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domingo, 26 de octubre de 2025

«A Irmandade das Estrelas», 30 años

(En voz alta). Sin ninguna duda, A Irmandade das Estrelas, de Carlos Nuñez, es uno de los discos de música galaico-universal que más he disfrutado. Nunca olvidaré la impresión al oír por vez primera «A orillas del Río Sil». Y la literal emoción de la voz de Luz Casal cantando «Negra sombra», en compañía do Gaiteiro Maior. O los sones tan evocadores de la «Quinta Brigada». O el literal salir de la luna sobre las plazas de Compostela. Y todas las demás. Tal vez el disco, junto con algunos de Amancio Prada o aquellos cuasi juveniles de Supertramp o Pink Floyd, que más veces he escuchado. Han pasado 30 años y todas las Estrellas mantienen su hermandad.


Addenda/corrigenda

Aunque mi escrito fuera "sin ninguna duda", caigo en la cuenta de que he cruzado recuerdos y confundido, o más bien fusionado, títulos: Junto al aquí celebrado «A Irmandade das Estrelas», el otro disco de Carlos Núñez que he tenido siempre a mano es «Os Amores Libres», publicado en 1999, y al que por tanto aún le faltan cuatro año para que llegue su trigésimo aniversario. Así que, aunque en mi cabeza ya crepuscular se hayan fundido ambas referencias, en el continuum de un artista al que no he dejado de seguir, conviene poner las cosas en su sitio. Seguro que alguien ya se había percatado. Sea.


La negra sombra también es la desmemoria.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Luz de negra sombra


La plenitud de Luz Casal me despierta un entusiasmo sereno que, inevitablemente, me lleva a recordar el momento culminante de mi relación con su música. Ha habido muchos otros (hace más de veinte años que escucho sus canciones), pero nunca podré olvidar el estremecimiento que me recorrió al oír por primera vez, en el radiocasete de un viejo coche, su sublime interpretación de Negra sombra, el delicado poema de Rosalía de Castro al que puso música Xoán Montes Capón a partir de la estructura musical del alalá, un aire popular de gran tradición en el folclore gallego.
Recuerdo que al llegar el momento en que el poema dice «Si cantan, es ti que cantas, / si choran, es ti que choras» me pareció comprender, como en un fogonazo, la esencia del amor y su nostalgia: la presencia que todo lo ilumina y que a todo le da, no sé si sentido, pero sí conciencia de ser y consciencia por tanto de la fugacidad. En un mismo y único movimiento. Un golpe de luz.
El poema de Rosalía, que bebe de algunas fuentes bien visibles (y sobre todo del poema «El murmullo de las olas», del poeta coruñés Aurelio Aguirre, amigo íntimo de la escritora), ha recibido muchas interpretaciones y ha dado pie a interesantes polémicas. También la canción ha sido interpretada por muchas voces, desde Amancio Prada hasta la fadista Maria do Ceo, pasando por numerosas corales e incluso por una animosa versión de Al Bano.
La voz de Luz Casal, que es la que se escucha en este vídeo arropada por la calidez instrumental de Carlos Núñez, extrae de de canción una poderosa veta expresiva que logra imponer la afirmación de la lucidez (iluminación de la mente) por encima del bien perceptible vuelo de la tristeza.
Estas son las palabras de Rosalía de Castro (Follas novas, 1880):
Negra sombra
Cando penso que te fuches,
negra sombra que me asombras,

ó pé dos meus cabezales

tornas facéndome mofa.
Cando maxino que es ida,
no mesmo sol te me amostras,

i eres a estrela que brila,

i eres o vento que zoa.
Si cantan, es ti que cantas,
si choran, es ti que choras,

i es o marmurio do río

i es a noite i es a aurora.
En todo estás e ti es todo
pra min i en min mesma moras,

nin me deixarás ti nunca*,

sombra que sempre me asombras.
*Así lo canta Luz Casal; el verso de Rosalía dice: «nin me abandonarás nunca...»

Y esta es la versión castellana (con algunas licencias para mantener el ritmo y la rima) que un día hice para alguien que me lo pidió (se admiten sugerencias en los tantas veces traicioneros recovecos de la traducción).

Cuando pienso que te fuiste,
negra sombra que me asombras,
al pie de mi cabecera
vuelves haciéndome mofa.
Si imagino que te has ido,
con el mismo sol retornas,
y eres la estrella que brilla,
y eres el viento que sopla.
Si cantan, tú eres quien canta,
si lloran, tú eres quien llora,
eres el rumor del río,
y eres la noche y la aurora.
En todo estás y eres todo
para mí y en mí misma moras,
y no me dejarás nunca,
sombra que siempre me asombras.
(Trad. AJR)
Posdata: me parece oportuno pedirle encarecidamente al juez titular del Juzgado número 6 de Alcorcón, que acaba de negarle «utilidad pública» al gallego y al que Manuel Rivas le ha dirigido esta carta (con su oportuna traca final), que se tome el tiempo necesario para leer el poema de Rosalía y, si es posible, escuchar la canción de Luz. A ver si después es capaz de mantener su indocumentado y rudo veredicto.