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domingo, 17 de febrero de 2019

Entrevistas y entrevistos

Arcadi Espada abandona el plató tras ser expulsado por Risto Mejide.
Foto tomada de "El Periódico".
(Lecturas en voz alta). Quien no haya visto la bronca y finalmente disparatada entrevista que Risto Mejide le hizo el domingo a Arcadi Espada, nada se ha perdido. Y puede dejar de leer. Llegué a ella movido por la columna que le dedicó en “El País” Sergio del Molino y he visto que ha suscitado, aquí y allá, alguna polémica, por no caer en el tópico ya tan manido como hiperbólico de decir que “ha incendiado las Redes sociales”, esa hoguera sin fin🔥(“higuera”, sugiere el corrector: ¡qué tío!).
Decía Molino que esa entrevista era el principio de fin de un tipo de personaje periodístico —de un periodismo incluso— desplazado por otro. Quién sabe. Todo lo relacionado con la comunicación, más que fugaz, parece en fuga permanente. A mí el rifirrafe (epíteto de la vieja escuela) me pareció doblemente tramposo: insoportable el cinismo autobombeante de Espada, pero no menos deleznable el asedio artero, sobreactuado y algo hipócrita de Risto. Dos modos de estar “en el candelabro” que, lejos de suponer un final, me temo que seguirán marcando tendencia en esta deriva de los “masa media” (Chus Lampreave) hacia su completa y espectacular degradación...
El artículo de Montano que enlazo, aunque deudor de la bien conocida querencia arcádica del firmante, tiene el mérito de llamar a unas cuantas cosas por su nombre. Y aunque no estoy de acuerdo con algunas de sus conclusiones, me parece un fino y pertinente análisis de la mentada función circense.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Frente a Vox



(En voz alta). Pues estoy pensado en qué se puede hacer para combatir la expansión de Vox, y especialmente (mente especial) en lo equivocado de recurrir a posiciones frentistas y sobre todo a ese lenguaje de resabios bélicos (“combatir en las calles”) utilizado por algunos líderes de la izquierda. Hay que mantener la moderación, insistir con paciencia en la información, la educación y la aclaración, y no ceder ante el avance de los tópicos vagos y desinformados, que florecen, prosperan y se multiplican apoyados en las penurias, de todo tipo y cada vez mayores, que afectan a amplias capas de la sociedad. Vox puede rentabilizar sobre todo el cansancio y las dificultades para entender lo que está pasando en una sociedad cada vez más líquida (la opinión toma la forma del recipiente que la contiene), más estupefacta, más confundida en su creencia de saber de qué van las cosas, qué está pasando, por el mero hecho de tener disponible un caudal incesante de información: el peso de la banalidad de las Redes Sociales es evidente. Como lo es también el adelgazamiento de las diferencias entre “lo real” y “lo virtual”, clones ya todos, más o menos conscientes, de un sinfín de universos paralelos (para lelos). Aún así, hay que reforzar por todos los medios posibles la sensibilidad común intuitiva y la cordura de una amplia mayoría social, no necesariamente muy politizada, ni definida ideológicamente, que ha asimilado avances y costumbres sociales sin grandes aspavientos, y que sólo prestará apoyo a estas tendencias extremas si se ve obligada a elegir entre «lo malo y lo peor». Ojo, sobre todo, con el factor miedo. Y no olvidemos algunos errores fatales de nuestra historia. Tiempos crudos, exigen el ejercicio continuo de la lucidez, del pensamiento libre.

lunes, 18 de junio de 2018

Nicaragua

El jesuita José Alberto Idiáquez, rector de la Universidad Centroamérica de Nicaragua.

(Lecturas en voz alta, 99). La deriva autoritaria del líder sandinista Daniel Ortega, que parece decidido a mantenerse en el poder a costa de un baño de sangre o incluso de precipitar a Nicaragua en una guerra civil, es el penúltimo episodio de una historia repetida hasta la saciedad en las repúblicas latinoamericanas desde los inicios de su historia moderna. Son muy graves las noticias que llegan del país centroamericano, cuya tragedia corre el peligro de quedar ocultada por la aparatosa e incesante catarata de basura informativa que copa los viejos circuitos de información.

