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viernes, 6 de mayo de 2022

Aute inédito

(En voz alta). Es una muy buena y gratificante noticia la que cuenta hoy El País sobre el hallazgo de una decena de canciones inéditas de L. E. Aute. Me entero también por el artículo de que en torno a la figura y obra del multifacético y asombroso artista la SGAE prepara una gran exposición. La noticia y el relato de su hijo Miki también agigantan la inquietud por la absoluta provisionalidad de nuestra vida, cuando y en qué condiciones puede pillarnos la insidiosa Parca, en que estado se hallarán entonces nuestros proyectos, qué será de ellos… cosas así. De momento, pondremos toda la carne en el asador de cada día. E incluso, sin perder el humor —eso nunca—, llegado el momento, le pediremos al parrillero de turno que nos dé la vuelta, como dicen que hizo el santo aquel que preside el gran Cubo Berroqueño en las faldas del monte Abantos. Aute, ser tan creativo como insobornable y resistente frente a las tibiezas y los endiosamientos, seguro que se prestaría muy gustoso a hablar de todas estas cosas.



lunes, 5 de abril de 2021

Emociones concretas




Los hilos de la vida y de la muerte se anudan de modo inextricable, no fácilmente comprensible, pero insoslayable siemore. Ayer hizo un año de la muerte del gran Luis Eduardo Aute. Hoy cumple años mi hija Clara. Es el mismo corazón el que siente ambas dos emociones tan distintas. Y, sin embargo, algo hay de común en ellas que las hace caer enlazadas del lado de la luz. El vuelo de una canción. La intensa necesidad del amor concreto. La vida, en suma.


"La andariega".
Un día de enero en el Mar Menor.
(Improvisado)
Vista de nuevo,
la vida nos regala
gestos, colores...
¿reminiscencias?
Será que el lienzo
de los días esconde,
como al bies de la luz,
su marca de agua.
Y en los reflejos,
por donde cruza el ave,
el vuelo vibra.
Tambor del cielo:
es el tiempo que vuelve
mientras lo cuentas.

(Hojas sueltas del lunes, 62.
“Levedades”, para Clara, con decisión y un beso).


domingo, 5 de abril de 2020

El verbinauta

La imagen puede contener: una persona, gafas y primer plano
Aute, en mayo de 2012, fotografiado por Pepe Castro.
Hubiera querido salir a la calle como un crío a jugar con la nieve. Pero no era posible. Ya no había nieve. Ni calle. Así que me he venido hasta aquí, huyendo de los días de la peste, para dejar, al aire de su vuelo y como ofrenda, unas pocas palabras de su gusto. Pistas brotadas de su inolvidable instinto para poner buena ternura y verdad en la belleza: Rito, Espuma, Babel, Sarcófago, Amor y Muerte, Albanta, Alma, Fuga, Nudo, Templo (sólo ese nombre), Slowly (sólo ese ritmo), Alevosía, Aire/Invisible, Alas y Balas, Humo y Azar, Intemperie... Esta tarde vi ascender por sobre el cielo de los confinados el resplandor inconfundible del verbinauta. Y musité, a modo de plegaria, los ecos de una declinación: Aute, tú, ti, te, contigo.
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jueves, 29 de agosto de 2019

Marisol, sin nostalgia


(Al hilo de los días). No conozco a nadie de mi generación que, de una u otra forma, no estuviera enamorado —o enamorada: dicho sea sin tapujos— de Marisol. En mi caso, confieso que considero cómo uno de los hitos de mi infancia el haber completado el álbum de cromos de Marisol rumbo a río, de modo que quizás no hagan falta mayores pruebas. Y que es un enamoramiento que perdura he podido comprobarlo esta noche viendo en La 1 el programa Lazos de sangre (se está emitiendo todavía ahora) y en el que creía —alguien cercano me ha sacado de mi error— que iban a entrevistar a Pepa Flores, después de tanto tiempo de estar por completo y de forma admirable al margen de los focos. No será así, pero es tal el caudal de emociones y recuerdos que su figura me trae que es casi como si lo hubiera sido. Cacharreando en la Red he encontrado este documento, para mí inédito, en el que Pepa Flores improvisa con Camarón una versión de Al alba, de verdadero interés. No hay que olvidar, por lo demás, que el último disco largo interpretado hasta de fecha por la artista (Pepa Flores: Climas, 1983) fue compuesto y producido por Luis Eduardo Aute. Otro motivo para quererla más.
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miércoles, 12 de diciembre de 2018

Lo Auténtico

La imagen puede contener: una o varias personas y exterior
Luis Eduardo Aute: dibujo para El niño que miraba el mar, 2012.
«Es así de sencillo —mientras hablaba vio brillar en sus ojos la misma luz de los ojos del niño—: podemos extraviarnos y no será fácil, ni acaso posible, que siempre te tenga presente. Pero siempre estaremos juntos».
(Homenaje a L. E. Aute, «Ánimo Animal»)
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martes, 14 de noviembre de 2017

Aute, te, ti, contigo...

Los participantes en el AuteHomenaje posan al final.
Con ocasión de la publicación de toda su poesía en un volumen editado por Espasa, se celebró en la tarde-noche de lunes 13 de noviembre de 2017 (que es hoy, pero quien sabe cuando estará usted, improbable lector, y menos improbable *lectriz, ejerciendo de tal) un homenaje a Luis Eduardo Aute, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Aunque el artista no pudo estar presente, su palabra, su arte y su sensibilidad se apoderaron del salón de columnas del Círculo, la zona más noble del lugar, que estaba completamente lleno. Luis Antonio de Villena, Fernando Beltrán y Miguel Munárriz hablaron del amigo y del poeta. Y Pastora Vega, Aitana Sánchez-Gijón y José Luis Gómez leyeron poemas y algunos otros textos creativos e inclasificables de su obra. 


Ana Belén, la belleza que dura.
El turno de las actuaciones musicales, todas centradas en canciones del homenajeado, lo abrió Ana Belén, bellísima, cercana. Supo estar a la altura emocional de esa crónica perfecta de una pasión cotidiana que es/son Las cuatro y diez, que interpretó  acompañada al piano, con toda familiaridad, por  David Sanjosé. A continuación, el cantautor gallego Xoel López hizo una vibrante y poderosa interpretación de Al alba, ese icono de nuestras vidas. Y Cristina Narea y Luis Mendo, por su parte, demostraron su completa cercanía al universo auteano con Acaso una mirada. 

El gran Miguel Poveda, sobre unas divertidas plataformas blancas y dueño de la sabia madurez que ya le habita, puso un brillante colofón a las actuaciones y al acto dándole aire flamenco a las notas del maestro (Prefiero amar), con una algo dubitativa interpretación que fue remontando en las frases finales en clave de quejío, después de que un breve lapsus de memoria, rápidamente corregido desde la primera fila del patio de butacas, le hiciera titubear un segundo. Se quitó el maestro por completo cualquier posible espinilla de incomodidad ofreciendo como propina un divertido soneto-para-no-escribir-un soneto con el que Aute respondió a la petición que le hizo Pedro Guerra cuando preparaban el disco de sonetos que grabó el propio Poveda. Y no hubo más.

En suma, un acto emotivo, sencillo —pese a contar con tantas y tan relevantes figuras—, sincero y muy gratificante. Un Auténtico homenaje que durante algo más de hora y media convirtió el lugar, como apuntó el poeta e inventor de palabras Fernando Beltrán, en un «Círculo de Bellas Autes», todas las que el maestro ha cultivado con tanta dedicación, magia, creatividad y acierto. Larga vida.