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jueves, 21 de noviembre de 2024

Caja De Citas: Vuelta al Archivo Pessoa

(CajaDeCitas, 2). El Archivo Pessoa es uno de esos lugares donde uno podría quedarse a vivir. Aunque también sea lícito y muy oportuno preguntarse, como se exclamaba al final de Blade Runner, «¿Pero quién vive?».

Y como complemento este interesante documental, dirigido por Alberto Ruiz de Samaniego y José Manuel Mouriño, procedente de la exposición «Pessoa/Lisboa», que se presentó en el Círculo de Bellas Artes de Madrid entre el 1 de diciembre de 2016 y el 5 e marzo de 2017.



viernes, 27 de enero de 2023

MÚSICA PARA PESSOAS

Júlio dos Reis Pereira: Nocturno, 1929.
Estaba tan agobiado por el sentimiento de una sola vida que tuvo que inventarse a mucha gente —toda una tribu— para sobrellevarlo.

QUALQUER MÚSICA
Qualquer música, ah, qualquer,
Logo que me tire da alma
Esta incerteza que quer
Qualquer impossível calma!
Qualquer música — guitarra,
Viola, harmónio, realejo...
Um canto que se desgarra...
Um sonho em que nada vejo...
Qualquer coisa que não vida!
Jota, fado, a confusão
Da última dança vivida...
Que eu não sinta o coração!
(LUN, 488 ~ «Terra sigillata, con un poema de FP)

martes, 16 de junio de 2020

Drama en personas

La imagen puede contener: una persona, primer plano
Shakespeare-Pessoa en uno. Montaje de autor desconocido.
Se abre el telón y aparece Hamlet. Se sabe que es Hamlet porque lleva una calavera en la mano izquierda, o en la derecha (a elección), pero las gafas redondas y el bigote piramidal le dan un marcado parecido con Pessoa. Hamlet-Pessoa recorre con parsimonia la pantalla (fíjense) y, mirando de hito en hito al lector o espectador (según el caso), dice su monólogo en forma de diálogo, como si hablara consigo mismo, cambiando de gesto pero apenas de voz.
—Sólo la soledad sabe su signo.
—... Dijo el paseante a su imaginario yo, insinuando una referencia a la tercera persona del verbo.
—Y eso, si acaso.
—... Respondió el otro al que se cree que es el uno.
—Nada es tan cierto como lo incierto que es todo.
—... Concluyó para sí el que podía hacer oír sus pensamientos.
En esto se oye una voz que parece provenir del patio de butacas.
—Lo cierto es que para estar solos, son ustedes multitud.
—¿Y usted quién es?
—¿Yo...?
Largo silencio. Luego, desde el mismo flanco, llega una respuesta:
—No sé. Tal vez... ¿el apuntador?
Fundido en negro. Y luego 

FIN

viernes, 16 de febrero de 2018

Pessoa's sonnets


Original de uno de los poema ingleses de Pessoa.
Lecturas en voz alta, 👨‍💻56). Aquí enlazo la espléndida reseña del felizmente imparable y hasta ubicuo Antonio Rivero Taravillo (ART, en sigla bien acordada) sobre un libro, al parecer, espléndido. Y es Pessoa, ese heterónimo de sí mismo en el juego infinito de los espejos interiores, el que vuelve a dar una vez más muestra de un vigor inacabable, tal vez inabarcable. No un autor, una literatura. Más aún: un mundo en el que quedarse a vivir, si vivir en el sinvivir fuera posible. Parece mentira lo que dieron de sí las horas vivas de un oscuro oficinista. Y lo que seguramente aún nos queda por ver. Pessoa: un poeta cuántico.
Sus sonetos ingleses, que es lo que la reseña comenta, le hablan de tú a tú a la lengua de Shakespeare. Y quién sabe si al propio enmascarado de Stratford-upon-Avon. Del que, en esos misteriosos vericuetos biográficos que de cuando en cuando resucitan y vuelven a plantear dudas fantasmales, ¿quién puede asegurarnos que no fuera una fulguración anticipada de la misma “persona” universal? Para el lector atento —también para el que hace lo que pueda en medio del océano: y somos muchos—, nada es descartable. Y todo tiene concomitancias a menudo increíbles por la perfección con que encajan sus bordes.
Al fin y al cabo, todo está en los libros, esa constelación que algunos llaman universo. Y en nuestra mente. Amén.

