(Al filo de los días). La singular ceremonia inaugural de los juegos de Tokio ha tenido algunos momentos de gran emotividad, en especial ese espectáculo de drones luminosos que han ido componiendo una especie de brillante holograma del planeta y cuya danza ha sido muy bien rematado por la vibrante interpretación del Imagine de John Lennon por artistas de los diferentes continentes, entre ellos un juvenilmente maduro y solvente Alejandro Sanz en representación de Europa. Luego la ceremonia se ha ido por sensibles, bienintencionados y algo prolijos caminos humanitarios, siempre con una estética como de cómic futurista (entre ‘manga’ y ‘anime’) y con viñetas muy logradas tanto en el dibujo de los logos de los diferentes deportes como en el engarce con la tradición teatral del Kabuki, todo un signo de alta cultura tradicional e incluso de majestuosa distinción. Por fin el fuego olímpico prendió vivazmente en la singular pagoda-pebetero y el rito culminó casi al filo de la medianoche japonesa, casi las cinco de la tarde hora peninsular.
viernes, 23 de julio de 2021
Cuitas olímpicas
(Al filo de los días). La singular ceremonia inaugural de los juegos de Tokio ha tenido algunos momentos de gran emotividad, en especial ese espectáculo de drones luminosos que han ido componiendo una especie de brillante holograma del planeta y cuya danza ha sido muy bien rematado por la vibrante interpretación del Imagine de John Lennon por artistas de los diferentes continentes, entre ellos un juvenilmente maduro y solvente Alejandro Sanz en representación de Europa. Luego la ceremonia se ha ido por sensibles, bienintencionados y algo prolijos caminos humanitarios, siempre con una estética como de cómic futurista (entre ‘manga’ y ‘anime’) y con viñetas muy logradas tanto en el dibujo de los logos de los diferentes deportes como en el engarce con la tradición teatral del Kabuki, todo un signo de alta cultura tradicional e incluso de majestuosa distinción. Por fin el fuego olímpico prendió vivazmente en la singular pagoda-pebetero y el rito culminó casi al filo de la medianoche japonesa, casi las cinco de la tarde hora peninsular.
martes, 8 de diciembre de 2020
Aquella aventura del Espasa...
(Al filo de los días). Tal día como hoy hace 18 años (¡mayoría de edad de la memoria!) se publicó en el Magazine del El Mundo este breve reportaje de Quico Alsedo referido a la última (y presumiblemente definitiva) actualización del Espasa, la enciclopedia más parecida a la wikipedia que hubo entre nosotros en los tiempos del papel.
La efemérides, que me sale al paso por alguna de esos ecos del calendario del iPhone y ciertos resortes del blog, ni que decir tiene que ha levantado en mi cabeza —también en mi corazón o en el lugar donde encarne eso que antes llamábamos el alma— una marea fantasmal de recuerdos, brillos, pérdidas, risas, frustraciones... Me pilla, además, en pleno proceso de escritura y recreación de algunos episodios de mi vida profesional que acaso lleguen algún día a formar parte de ese Tiempo contado en el que laboreo desde hace décadas, y que en lo referido a este concreto episodio (dos intensos años de trabajo editorial de sol a sol y desde el mediodía hasta mucho más allá de la medianoche) se cifran bajo el provisional título de «Cómo transformar un Centón en la última criatura enciclopédica digna de tal nombre».
Recuerdo bien la larga conversación con el redactor en mi despacho de Martín Martínez, aún envuelto en el desbarajuste del trabajo editorial recién concluido (tal vez aún faltaban algunos flecos), y su agradecimiento de colega al despedirnos: «Me has dado material para tres o cuatro reportajes. A ver cómo lo resumo». Quico fue muy hábil y eficaz ordenando la información, de modo telegráfico y a grandes pinceladas, muy a tono con el cariz “ligero” de la lectura dominical y los usos ya leves, sin llegar a ser insustanciales, de cierto ‘nuevo neoperiodismo’; aunque hay algún error de bulto en los nombres, también en la narración de anécdotas y en la atribución de afirmaciones. Pero, en lo esencial, la pieza transmite bien el ambiente y el espíritu, entre lo lúcido tirando hacia lo lúdico, de aquella empresa, tal vez la última ocasión editorial en que se organizó, entre nosotros y en nuestro ámbito cultural, un equipo a la antigua usanza para hacer un tipo de trabajo enciclopédico bajo todavía el señuelo de Gutenberg y con la letra impresa como destino.
Unos meses antes (tal vez algo más de un año) había concluido la aventura de lo que se llamó (horriblemente) Gran Referencia Anaya, la última enciclopedia en papel y redactada ex novo que se hizo en España (también participé en ella como redactor jefe del área de humanidades) y para la que en la editorial de Juan Ignacio Luca de Tena, entonces todavía en poder de Germán Sánchez Rupérez, se organizó y puso en funcionamiento la primera gran redacción online de una gran editorial española con destino a publicaciones impresas. Muy “granado” todo. Corría, me parece, el año 1996. Batallitas.
Hay todavía en ellas aspectos profesionales, con trasfondo cultural, y sobre la deriva de los usos editoriales hispanos, así como algunas curiosidades, dignos de ser contados. A su tiempo.
sábado, 11 de julio de 2020
Juan González Álvaro, un temprano adiós
jueves, 9 de enero de 2020
Hablarle a Borges (Colofón)
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Borges fotografiado con la Enciclopedia Universal Ilustrada, conocida como “el Espasa”, a su espalda.
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