Mostrando entradas con la etiqueta Valle-Inclán. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Valle-Inclán. Mostrar todas las entradas

martes, 25 de abril de 2023

Luces de Bohemia: una lectura inolvidable


 
(Al filo de los días). Que el teatro de Valle-Inclán, y de forma muy destacada «Luces de bohemia», sigue manteniendo todo su poder revelador y fascinante volvió a evidenciarse en la tarde-noche del lunes (24 abril) en el Ateneo de Madrid, la docta, bicentenaria y muy activa institución tan unida al escritor gallego, pues no en vano fue su presidente en 1932. Con un salón de actos abarrotado, la lectura dramatizada de la obra que muchos juzgamos como el mayor logro de nuestro teatro contemporáneo —en pocas opiniones literarias e incluso artísticas hay tanto consenso— bien puede considerarse ya una de sus representaciones memorables, tanto por la calidad del elenco organizado y dirigido por Miguel Rellán como principalmente por lo eficaz y vigoroso de una propuesta de lectura que puso en primer plano, aún más que otras funciones digamos “usuales”, el verdadero nervio de la pieza: la grandeza artística de su lenguaje, su prodigiosa escritura.

Es sabido que la obra maestra de Valle conjuga diversos registros retóricos, desde lo alambicado y ampuloso hasta la brillante retranca de lo popular, y que, en una especie de asedio poético maravilloso y magistral, recala en espacios muy íntimos y complejos de expresividad, lo que hace que, además de una muy lúcida radiografía (o reflejo especular) de algunos de los problemas intemporales de España, la pieza sea también un retrato íntimo, preciso, compasivo, de la condición humana sometida al peso implacable de la injusticia y el inevitable desengaño. Valle-Inclán supo retratar en “Luces de Bohemia”, y con enorme maestría, el interminable juego de las apetencias sociales, el oprobio de la injusticia y el descarnado combate que la lucha por la vida y la dignidad suscita en unos personajes que, antes que símbolo de nada, son seres humanos de una pieza y a la vez singulares creaciones verbales que evidencian cómo el arte de la palabra es capaz de poner en pie un universo autónomo donde, como por añadidura, se ventilan algunos de los problemas intemporales de la conciencia humana enfrentada al inaplazable deseo de comprender su condición. Y todo ello en medio de una realidad sórdida o, por decirlo con la triada clásica, “en un Madrid absurdo, brillante y hambriento”.
El trabajo de lectura intensa, con mínima pero esencial apoyatura escenográfica, fue posible gracias al esfuerzo de un reparto estelar encabezado por Lluís Homar (Max Estrella) y Manolo Solo (Don Latino), con Carlos Bardem como lector de acotaciones, y con una treintena larga de actrices (Beatriz Carvajal, Luisa Martín, María Garraló… ) y actores (Javier Gutiérrez, Antonio Gil, Pepe Viyuela, Pepón Nieto, Miguel A. Muñoz…) que rayaron a gran altura y convirtieron la tarde abrileña en una ocasión inolvidable: un verdadero hito en los ritos valleinclanianos. Sobresaliente fue la aportación musical del trío Arbós (piano, violín y violonchelo), con una selección de fragmentos de zarzuelas y otras obras del todo acordes con los diversos momentos dramáticos e interpretados de forma nítida y magistral.
En resumen, todo un disfrute, que debo agradecer a la generosidad de Concha D'Olhaberriague, conocedora y amante de nuestros clásicos y ateneísta destacada. Pudimos felicitar al final a Miguel Rellán y por él nos enteramos de que, si bien la ocasión será irrepetible, sí se podrá acceder en algún momento a su grabación. Habrá que buscarla.

viernes, 24 de enero de 2020

Los andurriales

La imagen puede contener: exterior
Calle de Álvarez Gato, en el centro de Madrid. Foto de @anam_marcos
El papel que me encontré por aquellos andurriales decía así: «... acabada la noche, y con una firme e inveterada devoción de fondo por el don del esperpento, espejo eterno de todas las deformaciones y taras hispánicas, nos fuimos al Callejón del Gato en busca de lo que ya ni queda de don Ramón y ni su nombre ampara a estas alturas de las murmuraciones. Y con todo y con eso, sin lamentarnos no más de lo necesario, tampoco menos, pero con plena aquiescencia a cuanto la certeza de iterar nos depare, el martes enterraremos la sordina y todo volverá a ser ruido y furia».
...

