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domingo, 19 de octubre de 2025

Bus 9

 (Al paso). A veces, tras un breve cerrar de ojos, vuelvo a abrirlos a bordo de una nave especial…

En el bus 9 de la EMT.  Foto AJR.


lunes, 24 de octubre de 2022

LAS COSAS DE NOSTRA

 

Un tramo de la Gran Vía de Madrid. Foto Alfredo Ahijado.

NOSTRA CONTRA LOS DRONES DE LA RIMA FÁCIL

Guasap urgente (“gusarapo”, en su jerga) de Nostra. Aunque creo que me llega con un par de días de retardo. Me limito a transcribir (sin editar nada): «Mecagüennlos drones de la rima fácil y en el ingenio que los vas parir. Manda webos, que no haya tecnología punta (y sin ene) que no tenga alguna aplicación bestial y cuyo único fin parezca ser ponernos en contra de la posibilidad de salir, y de una vez por todas, de los caminos del mal y la mísera cochambre moral, corporal e irredenta. Si algún día llegara o llegase yo a encontrarme cara a cara con el responsable de este interminable desaguisado, m’iba a oír. ¡Ah, si las innúmeras divinidades maléficas se conjugaran todas de consuno en una sola cabeza corpuscular... y cortarla de un tajo! Pero habremos de sufrir la multiplicidad del mal de los espejos hasta que la Sombra —si acaso— lo okupe todo… Y por cierto, ¿alguien sabe cuál es la velocidad de la sombra? ¡Anda que no nos quedan misterios por resolver!…» Fin del guasap. Lo acompaña la imagen que adjunto. No me pregunten por qué.
(LUN, 585 ~ «Las cosas de Nostra… por guasap»)

miércoles, 12 de octubre de 2022

PASTO DE OTOÑO (Las cosas de Nostra)


«Aquí tienes —me guasapea Nostra, al pie de la foto— un fruto fresco de mi último paseo al otro lado de eso que ahora llaman la Calle-30, aunque yo casi veo aún correr por ella las aguas del arroyo Abroñigal, que por acá tuvo cauce y quién sabe si aún, algún día, con tanta lluvia intempestiva y diluvial... No te pierdas la pintada: tautología pura. Aunque da qué pensar, ¿no crees?... Sobre todo en qué tendrá en la cabeza el menda al que se le ocurrió hollar así la pared del Tanatorio…». Eso me escribe Nostra. Amplio la imagen. Leo: «Sin vivos no hay muertos». Y me quedo pensando.

(LUN, 597 ~ «Las cosas de Nostra… por guasap»)

viernes, 7 de mayo de 2021

Madrid con vida

Foto AJR, 2021.

(Al paso).
Tras el derribo del paso elevado de Joaquín Costa, el eje Avda. América-Francisco Silvela-Mª Molina-Ppe. Vergara ha quedado como un amplio espacio despejado y amable y al que, al parecer, no tardarán en regresar los ajenos y añorados bulevares, una de las señas de identidad de cierto Madrid ilustrado y paseante que había ido cayendo víctima de ese gran depredador de los espacios urbanos que es el automóvil. Este singular edificio de Iberia, cuyo chaflán recoge como un muro de percusión todo el tráfago proveniente de la Castellana y el flanco Oeste de la urbe, tenía fama de ser el punto más ruidoso de la ciudad, una condición de dudoso honor que tal vez se corrija ahora.

Una de las lecciones que hemos de sacar de este paréntesis de Pandemia (si finalmente conseguimos cerrarlo) debe ser la de cambiar de una vez y para siempre nuestra relación con la ciudad y su entorno buscando y practicando modos de tránsito y comunicación y, por así decir, de consumo de espacio y recursos que sean sanos, sostenibles, seguros. Algo que debería estar contemplado en un primer plano de esa Libertad cañí ®️ por la que abrumadoramente se ha decantado la mayoría de los ciudadanos de una urbe que se está descubriendo a sí misma cada día y que, pese a lo que se pueda malinterpretar por el precio pagado por errores que no son sólo suyos, aún tiene a salvo e imbatible un estilo de convivencia y un modo de vivir, junto con una red visible y subterránea de arte, memoria y sueños, que está más allá de las torpezas manifiestas, las rencillas populosas, las melancolías inertes o los desastres generales del más reciente Apocalipsis. Madrid es mucho más de lo que aún sabemos. Y es —sigue siendo— un gran aliciente vital continuar bregando por descubrirlo.

domingo, 10 de enero de 2021

Madrid es un cuadro de Brueghel

(Al filo de los días). Nunca pensé que fuera tan difícil y estimulante pasear por un cuadro de Brueghel. Este Madrid blanco inédito en mi memoria, como lo es quizá también una nevada de tanta duración (puede que en Salamanca, en los sesenta, conociera alguna), tiene algo de novedad añadida a la excepción: un signo de los tiempos. Ahora habrá que aplicarse para intentar descifrar lo que significa y qué pide de nosotros.

