Mostrando entradas con la etiqueta Graham Sutherland. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Graham Sutherland. Mostrar todas las entradas

viernes, 7 de abril de 2023

MEMORIAL DE AGRAVIADOS O TRES

Stephen Oliver: Crucifixión II (after Graham Sutherland), 2011. 
Copyright © 2011 Stephen Oliver – All rights reserved.
La pintura original de Graham Sutherland fue pintada 
para la iglesia de San Mateo de Northampton y se realizó en 1946.

Llegados a este punto, y mientras emergían con fuerza los restos de un acaso pretérito esplendor, la Ciudad toda se había convertido en un inmenso memorial de agravios en el que no faltaba vecino que no tuviera a flor de piel su querella, más o menos vetusta o flamante, con otro, y éste con un tercero, y el del centro con la periferia, el de la tramoya con el de las caballerizas, los alguaciles con los maceros, el corregidor con los corregidos, los cultos con los ágrafos… y así hasta completar el puzle entero de las vecindades. Así que llegado el día Viernes y cuando se acercaba la rompida de la hora, a nadie le extrañó que la multitud se acercara como un solo ser al cerro negro del Gólgota, y allí entre todos buscaran el modo de dirimir y lavar sus frustraciones y, por sobre todas las demás cuitas, el minucioso trabajo secular de la murria en sus ánimas y más aún en sus ánimos, y decidieran exorcizar todo junto cruxificando a aquel forastero al que al unísono, como por un efecto mágico, convinieron en considerar el verdadero culpable de todos sus males pasados, presentes y aun del porvenir. Y así lo hicieron. Luego, como en función de disimulo, y sosteniendo que era uso hacerlo desde época que decían inmemorial, llevaron el carrito de los borreguillos hasta el altar mayor. Y el tiempo siguió su curso.

(LUN, 422)

sábado, 23 de noviembre de 2019

El retrato

Graham Sutherland: Retrato del primer ministro Winston Churchill en su 80º aniversario.
Cuadro perdido, probablemente mandado quemar por el interesado o su familia*.
Entre el retrato y el retratado surgió tal desavenencia que enseguida se supo que iban a ser incompatibles. El retrato, presumiblemente, fue devorado por las llamas. El retratado se llevó a la tumba el secreto de su intransigencia. Nunca sabremos qué vio al verse, y hasta qué punto la verdad de lo visto abría en él una herida insoportable. Al final, la historia acaba dando la razón al verdadero arte. Y el retrato no miente.
...
*Aquí puede leerse un resumen de lo ocurrido en torno a esta obra.