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martes, 1 de septiembre de 2020

Leer (o no) la prensa


(Resonancias). La Nota Moderadamente Apocalíptica sobre el peligro de desaparición de la prensa libre es de hace, justamente, tres años. Por una extraña reiteración cronológica que me viene ocurriendo a menudo, esta mañana me he despertado pensando que uno de los grandes inconvenientes de la comunicación en nuestro mundo es la cada vez más rara lectura de la prensa en papel, dado que acrecienta la dificultad para compartir “lugares comunes” y supone una gran merma de trasfondo para los posibles diálogos. Releyendo hoy el texto, no tengo ninguna duda de que la situación es peor. Si bien me parece que corresponde a un mundo del que tengo la impresión de que está mucho más lejano en el tiempo de lo que deberían parecerme “sólo” tres años. Claro que han ocurrido cosas que eran inesperadas. Y que, con ellas, una de las dimensiones más alteradas es, precisamente, el tiempo, ese enigma.

Ah, y se acentúa la impresión de “espejos en fuga” que mencionaba en otra ocasión frente al mismo texto (¿palimptexto?). Cortipego:
»»A veces se me cruza “el otro” y pasan estas cosas. Me recuerdan el juego de espejos infinitos que descubrí de niño cuando instalaron en el primer cuarto de baño digno de tal nombre que tuve en mi vida uno de aquellos armaritos de tres puertas que permitían infinitos reflejos cruzados. Aún me sigue fascinando esa imagen, tal vez una metáfora muy precisa de nuestro tiempo.»
¡Ozú!

(NMA, 👻5). Uno de los grandes peligros que se ciernen sobre el futuro inmediato de nuestra sociedad es el del empobrecimiento e incluso desaparición de la prensa libre, competente, fiable. Las dificultades que ya hoy tiene cualquier ciudadano medianamente avisado para tener información relevante y lo más completa posible de lo que ocurre, en un mundo cada vez más complejo y, pese a las apariencias globalizadoras, disperso e invertebrado, son directamente proporcionales a la multiplicación de supuestos medios informativos «serios y razonables», en los que, sin embargo, cada vez se adelgazan más las diferencias entre información y opinión, relevancia y publicidad, interés común y curiosidad mórbida.
A lo que hay que añadir el inmenso ruido de la riada que la cháchara interminable de las redes sociales hace afluir en todas direcciones, con una contundencia tal y unos perjuicios a menudo tan asoladores, que realmente dejan chicos los efectos cada vez más indudables del cambio climático.
Para complicar aún más las cosas, en este escenario no faltan, más bien al contrario, los viejos tics autoritarios del poder, tal como muestran, entre otros recientes comportamientos, las represalias tomadas contra el director del informativo de la 2, una isla en la planicie telediaria de RTVE, o las maledicencias del Gobierno catalán contra quienes han evidenciado sus tejemanejes, por poner sólo dos ejemplos cercanos.
Estos viejos pulsos entre el poder y la prensa libre por el control del «relato de la realidad» no son algo nuevo, ni mucho menos. Sólo que ahora se vuelven mucho más confusos y de efectos más devastadores porque se producen en un panorama donde cada vez es más difícil estar seguro de nada. En el terreno informativo, me refiero. Que de otras certezas o dudas no hablo ahora.
La desaparición del periodismo tal como lo hemos conocido no tendría que suponer ningún problema si fuera acompañada de un cada vez más autónomo acceso a la información de calidad, algo que los nuevos medios tecnológicos sin duda hacen posible. Pero el paulatino ahogamiento de la capacidad influyente de la prensa libre por exceso de guirigay y embotamiento generalizado enciende algunas alarmas sobre el inmediato futuro de nuestra capacidad, no ya de influir sobre el devenir del mundo, sino simplemente de saber qué rayos está ocurriendo a la puerta de nuestra casa.

viernes, 8 de diciembre de 2017

La araña

No hay ninguna descripción de la foto disponible.(

(Notas Moderadamente Apocalípticas, 🕸18). ¿De qué se alimentará el ciudadano Andrés Rábago García, más conocido por El Roto, para dar un día sí y casi otro también en la diana de la cuestión palpitante? Raro es el tema de los muchos que aborda en sus diarios dibujos sobre el que no consiga ofrecer una perspectiva, no ya sólo original e inusitada, sino por completo convincente, enriquecedora, capital. Ayer mismo lo comentaba Rafael Sánchez Ferlosio al elogiar como un verdadero hallazgo de ingenio y exactitud la expresión «el patriotismo me da claustrofobia» con la que El Roto ilustró (en el doble sentido) uno de sus “editoriales” dedicados al cognazo catalán.

