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miércoles, 28 de septiembre de 2022

ENTRE CORCHETES

[El Rey Viejo] entre cochetes.
Foto Marco Bertorello Vía Getty Images.
Tomada de Huffingtonpost (Detalle y editada).
No todo el mundo se percató, pero cuando las exequias de la monarca entraban en ese punto inestable en que la atención duda entre el bostezo y la murria, la viñeta del dibujo animado, bien proyectada en el televisor, se vio sacudida por la presencia de sendos dos corchetes —o agentes de la autoridad de porte clásico—, los cuales, tras rozar como sin querer el catafalco y dejar sobre el ataúd estremecidos y con un ligero tembleque tanto la rica corona almohadillada como el rotundo orbe y el alargado cetro, se dirigieron sin vacilación hacia el lugar donde se apiñaban dos generaciones de reyes de España, y en una tan extraña como ejemplar maniobra hecha con buena maña se situaron, con expresa y erguida dedicación pero sin saña, a un lado y otro del Rey Viejo y, como el que tira la caña de pescar con infalible técnica de araña, lo encapsularon, tal que así, y lo tuvieron quieto hasta que todo se fue consumiendo por sí solo, como suele ocurrir en estos casos, y el bravucón observador, fiel a sí mismo y para que se cumpliera la profecía del estrambote, «… incontinente, caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese y no hubo nada». Como pasó lo cuento.
(LUN, 611 ~ «De la vida misma»)

domingo, 9 de agosto de 2020

King Chiripa

Dibujo: Juan Colambato/ElPaís

(Al filo de los días). Este artículo del historiador Álvarez Junco sobre el rey Juan Carlos I de España, actual Emérito Trasladado a NoSeSabeDónde, me parece una exposición sencilla, precisa y ecuánime de lo realmente ocurrido durante el reinado del penúltimo de los borbones españoles, incluido el esperpéntico, triste y quién sabe si delictivo final. Juan Carlos I bien podría pasar a la historia, además de como el Rey Campechano y Bribón (sobrenombres con los que él mismo se ha dejado asociar), como el Monarca de la Chiripa: a la vista de cómo va rematándose la historia y examinadas las declaraciones propias que el personaje ha hecho sobre casi cualquier cosa, se impone la sospecha de que todo lo mejor de su reinado ha sido un afortunado “encaje de bolillos” en el que, junto la destreza de una gran número de personas en puestos clave (incluida a veces, sobre todo tras el 23F, su propia presencia) y merced a la paciencia o indiferencia general del común, ha tenido un peso muy destacado ese raro factor que es el azar favorable al que otros llaman suerte. Quizás la herencia de Franco, además del embolado de una dictadura criminal hasta casi el último estertor de su principal baluarte, fuera aquella proverbial baraka que al parecer rodeaba al pequeño general y cruel dictador, desde sus tiempos norteafricanos, y que también pareció proteger, quién sabe si por afinidades arábigopecuniarias, al que alguien, no precisamente con dotes de profeta, bautizó como El Breve. Probablemente aún veremos sobre este asunto cosas que van a resultarnos, si no indescriptibles, sí difíciles de narrar. Y no faltarán —me temo— vueltas de tuerca incluso inverosímiles, hasta que llegue el día, más próximo que lejano, de decidir qué se hace con los restos de un reinado e incluso con los de su protagonista. Habrá que ver.

martes, 4 de agosto de 2020

El rey exmérito

Juan Carlos I. Foto tomada de Everipedia.

(Al filo de los días). Ascenso y caída del cazador cazado. ¿Dónde vas, Juan Carlos Primo, dónde vas triste de ti? Parecería que una respuesta pertinente a la copla popular borbónica, que hoy vuelve a cambiar su letra, fuera una rima fácil: «Majestad, ¿dónde vais?». «¡A Cascais!». Y también cabría hablar, por obvias alusiones, de un cementerio de elefantes. O alguna otra salida. Pero no. Como decía Gil de Biedma en nunca suficientemente elogiada sextina, «De todas las historias de la Historia / sin duda la más triste es la de España / porque termina mal». Y el presagio o diagnóstico sirve, y de qué modo, para este episodio vergonzoso, una vez más, de la saga de los Borbones: como si de un infame culebrón se tratase, la farsa real concluye de momento con el episodio de la fuga caribeña del Emérito, un giro de la historia que casi parece una venganza contra el que viene detrás. Es difícil pensar en una salida más chabacana. Y lo que venga.

Entre la cascada de opiniones sobre el asunto, y a falta acaso de lo que hubiera sido la síntesis de El Roto, me parece lo más oportuno recuperar este artículo de Jesús Mosterín, que fue en su día, si no la primera, sí una de las más contundentes denuncias de las bárbaras aficiones del entonces Rey vigente, de su torpeza moral y la grave sintomatología aneja, hecha además con la suficiente claridad y capacidad de raciocinio como para que el monarca, o sus asesores, hubieran tomado nota para corregir el rumbo y deriva de una nave que, como se ha visto, iba directa al despeñadero.
Como decía el lúcido profesor, «la noticia de que el Rey de España había ido hasta Rusia en avión especial a matar a un oso drogado enseguida ha dado la vuelta al mundo. La Casa Real se ha limitado a poner en duda que el oso estuviera drogado, que es lo de menos. Estas cacerías de animales protegidos o en peligro no incrementan precisamente el prestigio del Monarca y seguro que en su misma familia gozan de limitada aceptación. Alguien debería aconsejar al Rey, por su propio bien, que de una vez por todas aparte el dedo del gatillo». Pero no se hizo. Antes bien, hubo otros episodios muy vergonzosos, el último de los cuales —que sepamos— fue la inmunda cacería de elefantes saldada con el accidente que, a la postre, supuso el principio del fin del encubrimiento insoportable de una conducta del todo impropia y trufada, como se ha ido viendo y la justicia dirimirá, de numerosos episodios oscuros y presuntamente delictivos. Lástima que la sangre de Mitrofán corriera en vano.

viernes, 6 de marzo de 2020

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(Al hilo de los días). Coronavirus Today. Y no se pierdan este artículo de Nacho Escolar en el diario.es: 15 claves imprescindibles.