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viernes, 13 de agosto de 2021

Una lengua sin orillas

(En voz alta). Muy interesante, incluso para discrepar de algunos de sus puntos de vista, me ha resultado este artículo, que sobre todo evidencia la inmensa riqueza y las infinitas posibilidades (o casi) de una lengua sin orillas. No deja de ser significativo que el artículo conviva en el periódico con la crónica, unas páginas más atrás, «El difícil legado de la caída de Tenochtitlan», de Francisco Manetto, en la que se ponen de relieve los muy discutibles argumentos del gobierno mexicano al hacer balance del pasado y proyectarlo, de forma harto desenfocada, sobre las circunstancias presentes. El sentimiento de pertenencia a un gran mundo unido por una forma variada pero comprensible de nombrarlo debería ser a estas alturas un patrimonio con el consenso suficiente como para impulsar verdaderas fraternidades y otras formas de mutuo reconocimiento. Pero aún serán necesarias unas cuantas revoluciones culturales, a uno y otro lado del océano, para que lo que resulta evidente a los ojos y las mientes de cualquier lector desprejuiciado —que hispanos e hispanoamericanos habitamos el inmenso territorio común de la gran Mancha nombrable por un mismo y riquísimo idioma— sea también operativo en el vidrioso terreno de los intereses políticos más miopes y egoístas.

martes, 10 de julio de 2018

577 millones



(Lecturas en voz alta). Puestos a presumir de algo ”idemtitario” (sic), ¿por qué no hacerlo de una lengua que crece y se expande de forma no sólo imparable sino también democrática, apoyada en la razón objetiva de la demografía? Que el español sea el principal recurso vital que tenemos quienes lo tenemos como primera lengua (en estrecha camaradería a veces con otra u otras) y, con toda probabilidad, el resorte económico más poderoso sobre el que fundar el desarrollo y la sostenibilidad de nuestros pueblos, ambas dos realidades deberían ser a estas alturas “verdades de perogrullo” y acicates diarios para el optimismo. Pero aún no es así. Ni de lejos. En parte, por la complejidad del asunto de las autopercepciones. En parte, y aún más, por la pertinaz supervivencia de determinados complejos. Mientras se abren caminos esas evidencias, qué alegría produce saber que alguien de Chihuahua puede entenderse sin problemas con alguien de Zamora. Y que dentro de nada habremos duplicado con creces la cifra aquella, que nos parecía algo exagerada, de los «300 millones».