lunes, 1 de mayo de 2017

L@berintos

No hay texto alternativo automático disponible.
Palacio de Cristal, Parque del Retiro (Madrid)

(Face to FB, 3 - 1 mayo 2017). Hasta el presente, la imagen más cabal que tengo a mano para definir mi experiencia en Facebook es la del Laberinto de Espejos: una atracción de feria o de parque temático. Lo más grato es que, como ocurría también en los juegos de nuestra infancia, la mayoría de las veces la frecuentamos en buena compañía. O eso pretendemos.

Se lo comentaba el otro día, con palabras orales, a un amigo pintor que trabaja en la ilustración de Luces de bohemia, de modo que no tardaron en quedar reflejados en la conversación los famosos espejos delirantes (por deformación) del Callejón del Gato en los que se inspiró Valle-Inclán —o el propio Max Estrella— para caer en la cuenta de que era esa, la imagen distorsionada de lo que él llamó esperpento, la única capaz de reflejar la verdadera naturaleza de la realidad española. Puede que la metáfora sea extensible a este territorio virtual.

¿Como se hubiera comportado Don Ramón en estas redes? No hay que descartar que, como veo que alguna vez nos ocurre a todos, en más de una ocasión terminara trompicado en un reflejo equívoco o tratando de salir por un rincón imposible. Esto último, las falsas salidas, me parece que es lo más peligroso de este Dédalo del siglo XXI. De hecho, uno se cruza a menudo —bueno, de cuando en cuando, para no exagerar— con Ícaros e Ícaras que, con las alas ardidas y el seso desplumado, parecen vagar sin rumbo entre las ruinas de una ciudad siniestra. 

Y que levante la mano —la no amputada— quien no haya sentido alguna vez flotando en su derredor la sospecha de si no será ese el destino que nos espera a todos.

domingo, 5 de marzo de 2017

La Media Noche de Valle


Un Valle no muy conocido y, por diversos motivos, sorprendente es el de La Media Noche. Visión estelar de un momento de guerra. En junio de 2017 se cumplirán cien años de la primera publicación de este relato centrado en la Primera Guerra Mundial. Con ese motivo, Alianza acaba de rescatarlo en volumen exento.

Es una obra muy breve, que no alcanza siquiera la dimensión y factura de una nouvelle, aunque posee una gran intensidad, en parte porque está escrita en clave de no ficción, como testimonio extraído directamente del campo de batalla. Sorprende su modernidad, la mezcla de procedimientos expresivos habituales en Valle con variaciones casi experimentales, como la superposición de planos narrativos, o la multiplicación de los puntos de vista, para lograr esa «visión estelar» a la que alude el subtítulo, y que viene a ser una mezcla del «viaje astral» esotérico con la impresión que al autor le produjo un vuelo en avión militar sobre las trincheras de la Gran Guerra, en el frente franco-alemán. En algún momento, especialmente en los primeros capitulillos, se diría que el escritor gallego se está adelantando a los «ejercicios de estilo» de Queneau. Sin duda, anticipa las descripciones poliédricas, cubistas, de Tirano Banderas y, en alguna medida, los procedimientos estéticos del esperpento.

Leyendo los breves 40 momentos de la narración, más de una vez me han venido a la cabeza escenas de Senderos de gloria (Paths of Glory), la extraordinaria primera película bélica de Kubrick. Se diría que Valle, tan amante del cine como artefacto creativo y novedad narrativa, se planteó un modo de acercamiento al escenario épico muy parecido al que el cineasta adoptó décadas después. En sentido contrario (y complementario), es muy sugerente imaginar lo que Kubrick podría haber hecho con algunas de las visiones de Valle si las hubiera conocido; por ejemplo, con los «cadáveres veleros» del capítulo XII, una de las imágenes más poderosas del relato.

Esta edición de Alianza, muy recomendable, está precedida de una extensa introducción de Margarita Santos Zas, que contextualiza con gran solvencia la obra y anima a reintepretar su importancia dentro del corpus literario de un autor cuya relevancia no cesa de crecer.