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sábado, 30 de mayo de 2020

Los belfos de Hitler: un Trump l'oeil

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(Al hilo de los días). Anoche, viendo en televisión el discurso de Trump, más atento a sus gestos de ojos entrecerrados (como dos “puñalás”) y labios botarates, por no hablar ya de la indescriptible panocha capilar, sentía, además de un indisimulable rechazo físico, una incomodidad de no fácil identificación. Un grave malestar de fondo. Pues bien: esta portada de Time* hace que por fin pueda identificar mis sentimientos y sensaciones. Genial. Y una cautela: es probable que Trump todavía sea ‘sólo’ el bigotito y los belfos del terror. Habrá que ver de qué modo es posible evitar que lo que de momento parece un mero Trump l'oeil se convierta en el rostro entero. 


*NOTA: Parece ser que la portada de Time no es de Time sino un montaje. En todo caso, un buen montaje. Aunque hay que ponerlo en su sitio. No sería la primera vez que una falsificación (fake) se convierte en una obra de arte. Quede constancia.

Yo la tomé de un tuit de mi condiscípulo el escritor Manuel Rivas. Mi amigo el poeta y funambulista ubetense Miguel Cobo, que también picó el anzuelo, es el que me avisa del embrollo. Creo que, en todo caso, aquí  viene bien el conocido tópico de «Se non è vero, è ben trovato». Digo.

lunes, 7 de octubre de 2019

Colgados de Cuelgamuros



(Lecturas en voz alta). Esta crónica de Jabois desde Cuelgamuros, ¿no parece sacada —el ambiente que describe— de una de esas películas en blanco y negro de los años sesenta, tal vez de El cochecito, por poner un ejemplo? Atruena ya en el ambiente un grito irremediable, irreversible: «¡¡Hay lotería de Navidad!!». Sainete, en suma. Confiemos en que no termine en tragicomedia.

jueves, 22 de agosto de 2019

Navidad en agosto

Puerta de Sol y Príncipe, epicentro de la Navidad en Vigo.
El centro de Vigo en Navidad. Foto tomada de La Región.
(Al hilo de los días). Quizás alguien se acuerde aún de las famosas “serpientes de verano”, esas semifalsas grandes noticias, sinuosas y arteras como pieles de ofidio, que servían a los medios para llenar papel y tiempo cuando la baja intensidad política y el decaimiento general de la actualidad hacían necesario inflar hasta los límites de lo insoportable cualquier asunto banal o incluso memo que a ello se prestara. O sea. Al saltarme hoy en el móvil este titular, aún en el sopor meridiano de la hora Siesta, como un reflejo he mirado el calendario, por si las vacaciones fueran las de diciembre y el día el de los Inocentes. Pero una vez recobrada la conciencia temporal, ha sido el recuerdo de ese viejo truco periodístico el que me ha venido a las mientes. Aunque bien pensado la extraordinaria “noticia” de la fecha precisa en que se encenderán las luces navideñas en la ciudadela de don Abel Caballero es realmente apasionante. Y, sin duda, luminosa. Me parece que, como ocurre con la lotería que ahora se anuncia en tanto chiringuito playero, todo viene a suceder en un tiempo sin distancias, y en un espacio circular que no deja de dar vueltas sobre sí mismo, un poco al estilo de los trenes de la bruja que aún se ven en algunas ferias y corros verbeneros, y donde a poco que te descuides aún te sueltan un escobazo que de repente te vuelve un poco mayor. Este papirotazo de La Región tiene la virtud de ponernos al borde de la nieve invernal en plena canícula. Una prueba más de que debemos de estar encaminándonos hacia el gran Aguacero, el punto Cero de todos los diluvios, maniluvios y plenilunios. Qué sé yo.

viernes, 26 de junio de 2009

Tópico 5

Caspar David Friedrich: Tree with Crows, 1822 (Museo del Louvre).

Soñé con un paraje desolado donde las ramas desnudas de los árboles comenzaban a poblarse de cuervos. // Soñé que el sol había iniciado su declive y que el aire y el cielo iban tomando ese denso color de vidrio opaco que es el anuncio de la luna llena. /// Soñé que más allá de la raya cenicienta que sostenía el paisaje sobre la doble giba de los montes musgosos crecía sin cesar un gran estruendo de pisadas y aullidos como si una manada de criaturas infernales y monstruos aún humanos se estuviera acercando para iniciar la orgía interminable del fin del mundo. //// Soñé que aquella máscara risible del horror era el rostro de una nueva tristeza. ///// Soñé que estuve allí hasta que el ángel negro que vigila mis sueños se me acercó con paciencia infinita y me dijo al oído: «Despierta, dormilón. Son ya más de las doce.»

