp. Refresco, en los posible, la no fácil interpretación de la letra que Hodgson canta en su característico falsete e intuyo que esa «gran caída» que la historia recuerda bien pudiera ser, más que una crónica del pasado, una profecía de este mismo instante: las palabras cuerdas de un loco que nadie quiere oír, quizás porque todos sabemos que en el fondo están diciendo la verdad.
Añado ahora, después de comprobar cómo en la Red se multiplican las referencias a esta pieza --que también en la Posada es una de las entradas con mayor número de visitas--, la que probablemente sea su mejor grabación en directo, de momento aún accesible en Youtube. Confío en que lo siga estando por mucho tiempo, para así poder disfrutar de uno de los grandes temas del rock sinfónico que tanto placer y estímulo nos proporcionaron en plena juventud.


jueves, 23 de septiembre de 2010

Super-(pero sin)-tramp


La longevidad de grupos como Supertramp y la tendencia de la historia a repetirse (aunque sea como farsa) hacen posible que algunos argumentos musicales del pasado vuelvan a cobrar actualidad. Uno de los momentos más curiosos de la reciente actuación del grupo británico en el Palacio de los Deportes de Madrid (15-09-2010) se produjo durante los minutos en que, para ilustrar varios temas, en una parte del escenario se recreaba visualmente la conocida portada del disco Crisis? What crisis?, publicado originalmente en 1975.

El irónico contraste que la portada sugiere entre los problemas sociales y el feroz individualismo sin duda había que entenderlo entonces en el contexto de la crisis del petróleo de 1973, aquella que lanzó al estrellato mundial siglas como las de la OLP. Pero vuelve a tener plena validez en estos ya largos meses de crisis económica mundial, llamada ahora financiera. Es como si el indolente y pálido bañista que en esa portada se protege parcialmente del sol sobre un paisaje en ruinas no se hubiera movido del lugar, pese a que han transcurrido nada menos que siete lustros.

Lo cierto es que esa sensación de inmovilidad no es gratuita ni casual. Los cuarenta años de historia (1970-2010), excusa de la gira internacional Supertramp 70-10 Tour que está realizando la banda liderada por Rick Davies y John Heliwell (y una vez más sin Roger Hodgson, pese a los rumores de retorno), no parecen haber hecho mella, ni para bien ni para mal, en una música que mantiene todo su poder envolvente, incluso hipnótico, con su mezcla de dulzura y rebeldía, sus afilados falsetes, sus poderosos teclados... y, en fin, su ejemplificación casi de manual de lo que se conocía como rock progresivo, muchas veces más pop que propiamente rock.

Para mi gusto, la mayor pega del espectáculo, y lo que impide que pueda ser considerado como una celebración completa de la «marca supertramp», proviene de la vieja ruptura antes citada entre sus componentes y en concreto del «pacto de caballeros» entre Davies y Hodgson que nos privó de poder disfrutar temas como la Fool's Overture, Even in the Quietest Moments o Babaji, entre otros que al parecer Hodgson ha decidido reservarse para sus conciertos en solitario.

Salvo esa pega, el grupo británico, ante un público complaciente en el que no era difícil ver miembros de al menos tres generaciones, ofreció dos horas largas de música apacible, de imágenes efectistas y ajustadas al milímetro, de lucimientos personales de Davies al piano -tocado en ocasiones con la contundencia del baterista que fue- y de Heliwell al saxo, con momentos de gran viveza rítmica en medio de un dilatado panorama de serenidad. Y el clic final (ver vídeo), pese a ofrecerse formalmente como una propina ante la insistente petición del público, volvió a transmitir la impresión de que todo estaba perfectamente previsto, encapsulado.

Podremos seguir disfrutando indefinidamente de esta música que, si envejece, lo hace con nosotros. Y que siempre tendrá la capacidad de recordarnos los años de nuestra juventud, puede que a veces entre algún apenas disimulado bostezo. ¿Es mucho? Quizás no, pero es. Y es tal cual, sin trampa y pese a que (y perdón de antemano por el chiste malo) cada vez vaya siendo más visible... el cartón. De todos y de todo.