Mostrando entradas con la etiqueta Gil de Biedma. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gil de Biedma. Mostrar todas las entradas

martes, 15 de mayo de 2018

Procedencia

Ráfagas de la hora violeta, sobre la Glorieta de López de Hoyos. AJR, 2018.
(Resonancias🚏⛲️). «¿Y tú, de dónde eres?», suelen preguntarme a veces aquellos, cada vez menos, desconocidos con los que trabo contacto. Sé bien que es cierto acento en el habla, un deje no fácilmente identificable aunque perceptible (la herencia talaveritana antes que talabricense, me temo), lo que mueve más que otra cosa esa curiosidad. Una vez, hacia 1983, el poeta Gil de Biedma, al descender de un taxi que nos había trasladado desde el hotel Velázquez hasta la Sala Olimpia (hoy Valle-Inclán), para asistir al estreno teatral de una obra de Gil Albert, me lo preguntó dando por supuesto que había captado la procedencia pero le costaba afinar: «Y tú, Alfredo, ¿de qué parte de Andalucía vienes?», me dijo. No tardé en aclararle el equívoco, aunque dando algún rodeo. Hoy le hubiera contestado de otro modo: soy un madrileño de origen gallego nacido en Talavera de la Reina, provincia del extremo de ninguna parte. Eso es, en realidad, lo que me siento: un hijo de al menos tres patrias que son ninguna y podrían multiplicarse hasta el infinito, al albur de cualquier entusiasmo provisional o duradero que merezca la pena. Como la mayor parte de mi vida, y con mucha diferencia, la he vivido en Madrid, de acá me siento. Y Madrid es el primer nombre que se me viene a la cabeza cuando pienso en el Lugar. Sin que por ello me olvide —al contrario: la edad acentúa y acrecienta las querencias del pasado— de los sitios vividos: Talavera, Salamanca, La Vid, San Lorenzo de El Escorial, Ribeira Sacra, el Mar Menor... Hace unos años, también por estas fechas isidriles, lo dije en este poema, que hoy suscribo completamente, antes de irme pa’ las Vistillas a ver a mi amigo Santi, que vive en Don Pedro y estos días tiene la murga debajo mismo de la cama.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Gil de Biedma en La 2

Jaime Gil de Biedma. Foto © Joan Sánchez.

El jueves 23 (septiembre 2010), a las 22 horas, La 2 de RTVE emitirá Gil de Biedma. Retrato del artista, un documental sobre el poeta realizado por su sobrina Inés García-Albi y que viene precedido de buenas expectativas. En la página de TVE puede verse un avance (lo he encontrado en la página de Espasa, vaya usted a saber por qué).

Junto a las de algunos familiares del poeta, en esas pocas imágenes se muestran opiniones de Juan Marsé, Luis García Montero y el actual presidente de RTVE, Alberto Oliart, que naturalmente no figura en el reportaje en condición de tal ni por favoritismo alguno, como algún despistado podría creer, sino por su íntima amistad con Gil de Biedma y el grupo de poetas de Barcelona. El libro de memorias de Oliart, Contra el olvido (Tusquets, 1998), sigue siendo una tan valiosa como personal y algo parca visión de esa época y esas gentes (en especial el capítulo titulado «Nuevas amistades»).

Del avance de TVE se deduce que el documental también incluirá versiones musicales de poemas gilbedmianos, entre ellas la insuperable y limpia interpretación que Miguel Poveda hizo de «No volveré a ser joven», que ya sonó alguna vez entre estas paredes y con la que el cantaor cerró de forma memorable, según las crónicas, su intervención en la XVI Bienal de Flamenco de Sevilla, el pasado jueves 16.

Hace un par de años, durante la actuación de Poveda en el Festival de La Unión, fui testigo de cómo alguien de entre el público le gritó al joven maestro: «¡No volveré a ser joven!», sin duda pidiéndole que interpretara el poema de Biedma. Poveda miró hacia el sector de donde provenía el grito y, con un gesto a mitad de camino entre la sonrisa y la resignación, se limitó a contestar: «Ni yo tampoco».

La emisión se repetirá el domingo 26 a las 5 de la tarde. Por cierto, en la foto fija del vídeo con que TVE anuncia el programa queda bien patente el extraordinario parecido entre el actor Antonio Resines y el poeta.

Cuelgo la versión que Loquillo hizo del poema citado. Todas las comparaciones son ociosas, vagas e incluso mareantes.



miércoles, 20 de enero de 2010

Un desnudo disfraz


Que esta historia va en serio 
uno lo empieza a descubrir muy tarde:
el comienzo es tan sórdido, que invita
a plegar la butaca y esfumarse.
Paisajes decadentes
y burdeles de cromo,
un mozo libertino persiguiendo
carne prieta, trabajos de amor propio.
La trama es tan endeble
y tan ligero su hilo,
que uno teme que tome la deriva
de un bochornoso cuento filipino.
Mas la voz del poeta
consigue despertarnos
–solo por ella logran tener cuerpo
las sombras del retrato.
Unos cuantos amigos
y una legión de amantes
(en la belleza andrógina de Bimba
puede que esté escondida alguna clave).
Lo demás es un juego
rara vez divertido:
descubrir quién es quién en la maraña
de la generación del medio siglo*.
Las imágenes muestran
un desnudo disfraz en cada toma
–es probable que así fueran los hechos
pero, sin nueva vida, a quién le importa.
Los diálogos crujen
como cintas de plástico,
de vez en cuando un poco de alegría
y una escena con sol mediterráneo.
Hay momentos precisos
y gestos que emocionan,
aunque por lo común sólo del verbo
del poeta respiran las personas.
Y al final, el remedo
de la muerte en Venecia,
un apergaminado contoneo
frente a las ruinas de la inteligencia.
Al salir a la calle,
la nieve cae lenta y piadosa.
Jaime Gil está vivo (en sus poemas).
Descanse en paz el cónsul de Sodoma.

*O dicho de otro modo:
sólo un roman à clef, para entendidos.

jueves, 2 de abril de 2009

Poveda cantando a Gil de Biedma

Ahora que la semana santa ya es inevitable me parece que es momento oportuno para sacar a pasear algunas imágenes laicas (aunque no exentas de cierto sentimiento religioso), y mejor si componen, como es el caso, una escena que aúna devociones diversas.

La voz y el sentimiento de Miguel Poveda, un Camarón payo que no cesa de crecer, y el decir claro y hondo de Jaime Gil de Biedma (sobre el que en estos días se rueda una película biográfica que parece toda una amenaza) se alían en esta breve pieza soberbia, intensa, cierta, desoladora y, en definitiva, capaz de proporcionarnos un valeroso ejercicio de lucidez en tiempos de meditación. 

El piano de Gustavo Llull subraya la emoción. Y ese dedo que Miguel alza en primer plano hacia el final apunta hacia un cielo cargado de sospechas. Supongo que por mera asociación de imágenes, me trae a la memoria el gesto aquel del galileo pidiendo cuentas a su padre cruel en el trance del huerto. Viejas y acaso algo peregrinas sugestiones de la historia sagrada, supongo.