Mañana es San Agustín, hombre de gran corazón. Sabio en tantas cosas. Un verdadero “vividor” (como Pau Donés, si se me permite la ocurrencia), cuya inteligencia aún nos ilumina, aunque no compartamos su deriva espiritual ni –tanto tiempo después– cierta autoinculpación innecesaria y algo fanatizada tras la admirable aventura del corazón humano. El agua corre y, como sostiene el sentido común y recalca algún amigo sabio, “siempre encuentra su camino”.
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jueves, 27 de agosto de 2020
miércoles, 24 de abril de 2019
La convers(ac)ión
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| Benozzo Gozzoli: Tolle Lege. 1464-1465. Fresco. Iglesia de San Agustín, San Gimignano (Italia). |
«Una, dola, tela, catola..., una, dola, tela, catola...». Las voces de los juegos infantiles llegaban al jardín mezcladas con el tempestuoso oleaje de mi corazón. Iban y venían los lugares, las memorias, los afectos, todo confundido en una corriente sensorial que parecía ser ella misma la vida que ansiaba, la plenitud del que fluye sin saberlo. Fue entonces cuando distinguí con total claridad la alegre cantilena irresistible: «Tolle lege, tolle lege»... Y desde entonces no hago otra cosa.
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