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viernes, 10 de octubre de 2025

¿Resurge la prensa impresa?


(En voz alta).
Esta información del diario ourensano La Región contradice mi propia experiencia (parcial: aún sigo con el papel los fines de semana y a menudo acudo a la prensa impresa gratuita) y, sobre todo, lo que observo a mi alrededor: kioscos que desaparecen o son ya solo poco más que paneles publicitarios, amigos que reconocen no leer más que la prensa digital (ese oxímoron), bares de los que van desapareciendo los periódicos del día... El caso es que tampoco me extrañaría —y lo deseo vivamente— que un día este resurgir fuera cierto. Pero, como en el caso del cine en el cine —en clara y me temo que imparable decadencia, pese a su potente vocación de geriátrico los días martes—, creo que la información responde más a una ensoñación autoafirmativa, tal vez cierta a pequeña escala, pero muy dudosa en cuanto tendencia general. Lamentablemente.

Algunos comentarios

Pedro Torres

No veo lo que dice 'La Región' (¿de Murcia?), pero mi experiencia es la tuya: en Almagro hay un quiosco de prensa para el que la prensa es ya negocio marginal. Los montoncillos de periódicos son esqueléticos salvo los domingos, en los bare no hay ni prensa deportiva. Y lo que es más significativo quizá: a la prensa gratis solo le hacen caso cuatro viejos. Me da la impresión de que, efectivamente, leer periódicos en papel es de viejos y nada glamuroso. ¿Bueno o malo? Ese es asunto que merecería conversación más reposada. Por lo que a mí respecta, siempre he dicho que leería el periódico en papel hasta que me muriese; ya no estoy tan seguro: a poco que Dios me dé alguna salud, es posible que los periódicos de papel se mueran antes.

Alfredo J Ramos
Pedro Torres: La Region de Ourense. Creo que ahora ya se puede ver el enlace.
Soy uno de esos viejos "recalcitrantes" que dices. Y asumo que solo tengo la impresión de leer 'de verdad' la prensa cuando lo hago en papel o, más comúnmente ya, leyendo en pantalla la versión impresa.
No es sólo, me parece, una cuestión de uso o hábito: creo que las ediciones digatales de los periódicos no han conseguido repicar la organización y lógica interna de los viejos diarios gutenbergianos, esa especie de rejilla o parrilla para ordenar la información sobre "lo que pasa en el mundo" mediante secciones claras y estructuras perceptibles. Es verdad que intentaron —e intentan— hacerlo, en buena medida adaptando a las nuevas tecnologías el viejo "saber hacer" periodístico. Pero en esa transformación han tenido más peso otras características de esas nuevas formas, algunas (como los enlaces) muy valiosas per se, pero otras con ciertas 'contraindicaciones' y no pocos y complejos 'efectos secundarios', y me temo que el saldo general de su impacto —al menos de momento— juega sobre todo a favor de la dispersión, la confusión, la banalidad... y el babélico cacareo en que estamos sumidos.
Curiosamente, aunque sería prolijo explicar ahora cómo, tal vez la IA pueda ayudarnos en este atolladero (aunque también podría, ay, emponzoñarlo aún más).

martes, 30 de agosto de 2022

Prensa impresa

(En voz alta). La paulatina y ya definitiva (salvo milagro o extraño bucle) pérdida de la prensa en papel es un hecho de una importancia sociocultural cuyo impacto creo que aún no se ha valorado en su verdadera importancia. No es sólo que se haya perdido una forma más consciente y reflexiva de acceder a la información, sino que se ha desdibujado hasta extremos no fácilmente cuantificables el papel del periodista como mediador fiable y contrastable, al tiempo que se ha volatilizado, por exceso de basura, el marco común de referencia que suponían los periódicos impresos, una función que difícilmente pueden desempeñar hoy, aunque sean en parte las mismas cabeceras, los contenidos líquidos y las caóticas siembras de novedades de los digitales. Montano se remonta aquí al año 1982: una fecha tan anterior aún a la eclosión de Internet —y, más todavía: a la proliferación imparable del móvil— que bien puede considerase pura prehistoria… de la posthistoria de batiburrillo y calamidades que estamos viviendo. Aunque me parece que a esa reflexión no se asoma el ponente. Sospecho que por exceso de nostalgia, ese dolor.

domingo, 18 de julio de 2021

Carta al poder en el día de la fecha (¿olvidada?)