Una de las percepciones de estos primeros efectos de la nieve es que se abre paso, de modo muy intenso, pertinaz, tal vez todavía no ingobernable, una visible sensación de metamorfosis mental: habrá que estar atento a cómo los discursos carentes de trasfondo proliferan o incluso se imponen. Junto con la multiplicación de los rastros amarillos de indudable procedencia canina, me ha resultado muy llamativa cierta acentuada perplejidad en los ojos de la gente, algunos comportamientos de los que se me vuelve muy difícil calibrar el propósito y un extraño malhumor indiferente que ojalá no sea síntoma de algún desequilibrio de mayor calado.

Raros días. Preciso es tener más que nunca la conciencia alerta.

lunes, 8 de julio de 2019

Cielo goyesco

Foto: AJR, 2019.
(Al paso). Atardecer sobre la Avenida de América, en Madrid. Esa hora en que los cielos velazqueños van mutando hacia cielos goyescos, a su capricho. Ciudad inspiradora.

domingo, 2 de junio de 2019

Madrid Central debe seguir



(Eco colectivo). Lo de Madrid Central es tan de sentido común que... En fin. Aún recuerdo cuando se decía que la peatonalización de la calle Preciados iba a ser la ruina del comercio de la zona... Siempre es la misma murga, la misma mueca.

lunes, 22 de octubre de 2018

martes, 8 de mayo de 2018

Tormenta

La imagen puede contener: cielo, nubes y exterior

(Al paso, 32). El instante anterior a la tormenta. Sobre una casi desconocida plaza de Cibeles y la camuflada «Nuestra Señora de las Comunicaciones». Ayer, lunes 7, hacia las 20:30, después del «homenaje a Ferlosio» en el Cervantes, en torno a la presentación de la biografía (no autorizada) escrta por el periodista J. Benito Fernández. Y sin que necesariamente quepa establecer nexo alguno entre la respuesta del cielo y la posible del homenajeado si la circunstancia misma, o alguna de las cosas que en ella se peroraron (todas objetivamente interesantes), hubiera o hubiesen llegado a sus oídos. En Madrid, lo mismo que nos mata nos da vida.

lunes, 15 de mayo de 2017

Ciudad


La ciudad que te acoge sin pedir nada a cambio.

La que mezcla tus venas con sus calles repletas de colores, de gente.

La insensata, la brusca, la sucia, la agresiva, la agredida, la misericordiosa, la cruel, la siempre diferente, la brillante, la que te acerca el cielo.


La que no exige nunca pequeñas cosas: solo tu alma y el ritmo acelerado de tu respiración.


La patria que no tienes ni la quieres, la madre generosa que te libra de ese vivir sumido en el fervor mezquino que son todas las patrias.

La luna llena de tus noches sonámbulas y de tus noches tristes.

La madriguera, el pensamiento libre, la desazón, la alegría de pronto, la imposible esperanza.

La calle donde fuiste lo que aún no has llegado a ser del todo. Lo que ya no serás.

Las cintas de palabras volando por el aire desde Moncloa a Sol, 
de Alvarado a la Prospe, Plaza del 2 de mayo, Bilbao, Príncipe de Vergara (antes General Mola), López de Hoyos, Corazón de María, 
Martín Martínez, Nieremberg, el Parque de Berlín...

El metro atiborrado que jamás se detiene en la estación fantasma.
El tiempo fugitivo y su imposible crónica infinita.

El agua fresca de la amistad a sorbos, el árbol legendario de los sueños, la vida inacabable de los otros.
Los parques, los cines, los museos, los cafés, los garitos, las terrazas.

La carne rota. El desapego. La mugre. La insolencia.
Los perros. Los ancianos. Las palomas. Los mendigos.

El territorio breve donde vive el amor y es cada día.
Y donde cada tarde la luz le abre caminos a la muerte.

Ciudad frontera, ciudad arrebatada, ciudad interminable.

Y todas las leyendas y todas las heridas y todas las muchachas que ríen al pasar.

Madrid: fundada sobre el agua.

Madrid, la palabra que ocupa ya todo lo que ocupa la palabra ciudad.


Imagen superior

De Madrid al cielo 2.0 by Domingo556 / © Some rights reserved.

