sábado, 11 de abril de 2026
El Gran Suplantador
sábado, 9 de noviembre de 2024
Ana Blandiana en la librería Alberti
(Al filo de los días). Una tarde íntima y cordial, y envuelta en las sombras que a su paso dejan las palabras, fue la que pudimos vivir ayer 8 del mes en curso (noviembre 24) en la Librería Rafael Alberti, de Madrid (España), con lleno de los que dejan huella y con el habitual buen hacer de Lola Larumbe y su magnífico equipo. La poeta rumana Ana Blandiana, de regreso de los fastos de Oviedo y de nuevo introducida por la sabia mano de Jordi Doce, leyó —susurró o salmodió serían términos más precisos— algunos de sus poemas, y no solo de los dos últimos títulos publicados por Visor, con los que se completa la edición de su obra poética en nuestra lengua.
Como saben sus cada vez más numerosos lectores, es la suya una poesía de muy delicada imaginería que trata de cercar y adentrarse en la realidad nombrada mediante una danza o vuelo en círculos concéntricos (a la manera de Rilke), hasta ir dibujando con trazos muy sugerentes y poderosos en su aparente sencillez una “niebla luminosa”, como podría decir algunos de los atentísimos oyentes (Javier Lostalé, entre ellos), transmutados los tales como en sí mismos la escucha los iba confirmando y reunidos en un silencio cómplice como en torno a una hoguera. Y algo más relajados cuando llegaba la traslación a un sentido más comprensible, pero no más hondo, en la versión castellana de Viorica Patea, que puso la voz y la presencia, y Natalia Carbajosa.
Fue toda una experiencia poética y musical (sensorial), incluso cuando el posible diálogo de cercanía y confidencia que Jordi Doce dibujó con discreta y admirable tenacidad quedara algo deshilvanado, como envuelto también él en una de esas ráfagas atmosféricas que a veces vemos pasar con asombro y pesadumbre.
viernes, 1 de diciembre de 2023
Retorno a Blanco-Amor
(Al filo de los días). Cuarenta y cuatro años después de su muerte, que se cumplen en la noche de este 1 de diciembre de 2023, el escritor gallego Eduardo Blanco-Amor (1897-1979) sigue siendo, si no un desconocido por la mayoría, sí un escritor no valorado como sin duda merece. Autor de la imprescindible A Esmorga, el autor orensano es uno de los mejores novelistas de su generación, poeta inspirado y valiente y hombre de una sensibilidad que, en cierto modo, bien se podría considerar adelantada a su tiempo. Esa carencia, por fortuna, se está corrigiendo en los últimos años, tras las recuperaciones de La catedral y el niño (Libros del Asteroide, 2018) y la edición crítica de Los miedos (Cátedra, 2023), novela de aprendizaje recién rescatada, y publicada con un muy interesante trabajo introductorio del profesor Emilio Peral. Son dos obras que, junto con el periplo sórdido de los protagonistas de A Esmorga por las entrañas de una ciudad levítica y ensimismada, ponen en pie el universo literario de Auria, trasunto del Ourense natal del escritor y territorio mítico que se une por derecho propio a la larga lista de los escenarios prodigiosos e inolvidables creados por la literatura. Como es sabido, Blanco-Amor fue amigo íntimo de Lorca, con el que también compartía preferencias sexuales. Fue precisamente su nunca ocultada homosexualidad y su presencia más o menos explícita en su obras lo que le ocasionó no pocos problemas con la censura y cierto retraimiento social. El legado espléndido de su literatura se completa con una aún más desconocida pero importante faceta también artística: su obra fotográfica. Como, entre otros, contó su amigo Basilio Losada, la fotografía fue una de sus pasiones y realmente tenía talento y ojo artístico: “Sabía elegir el tema, encuadrarlo, potenciarlo con un juego de luz y sombra”. Una selección de sus fotografías se publicó en 2004, en el volumen A ollada do desexo. Obra fotográfica 1933-1973, editado por Galaxia. En este sentido es también muy recomendable y emotivo el libro O fillo da florista. 34 retratos de Eduardo Blanco Amor, una hermosa publicación con la que la editorial Linteo, dirigida por mi querido Manuel Ramos, inició su andadura en 1998. Es un volumen excelente, lleno de testimonios de primera mano y que merecería rescatarse para tal vez encabezar la edición definitiva de las obras de un autor del que puede decirse con justicia que constituye por sí solo una literatura. Seguiremos leyendo a Blanco-Amor. Ojalá siga siendo cada vez mejor y más completamente editado.
sábado, 26 de noviembre de 2022
As bestas, buena pero...
