Mostrando entradas con la etiqueta Tour de Francia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tour de Francia. Mostrar todas las entradas

sábado, 11 de julio de 2026

Tirano (Induráin) de Bergerac


(CajaDeCitas, 124). Tal día como hoy (11 de julio) hace 32 años (en 1994), la etapa del Tour también transcurrió entre Périgueux y Bergerac. Aunque fue entonces una disputa contrarreloj de 64 km en la que Miguel Induráin, nuestro gigante nunca olvidado, consiguió una de sus más llamativas victorias contra el crono, no tan contundente e implacable como la estratosférica de Luxemburgo, pero también de proporciones épicas. Míguelón logró imponerse por dos minutos al segundo clasificado, su rival de entonces, el suizo Toni Rominger, y por casi cinco al tercero (el voluntarioso Armand de las Cuevas), dejando vista para sentencia su cuarta victoria en la Grande Boucle. Aquella hazaña le valió al de Villava uno de sus más originales sobrenombres: «El Tirano de Bergerac». Otros tiempos. Pero la pasión sigue. Y, al menos de momento, la memoria.

jueves, 8 de julio de 2021

Dos veces el Mont Ventoux

Tadej Pogačar, favorito para repetir triunfo en el Tour 21 
Foto: Anne-Christine Poujulat
 /AFP.
(En voz alta). Me pilló ayer la doble ascensión al Mont Ventoux en mi propio viaje y apenas pude prestar atención a la batalla, salvo en los kilometros finales. Como la televisión ahora está desubicada (o es ubicua), pude recuperar después los momentos más interesantes y calibrar las promesas, finalmente no del todo cumplidas, de lucha titánica en la pelada cumbre; aunque nada que ver con la visión en directo. Este artículo de José Antonio Montano, cuya pasión por el ciclismo es para mí una de sus "gracias", pasa revista a algunos lugares comunes de un lugar irrepetible y ordena bien algunas lecturas —entre ellas, un libro viajero recién aparecido de Vicente Valero— sobre una de las cimas que todos los amantes del Tour tenemos muy viva en la memoria.

sábado, 6 de julio de 2019

Días del mes de julio

La imagen puede contener: 2 personas
Ascensión al Tourmalet en el Tour de 1990. Induráin, en el centro,
flanqueado por Perico Delgado y LeMond. Foto tomada de El país.
Vuelve con la ilusión cada verano
de una epopeya que me compra el alma
esa explosión del músculo, el hechizo
que corona la cumbre y baja al llano.

Yo era niño en los tiempos del Caníbal
y me llené de sangre bajando el Col de Mente.
Vi las sombras peladas de l’Aubisque
y la muerte en directo en Mont Ventoux.
Hay que oírlo, señor, para creerlo,
cómo cuenta el dios Ares la batalla,
con pulsiones que erizan el paisaje.
Y el sudor y los gestos y los gritos,
la elegancia que cruza por la cima:
Luis Ocaña, Perico... e ¡Induráin!
(Esto fue ya hace tiempo. Sin embargo,
el hechizo prosigue. Y sus eclipses).

jueves, 23 de julio de 2009

Contatour

Foto tomada de la edición digital de L’Équipe.

Aún no se puede cantar victoria (definitiva), pero la enorme superioridad que Alberto Contador está demostrando en el Tour ya ha servido para escribir otra brillante página del más esforzado de los deportes de competición y, a mi juicio, el de mayor belleza.

Contador ha confirmado que posee el genio escalador de Perico Delgado y la fortaleza, inteligencia y elegancia de Indurain, cualidades sumadas en un nuevo estilo de campeón que, si los dioses nos son propicios, parece llamado a depararnos grandes jornadas a los amantes del ciclismo.

Lo ya conseguido (confiamos en que se confirme en París el próximo domingo) tiene, además, mayor mérito por las condiciones adversas, incluso insólitas, en que el ciclista de Pinto ha tenido que afrontar esta competición. El retorno del heptacampeonísimo Lance Armstrong y su ingreso en el mismo equipo de Contador, bajo la dirección de Johan Bruyneel (siempre unido al corredor estadounidense), han dado lugar a situaciones de gran tensión dentro y fuera de la carrera.