Mientras desayunaba mi colacao con crispis (¿o fue acaso una tostada con nocilla duo?) supe que la noticia había dado ya la vuelta al mundo:

«Ha muerto Peter Pan. A los cincuenta. Por una sobredosis de deseo de eterna juventud.»


jueves, 25 de junio de 2009

El lazo

Nueva Estación de Cercanías de Sol en Madrid. Imagen procedente de una fotogalería de El País.com

Antes de que se me adelante Fernando Beltrán, gran inventor de nombres, y sin olvidar lo que escribió Javier Marías en una columna llena de sensatez cuando se iniciaba la obra (no recuerdo si todavía vestíamos pantalón corto, tal vez fuera como ahora verano), quiero hacer pública una ocurrencia por si alguien tiene a bien plagiarla y, rod@ndo y enred@ndo, puede llegar a buen puerto.

Héla aquí. Creo que el templete de acceso de la nueva Estación de Cercanías de Sol, en Madrid (que será inaugurada el próximo sábado 27, festividad de san Cirilo de Alejandría, muy santo varón al que no hay que echar la culpa de la idea ni de los años de retraso en culminarla), no debería llamarse, como se está apuntando en algunos foros, ni la Ballena, ni la Tortuga, ni el Cascarón, ni la Caverna, ni el Iglú, ni el Cacharrón... Ni tampoco «las Tetas de la infanta en la playa», tal como me pareció que proponía un conocido cómico en un programa de radio. Y mucho menos «¡Los huevos de Gallardón!», según defendió otro contertulio con énfasis e intención no del todo discernibles. Ni siquiera encuentro apropiado llamarlo «El muñeco del Messenger», con ser ésta una acuñación fresca, juvenil y bien vista (sobre todo desde el aire).

Me atrevo a sostener que un buen nombre para esta «deslumbrante» (en opinión de los vecinos, que no parecen darle al adjetivo un valor encomiástico) estructura de acero y cristal a la que Esperanza Aguirre ha comparado con la Pirámide del Louvre (ella sabrá por qué) es, como el avispado lector habrá asdivinado, El lazo, o tal vez El Lazo, con mayúscula individualizadora. El Lazo de Sol, en su designación completa.

Admito que el nombre puede resultar un poco blando, tal vez algo soso en su laconismo, pese a que arrastra indudables sugerencias reposteriles (“La Mallorquina” no anda lejos).

Pero hay unas cuantas razones de diverso pelaje para justificar la propuesta. Las anoto.

Visual. La apariencia de las dos cúpulas que forman el templete de acceso al vestíbulo de la nueva estación, aunque disímiles, sugiere sin necesidad de forzar mucho la imaginación la forma de una lazada, tal vez trazada con la impericia con que la anudaría un niño en sus zapatos nuevos, o como aparece en las pajaritas con que suele exhibirse Fernando Arrabal.

Semántica. La palabra “lazo” designa con exactitud la función para que la nueva infraestructura ha sido ideada: servir de punto de enlace rápido, en sólo tres minutos y a través del llamado «Túnel de la Risa», entre las estaciones de Chamartín y Atocha, y en consecuencia, entre el Ave y la red de transporte metropolitano.

Práctica. Es un nombre corto y fácil de recordar «Nos vemos en El Lazo», «Quedamos en (el) Lazo», «En el Lazo, a las cuatro»… Además soporta bien, e incluso impulsa, variantes de pronunciación acordes a las distintas hablas y peculiaridades de la actual ciudadanía madrileña, tan rica y variopinta: «El laso», «Er lazo», «Ej lasso»... Hasta admite piruetas al gusto castizo: «¡La lazá!» Y una contracción sabrosa: «El Sol-azo»…

Heráldico-cabalístico-festiva. Un lazo contiene la imagen de una madeja, viñeta de gran valor heráldico y que además dibuja el símbolo del infinito (condición peculiar de Madrid donde las haya), amén de estar formado por la conjunción de dos ceros, lo que cobra un especial valor al situarse la obra justo al lado del km O del que parten todas la carreteras del país, en un espacio donde cada fin de año los cuerpos se enlazan en festiva danza para celebrar que al año viejo le sucede el nuevo, otro enlace (admito que la última deriva está un poco traída por los pelos, pero es que precisamente por eso a la ocasión la pintan calva).

Desiderativa (aunque ilusoria). ¿Se imaginan que este lazo anudara adornándolo el paquete en el que un Madrid ya definitivamente acabado y con todos sus tesoros a buen recaudo nos fuera por fin regalado (devuelto) a los madrileños y a todos los visitantes? (Fin del sueño.)

Como se ve, explicaciones no faltan.

Sin embargo, he de confesar que la razón que me parece más poderosa es fruto de la música del azar. La contiene de forma tan clara la crónica de El País cuya lectura me ha sugerido estas líneas que, como suele suceder con los mayores secretos, corría el riesgo de pasar inadvertida. Y es que, en efecto, ahí está brillando, como una perla en el centro de una concha (¡ostras, otra idea!), el nombre propio, todo un verdadero ready-made verbal listo para su uso.

Ya veremos lo que nos depara el futuro y en qué queda el nombre de la cosa. En estos casos suele ser la voz del pueblo la que dice la última palabra.