sábado, 31 de agosto de 2013

martes, 27 de marzo de 2012

El último heterónimo

Antonio Tabucchi (1943-2012)

Con la muerte de Antonio Tabucchi, ocurrida el pasado domingo 25 de marzo en un hospital lisboeta, tengo la impresión de que ha desaparecido el último heterónimo de Fernando Pessoa. Una impresión que puede resultar injusta por cuanto parece situar al autor italiano, que desde 2004 tenía también la nacionalidad portuguesa, bajo la exclusiva sombra del gran escritor luso. Y Tabucchi, como es sabido, es un autor con peso propio, con una obra amplia y variada, aunque una parte importante de su gravedad y de su fuerza literaria provengan, al menos en mi lectura parcial e interesada, de la luz que proyecta sobre ella el espíritu de Pessoa.

Desde que descubriera los poemas de Pessoa, en su vertiente de Álvaro de Campos, cuando era un joven de apenas veinte años seducido por la atmósfera de París, Tabucchi encontró la pista que orientó el resto de su vida. Un impulso que le llevó a viajar a Lisboa y a aprender portugués para enfrentarse al descomunal reto de intentar desentrañar el «misterio Pessoa». Ese prodigio aún inexplicado, tal vez inexplicable, de que bajo una sola apariencia física y en el escueto margen de una biografía de menos de medio siglo (1888-1935) pudiera habitar tal multitud de almas, todas esas formas tan diferentes y sensibles de estar en el mundo que puso en pie, con su «drama em gente», el hombre que fue tantos. Un hombre que, quizás como ningún otro de su siglo, fue capaz de hurgar con lucidez, dolor y belleza en el misterio de nuestra identidad de humanos «condenados» a vivir y sentir en el laberinto sin fin de la conciencia.

Pero la devoción de Tabucchi hacia Pessoa no fue solo una cuestión de afinidad espiritual. Incluso el cuerpo del genio lisboeta, su aspecto exterior, le influyó de forma notable, en una especie de posesión gestual que acabó confiriendo a la apariencia de  Tabucchi, sobre todo en la madurez de la cincuentena, una extraordinaria cercanía física a la del Pessoa revelado por las fotos. Un mimetismo sin duda cultivado con similar esmero al que Juan Benet empleó en acentuar su parecido con Faulkner.

Fernando Pessoa, ele mesmo.
La decisión de Tabucchi de ser enterrado en el «Cementerio de los Placeres», el camposanto lisboeta en el que durante cincuenta años estuvo enterrado Pessoa, viene a cerrar el círculo de su biografía de una forma algo más que simbólica. De hecho, hace de su vida un homenaje completo a su gran maestro, y también una manera de seguir un camino elegido más allá de la muerte.

Ese camino, por lo demás, tiene fijado un  itinerario posible en el Réquiem (1992) de Tabucchi, la alucinada narración que, de forma tan premonitoria como finalmente buscada, se inicia al pie mismo de ese camposanto de nombre insólito (en realidad, proviene del de una antigua quinta o palacio), como si ya entonces la sensibilidad del escritor estuviera intuyendo que con ella se iniciaba la cuenta hacia atrás de una aventura que ahora ha llegado, no a su fin: a otro capítulo aún por escribir en el libro infinito que nos contiene a todos.

«Jazigo de D. Dionizia de Seabra Pessoa», panteón familiar del Cemitério dos Prazeres de Lisboa donde Pessoa estuvo enterrado hasta  octubre de 1985. Hice la foto en mayo de ese mismo año, durante mi segundo viaje a la capital portuguesa. Pocos meses después, el cuerpo de Pessoa, que había fallecido el 30 de noviembre de 1935, al parecer fue encontrado incorrupto, lo que obligó a modificar los planes iniciales de enterramiento en el Panteón de Hombres Ilustres del Monasterio de los Jerónimos. Allí se inauguró su mausoleo el 16 de octubre de 1985.
Foto © AJR, 1985.