Y así vuelve a ocurrir hoy con esta prodigiosa síntesis de los males arácnidos que nos acechan a todos los que andamos enredados en estos juegos presuntamente comunicativos y hasta creativos. Linderos que frecuentamos no del todo inconscientes, pero sí bastante complacientes (autocomplacientes) por cuanto, aunque le veamos los artejos ponzoñosos al bicho que nos sale al paso acá y allá (y hay que ser muy torpe o cretino para no verlos), es mayor el masaje emocional y hasta espiritual que nos proporciona.
El dibujo de hoy no aborda un asunto que nos sea desconocido, pero lo hace con una capacidad de síntesis poco común y con una potencia visual —la @raña como dueñ@ de una Red sin salida y cuyo funcionamiento nos excede— que tiene el mérito de recuperar una de las metáforas iniciales más poderosas y perspicaces de Internet, y la que, como se va viendo, mayor cumplimiento ha tenido.
«Oh blanca @raña de hilos luminosos...», escribí una vez en un poema, cuando me iniciaba en el uso de estas nuevas tecnologías que durante varios años me parecieron un territorio lleno de bienaventuranzas y maravillas sin cuento, y la Red era, antes que nada, una promesa de infinita comunicación. Ni qué decir tiene que esas previsiones y expectativas hace tiempo que naufragaron. Y, aunque no es la primera vez que veo en la telaraña mundial su pegajosa viscosidad y sus punzantes peligros, es admirable la precisión con que El Roto vuelve a dibujar nuestras pesadillas. Si Goya levantara el pincel estoy convencido de que no dudaría en poner el trazo de su firma al pie de algunos de estos «caprichos» tan poco veleidosos. El Roto ha vuelto a clavarlo.

martes, 5 de diciembre de 2017

Los robots y nosotros, sus bots

Black Mirror, una distopía cada vez más cercana.
(Notas Moderadamente Apocalípticas, 🐣🐥🦅). El problema de artículos como este, que reboto desde el muro de mi amigo Rubén Duro, es que muy poca gente los lee con atención suficiente hasta el final. Así que la información tan minuciosa y reveladora que estos esforzadas crónicas del lado más oscuro de nuestro mundo contienen apenas pueden competir con el runrún moderadamente apocalíptico que nos rodea por todas partes. Y ante el que más o menos asentimos, más deseosos de que no se nos complique más la vida, menos dispuestos a reflexionar de verdad y seriamente sobre lo que está pasando.
Y esa dificultad, qué duda cabe, y esas inercias, tan poderosas, son el mejor caldo de cultivo —sopa con exceso de nutrientes— para que la miserable condición en que las redes sociales están envolviendo la realidad sea no sólo inevitable sino creciente, y de forma exponencial, ya que su mareante carrusel imparable convierten en materia fecal, i.e. basura, todo cuanto toca. Incluido, naturalmente, este post.
E incluso, fíjese bien, el mero impulso ciberenredado que usted está sintiendo en este mismo instante, con toda su perplejidad. O su indiferencia. Qué cortitos, en sus distopías de apariencia pavorosa, se están quedando algunos episodios de Black Mirror.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Moderado Apocalipsis (1)



Resultado de imagen de Fantasma icono
(Una de las secciones que mantengo en Facebook lleva por título Notas Moderadamente Apocalípticas», expresión que abrevio con la sigla NMA, que curiosamente también podría ser la cifra de No Me Alarmes. El ingenioso oxímoron se lo debo al poeta y artista, en muchos sentidos, José Corredor Matheos, a quien se lo escuché durante la presentación de sus memorias en la Residencia de Estudiantes. Me parece que es una expresión adecuada para nombrar una actitud a la altura de los complicados tiempos que vivimos. Y en la que la «moderación», no nos engañemos, es sobre todo un ejercicio mitad de optimismo, mitad de entusiasmo. Iré recogiendo de cuando en cuando en La Posada estas «inmediateces» nada intempestivas, aunque de formulación inevitable, puede que en más de una ocasión con cierto carácter e intención de conjuro. Las recojo tal cual, corrigendo erratas y errores, y añadiéndoles un titulillo y, ocasionalmente, algún enlace).

