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lunes, 16 de diciembre de 2024

Caja De Citas: Triana por vez primera

(CajaDeCitas, 22). «Ayer tuve un sueño / alto como el cielo. / Cuando desperté / algo me quemó muy dentro». ¿Cuándo oímos a Triana por primera vez? Seguramente estamos, o casi, de aniversario justo. En el medio siglo, o al borde. Recuerdo un cartel de alguna actuación del grupo en el Johnny (el CM San Juan Evangelista), pero no recuerdo haberlos visto actuar. De hecho, creo que nunca los vi en directo. Pero sí que los oíamos a menudo y su música fue (el otro día lo recordábamos) parte muy importante de la banda sonora de mi servicio militar en la furrelería de Instrucción de la Base Aérea de los Llanos. Del flamenco en el San Juan recuerdo vivamente la actuación de las hermanas de Utrera, con un largo coro de primos y parientes. Y el enfado de mi colega Virgilio Pérez-Clotet, de Ronda, porque “tío, m’han boicoteao el acto”. Si acaso, otro día refiero el pormenor. Ahora la luz de Triana, algo movediza, temblorosa, vuelve a brillar.



jueves, 28 de julio de 2011

Puertas


Oigo en la radio que alguien califica la canción de Triana que figura sobre estas líneas (os aconsejo pulsar sobre el vídeo mientras tenéis, ojalá, la paciencia de leer ) de «oro puro». No sé si la metáfora es del todo ajustada, o acusa en demasía el peso dorador con que la nostalgia cubre ciertas cosas del pasado..., precisamente porque son del pasado.

En todo caso, el calificativo recorre con el dedo en mi conciencia un territorio preciso del mapa de la realidad y, quizás más que nada de lo que hasta la fecha haya ocurrido en las últimas semanas (incluida la atrocidad de Noruega), me instala en medio del verano, en el hueco justo por donde la luz cae a plomo y hace que el largo camino hacia la noche tenga como banda sonora un estridular de insectos multiplicado hasta el infinito, o al menos hasta ese agujero donde las horas van abandonando su condición de densas manchas de aceite y la brisa con que por fin se anuncia el triunfo de la sombra refresca la mirada y deja en suspenso el puro peso del sentir y, más aún, del sentir que se siente, como en el juego aquel o acaso en el desasosiego de Bernardo Soares... (¡Vaya deriva!)

Volviendo al caso, no está de más subrayar que por la puerta que Triana abrió con esta puerta han ido pasando desde entonces nuevas corrientes, incluido este homenaje de Medina Azahara, que da pie a comparaciones y preferencias. A mi me parece que entre sus diferencias (evidentes) hay un punto de continuidad (necesaria).

Entre las dos abren la puerta por la que se cuela en ráfagas amarillas el oro (tal vez falso: los tiempos son así de cicateros) del verano.


lunes, 6 de julio de 2009

Agua fresca

La música de Triana, uno de los grupos pioneros del flamenco-rock (y para mi gusto el que con mayor acierto consiguió una fusión equilibrada y con carácter propio), no envejece con el tiempo. O, si lo hace, lo hace con arrugas tan verdaderas y cálidas que no son más que nuevas razones para seguir amando sus canciones.

Los ritmos y las letras de Triana no sólo eran una novedad radical en el mundo del flamenco, con el que indudablemente entroncaban. Al mismo tiempo, abrían una veta hasta entonces inédita (o casi) en el horizonte de la poco menos que inexistente música progresiva ibérica.

Detrás de Triana y de la personalidad de su líder, compositor y vocalista, Jesús de la Rosa, estaba la sugestión de la psicodelia subrayada como una apertura de "las puertas de la percepción" asociada, con osadía sin duda frívola pero también huxleyiana e inevitable, al consumo de determinadas sustancias. Pero a la vez –y sin que fuera un asunto distinto–, latía allí de modo evidente la necesidad de rebelión frente a un negro panorama político y social asfixiado por la interminable agonía del franquismo.

Triana abrió nuevos caminos, dejó fluir el agua de otra forma. Un ejemplo de ello es este tema, En el lago, incluido en la cara B de su primer disco, El patio (1975). Un oasis para la canícula, un sorbo de agua fresca, pese al paso del tiempo y la no excesivamente buena calidad de la grabación. Y con palabras que siguen conmoviéndome aunque suenen ya como una profecía autocumplida: «Creo recordar que por la noche el pájaro blanco echó a volar en nuestros corazones en busca de una estrella fugaz…»

Carátula de El patio, diseñada por Manolo Moreno, tomada del blog ya inmóvil pero aún consultable UnDiscoAlDía.