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miércoles, 18 de mayo de 2011

Lois Pereiro, canonizado


La iniciativa de Manuel Rivas, de la que hace ya casi un año se hablaba aquí, llegó a buen puerto y el Día de las Letras Gallegas (17 de mayo) de 2011 se ha dedicado al poeta Lois Pereiro  (1958-1996). A escala autonómica, viene a ser algo así como si a Leopoldo María Panero le hubieran concedido el Premio Cervantes.

No hay que ser ni profeta ni vidente para suponer que en uno y otro caso no faltarán (o faltarían, en la hipótesis comparativa) las opiniones enfrentadas. Incluso duramente. Desde Galicia, sin embargo, me llegan noticias de que hasta los mayores defensores del valor de la obra del poeta monfortino (de Monforte de Lemos, al pie de la Ribeira Sacra) están asombrados ante la rapidez con la que parece estar calando, en la cultura y en ciertos sectores de la juventud gallega, el vendaval expresionista que la voz de Lois Pereiro pone en pie, con sus interregnos de íntima lluvia perdurable. Algunos blogs amigos le han dedicado páginas que merece la pena conocer.

Puede que tan pronto como cese la marea conmemorativa el viento deje de soplar. Pero la abundancia de publicaciones, actos y proyectos que ha acompañado la ascensión de Lois Pereiro al canon oficial de la cultura gallega sin duda dará sus frutos. Ojalá que entre ellos esté el conocimiento y la valoración crítica del autor gallego en ámbitos extragalaicos. 

Los interesados deben saber que la editorial Libros del Silencio acaba de publicar su Obra completa en edición bilingüe gallego-castellano, con traducción de Daniel Salgado. Va precedida de un prólogo de Pere Gimferrer y de una introducción del periodista Xosé Manuel Pereiro, hermano del poeta.  

Copio aquí dos de los últimos poemas de Lois.  El primero, con sus siglas obvias, puede ser tomado como un diagnóstico moral –testamento y testimonio–  de la vida doliente. O de la vida a secas.  El segundo, que hubiera firmado Boris Vian y tal vez no hubiese desagradado a Yeats, es de hecho el epitafio del poeta.



Acróstico

                       
(«Eu son a morte...», dixo Oppenheimer, cando viu os efectos da bomba atómica que el contribuíra a crear. Lembrou a frase do Baghavad Gita: «Eu son a morte, a destructora de mundos». Isto é algo semellante.)


Somentes

intentaba conseguir

deixar na terra

algo de min que me sobrevivise


sabendo que debería ter sabido

impedirme a min mesmo

descubrir que só fun un interludio

atroz entre dous muros de silencio


só puiden evitar vivindo á sombra

inocularlle para sempre a quen amaba

doses letais do amor que envelenaba

a súa alma cunha dor eterna


sustituíndo o desexo polo exilio

iniciei a viaxe sen retorno

deixándome levar sen resistencia

ó fondo dunha interna

aniquilación chea de nostalxia.
        
                                                   novembro 94




Poderíano escoller como epitafio


Cuspídeme enriba cando pasedes

por diante do lugar donde eu repose

enviándome unha húmida mensaxe

de vida e de furia necesaria.


Ж



[Acróstico. («Yo soy la muerte...», dijo Oppenheimer, cuando vio los efectos de la bomba atómica que él había contribuido a crear. Recordó la frase del Baghavad Gita: «Yo soy la muerte, la destructora de mundos». Esto es algo parecido.)
Solamente / intentaba conseguir / dejar en la tierra / algo de mí que me sobreviviese  //  sabiendo que debería haber sabido / impedirme a mí mismo / descubrir que fui solo un interludio / atroz entre dos muros de silencio   //  solo pude evitar viviendo en sombra / inocularle para siempre a quien amaba / dosis letales del amor que envenenaba / su alma con un dolor eterno  //  sustituyendo el deseo por el exilio / inicié el viaje sin retorno  / dejándome llevar sin resistencia  / al fondo de una interna / aniquilación llena de nostalgia.]


(Lo podrían elegir como epitafio.  Escupidme encima cuando paséis / ante el lugar donde yo repose / enviándome un húmedo mensaje / de vida y de furia necesaria.) 

[Traducción: AJR]



Fotografía de Lois Pereiro © Xosé Abad.