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lunes, 19 de octubre de 2020

Prisa vende Santillana

Sede de Prisa en la Gran Vía de Madrid.
(Al filo de los días). A estas alturas, una noticia como esta, referida a la venta de la sección española de la editorial Santillana que en su momento podría haber sido todo un «escándalo» (en al menos una o dos de sus acepciones ), hoy parece sólo la lógica e incluso algo tardía consecuencia de los cambios empresariales que han transmutado por completo la realidad cultural española, al menos en lo que se refiere a los instrumentos materiales de su producción y difusión.

Hace ahora 32 años, cuando se produjo la primera gran venta de estas características (la adquisición por Matra-Hachette del grupo Salvat), la operación necesitó el placet del Consejo de Ministros, y nada menos menos que Jorge Semprún, a la sazón ministro de Cultura, tuvo que emplearse a fondo para justificar y dar cobertura legal a una decisión que en muchos aspectos resultaba incomprensible. Hoy aquellas “resistencias” resultan incluso risibles. Habría que analizar con tiempo y amplitud si este triunfo de la globalización y la lógica de los rendimientos no es también el resultado de una pérdida que no se mide sólo en términos de propiedad o economía.

Hace ya mucho que vivimos en otro mundo. Lo que no sabemos es por cuánto tiempo podremos seguir llamándolo vida. O, como sugiere el autocorrector (un verdadero cabroncete), guasa.

sábado, 11 de julio de 2020

Juan González Álvaro, un temprano adiós

(Al filo de los días). 
Me acabo de enterar de la muerte del editor Juan González Álvaro. Trabajé a menudo con él, especialmente durante la época en que remozó por completo la editorial Espasa, dentro del grupo Planeta. Y aunque no puedo decir que fuéramos amigos, sí tuvimos una muy buena y fluida relación, y compartimos algunas charlas y ocasiones muy divertidas (en las fiestas de Santillana, por ejemplo, tambièn alguna cena con mi íntimo amigo y colega Manuel Martínez), además de trabajar duro en algunos de los proyectos de reinvención del fondo de Espasa para adaptarlo a los nuevos tiempos y mercados. Probablemente haya sido el editor más “brillante” de mi generación (desde luego, uno de los que concitaba mayor disputa por sus servicios) y era un gran conversador. Alguna anécdota que lo tiene como interlocutor he contado a veces. Ha sido una sorpresa muy triste toparme con esta necrológica. Buen viaje, colega.