Miguel Ángel Curel, en una imagen de 2017.
(En voz alta). A veces la prensa diaria, digital o no, nos sorprende con artículos que vuelan muy por encima de lo acostumbrado. De hecho, sobrevuelan territorios que, además de familiares y hasta recién recorridos, nos permiten entender que también es posible, leyendo acá, adquirir esa vista de halcón que a veces tienen los poetas al mirar el mundo. Hoy, que es un 18 de julio casi olvidado si no fuera por alguna piedra en el zapato y algún pedrusco casi monolítico en el horizonte, el poeta Curiel le escribe una carta al poder. Y el resultado es tan convincente y estimulante, además de tan plenamente hermoso, que sería villanía (o sólo mera estupidez) no darle curso. No se lo pierdan. Gócenlo.

martes, 1 de septiembre de 2020

Leer (o no) la prensa


(Resonancias). La Nota Moderadamente Apocalíptica sobre el peligro de desaparición de la prensa libre es de hace, justamente, tres años. Por una extraña reiteración cronológica que me viene ocurriendo a menudo, esta mañana me he despertado pensando que uno de los grandes inconvenientes de la comunicación en nuestro mundo es la cada vez más rara lectura de la prensa en papel, dado que acrecienta la dificultad para compartir “lugares comunes” y supone una gran merma de trasfondo para los posibles diálogos. Releyendo hoy el texto, no tengo ninguna duda de que la situación es peor. Si bien me parece que corresponde a un mundo del que tengo la impresión de que está mucho más lejano en el tiempo de lo que deberían parecerme “sólo” tres años. Claro que han ocurrido cosas que eran inesperadas. Y que, con ellas, una de las dimensiones más alteradas es, precisamente, el tiempo, ese enigma.

Ah, y se acentúa la impresión de “espejos en fuga” que mencionaba en otra ocasión frente al mismo texto (¿palimptexto?). Cortipego:
»»A veces se me cruza “el otro” y pasan estas cosas. Me recuerdan el juego de espejos infinitos que descubrí de niño cuando instalaron en el primer cuarto de baño digno de tal nombre que tuve en mi vida uno de aquellos armaritos de tres puertas que permitían infinitos reflejos cruzados. Aún me sigue fascinando esa imagen, tal vez una metáfora muy precisa de nuestro tiempo.»
¡Ozú!

(NMA, 👻5). Uno de los grandes peligros que se ciernen sobre el futuro inmediato de nuestra sociedad es el del empobrecimiento e incluso desaparición de la prensa libre, competente, fiable. Las dificultades que ya hoy tiene cualquier ciudadano medianamente avisado para tener información relevante y lo más completa posible de lo que ocurre, en un mundo cada vez más complejo y, pese a las apariencias globalizadoras, disperso e invertebrado, son directamente proporcionales a la multiplicación de supuestos medios informativos «serios y razonables», en los que, sin embargo, cada vez se adelgazan más las diferencias entre información y opinión, relevancia y publicidad, interés común y curiosidad mórbida.
A lo que hay que añadir el inmenso ruido de la riada que la cháchara interminable de las redes sociales hace afluir en todas direcciones, con una contundencia tal y unos perjuicios a menudo tan asoladores, que realmente dejan chicos los efectos cada vez más indudables del cambio climático.
Para complicar aún más las cosas, en este escenario no faltan, más bien al contrario, los viejos tics autoritarios del poder, tal como muestran, entre otros recientes comportamientos, las represalias tomadas contra el director del informativo de la 2, una isla en la planicie telediaria de RTVE, o las maledicencias del Gobierno catalán contra quienes han evidenciado sus tejemanejes, por poner sólo dos ejemplos cercanos.
Estos viejos pulsos entre el poder y la prensa libre por el control del «relato de la realidad» no son algo nuevo, ni mucho menos. Sólo que ahora se vuelven mucho más confusos y de efectos más devastadores porque se producen en un panorama donde cada vez es más difícil estar seguro de nada. En el terreno informativo, me refiero. Que de otras certezas o dudas no hablo ahora.
La desaparición del periodismo tal como lo hemos conocido no tendría que suponer ningún problema si fuera acompañada de un cada vez más autónomo acceso a la información de calidad, algo que los nuevos medios tecnológicos sin duda hacen posible. Pero el paulatino ahogamiento de la capacidad influyente de la prensa libre por exceso de guirigay y embotamiento generalizado enciende algunas alarmas sobre el inmediato futuro de nuestra capacidad, no ya de influir sobre el devenir del mundo, sino simplemente de saber qué rayos está ocurriendo a la puerta de nuestra casa.

jueves, 12 de marzo de 2020

Papel

La imagen puede contener: árbol y exterior
Descals Munt: Kiosco, s.f., s.l.
En el kiosco de prensa, esta mañana, a eso de las 11:40...
—Buenas, Miguel. Vaya, veo que hoy casi te has quedado sin género.
—Si, pero te he guardado «El País».
—Buena señal.
—¿El qué?
—Hombre, que hayas vendido muchos más periódicos es síntoma de que la gente se ha tomado en serio lo de la peste y se informa en fuentes fiables...
—Pues no estaría yo tan seguro.
—¿Y eso?
—Según me ha dicho más de uno, parece que en los supermercados se terminó el papel higiénico...
—¡Glub!

...
(Literal, sobre poco más o menos)