lunes, 19 de octubre de 2020

Prisa vende Santillana

Sede de Prisa en la Gran Vía de Madrid.
(Al filo de los días). A estas alturas, una noticia como esta, referida a la venta de la sección española de la editorial Santillana que en su momento podría haber sido todo un «escándalo» (en al menos una o dos de sus acepciones ), hoy parece sólo la lógica e incluso algo tardía consecuencia de los cambios empresariales que han transmutado por completo la realidad cultural española, al menos en lo que se refiere a los instrumentos materiales de su producción y difusión.

Hace ahora 32 años, cuando se produjo la primera gran venta de estas características (la adquisición por Matra-Hachette del grupo Salvat), la operación necesitó el placet del Consejo de Ministros, y nada menos menos que Jorge Semprún, a la sazón ministro de Cultura, tuvo que emplearse a fondo para justificar y dar cobertura legal a una decisión que en muchos aspectos resultaba incomprensible. Hoy aquellas “resistencias” resultan incluso risibles. Habría que analizar con tiempo y amplitud si este triunfo de la globalización y la lógica de los rendimientos no es también el resultado de una pérdida que no se mide sólo en términos de propiedad o economía.

Hace ya mucho que vivimos en otro mundo. Lo que no sabemos es por cuánto tiempo podremos seguir llamándolo vida. O, como sugiere el autocorrector (un verdadero cabroncete), guasa.

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