miércoles, 6 de junio de 2018

La (e)moción

Tribuna de invitados del Congreso. Foto: Ángel Navarrete.
(Lecturas en voz alta, 95). El "tsunami" político de la pasada semana [con el triunfo de la moción de censura y el acceso del socialista Pedro Sánchez a la Presidencia del Gobierno] aún dará mucho que hablar. Y creará su propia mitología. Ya lo está haciendo.
En tiempos tan enredados y con tanta diversidad de focos como los que vivimos, cada vez es más difícil disponer de información solvente. Y de identificar, sin dificultades, la maledicencia o la tontería. La tendencia, más bien inconsciente, a reforzar los propios prejuicios y la percepción estereotipada de los medios, unidas al bullicio interminable y al cotilleo como caldo habitual de cultivo, dificultan aún más la captación de las "líneas esenciales" de un realidad cada vez más compleja.
Uno tiene a veces la impresión de que se nos hurta lo que está pasando, no tanto por el empeño de los mil y un poderes de hacer prosperar ese descarado eufemismo de la mentira que es la famosa "posverdad" y sus múltiples máscaras, como por el hecho de que la verdad misma ya sólo es algo viable en aspectos muy personales y en momentos muy contados. Y unos y otros, sin relevancia pública alguna.
Así las cosas, lecturas como las de este artículo, a mitad de camino entre el análisis ejecutado desde el centro del ojo del huracán, por un lado, y la construcción ventajista de un relato, por otro, son experiencias que acaso merezca la pena rumiar para, más allá de los fáciles tópicos inanes, tratar de entender lo mejor posible lo que está ocurriendo ante nuestros propios «ojos cerrados de par en par», como la película de Kubrick.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Problemas del Oeste


La imagen puede contener: una persona, multitud, rascacielos y exterior
Extremeños manifestándose en Madrid. Foto tomada de El país.
 (NMA, 🚋18). Uno de los peores efectos colaterales que el insolidario procés catalán con su inacabable matraca ha traído consigo, y con toda probabilidad el que personalmente más me irrita, es la espesa capa de niebla con que está envolviendo a todos los demás problemas del país, y de forma muy especial aquellos que afectan a las demás Comunidades Autónomas, que no es que ya parezcan clubes de tercera división, sino que a menudo es como si no existieran. Los extremeños, por ejemplo, se han tenido que venir hoy (18.11.17) a Madrid a protestar por el estado denigrante de sus comunicaciones ferroviarias, síntoma palmario de otros muchos olvidos y reivindicación secular que nadie escucha. 
Asimismo, el domingo pasado (11.11.17) tuvo lugar en mi ciudad natal, Talavera de la Reina, la mayor manifestación de su historia, con alrededor de 40 000 personas (el equivalente a la mitad de la población) para reclamar que cesen de una vez la marginación y el abandono en que el poder estatal y autonómico tienen a la que hasta hace poco era la segunda ciudad más populosa de Castilla-La Mancha.
La imagen puede contener: una persona, exterior
Una de las reivindicaciones de la manifestación de Talavera. Foto © AJR.
Aunque independientes, ambas protestas comparten su estrecha relación con una misma tradición estatal que bien podríamos calificar de deficiencia histórica: la escasa atención prestada a las tierras del Oeste, esa franja territorial que va desde Fisterra a Doñana y que tiene en las regiones más occidentales de ambas Castillas y Andalucía, además de en toda Extremadura, el elocuente banco de pruebas del profundo desequilibrio con que tradicionalmente se ha producido el desarrollo del país.
Que en una región o nación o superestructura territorial, como se quiera llamar, como es Cataluña se planteen y se digan las cosa que se dicen, cuando su desarrollo es a todas luces muy superior al de buena parte del resto del país, y que en aras de la monserga impía de la identidad nacional se organice el desafío que se está llevando a cabo, todo eso y otras anormalidades que vamos viendo son conductas sociales que cuando menos evidencian el ejercicio de una miopía de gigantescas proporciones.
Extremadura viene a Madrid a protestar por su marginación. Talavera se echa a la calle para no morir de decadencia. Mientras tanto, la atención del país sigue secuestrada por los muy inteligentes e industriosos hijos y nietos, en no pequeño número, de extremeños, andaluces, gallegos y castellanos que han decidido que la justicia social puede dejarse a un lado, o incluso abandonarse, cuando uno siente apremiar el picor tremendo de los orígenes, la sangre y la sacrosanta identidad. 
Y todo eso en pleno siglo XXI.
Iba a rematar reiterando el tópico: «Menos mal que nos queda Portugal». Pero caigo en la cuenta de que, en la rica y variada geografía ibérica, Portugal es el Oeste por antonomasia.

Publiqué una primera versión de este texto en Facebook: 
https://www.facebook.com/alfredoj.ramos.9843/posts/299301147254946?pnref=story