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viernes, 2 de mayo de 2025

Arrabal con Broncano


(CajaDeCitas, 71). En estado de completa fascinación (y perdón por la redundancia) me sorbí, a deshoras, el encuentro tan cómplice de David Broncano con el incomparable Fernando Arrabal, ese ser libérrimo, inteligente, divertido, a menudo genial, que es por sí solo una categoría dentro de lo humano y estados similares. A veces he pensando que si a este hombre no se lo/le distingue con el premio Cervantes es sin duda porque en nuestro “sistema cultural” (digámoslo así) hay alguna falla profunda a modo de sumidero por el que se escurren hacia el submundo algunas energías necesarias, mientras que en su lugar no cesa de manar herrumbre y mugre. Pero la verdad es que eso en nada empece la grandeza y singularidad de este ser increíble que confía en llegar a los 107 años. Ojalá pudiéramos verle y verlo allá por 2040. O así

martes, 14 de enero de 2025

Caja De Citas: Fernando Arrabal

(CajaDeCitas, 39). Incombustible, inabarcable, inacabable Fernando Arrabal. Me entero, por el aviso del maestro Josemaria Torrijos, de que está en Madrid y, consulta mediante, caigo en la cuenta de que “solo” tiene 92 espléndidos años, aunque uno diría que está ahí desde toda la eternidad, incluso desde un segundo antes, desde el ‘tohu bohu’ prebíblico e inimaginable, quizás porque es el comienzo de toda imaginación. Llamarle el último superviviente es una alternativa a considerarlo el más moderno. Nunca ha dejado de jugar. Y nos ha brindado (nos brinda) dosis de infinita sabiduría lúdica. Esta entrevista que enlazo es de hace más de un año (de hecho, 1 y 1/2), pero no recuerdo haberla leído. Ni olvidado. Es muy lúcida.



viernes, 17 de julio de 2020

Arrabal

(Tiempo contado). 17 julio, viernes. 13:40. El “impasse” grave del verano. En esta situación, y en plena canícula, el tiempo amenaza con solidificarse y asfixiarnos como si hubiéramos caído dentro de un bloque de hormigón. Menos mal que está el aire acondicionado...
No sé por qué —aunque tampoco sería difícil de explicar— me he acordado de un poema de Fernando Arrabal que fue, en su momento (primeros ochenta), toda una revelación. Y como las verdaderas “iluminaciones”, su halo aún dura. Lo copio en francés. Es de fácil comprensión.
 J’ai une bulle d’air. Je la sens très bien. Quand je suis triste, elle se fait plus lourde et parfois, quand je pleure, on dirait une goutte de mercure. La bulle d’air se promène de mon cerveau à mon cœur et de mon cœur à mon cerveau».
Enseguida he podido localizar el libro, pese a que hace al menos treinta años que no había vuelto a verlo. El entrañable y valioso rigor del orden alfabético. ¿Que sería de nosotros sin el orden alfabético?