(NMA, 👻1). Cambio climático. Cuando comprendimos que ni las viejas máquinas ni los nuevos robots ni las redes térmicas ni los profundos escondrijos ni las alteraciones mentales serían suficientes para meter al sol en cintura, nos encomendamos al puro desear el azar menos lesivo de una naturaleza que entraba en su fase explosiva, mientras los poderosos calculaban el índice de destrucción irreversible que resultaría aceptable para el próximo ejercicio. 37 grados a la sombra de un 12 de junio. (12 junio 2017)

La imagen puede contener: cielo, nubes y exterior
«Cielo en derribo» o «El gran insecto bajo el calor de junio». Foto © AJR, 2017.

(NMA, 👻 2). Eterna juventud. Vivimos tiempos cronológicamente muy confusos, puede que alterados en muchos aspectos por el cambio climático, cuyos efectos sobre el conjunto de nuestras percepciones sensoriales y sus resonancias propioceptivas aún están por estudiar. De ahí, por ejemplo, el impacto inesperado, a la par qué risible, que te causa el preciso momento en que caes en la cuenta de que la «eterna juventud» en que te querrías instalado no es, en lo absoluto, eterna. Y hace mucho que dejó de ser juventud. (28 junio 2017)

La imagen puede contener: cielo y exterior
Cigüeñas de veleta. Linterna de la Basílica del Prado, Talavera. © AJR, 2017.

(NMA  2b). Robot rebelde. Mientras comparto la calurosa noche madrileña con amigos no menos cálidos, me (nos) salta esta alerta (ver enlace). Y no puedo por menos que acordarme de aquel HAL 9000, el ordenador de 2001, «que nos precedió a todos», y que a estas alturas de la navegación ya se ha convertido en el protomártir de la larga batalla, algo equívoca pero real y crucial, que se ha venido desarrollando desde entonces. Y en la que no siempre es fácil saber, aunque parezca paradójico, de qué lado estamos. Tiempos líquidos, acuciantes, increíbles, complejos. Todo cambia tan de prisa y a la vez con pasos tan pesados y resonantes, que cualquier día de estos puede que amanezcamos abrazados a una forma inédita de felicidad. Y tendrá tus ojos. (30 julio 2017)

En el laboratorio de investigación de inteligencia artificial de la Universidad Tecnológica de Georgia, un proyecto para crear una inteligencia artificial capaz…
ELMUNDO.ES

(NMA,  3). La trampa de Tucídides. Ni yihadismo, ni cambio climático, ni crisis económica. Ni siquiera la tontería galopante parece ser la principal amenaza que se cierne sobre nuestro mundo. El verdadero peligro, según uno de los máximo expertos en geopolítica, es «la trampa de Tucídides», la tensión letal que surge del enfrentamiento entre una potencia mundial establecida y otra emergente. El conflicto, dadas las actuales circunstancias, puede acabar convirtiéndose en un «cuento chino», de final incierto tendente a terrible. Si bien consuela saber que podría tener una solución ibérica no descabellada. La verdad es que las razones para el optimismo no cesan de multiplicarse. Por cero, claro. A lo Bart Simpson. En todo caso, un artículo interesante. (7 julio 2017)

El rápido ascenso de Pekín pone en peligro la preponderancia de Washington. La historia nos enseña que en los próximos años el riesgo de una guerra entre ambos será muy real, pero también que hay maneras de evitarla
ELPAIS.COM

(NMA,  4). ¿Ningún daño? Dice el ministro portavoz del gobierno japonés, Yoshihide Suga, que el misil balístico lanzado por Corea del Norte «no ocasionó ningún daño». Digo yo si le habrá preguntado a la flora y fauna submarina del área del Pacífico donde impactó el proyectil, a las grandes criaturas nadadoras que puedan atravesar esa zona en sus viajes migratorios, o incluso a alguna divinidad tutelar de las aguas, cuya benéfica presencia habrá quedado sin duda estruendosamente puesta entre paréntesis. Por no hablar de los ocasionales náufragos —a veces se dan coincidencias mucho más extrañas y aciagas— que tal vez vieran así segados de raíz toda esperanza de rescate. Y ello sin tener en cuenta los posibles daños colaterales: el primero de los cuales es la renovación del terror nuclear que a esta alturas parecía un espectro del pasado y hoy vuelve a encarnarse en un peligro real y hasta inminente. ¿Ningún daño? Según cómo se mire. Más bien múltiples, variopintos y gravísimos, si se mira bien. (30 agosto 2017)