Pero, sobre todo, se ha producido el espectáculo deplorable de ver cómo todo un ganador del Tour (entre otros grandes triunfos) quedaba expuesto a riesgos absurdos, el principal de los cuales ha sido el de correr sin un equipo que estuviera de verdad a su servicio. Frente a esa disparatada circunstancia, el deportista ha mantenido una actitud algo más que paciente. Incluso ha tenido que ganarse a golpe de pedal la condición de favorito número uno en su propia escuadra.

Contador no sólo está demostrando en este Tour ser un deportista fuera de serie. También ha puesto de relieve virtudes como la generosidad (otro rasgo a lo Indurain), la humildad y el coraje (su historia es la de un «resucitado») que sin duda engrandecen su figura.

Confiemos en que, a partir del domingo, la celebración pueda basarse en un veredicto definitivo. Pero, independientemente del resultado final, vaya por delante mi aplauso por el logro deportivo y el agradecimiento por las horas tan gratamente sustraídas a la sesteante canícula de julio.

He encontrado en Youtube este vídeo que ejemplifica, con imágenes antológicas de sus irresistibles arrancadas, el estilo competitivo del ciclista de origen extremeño. Está ilustrado con dos temas musicales: «Quiero ser como tú», del grupo Mama Kids, y «Canción de Alberto Contador», de Los Chicos de la Calle Pez, una banda de Pinto.



jueves, 9 de julio de 2009

Días del mes de julio

London Eye © Andrew Bossi


Vuelve con la ilusión cada verano
de una epopeya que me compra el alma
esa explosión del músculo, el hechizo
que corona la cumbre y baja al llano.

Yo era niño en los tiempos del Caníbal
y me llené de sangre bajando el Col de Mente.
Vi las sombras peladas de l’Aubisque
y la muerte en directo en Mont Ventoux.

Hay que oírlo, señor, para creerlo,
cómo cuenta el dios Ares la batalla,
con pulsiones que erizan el paisaje.

Y el sudor y los gestos y los gritos,
la elegancia que cruza por la cima:
Luis Ocaña, Perico e ¡Induráin!


(Pero ha pasado el tiempo
y –vamos a soñarlo– el reinado de Armstrong
no tendrá vuelta atrás.
Tras los sonados triunfos
del gallego Pereiro y el gran Carlitos Sastre,
aquí está ya, de nuevo,
¡Alberto Contador!)


Contextos
(Para no aficionados y, por tanto, muy improbables lectores, pero … qui dira les torts de la rime?)

Imagen superior: «El ojo de Londres», la gran noria panorámica cercana al Támesis. El deporte inglés (salvo algunas excepciones) no ha dado grandes ciclistas. Pero en el centro de Londres se alza el mayor homenaje visual al mundo de la bicicleta. Imagen tomada de Wikipedia.

El Caníbal era el nombre que la prensa deportiva de la época le dio al belga Eddy Mercks, probablemente el ciclista más completo que haya existido nunca.

Descendiendo bajo la lluvia el Col de Mente, una caída privó al campeón español Luis Ocaña (el héroe deportivo de mi infancia) de la posibilidad de ganar el Tour de 1971 y batir a Mercks con absoluta claridad, pues le aventajaba en la clasificaciòn general en más de siete minutos. Aunque Ocaña ganaría el Tour de 1973 (sin la participación de Mercks), algunos piensan que el gran ciclista conquense, afincado en Francia, nunca llegó a recuperarse moralmente de esa desgracia. Se suicidó en 1994.

El Tour, junto a imágenes de una belleza inusitada, también ha producido secuencias terribles. Las de la muerte del británico Tom Simpson, en el Tour de 1967, en las rampas del Mont Ventoux, quizás sean las más estremecedoras.

Espero que el gran periodista que es Javier Ares no se enfade por divinizarlo aprovechando la coincidencia de su apellido con el Marte griego. Pero la verdad es que sus relatos radiofónicos de las etapas del Tour (muchas veces escuchados mientras atravesaba en coche la insolada llanura manchega camino del Mar Menor) son lo más parecido que puedo imaginar al relato oral de una vieja epopeya.

La Red está plagada de imágenes y documentos del máximo interés sobre el Tour de Francia, un acontecimiento que (no sé si es preciso insistir en ello) considero la más alta y esforzada expresión del deporte competitivo... y el verdadero anuncio de que el verano es ya irremediable. Siempre lo he seguido con atención y le debo grandes emociones. Espero que este año se repitan. Allez, Contatour!!