Tomada de la Galería del autor en flickr

Rescatada de los Arcones de La Posada.
Primera publicación: 14/5/2010 a las 22:30.





jueves, 25 de junio de 2009

El lazo

Nueva Estación de Cercanías de Sol en Madrid. Imagen procedente de una fotogalería de El País.com

Antes de que se me adelante Fernando Beltrán, gran inventor de nombres, y sin olvidar lo que escribió Javier Marías en una columna llena de sensatez cuando se iniciaba la obra (no recuerdo si todavía vestíamos pantalón corto, tal vez fuera como ahora verano), quiero hacer pública una ocurrencia por si alguien tiene a bien plagiarla y, rod@ndo y enred@ndo, puede llegar a buen puerto.

Héla aquí. Creo que el templete de acceso de la nueva Estación de Cercanías de Sol, en Madrid (que será inaugurada el próximo sábado 27, festividad de san Cirilo de Alejandría, muy santo varón al que no hay que echar la culpa de la idea ni de los años de retraso en culminarla), no debería llamarse, como se está apuntando en algunos foros, ni la Ballena, ni la Tortuga, ni el Cascarón, ni la Caverna, ni el Iglú, ni el Cacharrón... Ni tampoco «las Tetas de la infanta en la playa», tal como me pareció que proponía un conocido cómico en un programa de radio. Y mucho menos «¡Los huevos de Gallardón!», según defendió otro contertulio con énfasis e intención no del todo discernibles. Ni siquiera encuentro apropiado llamarlo «El muñeco del Messenger», con ser ésta una acuñación fresca, juvenil y bien vista (sobre todo desde el aire).

Me atrevo a sostener que un buen nombre para esta «deslumbrante» (en opinión de los vecinos, que no parecen darle al adjetivo un valor encomiástico) estructura de acero y cristal a la que Esperanza Aguirre ha comparado con la Pirámide del Louvre (ella sabrá por qué) es, como el avispado lector habrá asdivinado, El lazo, o tal vez El Lazo, con mayúscula individualizadora. El Lazo de Sol, en su designación completa.

Admito que el nombre puede resultar un poco blando, tal vez algo soso en su laconismo, pese a que arrastra indudables sugerencias reposteriles (“La Mallorquina” no anda lejos).

Pero hay unas cuantas razones de diverso pelaje para justificar la propuesta. Las anoto.

Visual. La apariencia de las dos cúpulas que forman el templete de acceso al vestíbulo de la nueva estación, aunque disímiles, sugiere sin necesidad de forzar mucho la imaginación la forma de una lazada, tal vez trazada con la impericia con que la anudaría un niño en sus zapatos nuevos, o como aparece en las pajaritas con que suele exhibirse Fernando Arrabal.

Semántica. La palabra “lazo” designa con exactitud la función para que la nueva infraestructura ha sido ideada: servir de punto de enlace rápido, en sólo tres minutos y a través del llamado «Túnel de la Risa», entre las estaciones de Chamartín y Atocha, y en consecuencia, entre el Ave y la red de transporte metropolitano.

Práctica. Es un nombre corto y fácil de recordar «Nos vemos en El Lazo», «Quedamos en (el) Lazo», «En el Lazo, a las cuatro»… Además soporta bien, e incluso impulsa, variantes de pronunciación acordes a las distintas hablas y peculiaridades de la actual ciudadanía madrileña, tan rica y variopinta: «El laso», «Er lazo», «Ej lasso»... Hasta admite piruetas al gusto castizo: «¡La lazá!» Y una contracción sabrosa: «El Sol-azo»…

Heráldico-cabalístico-festiva. Un lazo contiene la imagen de una madeja, viñeta de gran valor heráldico y que además dibuja el símbolo del infinito (condición peculiar de Madrid donde las haya), amén de estar formado por la conjunción de dos ceros, lo que cobra un especial valor al situarse la obra justo al lado del km O del que parten todas la carreteras del país, en un espacio donde cada fin de año los cuerpos se enlazan en festiva danza para celebrar que al año viejo le sucede el nuevo, otro enlace (admito que la última deriva está un poco traída por los pelos, pero es que precisamente por eso a la ocasión la pintan calva).

Desiderativa (aunque ilusoria). ¿Se imaginan que este lazo anudara adornándolo el paquete en el que un Madrid ya definitivamente acabado y con todos sus tesoros a buen recaudo nos fuera por fin regalado (devuelto) a los madrileños y a todos los visitantes? (Fin del sueño.)

Como se ve, explicaciones no faltan.

Sin embargo, he de confesar que la razón que me parece más poderosa es fruto de la música del azar. La contiene de forma tan clara la crónica de El País cuya lectura me ha sugerido estas líneas que, como suele suceder con los mayores secretos, corría el riesgo de pasar inadvertida. Y es que, en efecto, ahí está brillando, como una perla en el centro de una concha (¡ostras, otra idea!), el nombre propio, todo un verdadero ready-made verbal listo para su uso.

Ya veremos lo que nos depara el futuro y en qué queda el nombre de la cosa. En estos casos suele ser la voz del pueblo la que dice la última palabra.