Se me entenderá mejor si buscan el documental Santoalla, que reconstruye con gran fidelidad y tino la tragedia real en que se inspira As bestas y ofrece perspectivas imprescindibles —y hasta determinantes— sobre una historia que, una vez más, demuestran que la realidad es más amplia que la ficción —tal vez porque la imaginación es uno de los principales recursos de la conciencia.
sábado, 10 de septiembre de 2022
Rodríguez Rivero se despide de "Babelia"
(Al filo de los días). El crítico Manuel Rodríguez Rivero —“famoso en el mundo entero”, como decía Elvira Lindo— se despide, a la fuerza, de su “Sillón de orejas” de 'Babelia', después de —se dice pronto y lo recuerda él— 765 sábados ininterrumpidos. Durante buena parte de esos casi 14 años (si no calculo mal), su sección fue lo primero que buscaba en un suplemento que ha tenido una historia muy irregular, si bien siempre me ha parecido, junto con 'El Cultural' de mal asiento, una publicación con firmas a las que había que prestar atención, pese a las evidentes servidumbres de que adolecen este tipo de publicaciones. De MRR, además de cierta retranca muy saludable, me ha interesado siempre su buena y a menudo inédita (de primicia) información editorial, su atención a sectores bibliográficos no habituales y, muy especialmente, los recuentos precisos pergeñadnos por de su memoria de lector y editor, repletos de magníficas resonancias y a menudo con pistas muy útiles. Durante el tiempo en que la sección iba acompañada de las ilustraciones de Max (“o viceversa”, como el propio plumilla solía decir), el placer era doble. Vaya desde aquí mi agradecimiento por esa larga travesía. No será fácil encontrar un recambio, ni sé si los hijos irredentos de Gutenberg vamos a tener la suficiente paciencia para buscarlo. Quizás el sillón de orejas se convierta en un sillón giratorio (incluso con el aspecto de aquel “sillón Voltaire” que tanto ‘fatigara’ un famoso autor peruano de noble nombre) y busque otras perspectivas o encuadres para enfocar la actualidad libresca. Gracias, maestro. Fue un placer.
viernes, 26 de agosto de 2022
Leyendo en el Parque
(Al filo de los días). Llego al filo de la hora de cierre a entregar los libros del verano a la Biblioteca del barrio. La proba funcionaria —aunque podría, no diré su nombre— ya ha cerrado la sesión y se enfada porque aún quedan más de cinco minutos para que se cumpla el horario reducido del verano, más reducido aún durante el mes de agosto. Iba a hacerle una pregunta pero su mirada de hiena me disuade y me marcho como oveja esquilada, no vayan a buscarme de nuevo las cosquillas. Cómo está el patio. Por fortuna, de salida, en la “mesa de esquilmes”, me salen al paso dos volúmenes aún en muy buen estado de Cristina Fernández Cubas (nada menos que El año de gracia” y Todos los cuentos): pa’ la bolsa! Se me cruza la idea de volver y darle a la proba funcionaria incluso un beso por tan buena suerte. Pero seguramente ya no esté, aunque tampoco me vuelvo a comprobarlo. Ni el horno para bollos.
Salgo a la calle y me acerco al parque de Berlín. En uno de los libros que he renovado, Las sílabas del gran Gonzalo Rojas, me sale al paso este poema por el que en más de un lugar que yo me sé lo hubieran lapidado… verbalmente (al menos de momento). Tiempos raros, muy raros. Casi toda la gente con la que me he cruzado en la última media hora va pendiente de su teléfono móvil. Yo mismo escribo en él estas palabras. Menos mal que Rojas, astuto o tal vez sólo inocente, perpetra al final de su poema fenicio un “personaja” que pone su reloj en hora con un tiempo que tanto se parece… ¿al final de los tiempos? Hay muchos niños, niñas y jóvenes (¡y jóvenas!) jugando en el parque. Las cotorras —ya no diré argentinas— no paran de cotorrear. Ancianas bien vestidas pasean de la mano de cuidadoras indígenas. La vida al atardecer de un viernes de finales de agosto, en un parque, en un rincón de mi mente que no cesa de reconocerle a Kafka su clarividencia.
Y a seguir barajando.
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| El poema (cuya foto, aunque de mi autoría, acabará desapareciendo de aquí) es el titulado "Qedeshím Qedeshóth". Quede constancia. |
domingo, 13 de marzo de 2022
La escalera de Odesa
(Al filo de los días). La teníamos desde nuestra más tierna juventud como una de las escenas míticas del cine, ejemplo de la eficacia del séptimo arte para crear emociones verdaderas a partir de una “manipulación” creativa de las imágenes mediante el arte del montaje, el empleo de la elipsis, las concatenaciones. Cuántas veces no habremos mencionado —en textos, en charlas, en conversaciones…— la genialidad de estas imágenes y su valor casi fundacional para considerar al cine como un medio de denuncia imbatible, el gran aliado de la educación de la sensibilidad en el mundo moderno. Y otras virtudes. Lo que quizás no nos esperábamos es que la casi literal actualidad de esta secuencia de las escaleras de Odesa —sí, Odesa— volviera a poder herirnos con toda su crudeza y realismo. Qué terrible, también, la capacidad profética del arte. Y qué inmensa desgracia que no sirva de nada para evitar la obtusa, cruel, maldita reiteración de la madre de todos los errores.
martes, 5 de enero de 2021
Signos felinos
(Al filo de los días). Mientras entretenía una espera tratando de descifrar la recién creada «rejilla china», la primera del año en formato hoja completa, India, la gata de la casa, se ha acercado con gran curiosidad al cuaderno y ha estado un buen rato fascinada no sé si por los signos, por el bulto negro del rotulador o, más probablemente, por algo que es invisible a nuestros ojos y del todo transparente a los suyos. En el fondo de todo felino atigrado debe de vivir el alma de un Pángur Ban, el gato aplicado de los viejos códices monacales. Trataré de salir de dudas.
sábado, 2 de noviembre de 2019
Vivos y muertos, hoyos y bollos
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| Dulcería mexicana para el dìa de los muertos. Foto: rulasmx |




