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lunes, 1 de noviembre de 2021

Laude

 

Hay palabras que llegan ¿desde dónde? para poner las cosas en su sitio.
Nos asedian con cercos luminosos y no es raro confundirlas, en medio de la noche, con sutiles estrellas de buen agüero o con destellos de ciudades naufragadas.
Hay palabras sensatas que no saben qué es la contradicción ni el contrabando.
Otras tienen el peso de la lluvia: por donde pasan dejan un rastro de tristeza.
Hay palabras de afán aventurero que gustan demorarse al pie del precipicio, acróbatas de un aire cada vez más espeso, quizás porque no quieren saber nada de redes, aunque no ignoren que con frecuencia no hay nadie debajo de las máscaras.
Hay palabras, palabras y palabras.
Muchas son sólo exceso. La mayoría se abstrae para no congelarse. Unas pocas tienen la fortuna de encarnar en cuerpos que respiran: sientes sus dientes blancos cuando tu sangre fluye.
Pero solo son de verdad imprescindibles las palabras que no pueden decirse.

domingo, 6 de diciembre de 2015

El frío


Es un amor más grande y tiene garras
que esconde cuando pone
su mano sobre mí.
Su inclemencia es también viscosa y húmeda,
se enreda entre mis piernas en invierno
y trata de que dé con
mis huesos en la tierra removida.
Hay, sin embargo, en sus maneras algo,
al acercarse por la espalda
para mirar, como si no estuviera,
estas líneas que escribo para ella
—y ella quizás lo sabe—,
algo tan sobrenatural y ajeno a todo,
que temo defraudarla
o perderla de nuevo —si me vuelvo.
Por eso intento que mi letra sea clara
y que la sombra de mi mano,
al recorrer las líneas enemigas,
no le ponga barreras a su curiosidad.
A estas alturas no podría
soportar su desprecio
ni el error de saberla
que vive indiferente
o que es igual que yo
(distraída, insustancial, vacante) 
y que ensaya, cautiva
de una costumbre fósil, 
su gesto al desdecirse
para luego olvidarme.
«Oh, sí, te he visto...»,
le susurro entre dientes.
Y la oigo reír del otro lado 
mientras agita, 
como si fuera el viento, 
la hoja en la que escribo.


Imagen 
Remedios Varo: Creación de las aves, 1957.

Rescatada de los Arcones de La Posada.
Primera publicación: 6//12/2013 a las 3:00 h
(hace ahora justamente dos años).

lunes, 6 de octubre de 2014

Piedra y centro (y un cálculo cruel)




Piedra que pesa 
y sin embargo vuela.
Centro que une 
aunque también divida.
Voces de dentro: 
piedra, centro, fondo.
Palabra sola 
pero compartida.

Porque, en el fondo, 
la palabra es piedra
que va derecha 
al corazón del agua.
El agua sube 
siempre desde el fondo.
Y hacia lo hondo 
asciende la palabra.

Piedra, palabra, agua, fondo, centro:
máscaras habitadas 
del silencio.


De muy atrás, tal vez contemporáneos de la publicación de uno de los libros capitales de José Ángel Valente, son estos versos que andaban perdidos en un viejo archivo y que ahora he recuperado gracias a una soleá de La Serneta, una de las más afortunadas letras del flamenco, llena de una hondura que en la voz de la Niña de los Peines alcanza la intensidad del cante puro. Lo que no sabía, cuando trasteaba con estas resonancias, era que acaso estaban siendo aviso de un leve pero muy doloroso cólico nefrítico que hace unos días me hizo ver, durante unas horas, las estrellas de un cielo asolador. Soy consciente desde hace mucho de la verdad que encierran las palabras de la poesía, pero nunca sospeché que la exactitud de su cálculo pudiera ser tan implacable.

viernes, 29 de marzo de 2013

Sobre huellas ajenas


(Tres pasos)

Si tú te desvaneces
se desvanece el mundo.

Cuando tú te hayas ido
no cantarán los pájaros.

No la toques ya más:
tu suerte es la extinción.



(Palabras al borde de la primavera 
que sobrevuelan el viernes santo: Stabat Mater...)



lunes, 12 de marzo de 2012

Solpor


Imagina que en el momento último
cuando ya no es posible ningún aplazamiento
ni hay coartadas ni sueños ni deslices balsámicos
que puedan socorrerte
tienes que elegir una
y solo una
palabra
para
morir en paz.

¿De qué sirve pensarlo?
De nada, quién lo duda.
Pero puedes pensarlo.
No lo olvides.

Porque tampoco tiene ningún significado
especial esa luz violenta
de sangre derramada
y belleza infinita
con la que el sol
se despide
cada tarde.


Fotografía:  Óculo del palacio de Diocleciano, Split (Croacia). © AJR, 2011.


miércoles, 29 de febrero de 2012

Quadrophenia


Y qué fue de los mods que nunca fuimos?
De qué nos alertaba aquel incómodo gesto desafiante en la cara partida de los rockers?
Cuántas veces cruzamos cabalgando en el humo de nuestra rebelión la cresta acantilada de las playas de Brigthon?
Por qué tiritábamos siempre en el hospicio rapado de nuestra lejanía?
Qué sombras inquietantes se agitaban sobre las pantallas de las noches sin fin?

Nunca logramos entender del todo los mensajes cifrados de estas músicas.
Pero nunca dejaron de llevarnos al fondo de una profunda incertidumbre.

En tiempos de penuria hubo luces que nos hicieron creer en otros mundos.
Ahora que también hemos perdido esta otra fe miramos cara a cara a la fuente de la disolución:
De ese manantial puro aún nos alimentamos.
Y todavía nos sentimos capaces de escarbar debajo de las hojas putrefactas hasta encontrar el brillo del tesoro que escondimos una tarde de jueves o de miércoles raro por bisiesto.

(Esta noche en La 2 proyectan Quadrophenia. Eso es todo).



Para mejor sonido:



Imagen: respuesta de Google ante la petición «Acantilados de Brigthon». Tomada de aquí

lunes, 26 de septiembre de 2011

Hum@redas


Mientras a golpe de ratón desenrollo de este a oeste 
uno de los manuscritos del Mar Muerto 
la luz de la Posada parpadea 
y en el reflejo de la pantalla veo o creo ver 
cómo en medio de la sala a mis espaldas 
surge del suelo 
igual que aquellos tulipanes psicodélicos brotando del asfalto 
la imagen tantas veces acordada de la Torre de Babel 
con sus pisos roídos por la ira divina 
y el hormiguero de hombres de todas las razas 
entregados a la absurda tarea 
de enladrillar el cielo y sus tropismos. 
Temblor y hastío: 
nunca pensé que la fascinación 
pudiera ser un rito semejante 
a la osadía de rasgar el muñeco 
para explorarlo a fondo 
y encontrarse de pronto con las manos 
por completo atrapadas 
en el minucioso desorden del serrín. 
No se puede buscarle sentido al sentido. 
No se explica la respiración.

(Buenas noches. No se lo tomen a mal. 
De alguna forma había que volver.)

Procedencia de la imagen: