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jueves, 7 de noviembre de 2013

Dejen paso


A mi tocayo Pérez Rubalcaba, al que Felipe González acaba de jubilar con un elogio envenenado (que la «mejor cabeza política que tenemos en España» carezca de liderazgo es en verdad llamativo), se le presenta este fin de semana, en la Conferencia Política del PSOE, una nueva oportunidad de dar ejemplo. Ya la tuvo en el debate del estado de la nación, cuando Rajoy difícilmente hubiera podido soportar un envite que propusiera el autoapartamiento como un camino transitable (o, de haberlo hecho, hubiera sido con un coste político mucho mayor). Y vuelve a tenerla ahora, cuando la desmoralización del país y el descrédito de la política han seguido tocando unos fondos que ya empiezan a parecer algo más que subterráneos. El líder socialista debería tener el valor de saber despedirse. Pero junto con la suya, la retirada a un segundo plano sería deseable que incluyera a toda una amplia nómina de miembros del partido que han demostrado carecer de algo que ahora es más necesario que nunca: la capacidad de avivar un indicio, por mínimo que sea, de que la pesadumbre que nos oprime cada vez más tiene algún remedio. Parece evidente que el Partido Socialista está muy lejos de poder volver a ser un catalizador de entusiasmos y pragmatismos, como ocurrió el 28 de octubre de 1982. Pero el desastre que se nos está viniendo encima es de tal magnitud, que va a resultar muy difícil salir de esta pesadilla enquistada sin contar con una alternativa creíble (aunque haya que hacer un acto de fe muy grande) y capaz de poner freno a las devastadoras galopadas que se adivinan en el horizonte. Vivimos una situación de emergencia. Por favor, no se atrincheren tras la puerta en ruinas. Sean sensatos y dejen paso.


Imagen: No es la calle Ferraz, sino el famoso paso de peatones de Abbey Road.

martes, 8 de octubre de 2013

El «crítico» Montoro


Habló Montoro, el Cítrico, de cine.
Dictó sentencia con su vocezuela:
«Nuestras pelis son malas, no hay escuela
de calidad, no venden». Qué alucine
que sea él, ¡Montoro!, el que maquine
y se sume a la vieja cantinela
de que el cine español es la secuela
de la ibérica caspa. Y lo arruïne.
Montoro, el de la voz que pierde aceite
(por lo untuosa lo digo), el que decía
que la cultura es solo diversión,
hete aquí que hoy encuentra su deleite
en vengarse del cine, «A sangre fría»,
mientras financia «La gran evasión».