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sábado, 24 de diciembre de 2022
martes, 16 de agosto de 2022
LA HISTORIA DE NUNCA ACABAR
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| Goya: Duendecitos, grabado número 49 de «Los Caprichos», 1797. Museo del Prado, Madrid. |
Os digo, colegas, que lo que yo he visto allí es difícil verlo en ningún sitio. Y no me creeríais si os contara las triquiñuelas que tuve que hacer para que me dejaran revisar los papeles. Hasta me vi obligado a dejarle caer una mano de hostias bien dadas al gilí de la vigilancia, empeñado que estaba el tío en no dejarme entrar con la excusa de que no tenía el pase pernocta ni me sabía la contraseña. ¿La contraseña? ¡La madre que te va a parir, cacho cabrón! ¡Te voy a dar yo a ti la contraseña! Y sin pensarlo dos veces, ni casi una, le sobé bien el morro, así y así… Allí lo he dejado sobre el suelo de la garita, no sé si respiraba. Total un pringao menos no se va a notar. Y yo tenía que ver aquello, ya te digo. ¡A mí me van a venir a estas alturas con zarandajas….!
(LUN, 654 ~ «Al pie de Goya»)
lunes, 18 de abril de 2022
META A LA VISTA
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| Goya: No hubo remedio, grabado número 24 de “Los Caprichos”, 1797-1799. Museo del Prado. |
Desde niño le habían enseñado a no hacer caso de los sueños aciagos ni a tomar en vano el nombre del dios, ea, pero le resultaba muy difícil, muy difícil, no ver en la unión de aquel símbolo tumbado del infinito con la mención del versículo final una segura garantía —“de libro”, se dijo— de que lo indeseable podía hacerse realidad en cualquier momento; y, más aún, de que la confusión de lenguas y el trastocamiento de símbolos ya habían hecho su trabajo tan a conciencia, que no había más remedio que confiar en el albur de la Chiripa como una nueva encarnación del redondo seguro azar. Y eso hizo. Qué remedio. Otro no lo hubo. Al fin y al cabo, aquello era la Monda, el cortejo se hallaba preparado y el presagio estaba a punto de llegar a la Meta. O sea que.
(LUN, 772 ~ Al pie de Goya)
viernes, 11 de marzo de 2022
VIERNES DE CUARESMA
>>Dígame, padre: la ingesta accidental de uno u acaso dos mosquitos, ¿rompe el ayuno?
(LUN, 810 ~ «Al pie de Goya»)
sábado, 13 de junio de 2020
Las buenas noches
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| Francisco de Goya: «Dos hombres hablando», hacia 1795 (?). Dibujo sobre papel verjurado agarbanzado, pincel, trazos de lápiz negro y aguada de tinta china. Probablemente inspirado en un dibujo de John Flaxman para ilustrar «La Divina Comedia». Biblioteca Nacional, Madrid. |
«Rehumanizar la vida —me dijo a modo de conclusión cuando ya nos despedíamos, cada uno con su máscara y unidos por una misma perplejidad— exige poner en su lugar a la muerte, asumir la finitud y acaso la extinción, sin por ello perder la alegría del carpe diem ni dejar de vivir en el presente».
Supongo que advirtió mi gesto mitad irónico mitad escéptico.
«No es fácil, claro —prosiguió—. Ni está claro cuál sea el mejor camino. Pero por algún sitio debe de estar».
Y, sin más, nos fuimos. Cada uno a su nicho.
Supongo que advirtió mi gesto mitad irónico mitad escéptico.
«No es fácil, claro —prosiguió—. Ni está claro cuál sea el mejor camino. Pero por algún sitio debe de estar».
Y, sin más, nos fuimos. Cada uno a su nicho.
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martes, 25 de febrero de 2020
Billisqueira
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| Francisco de Goya: Las viejas o El tiempo, 1810-1812. Palais des Beaux-Arts, Lille. |
Lo más adecuado es que la última máscara de la temporada lleve el nombre de aquella figura o personaje o acaso sólo resonancia que a ella le provocaba una mezcla de risa y enojo, puede que incluso el inicio de un verdadero enfado, casi siempre resuelto en aspavientos:
—¿E cómo podes ser tan mala persoa pra chamar a túa mai cuise nome de felo? ¡Dios me valia! ¡Tolo, mais que tolo!
Y había entonces en sus ojos, tan expresivos y teatrales, la misma luz generosa que aún veo en el espejo. Se acabó el Carnaval.
—¿E cómo podes ser tan mala persoa pra chamar a túa mai cuise nome de felo? ¡Dios me valia! ¡Tolo, mais que tolo!
Y había entonces en sus ojos, tan expresivos y teatrales, la misma luz generosa que aún veo en el espejo. Se acabó el Carnaval.
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sábado, 25 de enero de 2020
Billisqueira
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| Francisco de Goya: Las viejas o El tiempo, 1810-1812. Palais des Beaux-Arts, Lille. |
Lo más adecuado es que la última máscara de la temporada lleve el nombre de aquella figura o personaje o acaso sólo resonancia que a ella le provocaba una mezcla de risa y enojo, puede que incluso el inicio de un verdadero enfado, casi siempre resuelto en aspavientos:
—¿E cómo podes ser tan mala persoa pra chamar a túa mai cuise nome de felo? ¡Dios me valia! ¡Tolo, mais que tolo!
Y había entonces en sus ojos, tan expresivos y teatrales, la misma luz generosa que aún veo en el espejo. Se acabó el Carnaval.
—¿E cómo podes ser tan mala persoa pra chamar a túa mai cuise nome de felo? ¡Dios me valia! ¡Tolo, mais que tolo!
Y había entonces en sus ojos, tan expresivos y teatrales, la misma luz generosa que aún veo en el espejo. Se acabó el Carnaval.
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