Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Martínez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Martínez. Mostrar todas las entradas

viernes, 24 de junio de 2022

SANJUANES EN SORIA

 AQUELLA NOCHE DE SAN JUAN Y AIVÁL’HOSTIA

Habíamos pasado la noche del San Juan soriano cantando, bailando y bebiendo, en medio de la envolvente juerga popular, y ya nos dirigíamos al lugar de descanso, cuando la patrulla de control de los vicios festivos nos pilló a traición y nos hizo entrar en un bucle que hubiera sido kafkiano si no fuera porque la murga era mucha y contra ella apenas podía nada la mano tonta de la ley, aunque fuéramos conscientes de que había que ser conscientes y, al final, todo se fue resumiendo en una reconducción del grupo de colegas hacia una retirada honrosa, moderadamente ordenada, aunque, eso sí, cantarina hasta el final, y sobre todo resuelta con toda la intención en aquella letrilla que repetíamos una y otra vez: «¡A ver qué se hace ese cuatro que hace ya un buen rato no da de beber…!» Y luego, de nuevo, la voz de Miguel, en diálogo algo perjudicado con la autoridad competente, tratando de hacerse comprender y de salir del lío: «¡Ahiva’lhostia, que son los sanjuanes, que no se os entaráis…!» Y así fue llegando el día.
(LUN, 705)

martes, 24 de noviembre de 2020

Migue Martínez: Obituario en "La Región"

 

En plena faena en las ruinas del Mosteiro de San Paio-

(En voz alta). La Región, el principal diario de la provincia de Ourense, se hace eco del fallecimiento de nuestro amigo Miguel Martínez. Su cercanía a los vecinos de Santa Tecla-Abeleda y el entorno de Castro Caldelas, tanto desde el terreno de la actividad política como sobre todo en asuntos culturales y festivos, ha dejado una huella duradera en la comarca. La autora del emotivo obituario, la escritora Carme Varela (acaba de recibir el Premio Álvaro Cunqueiro para textos teatrales), es una de los responsables de «O Sorriso de Daniel», una muy activa asociación que lleva años luchando y velando por el patrimonio artístico del rural gallego, con especial atención al muy notable legado románico que alberga la Ribeira Sacra. El nombre, claro, procede del rostro más risueño y encantador del Pórtico de la Gloria compostelano. El texto sin duda habrá suscitado otro gesto que quienes le conocimos no podremos olvidar: la sonrisa de Miguel. Un hermoso y merecido homenaje.

miércoles, 18 de noviembre de 2020

Adiós a mi amigo Miguel

 


En la noche del domingo al lunes (15-16 noviembre 2020), mientras dormía, falleció nuestro queridísimo amigo Miguel Martínez, de la Imprenta. Un hombre afable y luchador, y una de las personas con mayor capacidad de resolución que he conocido.
Soriano de origen (23 de abril de 1945) y carácter, gallego de elección y acaso fatalidad (no se puede ser gallego de otra forma) y madrileño de adopción y militancia, creo que a él le gustaría que le identificasen como alguien “de la Imprenta”, noble oficio y complicada actividad a la que dedicó, casi desde niño, la mayor parte de su vida. Y con buen éxito. El suficiente para retirarse en sus últimos años a la Ribeira Sacra de Ourense. Allí, junto con Maite y sus hijos, Jorge y Daniel, ideó un espacio luminoso y apacible que muchos amigos, y en repetidas ocasiones, disfrutamos como lo más parecido al “locus amœnus” soñado por todos alguna vez. Aunque al final la senda tuviera también sus precipicios.
Miguel ha sido —es— un amigo de corazón, sin restricciones, con el que me han unido muchas cosas a lo largo de los últimos cuarenta años, desde que nos conocimos laborando en los Temas Clave de Salvat. Tal vez la mayor de ellas: un afán por buscarle a la vida el lado del buen humor y el bien común. También el valor de la amistad. Y el entusiasmo.
Voy —vamos: a su alrededor sigue habiendo lumbre—a echar mucho de menos sus iniciativas, sus apasionamientos, su instinto vital tan contagioso y mantenido hasta sus últimas horas. Apenas cuatro o cinco antes de que falleciera tuve con él una conversación en la que planeábamos una cita para después de la peste, «alá, no Pazo da Cal ó pe de San Paio, en Santa Tecla», para celebrar que por fin los olivos habían dado fruto. «No bastará —me dijo— para hacer la gran fiesta del aceite, pero sí podremos celebrar el encuentro de la aceituna». O tal vez lo dije yo.
La última palabra que tuve de él fue una sonrisa. Muy parecida, imagino, a la que muestra la foto que me ha hecho llegar Santiago. Será seguramente de algunos de los buenos momentos que en estos últimos años hemos pasado juntos, con Felipe, Alfredo y tantos otros. Y otras, claro.
Buen viaje, amigo. Seguiremos hablando.